Capítulo 36


La voz que utiliza Isabella es de tristeza, ella respira entrecortadamente mientras lucha por no llorar. Trata de tranquilizarse para no preocupar a Leandro.

– ¿Qué paso, mi amor? ¿Te sientes mal? – Aterrado.

– Quiero verte Leandro. – Le ruega. – No me siento bien.

Al escucharla de esa manera, se pone de pie y agarra sus cosas mientras sostiene su celular.

– Ya mismo voy para allá, mi amor. Nos vemos en unos minutos.

Corto la llamada y guarda el celular en el bolsillo, sale rápidamente de la oficina y en poco tiempo está a la calle. Sube a su camioneta y enciende el motor.

Al mismo tiempo, Isabella está retocando su rostro para que no se vea el moretón y se mira con tristeza desde el espejo. Se siente tan frágil en este momento que solamente tenerlo cerca a Leandro la sacaría de está pesadilla. Guarda su maquillaje en el cajón del mueble y arregla su cabello rubio. El cuero cabelludo le duele debido al tironeo que le propino Juan.

Respira hondo mientras se ordena a no llorar, no quiere que Leandro la vea así. Solamente le hará creer que se siente mal así no la llena de preguntas.

En pocos minutos, Florencia saluda a Leandro y este está realmente preocupado.

– Flor. – La mira con preocupación. – ¿Qué le paso?

Ella suspira y lo mira con seriedad.

– Sera mejor que Isabella le cuente.

Eso lo puso peor y lo primero que hizo fue subir las escaleras. Ni siquiera golpeo la puerta de su habitación, solamente abrió la puerta y observo a Isabella mirándose desde el espejo. Ella se da cuenta de su presencia y se pone de pie para abalanzarse hacia Leandro.

Lo necesitaba tanto, necesitaba sentirse segura entre sus fuertes brazos y cierra los ojos con suavidad cuando la abraza con fuerza. Siente como la besa en la cabeza y hunde su rostro en su pecho.

– ¿Qué tienes, mi amor? Estoy completamente preocupado por ti.

Acaricia su espalda mientras le habla y ella traga saliva.

– No me siento muy bien y te necesitaba tanto. Te extrañe.

Leandro sonríe con suavidad y ella levanta la cabeza para mirarlo.

– Yo también te extrañe. – Acaricia su mejilla. – Por eso me preocupe tanto que no estabas en el trabajo.

Besa sus labios suavemente y la piel de Isabella se eriza.

– No quiero que dejes de abrazarme.

La sostiene con fuerza y la mira con amor.

– No pienso soltarte.

Se ríen en ese momento e Isabella respira tranquila. La paz inunda su corazón y vuelven a besarse, está vez fue más necesitado. Sin embargo, Isabella no tiene intensiones de hacer el amor, solamente quiere pasar un momento con Leandro y olvidarse de todo.

Se acuestan en la cama y ella mantiene los ojos cerrados mientras tiene la cabeza apoyada en su pecho. Isabella puede sentir los latidos de su corazón y estos son constantes, y tranquilos. Se siente tan tranquila que la hace escaparse de la realidad ruin en la que vive.

– ¿Sabes? De ahora en adelante vas a ser mi doctor.

Leandro se ríe y la mira con ternura. La ama tanto que su pecho no para de inflarse de amor mientras suspira por ella.

– Puedo ser lo que tu quieras.

Sonríen con suavidad y ella acaricia su pecho con suavidad, jugando con sus vellos. Leandro toma su mano y la besa con delicadeza. Ella lo mira en silencio y siente como su corazón quiere irse de su pecho para estar con él. Poco a poco va derrumbando las barreras que ella misma se puso y sus ojos se llenan de lagrimas mientras le sostiene la mirada.

– ¿Qué pasa, mi amor? – Asustado. – ¿Te duele algo?

– No. – Tranquila. – Es que te amo Leandro. – Sonrie. – Te amo.

Leandro se quedo boquiabierto mientras procesa lo que Isabella le dijo. Su corazón está que se le sale del pecho y sus ojos negros se llenan de lagrimas de emoción. Isabella se siente tan frágil al haberle dicho lo que siente. Le sostiene la mirada y ve como Leandro llora antes de sonreír lleno de felicidad. Se acuesta encima de ella y la besa apasionadamente, bebé de sus labios como si estuviera sediento. Isabella envuelve el cuello del hombre de su vida con sus brazos y disfruta del beso que le está dando.

Dejan de besarse y Leandro la observa con una felicidad inmensa que apenas le cabe en el cuerpo.

– Te amo tanto, mi amor. – Feliz.

Pasa sus manos por su rostro y acaricia su piel suave. Al fin sucedió el momento en el que fantaseo durante años, la sostiene entre sus brazos y apoya la frente en la de ella.

Isabella sintió tanto miedo y al ver como reacciono la calmo por completo. Se sintió tan bendecida que un hombre como el la ame. Cierra sus ojos suavemente mientras disfruta de sus caricias.

Nunca había sentido tanta paz como ahora y se deja llevar por los brazos fuertes de su amante. Quedo completamente dormida y él se acomodo suavemente para no incomodarla. La movió con cuidado para que ella quedara encima de su cuerpo y envuelve su cintura con sus brazos, acariciando con delicadeza su espalda mientras la ve dormir.

Verla dormir le pareció uno de los momentos más maravillosos de su vida, es la tercera vez que la ve dormir y todavía encontró lugares de su rostro que no descubrió. Su corazón le late con fuerza al sentir su aliento caliente tocando su piel. Le encanta tanto observar su rostro perfecto mientras está descansando, sonríe al verla durmiendo como un angelito. Su corazón se enternece tanto al verla así, no puede enamorarme más pero cada día en que está con ella, pierde cada vez más la cabeza por la mujer que ama con locura.

Besa suavemente su frente y sonríe feliz.

– Ay mi amor. – Suspira. – Estoy perdiendo cada vez más la cabeza por ti. – Susurra. – Y saber que me amas hace que quiera luchar en contra de todos para poder unir mi vida contigo, hacer lo que haga falta para verte sonreír todos los días que pasemos juntos. No importa lo que tenga que pasar para que de una vez por todas estemos unidos, te juro que nadie será capaz de separarnos.

Toma su mano con cuidado y la besa antes de seguir mirándola descansar.

Más tarde, Isabella abre los ojos y ve que está sola en la cama. Ella suspira y arruga el rostro al saber que Leandro se ha ido. Cuando mira la almohada encuentra un papel debajo de está y la toma enseguida.

"Tuve que irme para no ocasionarte ningún problema. Quise despertarte, pero te veías tan adorable que se me hizo difícil hacerlo. Te estoy escribiendo está pequeña nota y ya te extraño. Nunca te olvides de que te amo, mi amor.

Siempre tuyo, Leandro".

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