Capítulo 13
Narra Isabella:
Esto no puede estar pasando. Estoy tan confundida que no se que hacer, solo quiero escapar de está realidad y estar sola.
Quiero alejarme y sus fuertes brazos me detienen.
– Quiero ir a mi casa.
– Al menos deja que te lleve, por favor. – Me ruega.
Su voz se quiebra y mi corazón se ablanda, asiento lentamente y salimos lentamente de la casa.
Siento tanta verguenza, no entiendo porque lo hizo porque Leandro no siente nada por mi. Todo sucedió tan de repente y ahora estoy avergonzada.
Me ayuda a entrar a su camioneta y enciende el auto.
El silencio fue incómodo, nadie se atrevió a hablar y me siento tan estupida por haber temblado en el beso pero se sintió tan real que mis emociones me jugaron una mala pasada.
Gracias a Dios llegamos a la casa y me mira avergonzado. No digo nada, prefiero mantenerme callada y cuando estoy por bajar de la camioneta, escucho su voz.
– Isabella...
– No hables por favor. – Susurro. – Deja las cosas como están.
Bajo rapidamente de la camioneta y corro hasta la entrada, entrando lo más rapido que puedo y cuando cierro la puerta, me apoyó en ella y mis lágrimas se deslizan por mis mejillas.
Todavía no puedo creer lo que paso, el beso que me robo Leandro fue tan intenso. La manera en que me hizo sentir especial y gimo suavemente al recordarlo, fue tan perfecto. Mi cuerpo vibra de nuevo al recordar el beso y me llevo las manos a la cabeza cuando me doy cuenta de la realidad que me rodea.
– Estás completamente loca. – Respirando con dificultad.
Veo a Florencia bajando las escaleras y me mira con preocupación.
– ¿Le paso algo señora? – Preocupada. – ¿Le hizo algo ese desgraciado?
Niego en silencio y mi boca empieza a temblar mientras reprimo un sollozo.
– Abrázame Flor.
Florencia me hace caso y me abraza con fuerza antes de que rompa en llanto y no entiende porqué estoy así.
– No puedo entenderla señora si no me explica qué le pasa. Acompáñeme, siéntese y le voy a traer un vaso con agua.
Me deja sentada sobre el sofá y limpio mis lagrimas, enseguida, Florencia regresa con un vaso de agua y lo agarro enseguida, tomo un sorbo y respiro hondo.
– ¿Ahora me va a decir que le pasa?
– No sé ni como empezar. – Me muerdo el labio.
– Puede empezar por el principio.
Asiento y tomo aire antes de contarle lo que paso.
– Leandro me beso.
Mi mirada se pone seria cuando veo una sonrisa en sus labios.
– Parece que te gusto lo que te conté.
– Es un buen hombre.
– Es amigo de la familia... es el mejor amigo de Santiago.
– ¿Y eso que tiene que ver? El señor Alvear la quiere, se nota mucho cuando la mira.
– Eso es mentira. – Niego. – Yo soy poca cosa... – Susurro. – Me di cuenta de eso cuando una muchacha lo invito a bailar.
– ¿Y que hizo el señor?
– Me fue a buscar. – Trago el nudo que se forma en mi garganta. – Ver a esa chica me puso tan celosa y cuando fue a buscarme ni quise hablar con él... me robo un beso y lo que más me mortifica es que me encanto. Lo disfruté tanto y anhelaba que me besara de nuevo pero no se puede. No puedo sentir nada por él.
– ¿Y que le dice su corazón?
Me quedo callada y cierro los ojos.
– No importa lo que diga mi corazón. Es una locura que no puede volver a pasar.
– Pero Leandro la ama.
Me rio al escuchar eso, es un disparate pensar en que me ama.
¿Como podria amarme una persona maravillosa como Leandro?
– ¿Qué clase de disparate estás diciendo?
– No es ningún disparate, estoy siendo completamente racional.
– Se nota. – Le toma el pelo.
– ¿Por qué no le pregunta? ¿Por qué no se saca la duda y termina con este tema?
– Claro que le voy a preguntar y veras que tengo razón.
– No lo creo. – Me provoca.
– Estoy segura que lo hizo por curiosidad, habrá querido saber como se siente besar a una vieja y ahora se quitó las ganas.
– Ay señora, solo se llevan unos años. No sea exagerada.
– Pero él es apuesto y puede tener cualquier mujer que desee. Como esa mujer.
– El no es así, se está comportando como una niña. Ni usted sabe lo que dice, usted no es ninguna vieja, es demasiado hombre y muy guapa. – Tranquila. – ¿Por qué no va a descansar? El pánico no la deja pensar con claridad y no quiero que se haga daño.
Miro el suelo y suspiro, es mejor que le haga caso. Me pongo de pie y Florencia me abraza antes de ir a la habitación.
– Buenas noches señora... descanse.
Asiento y me dirijo a las escaleras.
Narra Leandro:
Estoy acostado en mi cama y no puedo borrar de mi cabeza el momento maravilloso que senti después de probar sus deliciosos labios. Todavía tengo ese momento en mi mente, la manera en que mis labios danzaron perfectamente con los suyos. La manera en que mi piel se hizo de gallina a medida que el beso se hacía más intenso. Mi corazón sigue latiendo en su cabeza y apoya las manos en su rostro.
– Si tan solo me darías la oportunidad de demostrarte cuanto te amo. – Suspiro lleno de amor. – Daria todo lo que tengo para que te enamores de mí. Eso sería el paraíso para mí, poder besarte, estrecharte entre mis brazos y hacerte el amor. Hacerte la mujer más feliz sobre la tierra. Te amo con toda mi alma, Isabella y juro que voy a esperarte todo el tiempo que sea necesario.
Me mojo los labios y no puedo dejar de sonreír mientras cierro los ojos, recordando una y otra vez como nuestras lenguas se tocaron, probando cada centímetro de su boca. Fue algo soñado, completamente perfecto para recordarlo toda mi vida y así lo hare.
Al otro día, estoy terminando de desayunar y me pregunto si podre hablar con ella o si no quiere saber nada de mi. Eso es lo que más me duele, que ya no pueda verla nunca más y perder completamente su amistad.
Me siento tan estupido al haber arruinado todo y soy el culpable de todo.
Solo espero que pueda perdonarme porque me muero si pierdo su amistad.
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