Capítulo 41




Más tarde, Isabella está tan inspirada e inmersa en su mundo mientras toca su piano. Tiene una sonrisa en su sonrisa y empieza a tararear antes de cantar.

"Muchas veces en mi vida quise
Aunque hubiera que ocultarse quise
Con engaños y traiciones quise
Aunque me diera vergüenza quise".

El amor de Leandro me hace tan bien, sus muestras de cariño, la forma de mirarme, de mimarme y hacerme sentir especial provocaron que despertara en mí ese inmenso amor que pensé que nunca volvería a sentir.

"Pero quise mal, quise mal, pero esta vez
Voy a aprender a quererte
No hay más tiempo que perder
La vida corre y no espera
Al que se queda.

Aprendamos a querernos, a amarnos
A cuidarnos del dolor
Yo te enseñaré a quererme
Enséñame por favor
A amarte, besarte, cuidarte
Mimarte, sentirte, extrañarte, esperarte".

Florencia sonríe mientras la observa desde el marco de la puerta y entra despacio. La ve tan bien a su amiga que está feliz con la nueva oportunidad que le está dando la vida de estar enamorada.

– La veo tan feliz.

Isabella deja de tocar el piano y da media vuelta para mirarla. Sonríe con afecto y asiente suavemente.

– Como para no estarlo. – Bosteza. – Pero mejor me voy a dormir porque tengo mucho sueño.

– Está bien, señora. Buenas noches.

Bosteza de nuevo mientras camina hacia su habitación y se toma su tiempo para cepillarse los dientes, y ponerse el camisón.

Al otro día, fue al trabajo con su esposo y se separó de él al primer momento que entran al edificio, Juan la mira con seriedad y hunde sus dientes. Odia cuando Isabella lo ignora y está perdiendo cada vez más la paciencia.

Ella entra a su oficina y sonríe al ver a Leandro sentado en el sofá. Cierra la puerta con seguro y se va acercando lentamente a su amante.

– Me parece que alguien está ansioso. – Animada.

– Mucho.

Se pone de pie y besa sus labios antes de envolver su cintura con sus brazos.

– Buenos días cariño.

– Buenos días. ¿Cómo estás?

– Ahora que te veo estoy muy bien.

Utiliza un tono muy varonil y ella sonríe mientras aprieta suavemente la nariz.

– Eres tan lindo.

– Tu eres la que hace que sea así.

– ¿Un cursi? – Se ríe.

– Aja.

Se acerca lentamente hacia sus labios y Leandro disfruta de sus labios dulces, esos labios que se convirtieron en una droga, lo único que hace que pueda respirar. La atrae más hacia su cuerpo y son interrumpidos al escuchar que alguien golpea la puerta. Leandro suspira y ella pasa sus manos por los labios de su amante.

– Espera que te estás manchado con mi labial. – Habla en voz baja.

Termina de limpiarlo y se acerca a la puerta, la abre y observa a Julieta.

– Buenos días, quería saber si necesita algo.

– Buenos días Julieta. – Sonríe. – No, gracias. Si necesito algo te llamo, ahora voy a trabajar con el señor Alvear, solamente llámame si hay algo importante.

– Está bien, disculpe.

Isabella cierra la puerta y Leandro levanta una ceja.

– ¿Vamos a trabajar?

Su amante quiere tomarla entre sus brazos, pero ella se aleja lentamente, tiene una sonrisa seductora en sus labios.

– Así es, quiero ayudarte con tu proyecto.

– Eres tan mala. – Gruñe. – Justo que quería hacer otra cosa.

Palmea suavemente su trasero y el fuego se incrementa en su pelvis. Traga saliva y sonríe mientras se sienta en su silla.

Unos minutos después, Leandro le muestra el borrador de los planos y ella se pone los lentes para poder ver mejor.

– ¿Tienes pensado que servicios habrá en el hotel?

– Pensé en un spa, en que haya varios restaurantes para que las personas elijan de acuerdo a sus gustos...

– Me gustaría que haya una sala de cine, una sala de lectura, actividades para los más chicos así no se aburren en el hotel.

– Me encanta la idea.

La abraza desde atrás y besa su cuello.

– Eres tan inteligente.

Ella da media vuelta para mirarlo y se saca los lentes.

– ¿De verdad?

Le parece mentira que alguien le pida que es lo que piensa.

– Claro que si, mi amor. – Sonríe. – Me estás ayudando un montón.

Ella cierra los ojos suavemente y lo abraza con fuerza. Leandro la estrechó entre sus brazos y besó su cabeza mientras acariciaba su espalda. Isabella no deja de sonreír debido a lo feliz que se siente de estar con un hombre como Leandro, un hombre que la ama y que la hace feliz en cada momento que están juntos.

Mientras, Juan entra a su oficina y encuentra a Regina sentada en su escritorio. Ella lo mira con una sonrisa seductora al mismo tiempo que el hombre está con el rostro completamente serio.

– Parece que alguien se despertó de mal humor. – Sonríe y se cruza de piernas. – ¿Quieres que haga algo que te haga sentir mejor, cariñito?

Ella baja del escritorio y los ojos de Juan están llenos de odio, las estupideces que está haciendo Regina lo hacen enojar más y más. Quiere besar sus labios y el malhumorado la quita de inmediato.

– No me hagas perder el tiempo Regina, estoy de mal humor y me molestas con eso.

– Cuando antes te enojabas no pensabas lo mismo.

– Esto es distinto. – Suspira. – Estoy perdiendo a mi esposa y no se que hacer, ni siquiera me mira, nada.

Regina muere de ganas de reírse delante por su hipocresía.

– Pero si antes nunca te preocupaste por eso. – Se cruza de brazos. – No me digas que eso te tiene asustado ahora.

– Nadie me asusta Regina, ni siquiera mi mujer.

– ¿Y entonces? – Sonríe. – ¿O no me digas que sigues enamorado de ella? Sabes muy bien que no te creo y si es así. – Tirando de su corbata. – ¿Por qué estás conmigo?

– Porque eres una zorra como todas las demás. – Sonríe. – Menos mi esposa, antes soy capaz de matarla si ella me es infiel.

– Ay Juan. – Apoya las manos en sus hombros. – Sácate esa idea de la cabeza, tu esposa es tan estúpida, mira si va a hacer eso. – Besa sus labios– Ahora quiero que te saques esa idea absurda de tu cabeza, puede que un poco se te haya revelado, pero a que haga eso, es imposible.

– Al fin tienes razón. – Tranquilo. – Solamente casi me vuelve loco de tan solo pensar que algo que me pertenece sea de otro.

– Ya no pienses en eso. – Susurra mientras besa sus labios. – Ahora deja que te tranquilice.

Empieza por sacarle suavemente su corbata y lo sienta con dureza sobre su silla. El humor volvió en el interior de Juan y se olvidó de todo.

A medida que fue pasando el tiempo, Leandro observa en silencio a su Isabella y sonríe al verla concentrada de esa manera. Se la ve tan linda y adorable que tiene ganas de abrazarla y comerla toda. Ella juega inconscientemente con el lápiz mientras ve los planos y se da cuenta que Leandro la está mirando.

– ¿Tengo algo en la cara? – Confundida.

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