Capítulo 35



¿Qué le digo? Oh dios, quiere entrar de nuevo el miedo en mi cuerpo, pero me digo a mi misma que ya no puede controlarme.

– No hice nada malo. – Me obligo a estar tranquila. – Además, ¿a ti que te importa?

– Estuviste fuera de la casa toda la noche, ¿te parece poco?

– Me sentía mal y salí del trabajo para tomar un poco de aire fresco. No pienso contarte lo que hice porque a ti no te importa.

Me toma rápidamente del brazo y me aprieta con fuerza haciendo que gima de dolor. Este monstruo hace que instantáneamente borre mi felicidad.

– Ahora me vas a decir donde estuviste. – Me ordena.

– Me vas a soltar. – Tironeo, pero no me suelta. – Suéltame.

– ¿En serio pensaste que voy a quedarme callado mientras haces lo que quieres? Estás muy equivocada Isabella.

– No te tengo miedo. – Enojada.

– Deberías tenerme miedo porque no sabes de lo que soy capaz.

– ¿Más de todas las cosas que me hiciste? No lo creo.

Se ríe en mi cara y me tira del cabello haciendo que me duela. No pienso dejarme someter por él.

– La vas a pasar muy mal, se muy bien que estuviste con un tipo. Por eso me vas a contar con quien estuviste.

Lo empujo con fuerza y logro separarme de Juan. La adrenalina se hace cargo de mi cuerpo y le empiezo a gritar.

– A ti que te importa. – Harta. – ¿Quién te crees que eres para pedirme explicaciones?

En un segundo, siento una implosión en mi rostro y me caigo al suelo debido a la fuerte cachetada en mi rostro. Estoy completamente perdida mientras quiero ponerme de pie. Sin embargo, Juan me hace ponerme de pie tirándome del cabello y cierro los ojos con fuerza por el dolor.

– Merezco explicaciones porque sigo siendo tu marido. – Tira con fuerza de mi cabello y trago saliva por el dolor. – Que sea la última vez que me hablas así y te aseguro que me voy a enterar de quien es tu amante. Te juro que lo voy a matar en cuento lo encuentre.

Me tira sobre la cama y rompo en llanto. Escucho un portazo y apoyo mi rostro en la almohada cuando las lagrimas se desparraman en mi rostro.

Otra vez volvió la pesadilla, borrando todo el paraíso que habíamos creado con Leandro. Mi realidad es tan horrible, pensé que algún día seria libre, pero estando con ese monstruo hace que cada día se me van las esperanzas.

Narrador omnipresente:

Florencia subió casi corriendo las escaleras al ver que Juan salió completamente molesto. Entro a la habitación y la encontró llorando desconsolada encima del colchón. Florencia siente como se le parte el corazón al verla así y se sienta en la cama. Acaricia el cabello de su amiga e Isabella levanta la cabeza, sus ojos están cubiertos de lagrimas y se lleva una mano hacia su boca al ver que la mejilla de Isabella está morada.

– No puede seguir con esto. Tengo miedo que pase algo.

Ella cierra los ojos y lentamente se mueve para sentarse sobre la cama. Lo primero que hace es abrazarla a su amiga y cierra los ojos con fuerza.

– Pase la mejor noche de mi vida y Juan la arruino en un segundo. Nunca pensé odiar tanto a alguien como a ese hijo de puta.

Su voz se va quebrando a medida que va hablando. Florencia acaricia su espalda mientras trata de consolarla.

– Se que quiere sentirse segura económicamente, pero tiene que hacer algo, no puede estar así. La va a terminar matando.

Isabella suspira y agacha la cabeza mientras se apoya en su amiga.

– Como si fuera tan fácil. Ahora no se como hare para ir al trabajo así, puedo ocultármelo con maquillaje, pero no me siento muy bien. – Traga saliva.

– Entonces quédese, pero no piense en esa basura. Ayer me preocupe tanto por usted. ¿Qué paso?

Isabella sonríe melancólicamente y respira hondo mientras piensa en Leandro, fue lo único que la hizo resucitar en ese momento.

– Pase la noche con Leandro. Fue maravillosa pero lo bueno siempre termina para mí. – Suspira.

– Yo no puedo entender como no le dice nada a Leandro. Estoy segura que lo mata en un segundo.

Ella se separa de su amiga y niega rápidamente. Es consciente que Leandro la defenderá, pero de tan solo pensar en que Juan le puede hacer daño la aterra por completo. No soportaría que le hagan daño a Leandro por su culpa.

– Ya te dije que Leandro no se va a enterar de nada. Bastante lo metí en este problema cuando le pedí ayuda por mi divorcio.

– Y al fin se dio cuenta que Leandro está enamorado de usted.

Isabella la mira con los ojos llenos de lágrimas y asiente lentamente.

– Yo también lo amo, Flor.

Se limpia las lagrimas que salen de la superficie y suspira.

– Pero a mi la felicidad nunca me duro.

Mientras, Juan está molesto en su oficina y Regina intenta calmarlo haciéndole masajes.

– Bueno mi amor, tampoco es para tanto.

Ella revoleo los ojos mientras escucho todo lo que su amante dijo y Juan niega fuera de si.

– Odio la idea de que me este poniendo los cuernos, ella es mi esposa y me pertenece.

La muchacha se aleja y se ríe mientras lo observa.

– Tu le pones el cuerno y eso nunca te importo. ¿Por qué te va a importar lo que haga ella?

Ella se asusta por el golpe que dio el hombre al escritorio y retrocede unos pasos cuando se puso de pie.

– ¿Acaso eres estúpida? Isabella es mi esposa y me debe fidelidad. Es mía y nadie me la va a quitar. – Aprieta los puños. – Ya voy a encontrar al desgraciado y lo voy a matar con mis propias manos.

Después de un rato, Leandro levanta el teléfono de línea y llama a Julieta para preguntar por Isabella.

– ¿Diga?

– Buenos días Julieta, te llame para saber si la señora está en su oficina.

– No señor Alvear, la señora todavía no llego. Me llamo para avisarme que no vendrá el día de hoy.

Se quedo extrañado y la preocupación se le subió a la cabeza.

– Gracias Julieta.

Corta la llamada e instantáneamente llama a Isabella con su celular. La llamo unas cuantas veces y a la tercera llamada se calmó al escuchar su voz. Sabe muy bien que todo está mal al escuchar su tono de voz.

– Te necesito, mi amor. 

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