Capítulo 12
Pasaron las horas y estoy en el evento acompañado de Santiago. Él me está hablando pero mi mirada está sobre la entrada, esperando a que Isabella cruce la puerta.
El tiempo va pasando y ya se está haciendo demasiado tarde.
¿Sera que no vendrá? Mi mirada se vuelve triste al darme cuenta que no vendrá.
Sin embargo, mi expresión cambia cuando aparece acompañada de Juan y no puedo evitar sonreir. Me deja embobado al ver lo hermosa que está. No menti cuando dije que es una obra de arte. Ella se separa de su marido para abrazar a su hijo y luego se acerca para darme un beso en la mejilla. No pude evitar cerrar los ojos al sentir su perfume y se alejó suavemente.
– Está muy hermosa, señora. – Le digo.
Ella se sonroja un poco y su hijo interviene.
– Lo que dice Leandro es verdad, estás muy hermosa mamá.
– Ay que cosas dicen. – Sonríe. – ¿Y tu hermano?
– No tengo idea pero no debe estar muy lejos.
– Lo voy a buscar.
Ella se aleja de nosotros y trago saliva mientras la observo, se me hace tan dificil dejar de admirarla en silencio y regreso mi atención hacia mi amigo para no levantar sospechas.
Después de unos minutos, veo como Juan se acerca a Isabella y ambos se dirigen hacia una de las mesas, le corre la silla y se sientan. Se ven una pareja tan estable que ni siquiera uno se llega a percatar de que ese matrimonio está completamente perdido.
De un momento a otro, mi jefe se pone de pie y va a hablar con unos empresarios.
La música invita a varias parejas para bailar y una idea se cruza en mi cabeza. Me acerco con cuidado hasta la mesa y tomo su mano con suavidad.
– ¿Quieres bailar?
Deja escapar una risa inocente y se señala a sí misma.
– ¿Yo? Ay no, soy malísima bailando.
– No lo creo y si es así, yo le enseño. Aunque no le creo.
Los dos se miran con una sonrisa y ella mueve los ojos.
– Esta bien.
Beso su mano y tiro suavemente de su brazo para que se ponga de pie, caminamos en medio de las otras mesas hasta que llegamos donde está la gente bailando. Mi mano izquierda se coloca en su espalda y la otra sostiene su mano con fuerza.
– Estás hermosa Isabella. – Le vuelvo a decir.
Ella se ruboriza y baja la cabeza, apoyando la cabeza en mi hombro y el tiempo se detiene. Mi brazo la sostiene con fuerza mientras bailamos suavemente.
La estamos pasando tan bien que no necesitamos nada más, su cabeza sigue apoyada en mi hombro y como quisiera quedarme así, rodeando su cintura con mis brazos y poder oler su exquisito aroma.
Ella levanta la cabeza y nuestros rostros quedan frente a frente. Una sonrisa aparece en su rostro.
– Y eso que me dijiste que no sabias bailar, lo haces muy bien.
– Dices eso porque eres muy bueno. – Sonríe.
– Lo digo porque es la verdad. ¿Cuándo te he mentido?
– Cuando me dices que estoy hermosa. – Ladea la cabeza.
– Eso no es mentira, lo eres. – Sonrió. – Eres la mujer más hermosa que he visto.
Isabella parpadea varias veces y me reprocho por lo que acabo de decir. Lo que menos quiero es espantarla o incomodarla. Estuve por decir algo cuando Regina nos interrumpe
– ¿Me deja bailar con Leandro, señora?
Isabella toma distancia y la observa con una mirada fulminante.
– Disculpen.
La escucho hablar y quiero detenerla antes de que se vaya.
– Isabella. – Digo.
Sin embargo, ella se aleja enseguida y miro fastidiado a Regina.
– ¿Quién se cree que es? – Le pregunto. – Ni quiero bailar con usted.
– ¿Acaso no puedo bailar con usted? – Se ríe.
– No me interesa bailar con vos, métetelo en la cabeza. No me interesas, ¿Cómo quieres que te lo diga?
Me alejó inmediatamente de Regina para ir a buscar a Isabella, no la encuentro adentro del predio sino que la veo a lo lejos del parque. Está caminando sola en medio de la noche y me apuro para alcanzarla.
La tomo suavemente del brazo y al verla me doy cuenta de que estuvo llorando.
Me niega la mirada y respira hondo.
– ¿Qué quieres Leandro? Pensé que estabas con Regina.
– Lo siento, ella se comportó de una forma tan grosera que borro el bello momento que estábamos compartiendo.
– Eso no importa ya, no te preocupes.
Me doy cuenta de que algo anda mal y la tomo suavemente del brazo.
– ¿Estás bien?
– Solamente quiero ir a mi casa.
– Te llevo.
– No, no quiero que me lleves.
– ¿Ah no? ¿Y por qué?
– Porque no quiero que me lleves y quiero que te vayas.
Nunca la vi tan furiosa como ahora y por su estado puedo ver que está celosa.
Esperen... ¿Está celosa?
– ¿En serio quieres que me vaya?
Estoy a unos centimetros de su rostro y ella quedo completamente petrificada, casi no puedo hablar al sentir su respiración.
– S...
Ya no puedo más, termino con la tortura de estar cerca de sus labios y le robo un beso, por un momento pense que me rechazaria, pero sigo adelante al ver que no opuso resistencia.
La estrecho entre mis brazos y la protejo con todas mis fuerzas, el beso es tan necesitado. Bebo de ella y me derrite al sentir sus labios dulces.
Mi corazón se prende fuego mientras pruebo sus hermosos labios, mis manos suben hacia las mejillas de mi amada e introduzco lengua con ternura, haciendo que ella largue un gemido.
La siento temblar en el beso hasta que se separa unos minutos después y me mira con los ojos abiertos.
– ¿Qué acabas de hacer? – Sorprendida.
Se que hice una locura y ahora me culpo por lo que hice.
Espere cualquier cosa de ella, una cachetada, un grito, algo. Sin embargo, Isabella me mira con culpa y con una expresión que no puedo descifrar.
– ¿Por qué lo hiciste? – Susurra.
Su voz está llena de miedo.
Casi no se me salen las palabras y no puedo hablar con tranquilidad.
– Lo siento mucho Isabella. – Tomo su mano.
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