Capítulo 42
Leandro se ríe y toma con suavidad su mentón antes de darle un dulce beso, al sentir sus labios, Isabella perdió la cabeza. Separan sus labios y Leandro la mira con ternura.
– No bebé, solamente estaba viendo lo linda que te ves concentrada. Es difícil concentrarse cuando uno tiene al lado una mujer tan sensual y hermosa.
– El amor te puede hasta cegar a veces. – Bromea.
– No seas así. – Se ríe. – Si quieres puedo demostrarte lo hermosa que eres.
Ella ladea la cabeza al mismo tiempo que lo mira con amor y acaricia su mejilla.
– Me gustaría poder acabar con esa desconfianza que te tienes, esa baja autoestima.
Se acerca a ella para tomarla entre sus brazos e Isabella lo observa con lágrimas en los ojos. No quiere hablar, es consciente que si lo hace romperá en llanto y no quiere que Leandro se preocupe.
– Pero iré sacándote de a poco todas esas dudas con mis besos, mis caricias, hare todo lo que haga falta para que tengas mucha seguridad sobre ti misma y por eso mañana estaras en mi casa para que seas mi hermosa modelo.
El corazón de la mujer late con fuerza y cierra los ojos mientras respira hondo. Apoya la cabeza en su hombro y se deja proteger por su amor, sus ganas de llorar cesaron y sonríe mientras disfruta estar con él. Leandro acaricia su cabello suavemente mientras besa su frente. Isabella levanta la cabeza y le sonríe al joven, la pareja se sonríe y Leandro no puede dejar de observar sus labios, tiene unas ganas inmensas de besarla y ella es la que toma la iniciativa. El beso apasionado le quito el aliento a su amante e introduce su lengua sutilmente para explorar su boca.
Ella sonríe al escucharlo de esa manera y cuando las caricias pasaron a ser más provocativas, lo alejo suavemente y suspira antes de mirarlo con sus ojos llenos de llamas.
– Vamos a seguir con lo que estábamos. – Animada.
Leandro la mira con sorpresa y se ríe antes de tomar sus manos.
– ¿Acaso me vas a dejar así?
Ella observa su entrepierna hinchada y sonríe llena de satisfacción. Envuelve el cuello de su amante con sus brazos y le da un tierno beso en la nariz.
– Es una lástima, pero vamos a seguir trabajando, si tan grande es su necesidad. Hay una mujer que lo recibirá con los brazos abiertos.
El joven entrecierra los ojos mientras sonríe con travesura.
– Me parece que no...
La toma entre sus brazos con fuerza y la lleva a la pared. El pecho de Isabella se cierra al verlo tan excitado y levanta su falda para deslizar su mano por su muslo, sube hacia su entrepierna y la acaricia a través de la tela de sus bragas. Ella gime despacio y cierra los ojos. La vuelve loca sus caricias y quiere que siga con lo que está haciendo.
Enseguida le quita la falda y la tira al suelo, hace lo mismo con sus bragas y se agacha para que su cabeza quede a la misma altura de su vagina. Con cuidado, levanta la pierna derecha de Isabella para que quede encima de su hombro.
Pasa su lengua por su clítoris y ella siente una descarga eléctrica por todo su cuerpo. Su estomago se contrae y rápidamente se tapa la boca con su mano, Leandro sigue lamiéndola con alevosía, completamente sediento de ella e introduce un dedo dentro de ella. Lo mueve con agilidad e Isabella siente la tensión incrementando en su interior. Se tapa la boca con fuerza debido a que no puede callar las sensaciones que está sintiendo. Siente la lengua profesional de Leandro lamiendo su clítoris de un lado para el otro, su cuerpo tiembla y trata de mantener el equilibrio.
Leandro la mantiene en su lugar para que ella no se mueva y la come con ansias, sintiéndose completamente loco. Es tan exquisito probarla y escucha sus jadeos bajos. Introduce otro dedo en si interior y las mueve con fuerza.
El placer que está sintiendo Isabella la está haciendo delirar de placer, arquea su espalda y no puede evitar de mover su pelvis mientras siente el goce que le está propinando el joven.
Leandro está fascinado de escucharla de esa manera, de ser el único que es capaz de darle ese placer que merece sentir. Se siente completamente agradecido de ser el hombre que la hace delirar. Ella echa la cabeza hacia atrás y se ahoga por el goce que le está haciendo pasar su joven amante.
El es completamente de ella e Isabella es solamente suya.
Esa idea lo hace ir más allá y eso fue el final para ella, el clímax está cerca y el cuerpo de la mujer se mueve con intensidad.
– Ay me vengo. – Jadea. – Leandro, me vengo, ahhh.
Se tapa la boca para ahogar el grito y convulsiona. Tira del cabello de su amante con fuerza y el se levanta para sostenerla entre sus brazos. El cuerpo de la mujer es de trapo y respira con dificultad.
– Dios mío. – Cierra los ojos. – Eso fue...
– Perfecto. – Sonríe al verla así.
Una vez que recupero su respiración, el joven la vistió y la mira con una sonrisa en sus labios. Besa sus labios suavemente y la abraza desde la cintura.
– Me vuelve loco saber que soy el único que puede darte tanto placer, el único que puede llevarte a la locura rápidamente. – Gruñe, – Eres mía, mi amor, como yo soy completamente tuyo.
Eso la deja completamente sorprendida y traga saliva, el joven la atrae más hacia su cuerpo y la besa apasionadamente. Ellos no pueden pensar con claridad, solamente se dejan llevar por el amor que sienten por el otro.
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