Capítulo 43



Leandro observa con una sonrisa a su mujer mientras ella está acomodándose el pelo, se acerca lentamente y toma sus manos al mismo tiempo que la mira con alegría. Isabella le devuelve la sonrisa y apoya las manos en su pecho.

– ¿Sigues con esos celos? – Arquea una ceja.

– No se me va a ir tan fácil, señor Alvear. – Bromea.

Leandro ladea la cabeza mientras la mira con amor y acaricia su espalda mientras siguen abrazados.

– Como me gustaría gritar a los 4 vientos que te amo.

Isabella sonríe con tristeza mientras lo escucha y asiente lentamente, ella desea tanto lo mismo, pero todavía hay un montón de razones que la atan a Juan y eso le destruye el corazón.

– Lo se...

Ellos tuvieron que separarse enseguida al abrirse la puerta. Los ojos de Isabella estaban llenos de nervios por la entrada repentina.

– Mamá...

Hubo un momento de silencio incomodo y Leandro notaba como Thiago lo miraba con odio.

– ¿Qué pasa, hijo?

Se acerca a Thiago y pasa sus manos por sus mejillas.

– ¿Podemos hablar a solas?

La expresión de su hijo es seria mientras no puede dejar de mirar a Leandro, no le gusta para nada que esté cerca de su madre.

– Claro. – Mira a Leandro y sonríe. – ¿Podrías ser amable y dejarnos solos?

– Por supuesto Isabella.

Rápidamente salió de la oficina de Isabella y suspira, no quiere ocasionarle problemas a ella, pero lamentablemente no puede evitarlo.

Isabella se sienta en su silla y Thiago está caminando de un lado para el otro.

– ¿De qué querías hablar?

– Papá me dijo que estás trabajando con Leandro, ¿es cierto?

– Por algo está en mi oficina. – Tranquila. – ¿Te molesta?

– Claro que me molesta mamá, no quiero que este cerca de ti. – Alterado.

– ¿Y eso? Leandro es el mejor amigo de tu hermano, es bueno conmigo.

Thiago se ríe descaradamente y ella arquea una ceja, trago saliva al sentir de nuevo los nervios.

– Es bueno porque quiere algo contigo y por eso no quiero que este cerca de ti. ¿Qué es eso que salen a almorzar ahora? ¿Con que necesidad?

– Thiago.. – Seria. – Ya soy una mujer mayor y se lo que hago. – Se ríe. – Lo que estás diciendo es una tontería, ¿Cómo vas a pensar una cosa así?

– ¿No te das cuenta como te mira? Me choca que no se separa de ti y lo quiero lejos, no quiero que se te acerque.

– No me gusta para nada la escenita que me estás montando.

Ella se pone de pie y se cruza de brazos.

– Estoy trabajando con Leandro en un proyecto y no dejare de hacerlo solamente porque no te agrada, me tiene sin cuidado.

– Te estás equivocando... yo tengo razón y en cualquier momento va a querer aprovecharse de ti.

– Si pasa eso se muy bien lo que tengo que hacer, se cuidarme sola.

Thiago aprieta los puños por la bronca y sale enseguida del cuarto, Isabella intenta detenerlo y lo sigue.

El paso de Thiago es firme y rápido mientras va a buscarlo a Leandro. En cuanto llega, abre la puerta sin golpear y lo toma de la camisa.

– Aléjate de mi madre.

Isabella entra a la oficina de Leandro e intenta alejarlos.

– Thiago. – Le llama la atención. – Estás viendo cosas que no son.

Isabella logra separarlos y su hijo tiene la mirada firme en el joven.

– Ni creas que me voy a quedar de brazos cruzados, no te vas a acercar a mi madre.

– Te estas equivocando Thiago, tu madre es solamente una amiga.

– No me trates de estúpido. – Enojado. – Se muy bien que es lo que te propones, desgraciado.

La pareja se queda a solas e Isabella se toca la frente mientras quiere recuperar la tranquilidad.

– Lo siento mucho. – Toma su mano.

– Tu no hiciste nada. – Tranquilo. – ¿Estás bien?

– ¿Cómo puedo estar bien después de un momento como esté?– Respira hondo. – ¿Estás bien, mi amor?

– Estoy bien amor. – Suspira. – Es normal que reaccione así, está celoso.

– Pero eso no le da derecho a hacerte eso.

La cabeza de Isabella empezó a dolerle y suspira, Leandro la toma de los hombros y besa su frente. Quiso besar sus labios, no obstante, ella se aleja.

– Lo siento amor. – Lleva su mano a sus labios para acariciarlo. – Mejor no arriesgarnos. – Triste. – Sera mejor que te vaya.

Leandro asiente sintiéndose de la misma manera e Isabella gira el picaporte antes de abrirle la puerta, sale y la cierra suavemente. El joven respira hondo sintiéndose disgustado por lo que paso. Estaba tan feliz de estar con ella y de disfrutar el momento, pero todo se arruino rápidamente.

Más tarde, Isabella decidió almorzar en la oficina para no crear más problemas. Lo extraña horrores a Leandro y lo necesita cerca. Apenas probo la comida y vuelve a la realidad cuando ve entrar a Santiago.

– Pensé que te habías ido con Leandro.

– No... decidí almorzar aquí.

– ¿Paso algo? ¿Se pelearon?

– No, nada de eso. Estuvimos trabajando en toda la mañana, pero vino Thiago y tuvo un ataque de celos.

– ¿Y eso?

– Es tan absurdo lo que hizo, tuvo celos de Leandro. – Pone los ojos en blanco. – ¿Puedes creerlo?– Se ríe nerviosa. – Me dijo que tu amigo tiene otras intenciones conmigo. Quiso golpearlo, pensé que se armaría un escándalo. – Suspira. – Parece un adolescente.

Santiago se ríe y toma su mano para calmarla.

– No te preocupes, ya se le pasara. – Animado. – ¿Por qué no vamos a almorzar? Necesitas tomar un poco de aire, vamos.

– Estoy bien aquí, Santi.

– No aceptare un no como respuesta. – Sonríe.

Ella le devuelve la sonrisa y se rinde.

– Está bien. – Se pone de pie.

Madre e hijo salen de la oficina y al salir a la calle, Santiago la lleva en su coche.

Más tarde, Isabella está en su casa terminando el dibujo que está haciendo. Ella aprendió tanto gracias a lo que le enseño Leandro y eso la ayuda a despejar su cabeza. Son casi las 11 de la noche y tiene intenciones de quedarse levantada hasta terminarlo. Escucha un golpe en la puerta.

– ¿Se puede? – Pregunta Florencia.

Ella sonríe y asiente tranquila. Su amiga entra y agarra un taburete para sentarse, mira la pintura casi realizada y una sonrisa se forma en su rostro.

– Es muy bonito.

– Si.. – Animada. – Aunque no está terminado todavía.

– ¿Piensa mostrárselo a su enamorado? Le gustaría mucho ver el retrato que estás haciendo.

– Ni loca. – Ríe. – Leandro es tan talentoso que no quiero que vea lo que estoy haciendo.

– Pero si está aprendiendo mucho y me gusta como va quedando.

Ella se mantiene en silencio y termina con sus últimos detalles. Sus ojos brillan al ver el resultado final y deja que se seque. Limpia los pinceles y admira la pintura por unos minutos.

– Es muy bonito.

– Gracias Florencia.

La abraza con suavidad y suspira tranquila, el sueño se esta haciendo cargo de su cuerpo.

– Creo que es mejor que vaya a dormir o me voy a quedar dormida en cualquier momento.

Se aleja de su amiga y le da un beso en la mejilla.

– Buenas noches Florencia.

– Buenas noches.

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