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CAPÍTULO SEIS

— Tenemos que decirle a tus padres —murmuró Sasuke con un dócil y casi relajante tono de voz, dejando un beso en mi cuello. Tomó un mechón de mi larga cabellera y lo enrolló en su dedo para juguetear con él.

— Lo sé —respondí yo entrecerrando los ojos, para de inmediato sentir los labios de mi novio llegar al hueco de mi cuello y sorprenderme con otro beso en mi traquea.

Un jadeo inesperado se escapó de mis labios. Lo admito, me sentí tremendamente débil por un momento. Él tenía un gran poder sobre mí. Un poder casi sobrenatural.

— ¿Y qué esperamos? —ahora habló a mi oído y tomó entre sus labios el lóbulo de mi oreja, respirando allí, en esa zona tan sensible para mí, al mismo tiempo que yo luchaba por mantenerme firme—. Estos años juntos me parecen suficiente y estoy loco por hacerle entender a tus pretendientes que eres mía —ahora, el tono de su voz se transformó, pasando de dócil a seductor. Su voz ronca hizo eco en fuero interno. ¡Sentía que me estaba derritiendo!

Un gemido que no pude contener, abandonó mi traidora garganta. Tragué saliva dolorosamente y me azoté mentalmente, volviendo en sí.

Totalmente rendida, me giré y le tomé de la barbilla para abrir paso a una acalorada ronda de besos. Mientras mi mano izquierda acariciaba su cabello, mi mano derecha disfrutaba dejando tentativas y lentas caricias en la pierna de él. Me gustaba provocarle. Me gustaba sentir que yo también tenía poder sobre él.

— No sé cómo vayan a tomárselo —dije yo minutos más tarde, recargándome en su hombro—. Estoy segura de que Naruto me odiaría por estar contigo. Ha pasado mucho tiempo buscándote, Sasuke. Lo sabes. 

Sasuke me rodeó con sus brazos de forma protectora. Cerró sus ojos y ocultó su rostro entre mi cabello. Se sentía bien. Su cercanía y su calor, se sentían bien.

— No puedo volver —sus palabras salieron apretadas. Era un tema que le dolía. Ambos lo sabíamos. A mí también me dolía—. Lo sabes. Aun así, yo quiero...

Él era capaz de arriesgarse por mí y yo no sabía cómo procesarlo. Quería protegerle, no arriesgarle.

— Él no lo entiende —mis dedos se colaron por el pecho parcialmente desnudo de mi novio y llegaron hasta la zona de su corazón, con la intención de sentir sus latidos.

¿Cuánto tiempo había pasado ya desde que estábamos juntos? ¿Cuándo había comenzado mi traición? Mi traición hacia mi familia y mi aldea. Los años pasaron tan rápidos y tan lentos al mismo tiempo. Tan dulces y amargos. Sin embargo, jamás me cuestioné sobre mis decisiones. Excepto cuando de proteger a Sasuke se trataba. Quería hacer lo mejor para él.

— Quiero arriesgarme por ti —insistió él, mostrando ansiedad en su azabache mirada. Esa mirada que tanto me encantaba—. Eres lo único que tengo —soltó el abrazo para tomarme del rostro y mirarme fijamente—. Por favor. Hablemos con tu familia. Naruto debe entender que... —mi llanto le hizo callar.

Era un tema delicado. Simplemente no pude contener mis lágrimas.

— Sasuke —pronuncié su nombre con cariño y algo de fuerza, devolviéndole a la realidad.

— Tienes razón —él formó una pequeña sonrisa, cabizbajo—. El idiota de Naruto siempre de entrometido —rió sin ganas y se apresuró en secar mi rostro. Dejó un beso en mi frente y cerró los ojos, exhalando pausadamente.

Mientras tanto, mis dedos continuaron recorriendo su piel desnuda, acariciándole y recorriéndole con dulzura, con pequeños movimientos circulares y rectos. Él parecía disfrutarlo.

Estuvimos en silencio quién sabe por cuántos minutos. Disfrutando del silencio, de la noche y de la brisa; disfrutando de la compañía del otro y atesorando el momento en nuestras mentes y corazones, pues, que el día del encuentro con Itachi se aproximara significaba una cosa: nada aseguraba que Sasuke saliera con vida.

Yo sentía miedo. No quería perder a Sasuke. Mi Sasuke, con quien compartí desde muy pequeña y ahora era mi hombre en cuerpo, mente y alma.

No importaba que estuviéramos escondidos. No importaba el lugar o la hora. Tal cosa jamás había importado. Solo se trataba de nosotros.

Él y yo.

Una vez más, los brazos de mi Uchiha me estrecharon contra él, para luego recargase en la enorme roca debajo de nosotros.

Me acomodé sobre su pecho y cerré los ojos. Me sentía agotada, había trabajado todo el día en la oficina de mi padre y luego, corrí un par de horas para encontrarme con Sasuke. Aún así, no quería dormirme y las caricias que él dejaba sobre mi espalda, no ayudaban para nada.

— Duerme un poco —murmuro él, sin detener sus caricias.

Asentí y me dejé vencer por el sueño.

[...]

— Estaré contando los días para volver a verte —masculló Sasuke tomando con firmeza mi rostro, plantando un entusiasta y enardecido beso, reclamando como suyos, mis labios. Robándome el aliento y la cordura. Sobre todo la cordura.

Lo rodeé con mis brazos, aferrándome a él sin intención alguna de soltarlo. Exigía más de él. Más de sus besos. Más de sus caricias. Más de su tiempo. Yo estaba perdida e irremediablemente enamorada de Sasuke Uchiha y nadie podría cambiarlo, ni siquiera mi hermano mellizo. O al menos eso esperaba.

Ahora, mientras las manos del pelinegro llegaban más abajo de mi espalda, yo recorría la palidez de su pecho entre caricias. Pasando por la clavícula, hasta las costillas y de nuevo a su cuello.

Solo los dioses y deidades sabían cuando volveríamos a vernos.

Con mucha fuerza de voluntad, separamos nuestras bocas y él chocó su frente con la mía para recuperar el aire perdido. Nuestros alientos ardían.

— ¿Cuándo volveré a verte? —pregunté, con algo de temor en mi voz. La cercanía de ese día, me ponía nerviosa y ansiosa. El encuentro de los hermanos Uchiha podía significar la muerte de ambos.

— Pronto —respondió él, tensando su mandíbula—. Espero —murmuró ahora para sí mismo.

— Espero —repetí, mordiéndome el labio inferior—. Sí.

Llegué a la aldea después de medianoche. Me sentía tremendamente agotada, pero feliz de poder estar al menos unas horas con Sasuke. Ahora solo quedaba pedirle a las deidades porque él saliera con vida del enfrentamiento o que, mejor aún: ambos hermanos arreglaran sus asuntos sin sangre de por medio. Aunque, tal cosa era demasiado fantasiosa. El mismo Sasuke me había dicho que, para poder cerrar ese ciclo de dolor y odio, debía acabar con su hermano mayor. Lo triste de la situación era conocer todo el amor, toda la admiración que sentía Sasuke por Itachi. Y ahora, Sasuke le odiaba.

En casa, las luces estaban apagadas, lo cual significaba que todos estaban durmiendo. De un salto, entré a mí habitación y encendí la luz. Para mi sorpresa, mi hermano mellizo se encontraba de pie en medio de la alcoba. Parecía enojado.

— ¿Qué haces en mi habitación? —pregunté, quitándome mi abrigo—. Deberías estar durmiendo o viendo pornografía —me reí y deshice mis coletas.

Como respuesta, Naruto se aproximó a mí y estampó un golpe en mi mejilla lo suficientemente fuerte como para derribarme.

Entonces, entendí qué sucedía.

Eres una traidora.

Bastaron esas pocas palabras de su parte para hacerme entender que mi peor pesadilla se había vuelto realidad.

¿Cómo se había enterado?

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