Capítulo 29


Suspira y se lleva la mano hacia su nuca. Si pudiera sacarle todos los miedos que siente en su corazón.

– Ojalá tuviera la oportunidad de demostrarte que no hay nada que temer.

Más tarde, el chofer del matrimonio los espera afuera mientras tiene la radio encendida. Los observa salir del edificio y baja del auto para abrirle la puerta a la señora. Isabella le sonríe un poco en muestra de agradecimiento y Juan entra poco tiempo después. Ella se pone el cinturón de seguridad y en pocos segundos el auto se pone en marcha.

La mente de Isabella está en otro mundo y baja a la realidad cuando una canción se reproduce en la radio.

Alguien me ha dicho

que la soledad se

esconde tras tus ojos.

Suspira mientras escucha la letra y muerde su labio, mira hacia la ventana y observa a Leandro encaminándose hacia su camioneta.

Tenes que comprender que no

puse tus miedos.

Donde están guardados

y que no podre quitártelos

si al hacerlo me desgarras.

Siente un nudo en el pecho al encontrarse con la mirada de Leandro, hay mucho dolor en los ojos de ambos y ella se lleva una mano hacia su pecho. Sintiendo como si su corazón quiere salir volando hacia el.

No quiero soñar mil veces

las mismas cosas.

Ni contemplarlas sabiamente.

Quiero que me trates suavemente.

El auto se pone en marcha y a Isabella se le hace difícil respirar. Nunca había escuchado esa canción, pero la letra la estaba haciendo pensar en ellos.

Te comportas de acuerdo

con lo que te dicta cada momento.

Y está inconstancia no es algo

heroico.

Es más bien algo enfermo.

Ella apoya la cabeza en la ventana y su mirada oscura está llena de tristeza. Juan la observa y frunce el ceño.

– ¿Qué te pasa?

– Nada, estoy cansada.

Está tan arrepentida de la decisión que tomo, pero tiene que asegurarse su bienestar económico para poder ser libre de Juan. Lo siente mucho por Leandro, pero está segura que sin ella, el encontrara la felicidad con una mujer que si lo merezca. Si ella lo ama de verdad, dejara que sea feliz, aunque no sea con ella. Cierra los ojos con fuerza, reprimiendo las ganas de llorar.

Quiero que me trates suavemente,

Suavemente,

Suavemente,

Suavemente...

Narra Leandro:

Observe como Isabella se va del trabajo junto a su esposo y agache la cabeza. No puedo hacerme a la idea que ella siga amando a Juan. Después de los momentos que pasamos juntos, los besos y como tembló mientras la tome entre mis brazos.

Lo que me está diciendo es una mentira, sin embargo, no sé por qué hizo esto. Es como si ella quisiera alejarme de su vida y eso no podrá ser posible. Estoy seguro que Isabella siente algo por mí.

¿Cómo hare para aguantar estar lejos de ella? Cuando la tuve tan cerca de mi tuve tantos deseos de besarla, de abrazarla y estar a su lado todo el día.

Sin embargo, ahora nada de eso es posible pero no pienso rendirme. Isabella quiere que sea feliz pero mi única felicidad es con ella y no con otra mujer.

Peino mi corto cabello con mis dedos y subo a mi camioneta, conduzco en silencio hasta mi casa y en cuanto me acomode para descansar en el sofá, mi celular empieza a sonar y veo el nombre de Santiago en la pantalla.

Atiendo enseguida y lo escucho hablar.

– ¿Hablaste con mi madre de tu proyecto?

– No. – Triste. – Cuando quise hablar con ella estaba con tu padre.

Lo que menos me acorde es del hotel, ni mucho menos le puedo decir que es lo que paso con nosotros porque no se que es lo que puede llegar a pasar. Por primera vez le mentí a mi mejor amigo y no me siento orgulloso de ello.

– Puedes intentarlo mañana, invítala a almorzar.

– No lo sé Santiago, ahora que trabajan juntos irán a almorzar todos los días.

– Con intentarlo no pierdes nada. Ella te quiere y seguro que aceptara si la invitas.

– – Lo hare, pero eso no significa que acepte.

– Eres el mejor, ¿lo sabias?

– Solamente cuando quieres algo. – – Bromeo.

– Mentira.

Nos reímos y luego de hablar un rato, corto la llamada y suspiro.

Al menos tendré una excusa para verte.

Pase toda la noche sin poder dormir, creo que solo he dormido unas 4 horas como mucho. Me doy una ducha rápida y me cepillo los dientes antes de prepararme para el trabajo. Ni siquiera desayune, solamente agarre mis cosas y salí de la casa.

Al llegar al trabajo, veo a Isabella caminando con Juan agarrados de la mano y sentí una punzada de celos en mi pecho. Una vez que el se acerca para besarla, no pude mirarlos más y fui a mi oficina para encerrarme. Me llevo las manos hacia mi rostro y luego golpeo el escritorio.

No puedo ocultar mis celos y siento que me lleva el diablo. Como lo golpearía a Juan. Trato de tranquilizarme, pero ese beso me saca de foco.

No quise que nadie me molestara, mi secretaria no me llamo para nada. Veo la hora que es y ya son la una de la tarde, me doy ánimos para hablar con Isabella. Salgo de mi oficina y camino tratando de mantener la poca tranquilidad que me queda. Golpeo la puerta y espero a que ella me abra la puerta.

Sus ojos azules me miran con sorpresa y veo que se quiere alejar de mí.

– ¿Qué quieres Leandro?

– Vine para invitarte a almorzar, hay algo que tene...

Juan me interrumpe con su sola presencia y la toma suavemente del brazo a Isabella.

– ¿Interrumpo algo, querida?

– No, amor. – Sonríe. – ¿Me querías decir algo?

– Solo vine para invitarte a comer, ¿vamos? ¿Nos disculpas Leandro?

Solamente asiento mientras aguanto las ganas de golpearlo, Isabella me ignora por completo y me dejan solo con la palabra en la boca.

Estoy harto de este juego.

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