Capítulo 15



Mis brazos la rodean de nuevo, me encanta tenerla así y mis labios capturan los suyos, bebiendo de sus labios dulces y disfruto de esté momento.

El mundo exterior desaparece y el tiempo se detiene mientras compartimos este momento glorioso.

Mis brazos la protegen y nos separamos ligeramente.

– ¿No vas a buscar otra excusa? – Arqueo una ceja.

– Tengo muchas. – Hace una mueca.

Suelto una pequeña risita y acaricio su cabello rubio.

– ¿Alguien te vio? – Le pregunto.

– Solo tu secretaria.

– Bueno, por suerte es discreta y no dira nada.

Asiente y apoya las manos en mi pecho.

Mis manos acarician su espalda y la miró con una sonrisa.

– ¿Puedo llamarte más tarde? Me encantaría que retomemos las clases.

Ella suspira y ladea la cabeza.

– Nunca le fui infiel a Juan. – Se muerde el labio.

– Pero quieres divorciarte de él, me dijiste que no lo amas. – Animado. – ¿Acaso es otra excusa?

– No. – Se ríe. – Tengo que irme, después hablamos.

Le doy otro beso y la levantó suavemente, provocando sus risas.

– Bajame. – Animada.

– Si fuera por mi no te suelto nunca más. – La miro con amor. – Pero no quiero complicar las cosas.

– Entonces déjame ir. – Sonríe.

– En contra de mi voluntad. – Hago puchero.

La bajo lentamente y me mira con alegría.

– Eres un tonto. – Riendose.

– ¿Quieres que te lleve a tu casa?

– No, es arriesgado. Por eso tomé un taxi. Ademas. – Rodea mi cuello con sus brazos. – No quiero que nadie sospeche.

Me da un beso rapido y me regala una sonrisa. Dios santo, me encanta verla de está manera.

Se aleja rapidamente y se acerca a la puerta, ni hace falta que se despida, mi alma se va con ella. Isabella sale enseguida de mi oficina y mis ojos se llenan de emoción por este momento que compartimos.

Al fin pude decirle que la amo, ya no podia más con está tortura y gracias a Dios que salio todo bien. Siempre me imaginé que ella me rechazaria pero ahora me doy cuenta que ella también me quiere y más por los celos de ayer.

No voy a parar de luchar por ella, no importa los enemigos que pueda ganar por ganarme su corazón. Estoy dispuesto a demostrarle a todo el mundo todo lo que siento por ella.

Narra Isabella:

Entro a mi habitación y me acuesto a la cama con una sonrisa resplandeciente. Cierro los ojos y largo un suspiro ruidoso, dejándome llevar al recordar los besos que nos dimos con Leandro.

Esos besos fueron tan lindos, llenos de ternura y pasión. Nunca me senti tan bien como ahora, la forma en que me trato fue tan especial.

Mi alma moribunda resucitó gracias a Leandro, me siento tan feliz que no me importa nada. Llevo mi mano hacia mi corazón, sintiendo como late con fuerza y sonrio llena de felicidad. Me pellizco suavemente para ver si esto se trata de un sueño o es la realidad.

Estoy tan inmersa en mi mundo que ni senti a Florencia entrar.

– Tierra llamando a Isabella.

Florencia me provoca un susto y me siento en la cama.

– Me asustaste. – Suspiro.

– ¿Me va a decir que paso? – Curiosa.

– ¿Para eso viniste? – Riendome.

– Al ver su carita me doy cuenta que todo salió muy bien pero quiero saber todo con lujo de detalles.

– Hable con él, le pregunte porque me beso. – Narrando lo sucedido. – Me dijo que me ama y al principio no le quise creer.

– Siempre es tan cabeza dura. Yo le dije que ese hombre la ama.

Miro al suelo y sonrio ligeramente al recordar el beso. Respiro hondo y levanto la vista.

– Me beso... cuando me beso por primera vez me negue a sentir cosas, pero ahora me hizo sentir tan especial. – Emocionada. – Me beso de una manera tan hermosa que pense que volvi a nacer. – Cierro los ojos y llevo las manos a mi pecho. – Leandro es hermoso, hizo que por primera vez me haya hecho sentirme de está manera.

– Merece ser feliz, señora y Leandro la ama demasiado.

– Puede ser pero todavia sigo casada. No se cuanto puede llevar el divorcio.

– Que Juan se vaya al diablo, usted no lo ama. Ni merece una consideración suya.

– Lo se...

– Al fin. – Aliviada. – Me gusta como está pensando ahora.

Suelto una risa y Florencia palmea suavemente mi espalda.

– Ahora sabes todo. Ya puedes dejarme sola.

Ella pone los ojos en blanco y asiente.

– Está bien, lo que usted diga.

Sonrió mientras veo que se pone de pie y sale de la habitación.

Me acuesto de nuevo y mi cabeza reposa sobre la almohada.

Pasan tantas cosas por mi mente, pensando en lo bien que me hizo sentir pero las dudas amenazan con hacer que baje los brazos.

Es que las palabras hirientes que me dice Juan una y otra vez quedaron marcadas a fuego en mi interior. No solo los golpes duelen, también las palabras y estás hirieron mi autoestima.

¿Por qué no puedo ser feliz? Merezco tener un día de paz, de felicidad pero siempre tiene que estar ese monstruo enfermando mi alma.

Juan siempre me hizo sentir insignificante y no puedo dejar de pensar en ello. Que soy muy poca cosa para él y respiró con tristeza. Odio sentirme así, odio que esos recuerdos trágicos inunden mi cabeza cuando tendría que sentirme tan feliz.

– No puedo creer que me esté pasando algo así y con un hombre tan apuesto... – Pienso en voz alta. – ¿Que es lo que voy a hacer si me enamoro de vos? – Mi tono de voz disminuye. – Podrás estar enamorado de mi. ¿Pero me amaras cuando sepas todo de mi? ¿Me amaras cuando veas lo insignificante que soy?

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