Capítulo 28
Narrador omnipresente:
Leandro está en su oficina cuando ve a su mejor amigo entrando con una expresión seria.
– ¿Y esa cara larga?
– Estoy preocupado por mi madre. – Suspira.
– ¿Todavía está mal de salud?
Santiago lo mira con confusión y frunce el ceño.
– ¿De qué hablas?
– ¿No te dijo? Ayer estaba descompuesta, ayer quise verla, pero no pude.
– Que extraño... – Duda.
– ¿Entonces que pasa? – Preocupado.
– Volvió con mi padre.
Leandro piensa que es una broma de mal gusto, pero siente como si le cayó un baldazo de agua fría.
– Estás bromeando.
Santiago niega y suspira mientras piensa en su madre. Leandro trago en seco y se sienta al lado. No puede creer que Isabella haya regresado con Juan. Quiso disimular su tristeza, pero el aspecto de su rostro es distinto, está completamente destrozado. Se lleva las manos hacia su rostro para ocultar las lágrimas que derramó. Deseo que todo lo que dijo su amigo sea una broma pesada.
– Me preocupa mi mamá. Se que hay algo que me está ocultando. – Confundido. – Necesito que me ayudes, ella empezó a trabajar aquí y necesita ayuda. ¿Puedes ver que le pasa? Eres su amigo y seguro te dirá algo.
– No quiero traicionar su confianza.
– No lo harás, no diré nada. Por favor Leandro, necesito que me ayudes y solamente puedo confiar en ti.
A Leandro le pareció una buena excusa para estar con ella y hablar sobre esto. No entiende absolutamente nada, hace pocos días estaban juntos y de un día para el otro vuelve con Juan. Santiago lo encontró dudando y vuelve a hablar.
– Estás con el proyecto del hotel en Miami, puedes usar eso para que te ayude.
El hombre observa a su amigo y asiente, tiene tanta ansiedad que ahora mismo iría a su oficina.
– ¿Dónde está?
– Está a dos puertas a la derecha de la oficina de Thiago.
Leandro no pudo aguantar por mucho tiempo y se puso de pie. Fue en busca de su carpeta para mostrarle todos los papeles del proyecto, sin darse cuenta de la mirada atenta de su amigo.
Mientras tanto, Isabella está con la mirada atenta en la computadora y escucha que golpean la puerta. Se quita los lentes y observa la puerta.
– Adelante.
La puerta se abre y todo su mundo se desvanece al ver a Leandro cruzando la puerta, siente un leve temblor en su cuerpo y cierra los ojos por un momento. Mueve la cabeza para evitar mirarlo, si lo hace es consciente que no podrá poner una barrera entre ellos.
– Isabella.
Leandro quiere ver sus ojos, necesita que ella lo mire y ella mantiene su mirada en la pared.
– ¿Qué necesita señor Alvear?
– Necesito que hablemos.
Isabella suspira y baja la cabeza, puede escuchar las pisadas de Leandro acercándose lentamente hacia ella y ve como se agacha. Se niega a mirarlo pero está tan indefensa delante de él. Se siente tan estúpida, no sabe cómo ocultar lo que siente, su mente está perdiendo de a poco la batalla y su corazón se está haciendo notar cada vez más.
– No hay nada de qué hablar Leandro. – Habla en voz baja.
– Me parece si hay mucho que hablar.
Él quiere acariciar su mejilla, pero Isabella se pone de pie enseguida, quiere evitar a toda costa que Leandro la toque.
– ¿De qué quieres hablar? – Seca.
– Necesito saber porque volviste con Juan, ¿es verdad?
Isabella le da la espalda y se muerde el labio al mismo tiempo que asiente lentamente. Sus lágrimas quieren salir de la superficie y no quiere que la vea así.
Los ojos negros de Leandro la miran sin poder creer, no puede estar pasando algo así. Pensó que significaba algo para ella.
– ¿Por qué lo hiciste? Te querías divorciar de él.
Ella aprieta los dientes y da media vuelta para mirarlo.
– No tengo que estar dándote explicaciones. Ya estoy bastante grande y se lo que hago.
El corazón de Leandro se está marchitando despacio, Isabella observa sus ojos y traga saliva al ver el dolor en ellos. Por dentro sintió un dolor agudo en su pecho, no quiere destrozarlo de esa forma, no quiere que Leandro sufra, pero si sigue con ella será cada vez peor.
– Necesito que te vayas Leandro.
– Solo quiero que me respondas a algo y me voy. – Cabizbajo. – ¿Qué signifique para ti?
Quiso decirle que todo lo que paso entre ellos fue un error, sin embargo, no tuvo las agallas de decirlo porque no es verdad.
– Fue lindo mientras duró.
El corazón de Leandro se destrozó en miles de pedazos y ella se abrazo a si misma, aguantando las ganas de correr hacia sus brazos y no dejarlo ir nunca más. Bajo la cabeza, negándose a mirarlo y en pocos minutos, Leandro salió de su oficina y el labio inferior de Isabella empezó a temblar. Se tapo la boca mientras se le escapo un sollozo y se sienta en el sillón mientras llora.
– Perdóname mi amor. – Desconsolada.
Isabella estuvo cabizbaja en toda la mañana, solamente quería salir del edificio e irse a su casa. Se siente tan culpable de haberlo lastimado, le dolió tanto el corazón verlo de esa manera.
Sin embargo, es consciente que una relación así no iría a ningún lado, no quiere entregar su corazón ya que no aguantaría que otra persona la lastimara.
Suspira mientras apaga la computadora y va al baño a limpiarse el rostro. Sus ojos están demasiado rojos debido al llanto y mira su reloj pulsera para ver la hora. Es hora del almuerzo, pero no tiene hambre para nada. Solamente se tomo un momento para descansar su mente, aunque lo que menos consiguió fue eso. En su mente solamente hubo lugar para Leandro.
Mientras, Leandro estaba mirando por la ventana al mismo tiempo que pensó en Isabella, no puede entender que es lo que paso con ella. Se niega a creer que ella siente algo por su marido, sabe muy bien que no es así.
Puede sentirse destrozado por las palabras de Isabella pero no parara de luchar por ella, todavía se acuerda de la manera que sintió su cuerpo cuando estuvieron juntos, cuando la beso, cuando le hizo el amor. Está seguro que ella siente algo por él pero es consciente de que tiene que luchar en contra de los hijos de Isabella.
Sin embargo, está dispuesto a hacer cualquier cosa para estar con Isabella, no le importa lo que tenga que hacer para que ella lo acepte.
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