Capítulo 7
Capítulo 7
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La noche había caído muy pronto. Rebekah intentó leer, caminar, incluso meditar como Emma aparentemente solía hacer, pero nada la calmaba.
Desde el incidente con el vapor del espejo, algo había quedado zumbando en su interior. Era... nostalgia y también culpa, como un sentimiento familiar que no podia ignorar del todo.
Encendió el computador portátil, apretó los labios algo indecisa sobre lo que hacía. No abriría redes sociales con su nombre. No se expondría de esa manera tan tonta, no era una primeriza en cambiar de identidad pero... necesitaba saber sobre ellos.
Necesitaba señales de su familia.
Rebekah tecleó en la barra de búsqueda rápidamente, como si todo se fuera a borrar cuanto más tiempo se tardara.
"Incidentes extraños Nueva Orleans"
"Extrañas desapariciones, New Orleans"
"Plantas muertas no explicados"
Las primeras noticias eran típicas. Explosiones sin causa, pequeños incendios o desastres sin responsables, testigos con historias contradictorias. Pero entre las noticias más pequeñas, apareció algo que le hizo latir el corazón más fuerte.
"Explosión leve en las afueras del cementerio de Lafayette. Testigos afirman haber visto a un hombre con heridas que dejarían cicatrices en la cara y una joven cargando a un bebé envuelto en una manta roja."
Una imagen borrosa adjunta acompañaba la nota, tomada desde lejos. Pero la silueta de Elijah, incluso desenfocada era inconfundible de reconocer y junto a él, una mujer de espaldas con un bulto en brazos.
Eran Hayley y Hope.
Buscó con más precisión, pero con dudas aun rondando por su mente.
"Mikaelson"
Nada oficial, varios link's de dudosa información y tiendas con nombres similares. Pero en un foro de "avistamientos sobrenaturales", encontró una entrada de hacía semanas. Era un post anónimo y sin un nombre real.
"Vi a una pareja en Jackson Square huyendo de noche. La mujer llevaba un bebé. Al querer acercarme, vi que la mujer tenía los ojos normales pero por un segundo brillaron de amarillo. Por un momento.. sentí muchísimo miedo."
Rebekah se apartó de la pantalla rapidez, tragando saliva.
Hope.
Esa niña que no debería existir y al mismo tiempo... era lo único puro que le quedaba del futuro de su familia.
De pronto, se sintió mareada. Como si el aire se volviera más denso y por un instante, solo un parpadeo, vio en su mente algo que no queria ver.
El rostro de Hope de bebé. Sonriendo y extendiendo los brazos, un escenario de si ella seguia allí con ellos. Algo que vivió muchas veces cuando la encomendaron cuidarla por un tiempo.
Rebekah se levantó de golpe, alejándose del computador con evidente sentimiento a flor de piel.
—No...—Murmuró, bufando—. No ahora.
Pero el zumbido de la incertidumbre persistía como una voz lejana que le reclamaba por dejar a su familia.
Esa noche escribió con algo de pesar, sintiendo un sentimiento agrio aglomerarse en su ser.
"No he dejado de ser hermana, ni tía. Y aunque no puedo estar allí.. sigo sangrando por ellos."
Se quedó mirando las palabras unos segundos, como si esperara que cambiaran. Pero no lo hicieron. Cerró el cuaderno con más fuerza de la necesaria, logrando que el golpe seco rompiera el silencio de la habitación.
[...]
La noche se sintio absolutamente larga. Rebekah no había encendido ninguna luz, ni puesto música, o algún ruido que podria provenir del televisor que desde hace horas se encontraba apagado.
En ese lugar solo se escuchaba el crujido de sus pisadas.
Con su mente dando vueltas y con Hope en ella, su sobrina tan pequeña pero que se encontraba tan lejos. Se removió en la cama, antes de intentar relejar su mente.
El sueño recien la encontró cuando el cielo ya estaba aclarando, y lo que soñó fue algo inesperado.
Ella caminaba por el antiguo patio de la mansión Mikaelson en 1820. No estaba remodelada para la actualidad, estaba como antes de que recibieran las dagas y huyeran de New Orlenas... sereno y poderoso.
Pero ahí, a mitad del patio estaba sentada en el suelo de piedra una pequeña figura envuelta en una manta color vino.
Hope.
Rebekah no sabía como.. pero sabia y sentia que era ella. No hablaba o hacía sonidos de habla por que aun era una bebé, ni flotaba en el aire como solía bromear Kol que haría. Solo alzaba las manos, quería que Rebekah la cargara.
Pero Rebekah no podía moverse, como si algo... la atara al suelo. Las manos de la bebé temblaban y aunque no lloraba, sus ojos azules brillaban con una tristeza que Rebekah nunca olvidaría.
Cuando al fin logró dar un paso... Hope desapareció y solo el llanto se lograba escuchar por todo el lugar.
Rebekah se despertó sudando, con el corazón latiendo fuerte en su pecho humano. Unas pequeñas lagrimas se le salieron de manera inconsciente, con un fuerte nudo en la garganta.
Solo fue un sueño provocado del sentimiento de culpa y remordimiento que sentía. Sabía que no fue real, pero dolía como si fuera real.
[...]
Rebekah ese día decidió salir como nunca. No podía quedarse encerrada en esa habitación y no disfrutar de los placeres mundanos de ser humana.
Había un evento local cerca del centro del pueblo, una pequeña feria cultural junto a una plaza cercana al río, con artesanías locales y originarias de la fundación del mismo lugar donde residían, habría música y muchos puestos de comida.
Caminó entre la gente, el aire frío le despejaba la mente. Los sonidos eran muy tranquilos y cotidianos, que la calmaban de sobremanera. Por un momento, se permitió sonreír y pensar en otra cosa en vez de solo fingir que estaba bien luego de ese sueño.
Eso fue hasta que un niño tropezó cerca de un carrito de bebidas cerca de ella. Una botella se volcó, y el contenido cayó a los pies de Rebekah, salpicando casi en el borde de sus jeans.
—¡Lo siento mucho!—exclamo el niño con los ojos abiertos, luciendo miedoso antes de correr lejos de ahí.
Su cuerpo reaccionó de inmediato. Un escalofrió le recorrió su columna, y antes de que pudiera pensar en algo ya estaba dando un paso hacia atrás abruptamente. El suelo bajo ella crujió por el movimiento abrupto, Rebekah miro el lugar mojado fijamente con fuerza.
Entrecerró los ojos concentrándose, y durante una fracción de segundo, el charco empezó a formar una escarcha fina, como si el invierno se concentrara allí.
Rebekah soltó un suspiro, jadeando con incredulidad dándose cuenta de que habia logrado tener control sobre esos.. poderes. Bufo mientras fingía sacudirse la ropa.
—¿Emma? —Preguntó una mujer que pasaba por ahi al verla palidecer hace unos segundos, esa mujer era con la que solía encontrársela en el supermercado.
Rebekah fingió toser, mientras sacudió la cabeza ligeramente. Formando una sonrisa, mientras la saludaba haciendo un cara de que la reconocía.
—Estoy bien, solo... casi me mojé un poco.—Mintió, y con la punta del zapato piso la escarcha.
Nadie más lo notó, ya que nadie más miro dos veces la acción por estar más distraídos en sus cosas.
Pero ella sí lo sintió. Estaba haciendo suyo ese poder, y cada vez aprendía mejor.
[...]
Volvió a casa temprano luego de unas horas de deambular por todo el lugar de gente, tratando de distraerse de lo sucedido. Y lo hizo, solo que luego de un tiempo ese pensamiento volvió y esta vez no pudo y desistió de seguir.
Se duchó un largo rato bajo el agua caliente en la tina, mientras su cola naranja sobresalía por el otro extremo de la tina llena de burbujas. Después de ducharse, y quedarse en silencio en la cama se dispuso a intentar dormir.
Pero no lo logro.. no podía, sentia la necesidad de hacer algo. Algo a lo que lamentablemente la hacía sentir mejor.
No aguanto más y se levanto, prendiendo la luz busco el libro en el primer cajón cerca de su cama.
Agarro una lapicera y... por inercia, subrayó el nombre de Hope, su sobrina preciosa que no hacia ningún mal y ya la estaban queriendo matar incluso antes del nacimiento.
Lo subrayo dos veces con mucha fuerza.
[...]
Rebekah había pasado toda la mañana revisando un cuaderno viejo que Emma había marcado como "teorías sin sentido". Pero para Rebekah, esas notas tenían un patrón común que si alguien que no conociera de magia pasaría por altos ciertos detalles.
Emma habia escrito sobre formaciones lunares en varios lugares del mundo, que incluso parecían ser protectores de cuerpos de agua, según su forma de describirlo. Y uno que otro talismán raro que ella presentía que no eran solo "baratijas" de estafadores.
Ademas de interesarse por culturas indígenas en regiones cercanas a manantiales activos que había descubierto en lo largo de su viaje.
Hacía mucho que habia aceptado que ser.. sirena no venía con un manual de instrucciones, no como en el caso de las brujas. Ella solo tenía teorías y posibilidades, las cuales podrían ser o no ciertas.
Pero eran un punto de partida, y eso bastaba para Rebekah. Pero sabía que aún no era momento de actuar, pero sabía que pronto tendría que hacerlo. Y esperaba que eso no afectara su vida de lo más parecido a lo que tenía de ser humana.
El timbre sonó mientras ella estaba por cerrar el cuaderno. Rebekah no esperaba a nadie, por lo que se congeló un segundo en su lugar, luego se levanto con cuidado y caminó con calma hasta la puerta y la abrió.
Y para su sorpresa, pero tonta intuición... ahí estaba Steven, con una bolsa de papel en la mano y una sonrisa torpe colgada de su rostro.
—Hola.—Saludo él, de manera casual.
—¿Te perdiste? —Preguntó ella, aun sosteniendo la puerta.
—No. Solo, pensé que podría traer té.—Decía Steven, moviendo sus cejas—. Del bueno esta vez. El de hibisco que dijiste que no era terrible.—Menciono con una sonrisa alzando la bolsa en su mano.
Ella lo miró con emociones entre sospechosa y divertida. Pero no molesta, era más como... confianza en ello.
—¿Y lo trajiste hasta aquí solo por eso?—Cuestiono Rebekah, mirándolo de arriba abajo.
—Sí. Bueno, y porque tengo una habilidad sobrenatural para sentir cuando alguien está evitando el mundo.—Bromeo, tratando de hacerla reir.
Rebekah le sostuvo la mirada, tratando de ser desafiante. Pero algo en su interior tembló, haciéndola derribar su terrible fachada.
—No necesitaba compañía.—Murmuro Rebekah desviando la mirada con una sonrisa.
—Lo sé..—Respondió él, entrando de todos modos—. Pero eso nunca detuvo a nadie terco.
Rebekah abrió la boca pero no dijo nada ante tal confianza, pero bufo un poco y cerro la puerta antes de seguirlo.
Despues de casi diez minutos se sentaron en el sofá, con tazas humeantes entre las manos. El silencio no fue incómodo y eso fue lo más raro, ya que a veces era incomodo empezar una conversación.
—¿Estás bien? —preguntó Steven finalmente, en voz baja tomando un sorbo a su vaso.
Ella no respondió al instante, se limitó a mirar la superficie del té tratando de pensar.
—He estado pensando en... cosas.—Respondió Rebekah, tratando de ser simple y a la vez decir lo sucedido.
—¿Cosas como en "necesito aire"? ¿O cosas como en "todo en mi vida está cambiando y no sé qué es real en mi vida ahora"?—Cuestiono Steven, sugiriendo opciones.
Rebekah alzó una ceja, sorprendida.
—¿Y tú desde cuándo sabes leer mentes?
Steven se encogió de hombros, mientras giraba los ojos ante ese comentario.
—No lo sé. Supongo que digamos que... solo presto atención.
Rebekah asintió, quedándose en silencio mientras soplaba la superficie del té antes de darle un sorbo con cuidado.
—Emma...—Dijo Steven, de pronto—, no sé qué pasó antes de que llegaras a este pueblo. No sé qué te cambio o que dejaste atrás. Pero si alguna vez quieres decirlo.. no voy a juzgarte.
Rebekah apretó la taza con más fuerza. No quería llorar, no queria mostrarse de esa manera en frente de él.. ni dejar que esa barrera cediera.
Pero por alguna razón, su voz salió... suave.
—No sé si algún día lo haga. Pero gracias.—Agradeció, en voz baja mirando a Steven.
Steven asintió, no insistió y solo se quedó allí a su lado sin pedir más a cambio.
Más tarde cuando él se fue, Rebekah volvió a mirar el cuaderno. Y al cabo de varios minutos lo cerró con cuidado y esta vez, escribió en uno nuevo que estaba prácticamente vacío.
"Él es más observador de lo que esperaba, es muy paciente conmigo.. y eso es peligroso para mí."
Rebekah miro la letras, sintiendo como una sensación extraña le atravesaba el estomago. Porque si Steven seguía acercándose... ella debía de buscar la manera de que eso no se vuelva malo.
[...]
El cielo comenzaba a teñirse de colores oro y carmesí cuando Rebekah cerró el cuaderno de Emma y tomó la mochila. Había una zona en un punto señalado con una estrella pequeña en un mapa que Emma había dibujado a mano. No tenía nombre, solo una nota vaga y nada más.
Y sin embargo algo en esas palabras le decían algo, como si Emma aun sin estar allí, siguiera guiándola hacia sí misma.
El sendero era largo, cubierto por raíces y ramas secas. Estaba al este del lago principal, más allá de los senderos conocidos y por suerte Rebekah no se cruzó con nadie, estaba agradecida por eso ya que no queria dar explicaciones a nadie.
Al cabo de veinte minutos, los árboles se abrieron mostrando varias formaciones de roca. Miro el mapa, y siguió buscando entre ellas y cuando estaba por rendirse.. encontró lo impensado.
Una pequeña formación rocosa casi natural, estaba entrecruzada con vetas de cuarzo la poca luz que había caía en ellos como una sombra. Parpadeo y lentamente comenzó a adentrarse en el espacio entre las rocas.
Prendió la linterna del celular, avanzando con extremado cuidado hasta que cruzo un pequeño umbral y fue cuando todo se ilumino.
El espacio se agrando, había un gran agujero lleno de agua que parecía una piscina resplandecía de la poca luz que entraba por una apertura en lo que parecía el techo. Y al centro, había una hendidura profunda de donde emergía una fuente de agua perfectamente cristalina, sin una roca o tierra flotando.
El sol del atardecer le daba al agua un brillo anaranjado y dorado, igual a lo que Emma había descrito en sus teorías sobre las piscinas lunares. No era igual, no del todo.. pero se sentía igual de mágica. Era tan silencioso y tan magnético a la vez, como una belleza que parecía imposible.
Rebekah se arrodilló cerca, el agua no tenía olor. No parecía que provenía de alguna corriente, el agua solo bajaba con lentitud, era como si el tiempo mismo se hubiera detenido allí.
Su reflejo se proyectó en la superficie, pero por un instante no era solo su rostro. Era ella.. pero más joven y más inocente. No como Emma, era la Rebekah que quería ser madre, la que protegía a Hope como si fuera suya.. la que había querido amor más que poder.
Y cuando Rebekah parpadeó, la imagen desapareció mostrando solo el reflejo del cuerpo actual. No se acercó más y tampoco tocó el agua, pero se quedó allí sentada en el suelo, como si su cuerpo supiera que algo importante acababa de ocurrir.
Algo sutil.. algo que no podía explicar con palabras, pero que ya la había estado cambiando hace mucho.
Cuando el sol bajó del todo, se puso de pie con la linterna prendida.
—¿Quién soy para mí... ahora? —Susurró al aire silencioso, mirando el estanque por última vez.
Nadie le dio respuesta, el sonido del agua bajando era lo único que se podia escuchar mientras ella se iba alejando,
Esa misma noche, Rebekah escribió con un sentimiento parecido a la paz que había encontrado en si misma.
"No todas las respuestas están escritas. Algunas se sienten. Y hoy, sentí que este cuerpo no es una bendición o maldición... sino una llave a otra parte de mí misma que aún no conozco."
Luego cerró el cuaderno sintiendo como un peso se quitaba de sus hombros, una pequeña sonrisa casi imperceptible se formo en su rostro.
Porque eso, el agua... se había convertido en parte de ella, ahora y para siempre.
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Holaaaa espero y les guste.
Comenten que les gusto, y no se olviden de votar y no ser lectores fantasmas.
Ya que vi que muchos veían el capítulo pero no votaban, y asi no se podia desbloquear el siguiente capítulo para los que Sí querían seguir leyendo y votaron.
Eso es todo, bye bye.
Los amo<3
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