Capítulo 30
Me quede en la oficina de Isabella, me va a escuchar sea como sea. Estuve esperando hasta las 2 de la tarde y cerca de las 2:30 la veo abriendo la puerta. Ella se detiene al verme sentado en su silla.
– ¿Te quedaste todo el tiempo acá?
– Si y quiero que me escuches.
Isabella cierra la puerta y me mira molesta.
– ¿Puedes salir de mi lugar?
Me puse de pie y ella se cruza de brazos mientras me da la espalda.
– A ver, de que quieres hablar.
Se sienta en el escritorio y mi respiración es agitada por la bronca que tengo.
– ¿Hasta cuándo va a durar este jueguito tuyo?
– ¿De qué juego me estás hablando? – Confundida.
– Me ignoraste completamente por tu queridito esposo y a mi me dejaste como un estúpido. – Enfurecido.
– Tu lo dijiste, es mi esposo.
– Pero bien que antes quisiste divorciarte.
– ¿No puedo arrepentirme?
– ¿Entonces te arrepientes de lo nuestro?
Ella abre la boca para contestarme, pero se traba.
– Eso ... no.
La tomo entre mis brazos y hago que se ponga de pie, ella quiere alejarse pero yo soy más fuerte.
– Ahora mírame y decime que te arrepientes de todo lo que paso entre nosotros.
– ¿Quién te crees que eres? – Furiosa.
– El hombre que te vuelve loca.
Le robo el beso y mis brazos envuelven su cintura. Ella me responde al beso enseguida, introduciendo su lengua en mi boca y mi lengua acaricia la suya locamente. Nuestro beso es explosivo y necesitado, nuestras respiraciones se esfuman enseguida y nos separamos a unos pocos centímetros. Apoyo mi frente con la de ella y acaricio su cabello mientras la observo de cerca. Está mujer me esta volviendo loco y la necesito en este mismo momento.
La alzo y envuelve mi cintura con sus piernas, la llevo contra la pared y mi boca ataca su cuello, lamiendo lentamente su hermosa piel y absorbiendo su dulce aroma. Ella gime despacio y aprieta la mandíbula para que no se escuche nada.
Mis besos son más provocativos en su cuello mientras levanto su falda. Ella se sostiene agarrando mis brazos y puedo notar lo mojada que se siente a través de sus bragas, la acaricio con suavidad y lleva una mano hacia su boca. Su respiración es agitada y escucho sus gemidos reprimidos. Sigo masturbándola y la escucho jadear. Me encanta la escena que estoy presenciando, ver ese hermoso rostro lleno de placer.
En un arrebato, le rompo las bragas y estás caen en el suelo, ella me mira impresionada y nuestras manos tiemblan mientras le abro el blazer y sus manos abren mis pantalones. Ella me baja mis boxers, le abro la camisa antes de bajar un poco su sostén y liberar sus pechos. Se me hace agua la boca y la sostengo con fuerza mientras mi boca va a su seno derecho, chupando como un loco su pezón.
Levanto mi cabeza para verla y su mano sigue estando en su boca, aguantando las ansias de gritar. Necesito escucharla gemir, pero nadie puede descubrirnos.
Una vez que mi pene completamente erecto es liberado, ella toma con fuerza mi entrepierna y me masturba. La detengo de inmediato y beso su boca mientras tomo mi pene. Sus brazos envuelven mi cuello en el beso y sonrió mientras la miro. La amo tanto por dios, pienso darle todo el placer que merece.
Llevo la punta en los pliegues de su vagina y voy introduciéndolo en su cálido lugar. Es tan maravillosa está sensación, mi entrepierna se introduce por completo y cierro suavemente mis ojos. Sus piernas tiemblan mientras aprieta mi cintura con ellas y voy moviéndome con fuerza. Mis embestidas son rápidas y el sudor empieza a formarse en su piel, mis gemidos amenazan en salir de mi boca y me inclino hacia su cuello mientras voy chupando de su piel, escucho sus ronroneos y eso hace que vaya más allá. Salgo y entro de su vagina con velocidad, ella jadea mientras se tapa la boca con fuerza y su cuerpo se estremece. Mi pene se llena de sus jugos y su cuerpo convulsiona en un orgasmo.
Esto es maravilloso.
Me sigo moviendo con fuerza, sin dejar que se recupere de su orgasmo y puedo sentir como su respiración va fallando a cada minuto. Siento como va a caer en otro clímax y saco mi pene antes que lo haga. Apoya sus pies en el suelo y la tomo de la mano.
– Ven.
La llevo hacia su silla y hago que separe sus piernas. Me agacho y me lamo los labios mientras me full de ansias de probar su sabor.
Me meto entre sus piernas y mi lengua se desliza lentamente en su clítoris, el primer movimiento que hace Isabella es tomar mi cabello y tirarlo suavemente mientras doy lengüetazos en su punto de nervios. Lamo de arriba abajo y chupo con fuerza mientras reprime sus gemidos, sus piernas empiezan a temblar mientras bebo su sabor y ella gime llena de miedo cuando alguien golpea la puerta.
A pesar que alguien quiere entrar, tiro de su silla con fuerza y me escondo en el escritorio. Sigo lamiéndola mientras ella quiere hacerme a un lado.
– Leandro. – Susurra mientras se le escapa un gemido.
No pienso calmarme y se que a ella le está encantando. Ella da un ligero temblor y se sostiene del escritorio. Se corrige la ropa y el cabello.
– Pase. – Cambia el tono de voz
– Señora, su esposo quiere saber cómo está.
Escucho la voz de una mujer, pero estoy demasiado concentrado en darle placer a mi Bella, mordisqueo suavemente su clítoris y la escucho suspirar.
– Estoy bien, solamente me duele la cabeza. – Vuelve a gemir.
– ¿Quiere que le traiga algo?
– No. – Levanta la voz cuando introduzco mi lengua en su vagina. – Estoy bien así Julieta y por favor, que nadie me moleste.
– Así será, no se preocupe.
Escucho la puerta cerrarse e Isabella golpea con fuerza la mesa mientras el placer la invade.
– Te voy a matar.
– Me gustaría que lo hagas. – Sonrió. – Pero antes quiero que te vengas en mi boca.
Narra Isabella:
No puedo explicar el placer que siento en esté momento, solamente puedo decir que esto es una tortura exquisitamente lenta. Sigue lamiéndome como si fuera un profesional. Nunca en mi vida tuve esté placer y como lo estoy disfrutando, aprieto los dientes cuando siento como el orgasmo vuelve a mi. Muevo mi pelvis para sentir su lengua más cerca y mi cuerpo sufre los espasmos del orgasmo. Llego al clímax y respiro con dificultad mientras me recupero del orgasmo. Leandro se separa y se pone de pie.
– Eres tan exquisita.
Su pene sigue parado y recuerdo que el todavía no se vino, me encantaría perderme en el placer, pero aquí es peligroso.
– Para. – Le ruego. – Aquí no puede ser.
– Le dijiste a esa mujer que nadie te moleste.
– ¿Y si viene Juan?
Me levanta suavemente de mi asiento y puedo ver sus ojos llenos de deseo.
– Ah con que te preocupa tu maridito.
Nunca lo vi de esta manera, está tan celoso que me encanta.
– Se que estás celoso, pero en este lugar nos estamos jugando el pellejo.
Sonríe suavemente y me atrae hacia su pecho antes de besarme. El beso es más romántico y siento como voy perdiendo la cabeza.
– Entonces te iras conmigo.
– ¿Qué?
– No pienso quedarme con las ganas de escucharte gritar mi nombre. – Excitado. – Pídele algo a tu secretaria así no nos ve salir.
Me encanta esté Leandro mandón, escucharlo de esa manera hace que me moje aún más y se hace evidente ya que no tengo bragas.
Le hago caso, levanto el teléfono de línea y le marco a Julieta.
– ¿Necesita algo, señora?
– Julieta, me encantaría que vayas a comprarme una aspirina.
– Está bien, ya voy a comprarle uno.
Corto la llamada y trato que mi respiración llegue a la normalidad.
– Vamos, no hay tiempo que perder, mi amor. – Sonríe suavemente mientras me mira. – Salgamos como si nada.
Antes de abrir la puerta, vuelve a besarme sensualmente y es el primero en salir de mi oficina.
Me apoyo en la puerta una vez que estoy sola y dejo escapar todo el aire que contuve.
– Este hombre me va a matar. – Exclamo.
Abro la puerta y camino con total normalidad cuando por dentro me estoy derritiendo.
Salgo enseguida y por suerte Julieta no regreso, Leandro me está esperando en la camioneta y me apresuro para entrar. Una vez que entro, acelera y conduce a toda velocidad. Puedo asegurar por su respiración que está demasiado excitado y su entrepierna sigue completamente erecta como antes. Dios santo, no se cómo esto va a terminar. Quise ponerle un punto final a esto y fue peor, ahora estoy en su camioneta a punto de tener con él un momento lleno de pasión.
– ¿A dónde vamos? –Quiero saber, estoy demasiado ansiosa.
– A un hotel.
Su mano libre va a mi muslo y acaricia mi piel desnuda.
Mi cabeza está tan perdida que no pensé en nada más que apagar el fuego que hay en mis entrañas. Perdí toda la racionalidad que me caracteriza, mi respiración es rápida mientras me baja suavemente de su camioneta y me toma de la mano antes de besarme por unos segundos.
Nuestros dedos están entrelazados mientras entramos al hotel.
Caminamos hacia la recepción y una mujer nos atiende.
– Quiero la mejor habitación para mi esposa.
Lo miro con sorpresa y nos sonreímos al mirarnos.
– Esta bien señor, ¿me pueden pasar sus datos y una tarjeta de crédito?
Observo a Leandro sacar su tarjeta e identificación. Me abraza para atraerme hacia su cuerpo y besa mi cabeza.
– Ella es María Alvear.
Arqueo una ceja y sonrió para disimular.
La mujer nos da una tarjeta magnética.
– Es el último piso, que la pasen muy bien.
Solamente me limito a asentir y Leandro me lleva suavemente hacia el ascensor. Una vez que nos quedamos a solas, se abalanza lentamente hacia mi cuerpo y me abraza con fuerza antes de besarme. Mis piernas se derriten mientras me besa apasionadamente y me separo un poco.
– ¿Asique soy María Alvear? –Ladeo la cabeza.
Suelta una risa traviesa y acaricia mi espalda baja.
– No iba a dar tu verdadera identidad. – Tranquilo. – Podrías correr riesgo de que sepan quién eres.
Sonrió mientras lo observo, me da tanta ternura que me quiera proteger y todavía es tan raro que alguien se preocupe por mi bienestar.
– Ahora si... – Apoya su frente en la mía. – ¿En dónde estábamos?
Sus labios van a mi cuello y cierro levemente los ojos, esto es el paraíso, pero caigo a la realidad cuando veo una cámara en una esquina.
– Leandro. – Jadeo.
Lo detengo y le muestro la cámara.
– Ups. – Se ríe. – Y yo que quería hacerlo aquí.
Mis mejillas están coloradas y siento como empieza a hacer calor. Las puertas del ascensor se abren y caminamos hasta nuestra habitación.
Abre la puerta después de pasar la tarjeta y la cierra enseguida. Mi respiración se detiene cuando su mirada está encendida de deseo. Empiezo a conocer esa mirada y lo hace tan atractivo, quiero que me tome y me haga suya.
Y lo hace, me toma entre sus brazos y me levanta, enredo mis piernas en su cintura y me sonríe mientras me lleva hacia la cama. Me deposita suavemente y su concentración está en desnudarme por completo.
Me desnuda rápidamente y cuando termina por quitarme el sujetador, se queda observando todo mi cuerpo. Su mirada está encendida mientras me mira embobado.
– Eres tan hermosa, mi amor.
Termina de hablar y va hacia mis senos, toma el derecho con su mano, apretando suavemente y sus labios chupan mi pezón izquierdo. Dejo escapar un gemido bajo y acaricio su cabello mientras me hace perder la poca cordura que me queda.
Mis manos van deslizándose lentamente por su camisa hasta que aprieto su pene hinchado a través de la tela de sus pantalones. Nos besamos perdidamente mientras desabrocho sus pantalones y me concentro en desnudarlo. Lo necesito tanto que quiero terminar con está tortura.
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