Capítulo 2
Narra Leandro:
Salgo de la casa y estoy con un estado de preocupación que no me gusta para nada. Me dejó tan alarmado verla de aquella manera, sus ojos azules se veían tristes y se muy bien que le pasa algo.
Estoy seguro que está ocultando algo pero, ¿qué es?
No tengo la menor idea y eso es lo que tengo que averiguar. Subo al auto y me quedo sentado por unos minutos sin hacer nada, ni siquiera puse las llaves del auto a la cerradura, solo me quedé allí pensando en Isabella.
Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para que ella esté bien... soy consciente que Isabella es una mujer casada y que su hijo es uno de mis mejores amigos pero no lo puedo evitar, estoy enamorado de ella desde el primer día en que la conocí y mi corazón solo late por ella. Solo deseo su bienestar y haberla visto de esa manera tan triste me hace pensar en que tengo que hacer algo para hacerla feliz.
Respiro hondo y coloco la llave antes de encender el motor.
En el camino hacia la empresa, no puedo dejar de pensar en Isabella... mi hermosa Isabella, tan perfecta, delicada, amorosa, inteligente. Podría describir todas las perfecciones que tiene esa mujer que tanto amo pero me quedaría corto.
Nunca fui capaz de quitarla de mi corazón, cada intento fue inutil y aunque es algo que nunca podrá ser, me conformo con verla feliz junto a las personas que ama.
Busco cualquier excusa para verla y pasar el tiempo con ella, ofreciéndole mi amistad sincera, conformándome viendo sus ojos hermosos azules, su sonrisa linda pero nunca la vi tan triste como ahora.
Suspiro mientras estoy por llegar a la empresa y una vez que dejó el auto, me toma unos minutos en llegar a mi oficina. Al entrar, encuentro a mi amigo, me doy cuenta de que me estuvo esperando y se pone de pie al verme.
– ¿Dónde estabas? – Curioso.
Trago saliva y me acerco a mi escritorio.
– Solo pase por la casa de tus padres para saludar a tu mamá...
Santiago asiente y me siento en mi lugar.
– ¿Pasó algo?
– Todo normal, solamente Thiago está molesto con mi padre porque quiere darme la vicepresidencia. No te perdiste de nada.
– ¿Todos lo saben?
– No, mi padre tiene pensado anunciarlo a la familia en el almuerzo de mañana. Quiero que me acompañes.
– Iba a estar ahí aunque ni me lo hubieras pedido. – Sonríe.
Santiago se ríe y golpea mi hombro.
– Agradezco que siempre me estás ayudando. Siempre estoy en deuda con vos.
Solo sonrio y Santiago sale de mi oficina para que pueda trabajar con normalidad pero es tan difícil teniendo a Isabella en mi cabeza, todavía me tiene preocupado después de mi encuentro con ella.
Narra Regina:
Entro al despacho de mi jefe y me mira seriamente al ver que cierro la puerta.
– ¿Ya hablaste con tus hijos?
Asiente y guarda unos papeles en el cajón.
– Hablé con los dos y a Thiago no le gusto mi idea.
– Era algo obvio que iba a pasar. – Me acerco suavemente hacia él y beso sus labios. – ¿No lo crees?
Juan me aleja rápidamente y lo observa sorprendida.
– Puede entrar alguien Regina. – Duro. – Ya vamos a tener tiempo para estar a solas, aquí no.
Me cruzo de brazos y pongo los ojos en blanco. Siempre dice lo mismo y me choca que se muestre de esa manera conmigo cuando ya lo hemos hecho un montón de veces en está oficina.
– Aparte te necesito para otra cosa. – Vuelve a su asiento. – Quiero que le digas al señor Alvear que necesito que esté conmigo en una reunión a las 3 de la tarde.
Una sonrisa se forma en mi rostro y asiento suavemente.
– Voy ahora mismo.
Me retiro rápidamente de la oficina de mi amante con una sonrisa de oreja a oreja, camino contoneando mis caderas y frenó el paso cuando llega a la puerta de Leandro antes de golpear su puerta.
– Pase.
Escucho su voz varonil y se me hace agua la boca, abro la puerta y lo observó con deseo.
– Siento molestarlo señor, pero mi jefe me pidió que le dijera que lo acompañe en una reunión a las 3 de la tarde.
– ¿Te dijo de que se trata la reunión?
Leandro ni siquiera me mira, solamente está concentrado en el plano.
Levanto un poco la voz para llamar su atención.
– No me dijo, pero puedo preguntarle y le digo.
Me mira sin darme importancia, odio que haga eso porque quiero que me preste atención y que caiga a mis pies. Mi expresión es seria y me cruzo de brazos.
– Ya me enterare cuando este con él, no se preocupe.
Asiento y caminó lentamente hacia la puerta para volver con Juan.
– Otra cosa.
Me detengo al oir su voz y lo mira esperanzada.
– La próxima vez que quieras decirme puedes decirle a mi secretaria, gracias Regina.
Aprieto los dientes con fuerza, reprimiendo así mi malestar y salgo inmediatamente de su oficina. No puedo ocultar mi mal humor y me siento completamente rechazada por el hombre que me importa.
¿Por qué me rechaza? Tengo todo lo que le encanta a cualquier hombre, juventud, buen cuerpo, atractiva. Cualquier hombre que yo desee puedo seducirlo y que caiga en mis redes, cualquiera menos Leandro. Eso me molesta, me enoja que no me haga caso y me ignore. Hace tiempo que intentó seducirlo, pero nunca mordió el anzuelo, solamente se mantiene distante, tratándome como si no existiera.
Camino rápidamente hacia la oficina de mi jefe y cierro la puerta una vez que está adentro.
– ¿Le dijiste?
Asiento en silencio y Juan frunce el ceño.
– ¿Qué te pasa?
– Nada. – Respondo en seco.
El imbécil se ríe y se inclina hacia su mesa.
– No te lo voy a preguntar 2 veces y además, no me importa lo que te pasa. Desaparece de mi vista, anda a tu lugar.
Le doy una mirada asesina, sin embargo, Juan me mira con una sonrisa, haciendo que me ponga peor.
– Es una orden.
Mi rostro está rojo por la furia y cierro la puerta con fuerza, el maldito se ríe con fuerza y aprieto los puños.
– Imbécil. – Furiosa.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top