Capítulo 34



Unos momentos más tarde, nos venimos al mismo tiempo y grita conmigo, nuestros cuerpos están completamente empapados por el sudor y el agua de la ducha.

Respira con dificultad al igual que yo y apoya la cabeza en mi pecho.

– No puedo dejar de amarte... desearte... estoy como un loco, mi amor.

Trago saliva y la respiración me falla, no puedo ni hablar debido al placer que sentí apenas unos segundos.

– Nunca.. – Trago saliva. – Nunca me habían hecho el amor tantas veces. – Cansada. – Me siento tan sensible...

– Te vas a tener que acostumbrar cariño... – Acaricia mi piel mientras sonríe. – Porque no me voy a conformar con hacerte el amor una vez de las veces que estemos a solas.

Trago saliva y jadeo, esto es tan nuevo para mí.

Leandro se tomó en serio en hacerme el amor toda la noche porque terminamos totalmente agotados cerca de las 5 de la mañana.

Tuve que darme otra ducha y por suerte Leandro se portó bien, me siento tan cansada que solamente quiero dormirme entre sus brazos. Una vez que estamos bañados, me toma entre sus brazos y apoyo la cabeza en su fuerte pecho. Estoy tan cansada que no tengo ni fuerzas para hablar, pierdo la consciencia rápidamente y duermo con una sonrisa.

La luz que proviene de la ventana hace que abra los ojos y me encuentro completamente sola, me siento sobre la cama y mis ojos me pesan. Estuve por salir de la cama cuando veo entrar a Leandro con una bandeja repleta de comida. Está con una sonrisa de oreja a oreja y verlo de esa manera hace que las mariposas de mi estómago revoloteen locamente.

Pone la bandeja sobre la cama y besa mis labios.

– Buenos días, mi amor. ¿Cómo estás?

– Destruida pero feliz. – Sonrió.

– ¿Y yo soy el responsable?

Asiento mientras nos reímos y nos damos otro beso. Veo las cosas que hay en la bandeja para desayunar y se me hace agua la boca. Agarra una taza de café y me lo entrega, tomo un sorbo y se sienta a mi lado mientras lleva su brazo izquierdo hacia mi espalda, haciendo que me pegue cerca suyo.

– Solamente en mis sueños estaba este hermoso momento. – Me mira. – Nunca pensé que se haría realidad.

– ¿Sueñas conmigo?

– Sueño contigo hasta despierto.

– No me quiero imaginar las cosas que deben pasar por esa cabeza. – Jugueteo.

– Algunas cosas las hice anoche.

Mis mejillas se ponen coloradas y tomo un poco de café. Se da cuenta de mi timidez y se ríe mientras besa mi mejilla.

– Lastima que no podemos quedarnos más tiempo.

– Yo no sé qué excusa encontrar. – Suspiro. – Mi celular está en silencio y no me quiero ni imaginar las veces que me habrán llamado.

– ¿Quieres que te lo alcance?

– Por favor, está dentro de mi bolso.

Asiente y sale cuidadosamente de la cama. Toma mi bolso que está en el armario y saca mi celular, vuelve a la cama y me lo entrega. Cuando tomo mi celular, mis ojos se abren como platos al ver las llamadas de Juan y de Santiago. Tengo 4 mensajes de voz y respiro entrecortadamente.

– No se que voy a decirles. – Asustada. – Juan me dejo mensajes de voz y no tengo ganas de escucharlos.

– Diles que saliste con unas amigas y pasaste la noche en la casa de una de ellas.

– Ay Leandro, ellos saben que ni siquiera salgo. – Preocupada.

– No te preocupes cariño. – Besa mi hombro. – Primero desayunemos, pasemos este poco tiempo que estamos juntos y después nos preocupamos por eso.

Suspiro y Leandro toma mi mano suavemente, lo miro a los ojos y noto que está dudando en decirme algo.

– ¿No te arrepientes de nada de lo que paso ayer? – Asustado.

Dejo la taza de café en la bandeja y tomo su rostro con ambas manos, mis ojos lo miran con amor mientras le sonrió.

– No me arrepiento de nada.

Su rostro está lleno de felicidad y me besa apasionadamente.

– Me haces tan feliz, cariño.

Me mantiene entre sus brazos y mis ojos se llenan de lágrimas. Siento que no merezco todo el amor que me da. Me volví tan sentimental en pocos minutos y no puedo evitar sentirme así.

– ¿Por qué lloras, mi amor? – Asustado. – ¿Dije algo malo?

– No, mi amor. – Emocionada. – Todo lo contrario.

Me besa con ternura y limpia mis lagrimas con cuidado.

Me sentí tan bien entre sus brazos que no quiero separarme de el. Mi cabeza se mantuvo en su pecho mientras mantengo los ojos cerrados y respiro con tranquilidad.

No obstante, el paraíso tiene que terminar. Me vestí con la ropa que use ayer y salimos del hotel, en todo el camino pensé que voy a decirle a Juan y no saco ninguna en la que él no dude. La mano de Leandro acariciando la mía me saco de la preocupación y sonrió mientras lo observo.

Freno la camioneta a unos cuantos metros de la entrada.

– Está bien que hayas frenado por acá. – Suspira. – Me cambio y voy al trabajo.

– Yo también hare lo mismo.

Toma mi mano y la besa.

– Me encantaría poder besarte ahora.

– Alguien podría vernos. – Sonrió con tristeza. – Más tarde nos vemos.

– Te amo.

Mi corazón late rápidamente y le sonrió antes de bajar de su camioneta. Atravieso por el jardín de la entrada y entro a la mansión.

Apenas estoy adentro, Florencia corre hacia mi y me toma de las manos.

– Isa....

– Después hablamos Flor. – Sonrió. – Ahora quiero cambiarme e ir al trabajo, tengo mucho que hacer.

– Pero...

– Ya bajo y hablamos. – La interrumpo mientras voy por las escaleras.

Mi sonrisa no se borra de mi rostro hasta que abro la puerta de mi habitación y veo a Juan esperándome sentado en mi cama.

– ¿Dónde estabas?

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