7

CAPÍTULO SIETE

— Eres una traidora, Nori —pronunció mi hermano mellizo, de la forma más despectiva posible. En sus ojos, podía reconocer el enojo y el dolor. Su respiración era pesada y sus puños temblaban—. Todo éste tiempo... —resopló, pasándose el brazo por su rostro. Solo entonces pude notar que él había comenzado a llorar—. ¡Todo este tiempo culpándome! Sintiéndome inútil y miserable por no poder retener a mi mejor amigo y por no saber qué le sucedía a mi hermana melliza que cada día se alejaba más de mí. Cuando decidí seguirte imaginé todos los escenarios posibles, no que te encontraría metida en los brazos del sujeto por el que me he esforzado por traer a casa.

Sus palabras me dolían. Mi pecho dolía más que mi mejilla, que latía sin parar. Yo no sabía qué decir. Mi traición había sido descubierta. Mi hermano ya lo sabía y yo simplemente estaba allí, tirada en el suelo viendo cómo todo se iba a la mierda.

Él no me dejó reaccionar.

— ¿Cómo pudiste? —exclamó, caminando hacia mí. Me levantó sujetándome por la camisa y suspendiendome en el aire. No me defendí—. ¡Responde, maldita sea!

— Yo... —no sabía qué decirle. ¿Qué palabras podía usar en mi defensa? ¿Que amaba a Sasuke y que traicioné a mi aldea y a mi familia por él? No me sentía arrepentida por mis acciones.

— ¡No te atrevas a negarlo! —exclamó, tirándome al suelo en un golpe seco—. Yo mismo te vi. ¡Los vi juntos! Estabas abrazándolo y besándolo tal y como si nosotros no te importáramos. ¿Cómo pudiste?

— Espera, Naruto —entonces, me puse de pie—. Sé que estás molesto. Pero, debes saber que... —él no me dejó continuar. Me interrumpió.

— ¿Saber qué? —murmuró—. ¿Saber que eres una maldita y asquerosa traidora? ¡Tú más que nadie sabes cuánto he luchado para traer de vuelta a mi mejor amigo!

— ¡Él no quiere regresar, Naruto! —proferí, alzando la voz—. Y si no te dije fue porque no lo entenderías, porque sabía que te pondrías como en este momento. ¡No entenderías que estoy enamorada de Sasuke! ¿Crees que puedes traerlo de vuelta de forma obligada? ¡Estás mal! Él no quiere regresar. No puedes simplemente obligarle. No te dije porque estás totalmente cegado. Todos ustedes lo están. Especialmente Sakura y tú. Creen que entienden lo que él siente y no es así.

— ¡Pudiste decírmelo! Soy tu hermano. ¿¡Cómo pudiste traicionarme!? Me he culpado todo este tiempo de su partida. He sufrido por lo mismo e incluso he llorado... —negó con la cabeza y posicionó sus manos—. ¡Kage Bunshin no Jutsu! —y de inmediato apareció un clon. Eso significaba una cosa.

Di un paso hacia atrás.

— No pienso pelear contigo —avisé observando como el clon le ayudaba a formar la esfera de chakra—. Perdóname. Sé que estás enojado. Tienes todo el derecho de estarlo. Si piensas atacarme, hazlo. Porque yo no pelearé contra ti.

— Pero yo sí pienso pelear —respondió él, totalmente poseído por la ira y el dolor—. No tolero a los traidores como tú —dicho esto, su clon desapareció y él se lanzó contra mí, dispuesto a acabar conmigo.

Yo solo cerré los ojos y esperé. Si mi destino era morir en manos de mi hermano mellizo por proteger al hombre que amaba, lo aceptaría.

Perdóname, Sasuke.

Escuché los fuertes pasos de mi hermano aproximarse. Sin embargo, nada sucedió. Una fuerte ráfaga de viento se interpuso, lanzándonos al suelo con fuerza.

Era él.

Sasuke estaba allí, con su katana a pocos centímetros de la tráquea de mi hermano.

— No te atrevas, Naruto —dijo Sasuke, con su voz amenazante.

— ¡Sasuke! —chillé yo por la sorpresa—. ¿Cómo es que...? —no completé la pregunta, pues él se adelantó a responderme.

— Percibí el chakra de Naruto cuando te marchabas, así que te seguí solo por si acaso —me explicó, sin bajar la guardia—. No pensaba intervenir, pero al ver que éste imbécil se lanzaba contra ti, no pude evitarlo.

— ¿Por qué haces esto, Sasuke? —murmuró Naruto, sin poder creer que su mejor amigo estuviera frente de él. Ignoraba por completo el objeto punzante en su cuello—. ¿Cómo es que estás con ella? ¿Por qué no regresas a la aldea? Te he seguido el rastro por años, intentando protegerte de Orochimaru e incluso de ti mismo... ¡Y esa basura siempre supo de ti! —gritó, poniéndose de pie una vez más, con la intención de dañarme. Él necesitaba dañarme. Podía verlo en sus ojos. Necesitaba hacerme sentir al menos un poco de ese dolor que estaba sintiendo él en ese momento. Lo que él no se imaginaba era que, yo lo estaba sintiendo.

— ¡No voy a permitirlo! —ésta vez, una gran corriente de chakra transformado en modo rayo, obligó a Naruto a detenerse. El estruendo retumbó en toda la casa, destruyendo el suelo de la habitación y quebrando los vidrios de la ventana—. ¡No voy a permitir que toques a la mujer que amo! —sus ojos ardían en un rubí tan aterrador como intimidante. Estaba furioso. Incluso yo sentía miedo de él.

Si bien era cierto que los Uchiha llevaban una fuerte carga de odio desde sus antepasados, también era cierto que tenían el poder de amar. Eran capaces de sentir el amor más grande, puro y apasionado que cualquiera. Lo suficiente como para conventirse el odio más poderoso y destructor.

Esa noche muchas cosas podían salir mal. Alguien podía morir... por mi culpa y no podía aceptarlo. No quería ver a mi hermano muerto. No quería ver a Sasuke muerto. Solo deseaba que todo fuera una pesadilla y que al despertar, todo estuviera bien. Que Sasuke jamás se hubiera ido de la aldea y que, fuéramos felices.

Pero, la realidad era otra y una muy dolorosa.

— ¿¡Qué demonios está...!? —mi padre entró a la habitación creyendo que se trataba de una discusión más entre mi hermano y yo. Generalmente peleábamos por cualquier tontería, pero ahora era diferente—. ¿Sasuke? —casi cayó de espalda al ver al pelinegro. Y yo, casi moría de un infarto. La presión en mi pecho y mi cabeza aumentaban. Solo pensaba en huir como una maldita cobarde y no regresar jamás.

Por instinto y de forma protectora, sin ocuparse de enfundar su arma Sasuke me rodeó con su brazo, pegándome a él. Yo estaba apunto de colapsar. No por la reacción que podría tener mi padre. Temía por la actitud tan agresiva de mi hermano. Yo no sería capaz de pelear contra él y sabía que Sasuke era capaz de matarlo. Lo menos que deseaba era ver a dos amigos enfrentados por mí culpa.

— ¿Quieres que te diga que sucede, papá? —vociferó Naruto, mirándome con desprecio—. Tu hija perfecta resultó ser una asquerosa traidora. ¿Recuerdas el montón de veces que me acompañó a buscar a Sasuke? Ella supo de su paradero todo el tiempo. ¡Todo el maldito tiempo!

— ¿Eso es cierto, hija? —cuestionó mi padre, observándome—. ¿Rompiste las reglas? —no alzó el tono de su voz, no se alteró—. Eran misiones oficiales —me recordó, tensando su mandíbula—. Lo sabes.

— Es cierto, papá —respondí sin alejarme de Sasuke—. Lo supe todo el tiempo. Rompí las reglas de la aldea para protegerlo. Sasuke me pidió hablar con ustedes, pero yo... —me aferré más a él, sintiendo mis ojos llenarse de lágrimas—. Me negué.

— No permitiré que le hagan daño —intervino Sasuke una vez que terminé de hablar—. Amo a su hija. La he amado toda mi vida. Ella es todo lo que tengo. A diferencia de todos ustedes, ella me entiende. Ésta maldita aldea no tiene ni la más remota idea de lo que siento. Creen saberlo, pero no es así.

— Nadie lastimará a Nori, Sasuke —respondió mi padre, tal y como si intentara tranquilizarlo. Como si negociara con un delincuente que tiene de rehén a un inocente. A pesar de mostrarse tranquilo, podía notar su ansiedad.

Perdóname, padre.

—La última vez que lograron localizarte —continuó papá—. Tú intentaste hacerlos entrar en razón aplicándoles un Genjutsu que casi despierta al Kyūbi. Les hiciste ver que mi hija era asesinada por ti. ¿Por qué simplemente no atacarlos?

— ¿Es que no lo entiendes, Minato? —resopló Sasuke—. La única razón por la que no me he aliado a Orochimaru para destruir Konoha, la única razón por la que no he asesinado a Naruto es por ella. Nada más. Ésta aldea y éstas personas no me importan. No son más que estorbos en mi meta.

— Hablas de asesinar a tu hermano.

Sasuke asintió.

— Creo que ha llegado el momento de contarte la verdad, Sasuke —papá caminó hacia mi hermano y acto seguido, mi madre entró a la habitación.

Sin al menos mirarme y con un rostro cargado de seriedad, mi mamá tomó del brazo a Naruto y lo sacó de mi cuarto.

Mientras tanto, Sasuke seguía en guardia y yo también.

— Posiblemente éste arriesgando mi puesto como Hokage y mi vida, así como la vida de los aldeanos. Sin embargo, ya no puedo ocultarlo más —papá fue al grano en cuanto nos encontramos solos—. Yo lo sabía. Todo éste tiempo lo supe. Conocía de su relación. Así como conocía del plan para desaparecer al clan Uchiha.

Mi padre lo sabía.

Lo supo todo el tiempo.

Ahora, ¿quién era el verdadero traidor?

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top