Capítulo 32
Por suerte Leandro solamente tiene puesto sus pantalones y me muevo para quedarme encima de él. Le bajo el cierre del pantalón y se los sacó enseguida. Me quedo maravillada al ver su pene tan grande y duro alzándose ante mis ojos. Se me hace agua la boca y una idea pasa por mi cabeza. Agarro con firmeza su pene y voy moviendo mi mano de arriba abajo lentamente. Echa la cabeza hacia atrás y deja escapar un gemido ronco.
Me inclino hacia su pene y lo llevo a mi boca, la calidez de mi boca lo saborea y cierro los ojos, su pene es tan grande que apenas cabe en mi boca. Su mano va hacia mi cabeza y saca los cabellos que tengo pegados en mi rostro. Lo chupo con fuerza y los gemidos de Leandro se hacen más sonoros. Tira suavemente de mi cabello y no puedo detenerme, muevo mi cabeza mientras disfruto de su entrepierna dura y mi lengua juega con su punta.
Lo meto a lo más profundo que puedo en mi boca y me atragantó mientras lo succionó arriba abajo, escucho otro grito de Leandro y sonrió al mismo tiempo que lo mantengo en mi boca. Nunca lo había hecho de esta manera y se siente tan bien, casi no me reconozco.
– Oh Isabella. – Gime. – Me vas a matar.
Sigo chupándolo y gruñe con fuerza, lo miro con atención y me fascina ver su rostro lleno de placer mientras le hago sexo oral.
Cuando pensé que el se vendría, Leandro me detiene. Me besa lleno de locura y desesperación.
– No me voy a venir en tu boca. Quiero venirme dentro de ti.
Todo se está volviendo demasiado rápido, hace que lo monte y me siento a horcajadas. Estamos demasiado excitados y estoy completamente desesperada. Llevo su pene hacia mis pliegues y gimo con fuerza debido a lo sensible que me siento.
Narrador omnipresente:
Juan se quedo extrañado debido a que Isabella no estuvo en su oficina cuando fue a buscarla para irse a casa. Fue en busca de su secretaria y está la mira temerosa.
– Julieta. – Le habla. – ¿Y mi esposa? Fui a su oficina y no la encontré para nada.
En ese momento respira hondo y tiembla ligeramente antes de abrir la boca.
– Por la tarde me dijo que se sentía mal y me pidió que le compre una aspirina. – Le cuenta. – Fui a la farmacia para comprarle una tableta y en cuanto regresé con lo que me pidió, ya no estaba.
– ¿No la llamaste?
– Si y nunca me atendió. Lo intente varias veces y nada.
Juan asiente mientras frunce el ceño y se lleva una mano hacia su barbilla.
– Está bien Julieta, debe estar en la casa. Gracias Julieta y buenas noches.
Ella le responde y el hombre sale de la oficina, allí encuentra a Santiago y este se da cuenta de la cara seria de su padre.
– ¿Pasa algo?
– Tu madre, nadie me aviso que ella se sentía mal en la tarde. Quiero ver como está.
– Te acompaño.
Padre e hijo caminaron hacia el ascensor y entraron en silencio. Santiago apretó el botón de la planta baja y el ascensor bajo enseguida.
– ¿Debe estar bien?
– Si, seguramente debe ser la tensión de los primeros días trabajando. – Mueve los ojos. – No está acostumbrada.
– Porque no querías que mi madre trabajara.
– ¿Para qué? Mejor que se hubiera quedado en la casa, ahí es donde tiene que estar.
Santiago entrecierra los ojos y está de brazos cruzados.
– No pienso igual que tú, por suerte mamá cambio de parecer y empezó a trabajar. Espero que de verdad cambies papá porque no se cuanto tiempo mi mamá te aguantara.
Juan lo mira con dureza y es el primero en salir cuando las puertas se abren.
Más tarde, ambos entran a la casa y todo está a oscuras excepto la sala donde está Florencia.
– Buenas noches Florencia. – Santiago la saluda de buen ánimo.
– Buenas noches hombre Santiago.
– ¿Dónde está mi esposa? – Le pregunta Juan sin ni siquiera saludarla.
– Buenas noches. – Abre los ojos. – ¿No estaba con usted?
– Por algo le estoy preguntando.
– Papá... cálmate.
La paciencia se le está terminando a Juan y ella lo mira con confusión.
– No la he visto en todo el día. – Preocupada. – ¿No les dijo nada a donde se fue?
Padre e hijo niegan al mismo tiempo y Florencia se lleva una mano hacia su boca.
Santiago está pensando mientras Juan está completamente transformado. No puede ser que ella este a está hora fuera de la casa.
– ¿Entonces donde mierda está?
Saca el celular de su bolsillo y llama inmediatamente a su esposa. Espera a que ella lo atienda, no obstante, no obtiene ninguna respuesta. Lo hace dos veces más y nada.
– No me atiende. – Preocupado.
– Debe estar con una amiga, no hay nada de que preocuparse. Estoy seguro que ella está bien.
– Tu madre no está fuera de la casa tan tarde.
– Siempre hay una primera vez y me parece muy bien que empiece a salir.
– Santiago, Julieta me dijo que tu madre se sentía mal.
El hombre suspira y se rasca la nuca mientras está dudando.
Juan lo mira molesto y tira el saco al piso con fuerza.
El hombre se aleja de ellos y sube las escaleras. Se encierra en su habitación y vuelve a llamar a Isabella.
– ¿Dónde mierda estás? – Molesto. – Tienes que atender Isabella.
Isabella sigue sin atenderlo y aprieta los dientes por la bronca que siente. Va a esperarla despierto hasta que ella aparezca.
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