Capítulo 20
– No lo se, capaz que busco ayuda de un amigo. – Frustrado. – Tendré que hablar con ella, estoy seguro que no sabe nada de esto. No sé cómo lo tomara.
No espere para nada que Juan sea capaz de hacer algo así a Isabella, siempre lo vio como un hombre completamente limpio y honrado. Es difícil verlo de otra manera que no sea esa.
Esperare hasta mañana, quiero hablar con Isabella en una completa calma, aunque no tengo idea qué pasará después que sepa toda la verdad. No puedo contener la furia que siento por mi jefe, aprietó la mano con fuerza mientras mi furia se está expandiendo por todo el cuerpo. Soy capaz hasta de matarlo si se atrevió a hacerle algo así a la mujer que ama.
– Muchas gracias, cuando tengas otra novedad llámame.
Corto la llamada y guardo el celular en el bolsillo. Toda la alegría que tuve hace unos minutos se esfumó por culpa de esa verdad.
No quiero perder la cabeza, pero tengo tantas ganas de romperle la cabeza a Juan, si es capaz de hacer algo completamente ruin, mi Bella está en un terrible peligro.
La dejó desprotegida económicamente, en la calle y no puedo dejar que eso pase, no merece que le hagan algo así. Ella no está sola, soy capaz de protegerla con uñas y dientes.
Casi no puedo pensar en otra cosa que no sea en ella, no pude ni pegar un ojo en toda la noche. Cuando fui a la reunión con Santiago, me encontré a Juan en el pasillo y las venas de mi frente se me hinchan debido a toda la bronca que reprimí. Ni siquiera pude saludarlo como siempre, solamente le dirijo una palabra seria y sigo caminando hasta la sala donde se va a dar la reunión. Tengo tantas ganas de abalanzarme sobre él y golpearlo, no dejaría que él se saliera con la suya.
Más tarde, salgo de la oficina y la urgencia de hablar con Isabella es enorme. No puedo callar por mucho tiempo más y más cuando no puedo ocultarle las cosas.
Ni siquiera paso por mi oficina para agarrar mis cosas, solo salgo del edificio con lo puesto y subo a la camioneta.
Conduzco lo más rapido que puedo hasta la casa de Isabella y cuando llego, bajo de la camioneta. Respiro hondo y Florencia me hace pasar. No obstante, ve lo serio que estoy.
– ¿Le pasa algo, señor Alvear?
– ¿Está Isabella? – Pregunto ansioso.
– Está en su sala de descanso. Ya le digo donde es.
Me dice que suba las escaleras y es la tercera puerta a la derecha.
Asiento y le agradezco antes de dirigirme hacia las escaleras, subo rapidamente y cuando llego a la puerta, la abro sin golpearla y la encuentro sentada frente a su piano.
Ella me mira con sorpresa y confusión al verme de está manera tan preocupante. Se pone de pie y me acerco para darle un beso.
– ¿Por qué estás tan serio?
– Tenemos que hablar, mi amor.
Me llevo la mano a la cabeza sin saber como decirle lo que está pasando.
– Ayer hablé con el abogado que está a cargo del divorcio.
– ¿Qué te dijo? ¿Alguna novedad?
– No es buena, amor. Por eso vine, el abogado me dijo que no hay ninguna propiedad a tu nombre y de tu esposo. El propietario de está casa es una sociedad anónima.
El rostro de Isabella está lleno de horror y tomo sus manos.
– Tus acciones fueron compradas. Cuando me dijo mi abogado no lo podía creer, todavía no lo creo. Tiene que haber un error.
Su cara se transforma mientras me escucha y me suelta, su paso es rápido y corro tras ella para alcanzarla.
– Isabella... – La llamo. – Amor, ¿a dónde vas?
– No pienses detenerme.
– Tienes que calmarte.
Quiero detenerla, pero me sorprende por completo la fuerza que está utilizando, me costó frenarla y me hace frente.
– ¿Cómo quieres que me calme? – Alterada y fuera de si, no puede controlar las emociones de su cuerpo. – No puedo quedarme de brazos cruzados mientras ese desgraciado quiere dejarme en la calle, no me voy a dejar pisotear por nadie y se acabó.
Vuelve a recuperar su paso rápido y la sigo, no quiero dejarla sola cuando está en ese estado.
– Yo te llevo, vamos.
Logró frenarla y la tomó de los hombros, llevándola a la camioneta. Ella entra y tomo su rostro con ambas manos.
– ¿En serio crees que Juan es capaz de hacer algo así?
Narra Isabella:
Me quedo callada y mi mirada se pierde en los recuerdos. No se si reír o llorar, Juan es capaz de hacer cualquier cosa y me siento tan tonta de no haber pensado que podría haber hecho algo así.
– ¿Amor? – Me sacude suavemente para hacerme reaccionar. – Amor dime lo que sea.
Me hace reaccionar y le devuelvo la mirada, mis ojos están completamente serios.
– Llévame Leandro, quiero acabar de una vez por todas con esto.
Ya no quiero dejarme pisotear por ese maldito nunca más y esto fue la gota que rebasó el vaso. Estoy harta, me va a escuchar y no me importa lo que quiera hacerme, ya no le tengo miedo.
Al llegar a la empresa, entró hecha una furia e ignoro completamente a la zorra de su secretaria. Juan me mira con sorpresa y Leandro está detras de mí para acompañarme. Tuve que reprimir las ganas que tengo de abalanzarme contra ese desgraciado.
– ¿Qué haces aquí, Isabella? ¿Por qué entras, así como si fueras una loca?
–Yo te tendría que matar Juan. Sos un hijo de puta. – Le gritó.
Juan me mira con sorpresa al verme tan enojada, mi rostro está completamente rojo por la furia.
– Cálmate Isabella... – Leandro me toma del brazo. – Te puede hacer mal.
No me hago caso, ni siquiera lo miró al estar tan fuera de sí.
– No me importa, pero antes de morirme le voy a decir las cosas que se merece.
Juan no pudo abrir la boca, solamente se me quedo mirando y sin saber que decir.
Automáticamente, Santiago y Thiago entraron en estado de pánico debido a mis gritos.
– ¿Qué está pasando mamá? Se escucha todo. – Santiago me toma de los hombros.
– Me importa un carajo que se me escuche. Mejor así saben lo desgraciado que es su padre.
Tomo distancia de mi hijo y voy hacia ese hijo de puta.
– ¿Por qué no le dices que todas las propiedades que tendrían que ser nuestras están a nombre de una sociedad anónima?
Juan me miró anonadado y su frente empezó a sudar.
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