Capítulo 40



Decidieron darse una ducha juntos y ella envuelve su cuerpo con una toalla. Salen del baño y cuando Isabella está por vestirse. Se mira en el espejo descubre una mancha rosada en su cuello. Isabella jadea por el disgusto y traga saliva.

– Leandro. – Aterrada.

Ella da media vuelta para mirarlo, su amante se está poniendo los jeans al mismo tiempo que la mira.

– ¿Qué paso?

– ¿Acaso no te das cuenta lo que me hiciste? – Disgustada.

Leandro se acerca a ella sintiéndose confundido y sus ojos se abren aún más al ver la marca en su cuello.

– Se nota tanto. – Nerviosa. – Voy a estar un buen rato tratando de ocultarlo.

A pesar del disgusto que ella muestra, el hombre no puede evitar sonreír e Isabella lo mira seriamente cuando se da cuenta.

– ¿Por qué esa sonrisa?

– Me gusta cómo se te ve.

– No creo que piense lo mismo mis hijos.

Leandro se ríe y la abraza suavemente para calmarla.

– No te enojes mi amor, deja que me ocupe de todo. – Sonríe.

Le saca la toalla de su cuerpo y hace que se siente sobre la cama, agarra sus bragas y hace que levante los pies para pasarlo por sus piernas. Isabella lo observa en silencio mientras Leandro la viste y su respiración es lenta. Su amante se tomo el tiempo para colocarle cada prenda y finaliza con su camisa. Al fin la mira a los ojos y muestra los dientes al darle una sonrisa encantadora.

– Hace mucho tiempo quise ayudarte con la ropa.

Ella sigue en silencio y no puede evitar sonreír, Leandro se pone de pie y toma sus manos para tirar despacio y hacer que se ponga de pie. Ambos están frente a frente y el joven le da un pico.

– Ahora vamos a ver que hacemos con eso, aunque si fuera por mí no trataría de ocultarlo. – Sonríe.

– Espero que no se te haga costumbre. – Arquea una ceja.

– Me gustaría dejarte algunas marcas en tus senos o en tu trasero.

Isabella se ríe y lo abraza con suavidad.

– Eres un loco.

El tiempo se les fue acortando, la mujer ocultó el chupón del cuello con maquillaje y no le gusto para nada el resultado, por dentro quiso matar a Leandro, pero al mismo tiempo le encanto.

Ambos salieron del hotel y subieron a la camioneta. Leandro le tomo la mano antes de encender el motor.

– De ahora en adelante tenemos una excusa para cuando queramos tener un momento a solas.

– Es verdad. – Calmada. – Aunque de verdad quisiera ayudarte.

– Me encantaría que lo hagas.

Besa su mano y segundos después enciende el motor. Ella se acomoda en el asiento mientras Leandro maneja hacia la empresa.

Por suerte, nadie se dio cuenta de la marca en su cuello. Paso desapercibida y estuvo sola en su oficina hasta que finalizo el horario de trabajo. Una vez que está afuera, su hijo se acerca para despedirla y abre la puerta de la oficina de su madre. En ese momento, Isabella estaba juntando sus cosas para irse a la casa.

– Buenas noches madre, pase para despedirme.

Ella sonríe y le da un abrazo antes de despedirlo. Santiago frunció el ceño mientras la observa con atención.

– ¿Qué te paso en el cuello? – Confundido.

Isabella se quedo tildada por el susto y traga saliva mientras su mente va a mil por ahora, pensando en que decirle.

– Es que los mosquitos me estuvieron matando cuando fui a almorzar. Me dejo ronchas por todos lados.

Santiago entrecierra los ojos y suspira, últimamente su madre está llena de secretos y una duda apareció en su cabeza.

– Bueno... será mejor que vaya a mi casa, estoy cansado y quiero descansar.

– Yo también, fue un día bastante duro. – Suspiro. – Mañana nos vemos. – Sonríe.

Le da un beso en la mejilla y su hijo sonríe a medias, se despide de su madre y cierra la puerta. Isabella se quedo a solas y se lleva las manos hacia la cabeza, solamente espero que su hijo haya creído esa mentira.

– Ay Leandro te voy a matar.

Santiago no se trago para nada la mentira que le dijo su madre, es más, lo tuvo pensando desde que camino de la oficina de su madre hasta el elevador, cuando las puertas del elevador estuvieron por cerrarse, Leandro entro justo a tiempo, quedando ambos a solas.

– ¿Tienes algo planeado para esta noche?

– No tengo nada para hacer, ¿quieres que vayamos a un bar? – Pregunta Leandro.

– Por favor.

Una vez que salen a la calle, cada uno entra a su vehículo y conducen hacia su bar favorito. Santiago está lleno de preguntas y busca desahogarse con su mejor amigo.

Al entrar, suben a la terraza del bar y se ponen cómodos mientras una camarera espera a que se sienten para pedir lo que cada uno quiere. Ambos piden una cerveza para empezar, la muchacha se aleja y Santiago observa a su amigo.

– Eres el único a quien puedo confiar esto. – Suspira.

– ¿Qué paso?

– Justo paso cuando me estaba despidiendo de mi mamá, cuando terminé de abrazarla me di cuenta que tenia una marca en el cuello. Cuando le pregunte ella se puso morada y no sabia que decirme, es tan mala cuando miente.

– ¿A qué te refieres con una marca en el cuello?

Leandro quiso disimular y hacerse el tonto, pero los nervios que empezó a sentir casi lo dejan en evidencia.

– ¿Estás bromeando? Es algo obvio que quiero decir con eso.

Estuvo en silencio cuando la camarera regreso con dos botellas de cerveza ya destapadas y ambos le agradecen antes que se marchara. Una vez que estuvieron a solas, siguió hablando.

– Era un chupón lo que tenía.

– Bueno.. – Nervioso. – Habrá sido tu padre.

Tiene tantos nervios que lo hace decir cualquier estupidez.

– ¿Mi padre? – Arquea una ceja. – Desde que tengo uso de razón nunca vi a mi padre muy pegado a mi madre, ni siquiera le hizo una muestra de cariño.

Leandro tomo un largo trago de su cerveza para calmarse, no obstante, casi se atraganta al escuchar algo que lo puso en pánico.

– Creo que tiene un amante.

– ¿Qué? – Asfixiado.

En ese momento empezó a toser y se obligó a calmarse.

– Estás loco. ¿Cómo puedes pensar algo así?

– Pero no es nada de malo. – Tranquilo. – Se que mi mamá no ama a mi padre y solamente quiero que sea feliz, por eso me estoy preocupando por ella.

– ¿Entonces no te molesta?

– Para nada, solamente no me gusta la decisión que tomo de seguir con mi padre. No logro entender lo que hizo.

Leandro no dijo nada, decidió mantenerse en silencio para no meter la pata. Su mirada está en su amigo mientras que Santiago tiene la mirada perdida hasta que reacciono tiempo después.

– Ahora que trabajan juntos, ¿la viste en algo raro? Desde el almuerzo que desapareció y sé que almorzó contigo.

– No me habla de su vida personal. – Se rasca la cabeza. – Le pregunto cómo van las cosas con tu padre y me cambia de tema.

Leandro se siente incomodo y nervioso, mira la hora que es y recién son las 9 de la noche. El tiempo está pasando demasiado lento y no sabe qué hacer.

– Santi... tu madre sabe lo que hace, es una mujer madura y seguramente vas a saber qué le pasa.

– No estoy tan seguro, no tienes idea del tiempo que tuve que esperar para saber lo que hace mi madre. 

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