Capítulo 16



Leandro me mira con una sonrisa encantadora y me acerco para besar sus labios. Me besa con ternura y mueve suavemente sus labios.

La sorpresa me hizo tan feliz que no puedo dejar de sonreír. Toma mis manos con amor y su mirada se enciende.

– Siempre encuentras alguna forma para impresionarme.

– Y espero que siempre sea así.

– Primero vamos a desayunar y luego haremos lo que tú quieras.

Besa mis manos y la emoción se hace cargo de mi interior, agradecida por todas sus atenciones. Sale de la camioneta y me abre la puerta para que salga. Toma mi mano y bajo enseguida antes de que Leandro cierre la puerta con suavidad.

Es tan difícil que me acostumbre a sus buenos tratos pero me encanta que sea tan tierno conmigo.

Unos minutos más tarde, vamos tomados de la mano y agradezco estar en un lugar alejado de la capital.

Caminamos hasta el restaurante del puerto y la vista que se ve desde allí es impactante para mis ojos. Nos sentamos en una de las mesas de la terraza y quedo embobada al ver la playa.

– Estoy seguro que te gustaría ir a la arena.

Lo miró con una expresión alegre y asiento tranquila.

– El día está hermoso para caminar por la arena, sentir el agua con mis pies descalzos.

Su sonrisa se extiende y todo se me da vueltas al verlo tan lindo.

– Sabía que te encantaría. Lo hice por el retrato que hiciste.

– Si... es que adoro la playa. La arena, el mar. – Contenta.

En ese momento, un camarero se nos acerca y pedimos un abundante desayuno. El camarero regresa unos 20 minutos después y nos sirve la taza de café. Le agradecemos al camarero y quedamos a solas.

Apoyo los codos sobre la mesa y sus ojos me miran llenos de alegría. Ladea la cabeza mientras me mira y sus mejillas se ponen rojas.

Mi corazón late con fuerza y agarro la taza de café.

– ¿Tengo algo en la cara?

Leandro sonríe y niega enseguida.

– Solamente estoy viendo lo bella que eres.

Mis mejillas se ponen rojas, tanto que parezco un tomate y para disimular mi rubor tomo mi café.

Leandro se ríe al verme así y se muerde el labio.

– Te comería a besos.

– Me gustaría que lo hagas. – – Retándolo.

Apenas terminó de hablar, se inclina en la mesa y acercó sus labios a los míos. Me observa con sus ojos llenos de deseo, provocando que mi entrepierna empieza a encenderse.

– Te va a salir muy caro está provocación. – Bromea.

Suelto una risa y le doy un pequeño pico, mi mirada regresa a la playa y trato de apagar el fuego que se prendió en mi interior.

Comimos tanto que quedamos llenos, apoyo la mano en su estómago y suspiro.

– Creo que ya es todo por hoy, quede completamente llena.

– Y eso que nos falta mucho.

Se pone de pie y toma mi mano, haciendo que me ponga de pie.

– Este día recién comienza.

Minutos después, estamos caminando por la arena y observó llena de alegría el agua azul, es tan bello el lugar que me quedaría allí por siempre. Freno el paso y me saco las sandalias para apoyar los pies en el agua.

Narra Leandro:

Observó cómo Isabella juega con el agua mientras tiene los pies descalzos, me muero al verla como si fuera una niña y mi corazón no da más de amor por ella.

Me quedo embobado al ver lo hermosa que se ve de esa manera, disfruta tanto del día y mi corazón se enternece al verla que es feliz.

Sin previo aviso, me acerco para abrazarla de espaldas y la levantó rápidamente, ella grita un poco mientras empiezo a girar y reírnos juntos.

La apoyo en la arena y ella da media vuelta para mirarme, envuelve mi cuello con sus brazos y nos besamos muy lentamente, robándome la respiración mientras nuestras lenguas juegan apasionadamente.

Amo tanto esos labios que se están convirtiendo en mi única fuente de oxígeno, mi droga. Lo único que necesito para poder vivir.

Envuelvo su pequeña cintura con mis brazos y utilizo mi mano derecha para acariciar su mejilla.

– Te amo tanto Bella.

La atraigo más a mi cuerpo y ella jadea al sentir mi entrepierna hinchada.

Su cuerpo tembló al sentirlo erguido y me observa con los ojos llenos de deseo.

– Te necesito tanto. – Jadeo.

Está vez la beso apasionadamente, lleno de excitación y mi piel se pone de gallina por este momento. Me separó un poco para observarla y sus ojos azules me miran con deseo.

– Quiero que me hagas tuya, Leandro. – Susurra.

Mis ojos se abren al escucharla y el fuego se mi entrepierna se expande hasta mi cuerpo.

Mi mirada está llena de deseo, de anhelo y de amor mientras la miró tan segura de lo que quiere.

Ambos lo queremos y ya no soporto más está tortura. Necesito con todas mis fuerzas hacerla mía o me volveré loco.

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