Capítulo 27
Narra Isabella:
Juan mantiene su mano en su mejilla morada mientras me observa con odio. Se abalanza sobre mí y me toma del cabello. Sus ojos están rojos por la furia y aprieta los dientes.
– Te voy a matar. – Me amenaza.
– Vamos. – Lo provoco. – Hazlo, matame y tus hijos se van a enterar de lo hijo de puta que sos.
Su respiración es rápida y áspera, recupera su compostura unos minutos después y me suelta. Mi mirada está llena de valentía y no voy a dejar que me gane.
– Ya se te va a acabar esa pose de mujer valiente. – Enfadado. – Te conozco muy bien y se que volverá esa mujer cobarde.
No le hago caso a lo que me dice el monstruo, estoy decidida a ser una mujer libre y hare las cosas a mi modo.
– Sal de mi habitación, Juan. Ya hable todo lo que tenia que hablar con vos. – Sonrio. – Buenas noches querido.
– Esto no se va a quedar así, te juro que me las vas a pagar.
Ni siquiera me interesan sus amenazas y respiro hondo al ver que sale de la habitación. Me siento sobre la cama mientras intento tranquilizar los nervios que senti al estar delante de Juan. No entiendo de donde junte para hablarle con valentía, no obstante, siento un poco de miedo al pensar que hará cualquier cosa en mi contra.
Soy consciente que tendré que ser fuerte para poder hacerle frente para poder liberarme completamente de su poder.
Se hicieron las 11 de la noche y estoy acostada en la cama cuando escucho el tono de llamada, agarro el celular y veo que Leandro me está llamando. Pienso por un segundo si atender su llamada o no. La llamada ceso y suspiro aliviada pero el celular suena de nuevo y no tengo otra opción que atender.
Trago saliva y llevo el celular a mi oreja.
– Hola Leandro.
– ¿Cómo estás, mi amor? ¿Te sientes bien?
Lo escucho muy preocupado y siento como mi garganta se cierra, no quiero herirlo y eso me desborda enseguida. No puedo ni hablar de lo atormentada que estoy.
– ¿Amor?
– No me siento muy bien todavía. – Suspiro mientras me seco las lágrimas. – Me dijo Florencia que viniste.
– Si, es que estaba tan preocupado. Estos días me la pase llamándote y mandándote mensajes. Me encantaría estar cuidándote en este momento.
– Pero no se puede. – Susurra. – Quiero dormir Leandro... espero que no te moleste.
– Claro que no, además quiero que descanses así mañana estás mejor. Cuídate mucho amor y te amo.
Ese "te amo" me paralizo por completo y tuve que reprimir un sollozo, corto la llamada enseguida y arrugo el rostro mientras lloro desconsoladamente.
– ¿Por qué me tiene que pasar esto?
El tormento me está volviendo loca y no se que hacer para salir de está situación.
A la mañana siguiente, me levanto temprano y me arreglo para ir al trabajo. Flor está detrás de mí mientras desaprueba lo que estoy por hacer.
– No me gusta lo que estás haciendo.
Suspiro mientras me arreglo el blazer y me siento sobre la cómoda.
– ¿Y qué quieres que haga? Juan no me deja otra que hacer esto.
– Pero hay otro camino, ya tiene sus acciones de vuelta y con eso puede juntar dinero. Aparte es hora que trabaje de lo que le gusta, pinta muy bien y sé que tendrá éxito.
– En primer lugar, todavía no me mostró que mis acciones están de vuelta y en segundo lugar, tengo que independizarme económicamente y eso voy a hacer.
– Cuando se entere Juan que se reconciliaron. – Triste. – Se que solamente es una pantalla, pero él no va a saber nada.
– Mejor que sea así.
Me observa con atención y entrecierra los ojos al conocer mis intenciones.
– No me diga que está haciendo esto para espantarlo.
Suspiro y miro al suelo.
– Es lo mejor.
Me muerdo el labio y salgo rápidamente de la habitación.
Voy a la empresa acompañada de Juan y no sé como reaccionara Juan cuando nos vea juntos. Eso me inquieta bastante y soy consciente que se me hará difícil digerir ver su cara llena de decepción.
Me la pase pensando en ello en todo el camino, ignorando completamente a mi esposo en todo el camino.
Cuando llegamos al piso, siento las miradas de todos y trago saliva al sentir como me matan los nervios, solo me limito a sonreír y saludar con timidez mientras siento como el tiempo se me pasa demasiado rápido.
– Sígueme querida, ya te llevo a tu oficina.
Asiento en silencio y lo sigo hasta que llegamos a una de las oficinas más espaciosas del edificio, desde allí se puede ver toda la ciudad y fue lo único que me tranquilizo en ese momento. Suelto su mano una vez que Juan cierra la puerta.
– Espero que estés contenta, ganaste de nuevo.
Lo miro con seriedad.
Voy a ganar cuando pueda separarme de una vez por todas de ti.
Pienso en ello mientras miro desde la ventana y le doy la espalda. Segundos después, me quedo sola y dejo escapar todo el aire que estuve conteniendo. Todavía me falta lo peor y estoy aterrada de tan solo pensar en Leandro. Me siento en la silla y prendo la computadora sin saber lo que tengo que hacer.
No entiendo nada de lo que tengo que hacer y me siento frustrada.
– Juan tiene tanta razón. – Suspiro. – No sirvo para nada.
En ese momento, alguien golpea la puerta y me limpió las lágrimas enseguida.
– Pase.
Entra Santiago y me pongo de pie antes de acercarme y le doy un abrazo.
– ¿Cómo estás mamá?
Acaricia mi cabello y lo miro con tranquilidad.
– Bien, estoy un poco confundida porque no conozco mucho, pero creo que lo aprenderé con el tiempo.
– Yo te ayudare. – Sonríe. – Aunque antes quiero hablar contigo.
– ¿De qué?
– ¿En serio quieres esto? Hablo de reconciliarte con papá. No es que no quiera que ustedes regresen, pero pensé que te darías un poco de tiempo para pensar las cosas.
– Santi. – Tomo su mano suavemente. – No te preocupes por mí, yo estoy bien y sé que tu padre hará bien las cosas.
– No lo amas. Quiero que seas sincera conmigo, pero sé muy bien la respuesta, me dirás que no y sin embargo sé que el amor no está entre ustedes.
Ladeo la cabeza y me quedo en silencio antes de abrazarlo con suavidad. No dije nada pero con mi reacción creo que no hace falta una respuesta.
– Si tienes miedo por mis hermanos...
– No, no. – Lo interrumpo. –Ellos no tienen nada que ver.
Tomo su rostro con ambas manos y le sonrió para que no sospeche de nada.
– Con está oportunidad que le daré a tu padre servirá para darme cuenta de lo que siento. Estaré bien hijo, no te preocupes y ahora ven, quiero que me enseñes.
Mi hijo sonríe y me colocó los anteojos.
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