Capítulo 31
– Muy bien. – Sonrió. – Tan bien que ni sé qué hora es.
– No te preocupes, cariño. Recién son las 8 de la noche.
Nos reímos y me besa, cierro los ojos con suavidad mientras siento sus besos tiernos y me separo un poco para mirarlo. Apoyo mi mano en su pecho y lo acaricio.
– ¿Dormiste algo?
– ¿Cómo voy a dormir con semejante mujer a mi lado?
Arqueo una ceja y golpeo suavemente su pecho.
– Eres un mentiroso.
– Es la verdad.
Toma mi mano suavemente y me da vuelta para quedar encima de mí. Me da tiernos besos en toda la cara y nos miramos por un rato.
– Tengo hambre. – Digo.
– ¿Qué quieres comer? Podemos pedir lo que quieras.
– Mmm... – Me pongo a pensar mientras Leandro besa delicadamente mi mentón. – Podemos pedir sushi... – Susurro al sentir sus besos. – ¿Qué te parece?
No obtengo ninguna respuesta de Leandro y hago que me mire.
– Ey. – Me rio. – Te estoy hablando.
– Es que me dio hambre de otra cosa. – Excitado.
– Es una lastima porque yo quiero alimentarme.
Leandro gira sobre la cama y nos sentamos en el colchón.
– Bueno, lo mío puede esperar un poco más. Pienso tenerte toda la noche despierta.
Abro la boca y me siento a horcajadas sobre el.
– ¿Piensas secuestrarme? – Envuelvo su cuello con mis brazos.
– Uh hum. – Asiente. – Te dije que me iba a cobrar los celos que me hiciste dar.
Suelto una risa y pego mi nariz con la de él.
– No es gracioso. – Me toma suavemente de mi cintura y me pega a su pecho. – No sabes las ganas que tuve de golpearlo.
Mi sonrisa es mucho más amplia y le doy un beso lleno de pasión. Me encantaría tener sexo ahora mismo pero mi estomago no para de rugir. Separo mis labios después de un beso maravilloso y sonrió suavemente.
– Voy a pedir la cena, ¿quieres vino?
Asiente mientras acaricia su piel y agarro su camisa para ponérmela, Leandro me mira desde la cama cuando me pongo de pie y camino hacia el teléfono de la habitación. Le pido a la recepcionista lo que queremos para comer y beber, cuando corto la llamada. Leandro se pone los pantalones y envuelve mi cintura con sus fuertes brazos.
– Te ves tan sexy con mi camisa. – Susurra en mi oído. – Aunque me derrito cuando te veo desnuda.
Jadeo despacio al escucharlo de esa manera y apoyo mi cabeza en su hombro. Me abraza con fuerza y me quedo oliendo su aroma varonil. Es tan hermoso este momento lleno de calma junto a Leandro. Esto me hace dar cuenta que de verdad me estoy enamorando de el y ya no puedo dejarlo. Quiero estar con el y sentirme protegida entre sus brazos como este momento.
– Me gustaría saber qué piensas.
Leandro me saca de mis pensamientos y muevo mi cabeza para mirarlo.
– Estoy pensando en que quiero disfrutar de este momento. – Sonrió.
También lo hace y lleva su mano derecha para acariciar mi mejilla. La sensación de su mano cálida es tan perfecta.
– Y yo solamente quiero hacerte feliz. – Sincero. – No me importa hacer cualquier cosa para que me estés sonriendo como lo estás haciendo ahora.
Lo miro con ternura y le doy un beso rápido.
– Ya lo estás haciendo.
Leandro me mira lleno de felicidad y me alza suavemente mientras nos giramos en el mismo lugar.
– Me muero de ganas por pintarte en un retrato.
Mis mejillas se ponen rosadas y suelto una risita tímida.
– No tienes idea de cuanto extrañe tenerte cerca... – Susurra. – Ahora no te vas a escapar de mí y retomaremos las clases.
– Estaria encantada, profesor.
Suelta una risa y me llena de besos.
Después de casi una hora, estamos comiendo en la habitación y Leandro tiene una mano apoyada en mi muslo desnudo. Le doy un bocado a una pieza y lo observó por un momento.
– ¿Me perdonas?
Su rostro está lleno de confusión y me mira con atención.
– ¿Por qué tendría que perdonarte?
– Por lo que hice. – Suspiro y tomo su mano. – No quise lastimarte, solo pensé que era lo mejor para ti.
– ¿Para mí? No me vengas con eso del divorcio y tus hijos porque eso a mí no me importa.
Me toma suavemente del mentón y me besó con delicadeza.
– ¿Entonces volviste con Juan por eso?
– Quería espantarte, alejarte de mí, pero no funciono. Es que después de la discusión que tuve con Juliana me hizo perder la cabeza. – Suspiro.
Lo que estoy diciendo es de verdad, aunque solo es una parte del porque lo hice. Sin embargo, no quiero que Leandro sepa de toda la verdad.
– Dormimos en habitaciones separadas, le deje bien en claro y Juan lo entendió.
– ¿Entonces que vas a hacer? ¿Te vas a divorciar de Juan?
Aprieta mi mano mientras me mira esperanzado y llevo mi mano a su mejilla.
– Claro que me voy a divorciar de Juan. – Tranquila. – Solamente que para hacerlo quiero asegurarme mi bienestar económico, todavía no confió en su palabra.
Leandro asiente mientras me toma suavemente de mis mejillas y me besa en los labios.
– No me importaría esperarte lo que sea, no aguanto más tenerte lejos.
Mi corazón late con fuerza, me siento tan feliz de que esto me esté pasando. A mi que hace tantos años se me negó la felicidad y el amor. Tengo que convencerme que está es la realidad y no un sueño.
– Ahora me gustaría pasar al postre. – Gruñe.
Suelto una carcajada y ladeo mi cabeza mientras lo miro embobada. Es un hombre tan hermoso.
Se pone de pie y toma mi mano al mismo tiempo que me hace poner de pie.
– Que bueno que solamente tengo que sacarte mi camisa. – Excitado.
– Todavía no me olvido que arruinaste mis bragas favoritas, eh. – Me hago la ofendida.
– Te voy a regalar unas mejores.
Una vez que termina de hablar, ataca mis labios y me besa con desesperación. Su lengua se mezcla con la mía y me alza antes de llevarme a la cama. Una vez que nos acostamos, el está encima y me va desabrochando cada botón de su camisa y amasa mis senos antes de pasar su lengua en mi cuello. Uf, otra vez vuelve el calor en mi cuerpo.
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