Capítulo 21


– ¿De... que hablas?

Tardo en contestar y vio la firmeza que estoy teniendo.

– Atrévete a decirme que es mentira. – Lo provoco. – Vamos, diles también a tus hijos que vendiste mis acciones.

Juan da media vuelta y se apoya en la ventana. Siento como Leandro me toma de los hombros y noto que está preocupado por mi.

Santiago frunce el ceño y niega antes de hablarle a su padre.

– ¿Es verdad lo que está diciendo mamá, papá?

Suspira y gira la cabeza para mirar a todos los que están en su oficina. Observó su expresión de derrota y está atrapado que no tiene otra que asentir.

– Es verdad, hice cosas de las que no estoy orgulloso y les pido perdón.

Sonrió descaradamente y empiezo a reirme con amargura.

– No me vas a tomar el pelo Juan. Esto colmó toda mi paciencia y quiero mis acciones, las vendiste sin mi permiso y pienso denunciarte si no me las devuelves.

Santiago lo observa con decepción a su padre y sale de la oficina. Empiezo a tranquilizarme un poco, ya dije todo lo que tenía que decir, pero mi mirada de odio sigue sobre él.

– ¿Quién te compro mis acciones?

Narrador omnipresente:

Thiago observa en silencio a sus padres y luego a Leandro, sospecha completamente de él y está seguro que tiene algo que ver. Nadie puede enterarse que el compró las acciones bajo un nombre falso.

Juan no se atreve a mirarla y niega rápidamente.

– No lo sé, no lo conozco.

– ¿No lo conoces? ¿Piensas que soy tonta?

– Te estoy diciendo la verdad, no se quien fue.

Ella lleva su cabello hacia atrás y respira hondo para no darle su merecido, esta que se muere de ganas pero no se manchara las manos.

– Espero que por tu bien, estén de vuelta donde pertenecen y delante de mi hijo te voy a decir que quiero divorciarme de ti. – Harta. –Me cansaste.

Su hijo la miro con desaprobación y la toma del brazo.

– No puedes hacer eso mamá. Se que papá se equivoco y todos merecemos una segunda oportunidad.

– No te metas, no conoces como son las cosas así que no digas cosas que no sabes.

– Lo mejor va a ser que te lleve a tu casa Isabella.

Leandro toma su mano y el hombre lo fulmina con la mirada. Ella le devuelve la mirada a su amante después de mucho tiempo y asiente en silencio.

– Vamos, no pienso estar ningún segundo más en este lugar.

El hombre la acompaña hasta la puerta y se van juntos. Padre e hijo se quedaron en silencio hasta que Thiago rompió en silencio.

– ¿En serio dices la verdad?

– No se quien las compró, solamente se que están a nombre de Eduardo Duarte.

Se sienta derrotado y Thiago lo observa con seriedad mientras piensa en que su plan fracasó completamente.

– Tienes que ayudarme, mamá no puede divorciarse de mí.


Narra Leandro:


Salimos del edificio e Isabella se apoya en la camioneta y aprieta suavemente la zona entre los ojos. Me doy cuenta que se está mareando y la tomó en brazos antes de que se desestabilice.

– No tenias que haber hecho esto. – Preocupado. – Mira cómo estás.

– Tenia que hacerlo, no podía dejar esto así.

– Ahora lo importante sos vos.

Tomo sus manos y las beso suavemente. Ella me mira con debilidad y la abrazo con fuerza.

– Llévame a casa, no quiero estar más aquí. – Me habla al oído.

En cuanto salimos del lugar, estoy conduciendo mientras mi amada está con la mirada perdida.

– Todavía sigo sorprendido. Siempre te vi tan serena, tan racional y hoy vi a una Isabella completamente nueva. Hasta me diste miedo, creo que nunca voy a querer hacerte enojar.

Al fin puedo sacarle una sonrisa después del escándalo, ella se relaja mientras ríe y llevo la mano hacia su muslo.

– Ni yo me reconozco. – Suspira. – Creo que la noticia hizo que perdiera la cabeza. Juan me está dejando en la calle y si no recupero lo que es mío no sé que voy a hacer. – Preocupada.

Freno la camioneta de inmediato y me acomoda para estar frente a ella.

– Deja de pensar en eso, mi amor. – Toma su rostro en sus manos y hace que lo mire. – No te vas a quedar en la calle, Juan no tiene otra opción que darte tus acciones porque va a tener problemas con tus hijos.

Beso sus labios y siento como ella tiembla entre mis brazos. Nos separamos un poco y me mira con tranquilidad.

– Confía en mí, amor. Verás que todo estará bien.

Ella ladea la cabeza por un momento y me mira con amor. Se quedó pensativa por un momento hasta que reacciona. Asiente mientras sonríe y lleva una mano a los labios de su amante.

– No se que hice para que te hayas enamorado de mí. – Sonrie.

Beso cada uno de sus dedos y mi mirada es brillosa mientras no despego la mirada de sus ojos azules.

– Sonreír.

La sonrisa de la mujer que adoro crece y me acerco a sus labios. El mal momento que hubo desapareció gracias al amor que le transmito. Nuestros cuerpos están unidos mientras que el beso es apasionado, Isabella gime en el beso y apoya la cabeza en mi hombro.


Narra Juan:


Más tarde, entro a la habitación y me encuentro con la maldita de mi esposa mientras está delante del espejo para sacarse el maquillaje. Ella me ignora mientras pasa el algodón por su rostro.

Aviento mi portafolios arriba de la cama y mis ojos están impregnados de odio. Tengo tantas ganas de matarla y juro que me voy a vengar de esta hija de puta cuando tenga la oportunidad. Respiro hondo mientras intento reprimir mi cólera.

– ¿Acaso tienes idea de lo que hiciste en mi oficina?

Isabella se pone de pie y por primera vez no veo debilidad en su actitud.

– Solamente hice lo que tenía que hacer. – Calmada.

Se cruza de brazos al verme como se cierran mis manos con fuerza. Mis ojos están rojos y caminó hacia ella con intención de pegarle.

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