Capítulo 19
Se acerca a sus labios y la besa apasionadamente, la toma entre sus brazos y la lleva de nuevo hacia la cama. No se conformó con tenerla una sola vez, quiere tener en su memoria cada centímetro de su piel desnuda.
Le quita la camisa y se lame los labios al ver sus pechos, su boca va hacia su seno derecho y captura su pezón, chupando suavemente y provocándole ronroneos a Isabella. Escucharla de esa manera hace que su lado salvaje se despierte del todo, su mano aprieta suavemente su seno izquierdo y hace un camino a besos, desliza sus labios desde sus senos hasta su vientre, trazando besos húmedos por su suave piel, los vellos de Isabella se erizan al sentir su aliento cálido y su respiración se paraliza cuando siente la lengua de Leandro en sus pliegues.
Su lengua pasa lentamente sobre su clítoris, capturando el movimiento errático de las caderas de su mujer, su sabor es tan delicioso que no puede dejar de probarla y va más allá. Desliza dos dedos por su vagina y la boca de Isabella se abre al sentirse invadida por sus dedos, los dedos se mueven rápidamente, encontrando un ritmo que vuelve loca a la mujer.
– Oh Dios. – Gime. – Ay, ay ay, se siente tan bien.
No puede dejar de delirar mientras siente su lengua y sus dedos sobre su sexo, Leandro sigue haciéndole sexo oral y siente como las caderas de ella tiemblan locamente. Isabella grita su nombre al llegar al orgasmo y su respiración es agitada, el corazón bombea con fuerza.
Leandro besó los muslos internos de su mujer y se movió para quedar encima de ella. Besa sus labios y la besó con intensidad.
Más tarde, Leandro la deja en la casa y se despiden cordialmente para evitar ser vistos. Ella baja del auto y cierra suavemente la puerta, mientras va caminando por la entrada, está tarareando suavemente una canción. En su rostro se puede reflejar la alegría y Juan se da cuenta al verla entrar al living.
Narra Isabella:
Me quedo petrificada al verlo y puedo ver lo molesto que está. Trago saliva cuando escucho su pregunta.
– ¿Dónde estuviste?
– Estaba aburrida y quise ir a la ciudad. Decidí ir en taxi y en el camino me encontre con Leandro y se ofreció a traerme.
Juan se me acerca mientras me mira con atención, puedo ver que está sospechando completamente pero no tiene ninguna prueba para culparme. Solo le queda hablar con Leandro para asegurarse.
– Nunca sales.
– ¿Y eso? – Intentando ser lo más tranquila posible. – No tiene nada que malo que quiera salir y no quiero pelear, Juan. Estoy muy de buen humor, pase tan bien hoy.
Por primera vez junte valor para hablarle de está manera y no me importa la mirada asesina que está utilizando. Solamente sonrió y caminó hacia las escaleras.
Logre escaparme de Juan y cuando entro a la habitación, veo que Florencia me está esperando.
– ¿Paso algo con ese patán? No sabia que hacer cuando vino tan temprano, ni supe que decirle para salvar su pellejo.
Suelto una risa y la calmo apoyando mi mano en su hombro.
– No paso nada Flor. – Llena de alegría. – Ni siquiera me preocupe al verlo, ¿no ves está cara de felicidad? Hace años que no la tengo y no voy a dejar que este me la borre.
Florencia se quedó con la boca abierta, no emitió ninguna palabra mientras me tiro en la cama.
Narra Leandro:
Estoy tan metido en mis pensamientos que ignoro completamente el tono de su celular. Sonó unas cuantas veces mientras conduzco hasta mi casa, tengo el estéreo del auto a todo el volumen mientras canto lleno de alegría.
Después de unos minutos, entro a la casa y cierro la puerta suavemente. Fui a la cocina para abrir la heladera y sacó una jarra llena de agua para servirse un poco.
Mientras me quito la sed, el celular vuelve a sonar y suspiro, no quiero que nadie me moleste, pero al escuchar que sonó varias veces tuve que contestar y más al ver que es mi abogado.
– Buenas tardes. ¿Pasó algo con el tema del divorcio?
– Estuve averiguando las propiedades que tiene ella y su esposo.
Hubo un silencio y me doy cuenta de que hay algo malo en todo este asunto.
– Dime, ¿Qué pasa con eso?
– Es muy serio, las propiedades están a nombre de una sociedad anónima. El señor no tiene nada a su nombre, salvo las acciones que tiene en la empresa y hay algo más.
– ¿Es que hay algo peor que eso? Un poco más la está dejando en la calle.
Estoy completamente preocupado por Isabella, no entiendo como Juan no tiene ninguna propiedad o bien a nombre de su esposa.
– Me dijiste que la señora tiene unas acciones en la empresa.
– Así es, es una empresa familiar.
– No tiene ninguna acción a su nombre, estuve averiguando sobre el tema porque me resultó muy extraño que pasé eso y supe que fueron compradas.
Otro silencio inundo el ambiente, me llevo la mano hacia mi nuca y trato de tranquilizarme, pero estoy completamente preocupado por lo que podría llegar a pasar.
– ¿La señora te dijo porque quiere divorciarse?
Escucho su pregunta y entrecierro los ojos pero dejo que siga hablando.
– Esto no es normal, no quiero adelantarme, pero esto me parece una jugada de su esposo. No entiendo cómo alguien podría hacer algo así si no es solo para hacer daño.
Esto es algo completamente absurdo, se trata de un matrimonio que duró muchísimos años y siempre pense que estaban enamorados. Parece mentira que Juan quisiera hacerle daño a una mujer tan maravillosa como Isabella.
– Debe haber algún error, no puedo creer que haga algo así. – Suspiro. – Isabella me dijo que ya no lo amaba.
– ¿Y te parece algo normal que te pida ayuda cuando tiene hijos que pueden ayudarla?
Mi mente trabaja a mil por hora mientras trata de encontrarle una lógica a todo.
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