Capítulo 8
Capítulo 8
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La semana avanzó como si el tiempo se hubiera vuelto lento, los días eran normales y tranquilos. Y eso para alguien como Rebekah Mikaelson, ya era un paraíso.
Esa mañana el pueblo organizaba una feria de libros usados frente a la biblioteca municipal. Todo el lugar estaba repleto de mesas de madera con maquinas de cafés instantáneo al paso, habían cuadernos antiguos y novelas nuevas u olvidadas.
Era la clase de lugar donde Emma Gilbert, aparentemente solía perderse por horas.
Rebekah decidió ir, ya que era parte de su rutina como Emma. Y lo admitía en silencio, algo en los libros la calmaba. Por algo escribir cada noche se le habia vuelto un hobbit.
—Hola, Emma —la saludó una mujer del comité de cultura—, llegaron algunos de esos volúmenes extraños que te gustaban. Los que tienen símbolos raros, ¿Quieres verlos?
—¿Símbolos? —Rebekah alzó una ceja con cautela, interesada en ello.
—Sí, como runas o marcas celtas.—Menciono, mientras sacaba unos libros de una de las cajas—. Los trajo una señora del norte, dice que los encontró en una biblioteca cerrada en Gaspé.
Rebekah aceptó los libros con curiosidad. Pero mientras hojeaba uno de los libros, uno en especial que trataba sobre antiguas creencias marinas y deidades de agua dulce. Algo hizo clic en su mente.
Sus pupilas se dilataron, el ruido del ambiente disminuyo... y fue entonces cuando miles de fragmentos de Emma estudiando sobre la existencia de eso le vino a la mente como un avalancha. Su cuerpo tembló ligeramente, antes de dar un paso hacía atrás con un jadeo.
—¿Estás bien? —preguntó la mujer alerta, luciendo preocupada.
—Sí...—dijo Rebekah con los ojos abiertos, parpadeando rápidamente con una sonrisa forzada—, solo una sensación extraña. Como un espasmo, no te preocupes.
Guardó el libro en su bolso sin pensarlo dos veces, antes de girarse y seguir a otros puestos.
[...]
Más tarde al volver a casa, puso a hervir agua para té. Ya que esos "recuerdos" la habian puesto inquieta y necesitaba relejarse.
Pero cuando volvió impaciente a la cocina, el fuego de la estufa estaba apagado. Pero al abrir la tetera el agua seguía burbujeando con fuerza, como si algo debajo lo siguiera calentando.
Sus ojos se abrieron de golpe, luciendo consternada y tapo la tetera, dio un paso atrás mientras extendía una mano hacía adelante. Cerro los ojos concentrada y bajo la mano luego de unos segundos, pero bajo tambien la temperatura del agua.
Abrió los parpados con lentitud, y suspiro con cansancio antes de darse la vuelta e irse.
Ya no estaba de humor para un té. Apago las luces y se encerró en la habitacion.
Más de noche.
Salio del baño y se dirigió hacía la cama, soltó un suspiro mientras agarraba un frasco, abriéndolo solo para sacar dos pastillas. Eran somníferos, Rebekah los habia comprado en la tarde ya que simplemente queria dormir profundamente sin interrupciones.
Ya con dos pastillas en mano, agarro el vaso del velador y puso las pastillas en su boca para luego empezar a dar un tragos de agua. Pero sin querer, un poco de agua se resbalo por debajo de la comisura de sus labios.
Se detuvo en seco, dándose cuenta del agua. Trago el agua restante de su boca y trato de limpiarse la barbilla, pero fue inútil.
—Oh, tienes que estar bromeando..—Comento Rebekah, gimiendo de frustración.
Su cuerpo se volvió más pesado haciendo que cayera hacia atrás, dejando caer el vaso por el suelo con un sonido fuerte.
La frazada la recibió con calma, Rebekah dejó caer la cabeza hacia atrás sobre la almohada con fuerza, mirando el techo con absoluta exasperación.
—Magnífico...—bufó sin humor—. Literalmente magnífico.
Intentó incorporarse apoyándose en los codos y levanto la parte superior de su cuerpo. Viendo la ya muy conocida escamas anaranjadas.
Intento arrastrarse hacia más atrás, y con ayuda de la frazada empezó a secarse. Pero eso le era muy cansado, hasta que en un punto volvió a tumbarse en la cama.
Estaba exhausta.
Sin superfuerza moverse con una cola enorme, que pesa quien sabe cuanto, era muy tedioso. Le era más difícil, ya que físicamente era humana.
Apretó los dientes y dejo caer con frustración una de sus manos sobre la cola. Cuando de repente, sintio una picazón que la hizo sobre saltarse. Se levanto de nuevo hacía arriba y observo como un ligero vapor se desprendía por donde estuvo su mano.
Miro su palma con cuidado, pensando en algo. Fue cuando se dio cuenta, por lo que entrecerrando los ojos extendió la mano hacía la cola con un solo pensamiento.
Sécate.
El vapor comenzó a llenar la habitación de inmediato, las escamas brillaron bajo el calor que emanaba de ella y poco a poco, la humedad desapareció.
Rebekah mantuvo la concentración incluso cuando la sensación comenzó a tensarle la mandíbula, y aunque le molestaba, no se detuvo hasta que por fin pudo sentir que tenia piernas de nuevo.
Retrajo la mano rápidamente y observó su cuerpo con incredulidad apenas contenida.
—Funciono..—Murmuro, pero luego frunció el ceño ante el vapor que aun seguia.
con un suspiro cansado se levantó, camino hasta la ventana y la abrió para dejar entrar el aire helado de la noche. El frío chocó contra su piel caliente, disipando poco a poco la niebla húmeda.
Se giro y camino hasta la cama, agarro la frazada por la parte no húmeda y la dejo en el cesto, sacando otra para esta vez de verdad dormir. Las pastillas ya estaban haciendo efecto.
Parecían ser algo de las 3 P.M. Esa tarde mientras paseaba por el mercado artesanal del pueblo, escuchó una conversación que le heló el pecho... aunque la brisa era cálida.
—Mi abuela decía que no había que mirar fijamente el agua al atardecer —dijo una mujer mayor a un niño cerca de una tienda—. Que si una ve a una mujer hermosa saliendo del lago con solo la parte superior, debes correr. Porque si te mira a los ojos... te roba el aliento y desapareces.
—¿Y por qué haría eso? —preguntó el niño, frunciendo el ceño.
—Porque esas mujeres no son humanas...—respondió con una sonrisa tranquila, pero con seriedad—. Son sirenas de tierra. Olvidadas por el mar y atrapadas aquí, buscando a quien llevarse.
El niño rió, soltando un "Ush, abuela" sin creerle.
Pero Rebekah se detuvo, como si algo dentro de ella reconociera algo. Entonces el suelo debajo de ella se rompió. Cayendo hacía abajo con fuerza, con la visión negra.
[...]
Los parpados de la rubia se movieron con lentitud, un gemido cansado escapó de sus labios mientras se giraba sobre la cama con incomodidad.
Sentía la cabeza pesada, como si hubiera dormido demasiado... o no hubiera descansado nada. Sus ojos se abrieron de una, haciendo que Rebekah frunza el ceño.
Arrugo la frente y se giro la cabeza hacia un lado, logrando vislumbrar el despertador sobre el velador.
12:00 P.M.
Soltó un quejido molesto y volvió a hundirse entre las mantas. Dándose cuenta de que todo había sido un sueño.
[...]
Tres días despues Rebekah volvió al lugar del la cueva justo antes del anochecer, como la vez anterior.
El bosque la recibió sin oposición alguna, y como la vez anterior el viento era suave, la luz dorada aún se colaba entre las hojas de las copas de los árboles.
Y la piscina seguía intacta allí. Tan majestuosa como lo recordaba, pero esta vez no se quedó en el borde. Se arrodilló con cautela, estiró la mano y la tocó.
El agua parecía estar viva, no estaba fría ni cálida. La superficie no se rompió como lo haría con un toque cualquiera. Al contrario, una leve vibración se extendió desde su dedo, como un pulso electromagnético.
Por un momento, creyó que el agua le devolvía la caricia. Como si la reconociera.
Retiró lentamente la mano y se secó los dedos con un pañuelo solo por costumbre, volvió la cabeza y observo unos segundos el agua... luego varios segundos, se zambullo.
En cuanto su cuerpo estuvo completamente sumergido, todas las emociones que pudieran existir explotaron atravesándola como una tormenta.
Abrió los ojos bajo el agua y observó las burbujas flotando a su alrededor mientras su cabello danzaba lentamente en la corriente invisible. Sonrió, y subió lentamente hacia la superficie, dejando que el aire llenara nuevamente sus pulmones mientras el agua resbalaba por su piel.
Cuando volvió al pueblo esa noche no escribió nada. No porque no tuviera qué decir, sino porque había cosas que solo podían sentirse... y esa vez era una de ellas.
[...]
Días después, bajo un cielo nublado que anunciaba lluvia pero nunca lo hacía, Rebekah caminaba entre las calles con un café en la mano. Todo era normal para ella, o casi.
—¿Emma?
La voz la sacó del momento. Era Steven, ella se giro y pudo ver que traía puesta una chaqueta que se encontraba abierta, tenía ese aire de hombre que sabe escuchar de todo. Incluso cuando no lo invitan.
Ella lo miro un segundo, y luego lo saludó con una sonrisa.
—Pensé que estabas ocupado con los niños del taller esta semana.—dijo ella, intentando sonar casual.
—Lo estuve.—respondió, abriendo ligeramente sus labios en una pequeña sonrisa—. Pero ya sabes, la vida encuentra formas de desviarme.
Rebekah ladeo la cabeza, y luego simplemente se giro. Él empezó a caminar a su lado, sin que ella lo evitara.
—¿Y tú? —pregunto él, mirando su rostro con una leve preocupación detrás de la voz—. Te he notado... distinta estos días.
Rebekah entrecerró lo ojos, confundida.
—¿Distinta cómo?—pregunto, girándose hacía él brevemente.
—Más tranquila de lo usual.—respondió, tratando de empezar con humor—. Pero también más... ausente. Como si estuvieras pasando por algo otra vez...
Rebekah bajó la mirada, analizando todo eso. No sabia que pensar, y lo peor era que era cierto.
—No soy muy buena en fingir, ¿verdad?—Comento con ironía, mirando hacia el frente.
Steven no le respondió, ya que no sabía si debía contestarle con la verdad. Por lo que solo caminó un poco más a su lado, y luego de unos segundos se detuvo en seco.
—¿Estás huyendo de algo, Emma?
La pregunta le cayó como piedra aplastando un charco. Ella respiró hondo y se puso firme, preparándose mentalmente para algo.
—No estoy huyendo.—Declaro, aplanando los labios—. Estoy recordando lo que significa vivir en... paz.—Dijo, sin querer mirarlo. Si bien no mintió, tampoco se sincero, por lo que no sentía que fueran las palabra correctas.
Steven frunció el ceño, no por molestia a que esquivara sus preguntas, sino porque no entendía del todo esa razón.
Ella entonces lo miró por unos segundos más de los que debía. Como si algo dentro de ella quisiera decir la verdad, pero no pudiera para protegerlo.
Entrar al mundo sobrenatural no era bueno y seguro para todos.
—Y tú, Steven... ¿tú también estás escondiendo algo?—cuestiono ella, dándole una mirada analítica de reojo. Queria molestarlo un poco.
Él pareció paralizarse solo por un momento, antes de recobrar la compostura.
—¿Eso crees?—pregunto, luciendo algo sonrojado.
—No lo sé.—dijo ella con una media sonrisa burlona—. Pero no eres tan simple como pareces.
Steven rió muy bajo y desvió la mirada, obviamente se habia puesto un poco incómodo.
—Supongo que todos llevamos algo a cuestas.
Ella asintió sin más, caminaron el resto del trayecto en silencio, pero no un silencio incomodo y asfixiante. Sino un silencio distinto, de esos que no necesitan palabras ni excusas para explicarse... porque los corazones ya empezaron a entenderse.
La luna llena colgaba alta en el cielo nocturno, invisible tras las nubes.
Rebekah no la notó. No porque no la sintiera importante, sino porque había dejado de contar los días al decidir que todo se fuera a la mierda, mientras ella pudiera disfrutar de su vida.
Se duchó tarde como hacía últimamente. El agua estaba tibia, su cabello mojado caía como finos hilos de seda sobre los hombros en la bañera. Era su momento de calma.
Pero cuando salió toda el agua de la bañera, e intento secarse noto con confusion que la cola no desaparecía. Por lo que se dio cuenta de que podria ser que aun estuviera húmedo, asi que como pudo se bajo hasta el suelo con un sonido estruendoso.
Se dio vuelta y se acomodo, pero justo antes de agarrar de nuevo la toalla, recordó eso.
Una idea paso por su mente tan rapido, que dejo la toalla hacía un lado y extendió una mano hacía la cola. Concentrándose en lo que sucederia.
El vapor inundo el cuarto de baño, pero los segundos pasaban y pasaban sin todavía sentir el cambio. Cosa que la confundió, procedió a retirar la mano para ver que sucedía.
Y se llego una sorpresa al sentir con sus manos como las escamas parecían ya estar secas, no habia ninguna gota de agua visible.
Trago saliva mientras miraba asustada la cola. Rebekah jadeó en cuanto termino arrastrándose lejos del cuarto de baño.
El corazón le latía con fuerza, mientras que sus manos temblaban. Estaba sobre la alfombra seca, no habia humedad que hiciera que siguiera transformada.
—No... no puede ser... —murmuró, con voz cortada.
Miró el suelo, cansada de tanto peso. Por lo que siguió avanzando más, para luego rendirse y tumbarse en la alfombra. No sin antes girarse, ya que estar boca abajo era muy incomodo.
Pero para su mala suerte, se había olvidado que el balcón estaba abierto. Sus ojos siguieron la luz partida, hasta fijarse en la luz de la noche estrellada.
Eso fue todo lo que necesitó falta, la luna en su máximo esplendor hizo el resto.
[...]
Amaneció con el cuerpo adormilado. Rebekah apenas y podia aclarar su vista, y cuando lo hizo rápidamente se reviso a si misma. Notando para su muy buena suerte que ya no tenía cola de pez, sino sus piernas humanas.
Su alivio duro poco, ya que cuando se levanto y observo a su alrededor vio algo que la dejo perpleja.
Todo el lugar parecía un basurero. En las mesas y mesón habían restos de lo que parecían ser platos huesos de pollo, pescado, cangrejo y otro animal marino.
El suelo estaba lleno de bolsas y envoltorios, muchas del servicio a habitacion del hotel y otras de un supermercado cercano.
Se reviso las mano y abrió los ojos con horror, sus manos muy cuidadas tenían resto de grasa en los dedos. Los cuales estaban pegajosos, y en sus uñas se podia ver que habían restos de esa misma grasa dejo de ellas.
Rebekah hizo una mueca de asco imposible de evitar. Mientras observaba todo lo que al parecer "ella" habia hecho.
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28/04/2026
Holaaa, lamento la tardanza. 😭😔Es que no pense que llegarian rapido a la meta, y se me fue revisar los votos.
Pero bueno, aqui esta. Espero y les guste.
Los amo<3
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