Capítulo 11
Más tarde, estoy en la casa mientras camino de un lado al otro en la soledad de mi habitación. Trago saliva al recordar todo lo que paso y niego enseguida.
– Solo estás confundida. Leandro se está portando tan bien con vos que ya estás pensando en cualquier cosa.
Muevo la cabeza para dejar ese pensamiento de lado y salgo de mi habitación para tocar por un rato el piano así despejó mi mente.
Durante la noche, estoy profundamente dormida cuando siento que unos brazos fuertes me abrazaron con suavidad.
Sus manos acarician lentamente mi espalda y cuando abro los ojos, me quedo sorprendida al ver a Leandro frente a mi.
Quiero hablar y lleva un dedo a mi boca.
– Déjate llevar, no te preocupes por nada Isabella. Déjate querer.
Solo bastó un instante para sentir sus tiernos labios, cierro los ojos, dejándome derretirme por sus labios. Al principio, el beso fue completamente tierno y unos segundos después se volvió necesitado, Leandro deslizó la lengua en mi boca, haciéndome gemir y envuelvo su cuello con mis brazos. Damos vueltas en la cama, haciendo que el hombre quede encima y nos miramos con ternura. Las palabras no salen de mi boca, solamente me di el lujo de admirar la mirada llena de amor de Leandro. Volvió a besarme y siento que casi me desmayo por el beso que me está dando, nos besamos apasionadamente y siento como sus manos acarician mis piernas, llevándolas lentamente hacia mi trasero. Sus caricias se sienten tan bien que no puedo pensar con claridad y sé perfectamente que me está llevando a la locura.
Nos separamos para recuperar la respiración y acaricio su mejilla, Leandro me observa con una sonrisa llena de felicidad.
– Me encantas Isabella.
Sus labios van hacia mi cuello y abro la boca ligeramente al sentir sus labios besando mi piel, dejando escapar gemidos bajos, cierro los ojos con fuerza.
Abro los ojos y jadeo al darme cuenta que fue un sueño. Me despierto en medio de la noche y me apuro para que Juan no me escuche.
Me encierro en el baño y siento un calor que se expande desde mis piernas hasta mi corazón.
Estás loca Isabella. ¿Cómo puedes soñar algo así? Se trata del mejor amigo de tu hijo y amigo de la familia.
Suspiro y me llevó la mano a la boca, ese beso se sintió tan real y no puedo sacarlo de mi cabeza.
¿Que me pasa? Es solo mi imaginación y nada más.
Además, Leandro no siente nada por mi.
¿Quien se enamoraría de una mujer tan insignificante como yo?
Ae Isabella, solo es tu imaginación.
Tragó saliva y decidí darme una ducha fría antes de volver a la cama.
Horas después, me despierto temprano y la puerta se abre. Juan entra a la habitación y lo veo con una expresión seria.
– Tenemos que hablar.
– ¿Que paso? – Nerviosa.
– Hoy tenemos una cena y necesito que nos vean juntos. Después voy a darte el vestido que tienes que ponerte.
Le lanzo una mirada seria y arqueo una ceja.
– No soy tu muñeca.
– Hace lo que quieras pero no te vistas como una zorra. – Enojado.
Cierra la puerta con fuerza y tomó aire antes de perder la compostura.
No sé cómo haré para mostrar mi mejor imagen de mujer que adora a un hombre que es despreciable.
Me apoyo en el respaldo de la cama y me muerdo los labios, lo bueno es que estarán mis hijos y Leandro...
Me muerdo los labios antes de levantarme de la cama.
Lo primero que hago es ir al placard para ver qué vestido ponerme. Abro las puertas y reviso los vestidos que tengo. Saco algunos y a medida que me los voy probando, no me gusta nada y me disgusta verme en el espejo.
La verdad que Juan tiene razón, soy tan fea y nada que me ponga me hará ver de otra manera.
Narra Juan:
Está estúpida se salvó de que la golpeara porque no quiero que tenga ninguna marca en el rostro sino que no se salva ni loca.
Me da tanta rabia que no quiera hacer lo que le digo pero ahora tengo que reprimir este enojo.
Salgo de allí y Florencia me mira seriamente. Como si esa mirada me diera miedo, ella sabe muy bien lo que le hago a mi esposa pero no me interesa. Florencia es consciente que si abre la boca es una mujer muerta.
Salgo de la casa y conduzco rápidamente hasta el trabajo. Hoy tengo mucho que hacer y más con el evento de hoy, tendré que salir temprano para tener todo en orden y que esa inservible este decente.
Llegó a la empresa y Regina me está esperando con el desayuno listo.
– Uy... que cara de pocos amigos.
Avanza hacia mi y aprieto los dientes.
– No me digas, te hizo enojar la mosquita muerta de tu esposa. – Sonrie. – Pero no te preocupes, siéntate que te haré unos masajitos para sacarte esa molestia.
Hago lo que ella dice sin chistar y apoya las manos sobre mis hombros para hacerme un masaje.
Narra Leandro:
Los sentimientos que siento por Isabella me están dejando en evidencia y ahora no se que hacer para poder contener lo que siento.
Lo de ayer hizo que me diera cuenta de que no se por cuánto tiempo voy a poder resistir. La tenía tan cerca y solo quería besarla, deseaba poder probar sus labios y que todo dejara de existir.
Cierro los ojos y respiro hondo, ahora estoy en mi oficina, lamentandome en que no podremos hacer la clase de hoy porque se me viene un día ocupado por el trabajo y se lo hago saber mientras le envio un mensaje.
Sin embargo, la veré a la noche y de seguro estará tan hermosa como siempre.
Una sonrisa aparece en mis labios cuando mi celular suena y veo que es un mensaje de Isabella.
"No te preocupes Leandro. Entiendo perfectamente, nos vemos más tarde".
Largo un suspiro lleno de amor y mis ojos brillan.
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