Capítulo 24


– Además, no nos adelantemos. – Sonríe. – ¿Si, mi amor?

Me atrae enseguida a su pecho y respiro sintiendome más calmada, dejándome llevar por las sensaciones embriagadoras que me está dando el abrazo protector de Leandro.

– Necesitaba tanto que me abraces.

Sonríe al escucharme al decir eso y acaricia mi cabello.

– Y yo necesitaba estar con vos. – Tranquilo. – Te amo Bella.

Me tomo el tiempo para observarlo, acaricio su pecho y acerco mis labios a los suyos. Su beso es tranquilo y lo intensificamos en cuestión de segundos. Entrelazo mis brazos en el cuello de Leandro y nuestras lenguas se acarician locamente en el beso. Me siento tan embriagada que echo la cabeza hacia atrás y esté aprovecha para beber de mi cuello y deja besos húmedos en mi piel. Me muerdo el labio mientras dejo escapar un gemido y cierro los ojos con suavidad. Nuestras respiraciones son erráticas mientras sus manos acarician mi cuerpo con necesidad, haciendo que me desconecte de la realidad por un rato.

Abro los ojos al darme cuenta de donde estamos y lo freno rápidamente. Me llevo la mano hacia mi pecho y respiro con dificultad.

– Lo siento, pero acá no podemos. – Trago saliva. – Cualquiera puede vernos.

– Lo se amor, lo siento.

Ladeo la cabeza mientras lo miro y apoyo su mano en su mejilla.

– Fui yo quien te besé. – – Sonrío. – Asique la culpa es mía.

Sonreimos y suspiro mientras tomo distancia.

– Sera mejor que te vayas. – Suspiro. – Seguramente me va a esperar otro problema con Thiago.

Leandro asiente mientras me escucha.

– Me encantaría que nos veamos mañana.

–  Puede ser. – Dudo. – Pero pueden sospechar y hay que tener cuidado. – Trago saliva

Aparecieron de nuevo los miedos en mi cabeza y estoy aterrorizada que mis hijos se enteren de la verdad. Todavía no se a ciencia cierta lo que siento por Leandro, solamente puedo estar segura de cómo mi cuerpo y mi corazón reaccionan cuando estoy cerca de él.

– ¿Entonces cuándo podremos vernos? – Ansioso.

Me quedo helada sin saber qué contestar, me mira con tanto amor en sus ojos oscuros y mi corazón se rompe al no saber que hacer.

Tiempo más tarde, estoy caminando en el jardín mientras intento despejar mi mente del remolino de sentimientos que amenazan romper mi cabeza.

Apoyó la mano por mi sien izquierda mientras la masajeo con cuidado cuando siento que me está doliendo la cabeza.

Me acerco a la reposera y tomó asiento. El primer pensamiento que queda impregnado en mi mente es Leandro.

Todavía no se que hacer con él, todo sucedió tan de repente que no se cómo reaccionar cuando me dice que me ama.

Mi corazón le cree y salta cuando lo escucho pero mi cabeza me llena de dudas. Hace unos días estaba segura de mi misma y ahora esas dudas aparecieron de prisa.

No puede ser que un hombre como él me quiera, no cuando soy tan insignificante. Ahora que tengo la mente fría me doy cuenta de todo y en lo equivocada que estuve por dejar que Leandro haya entrado a mi vida.

Quiero arrepentirme de todo lo que pasó pero por dentro de que no puedo. Mi corazón está feliz por esos momentos y me desconsuela que sea así porque soy consciente el dolor que voy a sentir cuando ponga punto final a todo esto.

– Eres tan tonta. – Me golpeó suavemente en la cabeza. – Yo no estoy para estos trotes, soy una mujer grande.

En ese momento, Florencia se me acerca y me mira extrañada cuando se sienta a mi lado.

– ¿Y esa cara larga? ¿Le pasa algo?

– No pasa nada, solamente estaba pensando y antes que me vuelvas a preguntar. Estoy bien.

– Hágaselo saber a su cara porque no se nota.

Suspiro y miro al suelo mientras trato de buscar una respuesta que la tranquilice.

– Es inútil que busque cualquier excusa para conformarme, se que algo le pasa y no me gusta que no confíe en mí.

– No es que no confíe en vos. Es que se que no se va a poner de mi parte.

– Entonces se trata de Leandro.

Asiento despacio y Florencia puede nota en mi mirada que algo anda mal.

– Me arrepiento tanto de haberlo dejado entrar a mi vida. – Tragó saliva. – Esto es completamente descabellado, yo no busque todo esto para nada. Solamente quería divorciarme de Juan y mira lo que pasó.

Florencia está en silencio y siento su mirada sería.

– Señora... ¿Usted siente algo por Leandro?

Mis ojos la miran con asombro y siento como mi rostro se cae. No sé cómo contestar. Me quedé perdida por un largo tiempo.

– Solamente siento por él un especial aprecio. Es el mejor amigo de Santiago y de la familia...

Ella arquea una ceja y me pone peor.

– ¿Solo eso?

– ¿Qué quieres que sienta? El amor no aparece de la noche a la mañana y lo siento por Leandro, pero no puedo corresponderle. – Trago saliva. – Hay muchas cosas que nos separan.

– No vuelva otra vez con eso. – Harta. – No se ponga insoportable el mismo tema de siempre.

– Soy una mujer casada, Florencia. – Alterada. – ¿Cómo no quieres que piense en eso? Aparte, no es lo único que nos separa.

– Me parece que esa idea no se te irá de la cabeza y está conversación no tiene sentido. – Se pone de pie. – Me voy, aquí no hay nada que hacer y todavía no le creo cuando dice que solamente siente un aprecio por Leandro y me da lástima pensar como estará cuando usted lo rechace.

– Es lo mejor para los dos, Leandro merece una chica de su altura.

Florencia solo mueve la cabeza en forma negativa y se marcha.

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