Capítulo 14


Narra Isabella:

Un tiempo más tarde, ingresó a la empresa con unos lentes de sol y ruego por dentro que Juan no me vea aquí. En cuanto llego al piso, me siento un poco perseguida y mirando para todos lados. La sola idea de que Juan o mis hijos me vean me hace sentir inquieta.

Me apuro para llegar al mostrador y respiró más tranquila cuando veo a la secretaria de Leandro.

– Buenos días señora. ¿Desea ver a su esposo?

– No, no. – Nerviosa. – Solo quiero hablar con el señor Alvear. ¿Está en su oficina?

– Claro, ya le aviso que quiere hablar con él.

Asiento y rezo para que lo haga rápido, sigo mirando para todos lados y trago saliva, sintiendo temor de que alguien podría verme.

– Señor Alvear, la señora Montenegro quiere verlo.

Se forma un nudo en mi corazón a medida que pasan los minutos y más al saber que tengo que enfrentarme con Leandro. No se si quiero escuchar lo que me tiene que decir.

Si me dice que no, mi corazón se romperá en miles de pedazos y si me dice que si, no seré capaz de creerle. Tengo deseos de irme y cuando estoy por hacerlo, la puerta de su oficina se abre y puedo ver como sus ojos negros me miran con anhelo.

– Isabella...

Me saco los lentes de sol y me hace pasar, lo hago despacio y tomo asiento.

– No sabia que vendrías.

– Yo tampoco. – Aclaro la garganta. – Pero tenemos que hablar.

Lo noto nervioso y no lo culpo, yo estoy igual y muerta de miedo por lo que pueda llegar a pasar.

Leandro acomoda la silla para estar a mi lado y siento su mirada penetrante sobre mi, se siente la tensión en la oficina y por un momento me olvide de todo.

– ¿Como estás?

– Estoy bien, gracias por preguntar.

El tono de voz que utilizo es serio y distante, sus ojos me miran con preocupación y me siento mal por verlo así.

– Isabella... lo que paso...

No lo dejo terminar de hablar y me pongo de pie.

– Vine para hablar de eso. Estuve pensando mucho en ello. – Me tomo un tiempo para reunir las palabras. – Puedo entender perfectamente que me hayas besado por curiosidad, para ver como se siente besar a una mujer tan insignificante como yo.

Leandro no me deja terminar de hablar y su mirada es seria.

– Se está equivocando muy feo. – Toma mi mano. – Nunca digas eso, no eres una mujer insignificante. Eres tan hermosa Isabella, bella, sensible, inteligente... – Aprieta mi mano. – Cualquier hombre nota eso cuando te ven.

Alejo mi mirada de él y suspiro, no entiendo nada de lo que está pasando pero cuando mis ojos se encuentran con los suyos, mi corazón se derrite y las mariposas revolotean en mi estomago. Vuelvo a mirarlo y las sensaciones de mi interior son tan nuevas que no sé que hacer.

– ¿Por que me besaste? – Mi voz suena como un susurro. – ¿Por que lo hiciste?

Me mira con un brillo especial en sus ojos y aparece una sonrisa tierna en su rostro.

– Porque te amo.

Siento que me tiraron un baldazo de agua fría y me niego a escuchar eso. No es verdad, solo es una burla de su parte y no se lo voy a permitir.

– Te estás burlando de mi. – Mi boca tiembla y mis ojos se llenan de lágrimas. – Dime que es mentira.

– No te estoy mintiendo y nunca me burlaria de tí, Bella. – Toma mi rostro con ambas manos. – Seria incapaz de hacerte sufrir.

– ¿Es que estás loco?

Mis lagrimas se deslizan por mis mejillas y soy un manojo de nervios, está situación es tan irreal.

– No tendrías que haberme besado. – Me separo de él y me llevo mi mano a la frente. – Ese beso no significo nada.

Sin previo aviso, Leandro rodea mi cintura con sus brazos y lo miro con sorpresa mientras mi cuerpo empieza a temblar.

– Si no significo nada. ¿Por que temblabas ayer entre mis brazos? ¿Por qué no me diste una cachetada después que te robe ese beso? Tu también lo deseabas, querías que te besara, no lo ocultes más.

Cierro los ojos con fuerza y limpia mis lágrimas, el silencio se prolonga y tragó en seco. Adoro la sensación de estar entre sus brazos y no sé por cuánto tiempo voy a poder resistir lo que siento.

– Mírame Bella, por favor mírame. – Me ruega.

Me siento completamente debil entre sus brazos y cuando escucho el tono de su voz. Abro los ojos muy despacio y apoya su frente con la mía.

– Atrevete a decirme a los ojos que no sentiste nada en ese beso. – Susurra. – Que tu corazón no bombeo rapidamente como el mío mientras te estaba besando. Me sentí tan bendecido de que al fin pude besarte... toque el cielo con las manos cuando lo hice.

Soy incapaz de respirar cuando lo escucho, las palabras no saben de mi boca y la capacidad de razonar me abandona cuando Leandro inclina su cabeza para besar mis labios.

La cabeza me da vueltas cuando siento sus labios, me besa apasionadamente y le respondo enseguida. Abro ligeramente mi boca y siento como su lengua explora mi boca antes de encontrarse con mi lengua.

Nuestras lenguas juegan con ternura a medida y siento como su corazón late a toda prisa como el mío.

Narra Leandro:

No quiero despegarme de sus labios. Sigo besándola con ternura, bebiendo de sus labios y mi corazón está que salta por este momento mágico. Mis manos se deslizan por su espalda y otra vez tiembla antes de gemir suavemente.

Quiero seguir besándola pero el aire se está acabando y cuando nos separamos, su frente está apoyada en la mía y respira hondo, recuperándose del beso.

– Te amo Bella... – Acaricio su mejilla con dulzura. – Te ame en silencio durante tantos años, me la pasé admirandote en silencio, conformandome con ser tu amigo pero ya no puedo más...

Ella deja de respirar y apoya la cabeza en mi hombro.

– ¿No me estás mintiendo?

– ¿Que es lo que dice tu corazón? Te amo Bella, siempre estuve enamorado de ti. ¿Que tengo que hacer para que me creas?

Levanta la cabeza y puedo ver la duda en sus ojos.

– Esto es completamente absurdo. – Nerviosa. – Eres el mejor amigo de mi hijo... trabajas para mi esposo. Por dios, si se llegan a enterar mis hijos te matan.

– Eso no me importa. – Serio. – Eso no va a cambiar el amor que siento por vos. 

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