Capítulo 33
Narra Isabella:
Siento la tensión en mi vientre mientras lo cabalgo con fuerza, es una tensión tan placentera y más cuando lo escucho gruñir a Leandro. No para de gemir y decir mi nombre mientras muevo mis caderas y enseguida se sienta sobre la cama para tomarme con fuerza.
– Hazlo de nuevo. – Ruega. – Me encanta, no pares de hacerlo.
Vuelvo a mover mis caderas en círculos y su boca se abre enseguida, dejando escapar un gemido ronco. Me abraza con fuerza y nos besamos con intensidad, mis manos se apoyan en sus hombros y me sigo moviendo. Sus besos húmedos se arrastran por mi rostro hasta que llegan a mi cuello. Sus besos son tan provocadores que hacen que ronronee despacio.
– Eres tan fantástica, mi amor.
No se cuantos orgasmos he tenido desde que Leandro me tiene encerrada en está habitación y si fuera por mi estaría con el toda una eternidad. Nuestros cuerpos están bañados en sudor y apoyo la cabeza en su hombro cuando estoy a punto de venirme.
Me vengo con fuerza y mi pelvis tiembla sin control, los espasmos no se terminan.
– Date la vuelta y siéntate sobre mí.
Me ordena y le hago caso, doy media vuelta y me siento sobre el dándole la espalda. Leandro introduce su pene dentro de mi y cierro los ojos, me encanta tanto está sensación y disfrutar cada sensación.
Me muevo lentamente, arriba abajo y corre mi cabello hacia un costado para besar mi nuca y mi espalda. La habitación se llena por nuestros gemidos y me siento completamente inmóvil debido a los fuertes brazos de Leandro. Se mueve en la cama y me deja en cuatro. Nunca había hecho está posición y muerdo el labio cuando siento como vuelve a entrar. Muevo mi cabeza para mirarlo y sonríe mientras mueve su pelvis con fuerza. Cada embestida me va llevando al infierno y mi voz empieza a fallar debido a los gritos que salen de mi boca. Se mueve sin perder el ritmo, lo hace demasiado duro y me va quitando toda la cordura que queda en mí.
– Lo haces tan bien. – Lloriqueo. – Asi asi. Ay dios, no pares. – Le ruego.
No puedo dejar de moverme, es glorioso el placer que me hace sentir y nos venimos al mismo tiempo. Gritamos nuestros nombres y me quedo en la misma posición, mi respiración es errática y limpio mi frente sudorosa.
Mi cuerpo es de trapo, me derrumbo sobre la cama y Leandro me da la vuelta para mirarme. Su rostro está lleno de felicidad y satisfacción.
– ¿Cansada?
– Vas a matarme.
Pongo la mano en mi pecho y siento los latidos rápidos de mi corazón.
– Necesito una buena ducha.
– Me gusta esa idea. – Sonríe descaradamente.
– No es para lo que esa cabeza degenerada piensa. – Bromeo.
– Es una lástima.
Me besa con delicadeza y envuelvo su cuello con mis brazos. El beso dura mucho tiempo y muerde con suavidad mis labios.
– No quiero que está noche termine. – Suspira.
– Yo tampoco. – Cierro los ojos mientras disfruto de su cuerpo cálido. – Deben estar preocupados en mi casa.
– ¿Quieres que te lleve? – Triste.
– No ... quiero quedarme toda la noche contigo. – Sonrió.
La sonrisa regresa en su rostro y me abraza con fuerza.
– Eres la mujer de mi vida. – Feliz. – Te amo tanto.
Me da otro beso y nos miramos con ternura, no hace falta que digamos nada. Nuestras miradas hablan por sí sola. Me levanto para darme una ducha y quiero tapar mi cuerpo con la sabana, pero Leandro la toma enseguida.
– ¿Por qué quieres taparte?
– No quiero que te asustes mirando mi cuerpo.
Se sienta sobre la cama y aparta la sabana.
– Tu cuerpo me vuelve loco, no quiero que te tapes. – Muerde su labio. – Quiero verte desnuda.
Jadeo suavemente y no le contesto, me alejo lentamente de Leandro para entrar al baño. Abro la canilla de la ducha y suspiro de alivio al sentir el agua fría en mi piel hiper caliente. Estoy tan concentrada disfrutando del frio que me sorprendió unos fuertes brazos envolviendo mi cuerpo por detrás. Mi trasero siente su entrepierna hinchada y trago saliva.
Me espera mucho sexo está noche.
Avanza hacia mí, encerrándome entre su cuerpo y los azulejos del baño. Me besa con desesperación, completamente sediento de mis labios y pasa sus manos sobre mi trasero, me eleva con rapidez, envolviendo mis piernas en sus caderas. Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello para sostenerme y me aplasta con su cuerpo. Usa una de sus manos para tomar su pene y me embiste, me siento tan sensible que apenas sentirlo entrar mi grito se hace escuchar y cierro los ojos con fuerza.
– Me pone tan loco cuando gritas así. – Gruñe.
Empieza a taladrarme, moviéndose profundamente dentro de mi vagina y eso provoca un estremecimiento de pies a cabeza, mi cuerpo tiembla con fuerza debido a sus embestidas animales y llevó la cabeza hacia atrás. Es demasiado el placer que estoy sintiendo, no puedo pensar con claridad.
Puedo escuchar los ruidos que hace el choque de nuestras pieles y su brazo izquierdo me mantiene sujeta mientras su mano derecha masturba mi clítoris.
Mi cuerpo es una llama ardiente, el baño está completamente cubierto de vapor y estamos sudados por completo.
Me muevo con el y estoy ahogada de placer, me vengo rápidamente, mis jugos cubren por completo el pene de Leandro y sigue moviéndose, entrando y saliendo con fuerza. Sus labios besan los míos y pierdo la cabeza, su lengua explora mi boca y deja de masturbarme para mantenerme sujeta.
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