Capítulo 58

Power - Little Mix. One hour 

Solo los fuertes llegaran al final... y no me refiero del capítulo.

Oleg toma mi mano y nos lleva a un espacio en el que se encuentra una cama. Lo observo, pero él no hace lo mismo.

Ya no quiero pensar en tanto, sé que las cosas siguen tensas, pero que ninguno haya terminado nuestra retorcida relación es motivo suficiente para saber que, a pesar de todo, no queremos seguir sin el otro y a mi retorcida manera de verlo, me gusta.

Me acuesto y él lo hace frente a mí, lo veo sin dejar de disfrutar los momentos en los que puedo apreciarlo. Llevo mi mano a su cabello rubio y lo acaricio, percatándome que otra vez estoy pensando en mi maldito sueño.

El cabello de ellos también era rubio, tenían sus ojos y es lo que más me duele.

Nunca podré saber como hubieran sido, pero sé que debo continuar.

Cada maldito día, cuando lo único que quiero es seguir consumiéndome, no lo hago porque sé que debo continuar, por lo que me quitaron, por Oleg, pero sobre todo, por mí.

Necesito calmar el dolor en mi pecho, pero no podré hasta ver a los causantes rendidos a mis pies, suplicando lo que jamás obtendrán.

Piedad.

—Cuando te pierdes en tus pensamientos, frunces la nariz. —Oleg me saca de mis pensamientos.

Parpadeo dos veces al percatarme de que tengo su camisa en un puño, pero no lo aflojo.

—Eso significa que en algunos años necesitaré bótox. —bromeo.

Una suave sonrisa se apodera de sus labios y me escondo en su pecho para que no vea la mía.

No sé qué me pasa con él, siempre estoy sensible y no tengo problemas en dormir.

En otras ocasiones el insomnio es una mierda, pero con él no y me gusta esa sensación, pero también tengo miedo porque por primera quiero pensar en un futuro con otra persona y... no veo nada.

Dejo de pensar por qué al llegar a México todos volverán a ver a la misma doctora, inalcanzable para muchos y temible para el resto.

Soy Alessia Carvajal y ni lo que me rompió en mil pedazos logró doblegarme por completo.

Sigo de pie, con muchas grietas y heridas que aún no sanan, pero de pie y con ganas de vengarme y comerme al mundo.

***

Horas más tarde llegamos a México y por primera vez desde las veces que he hecho el viaje, no me siento cansada.

—¿Vamos al cuartel? —indago al ver todo el arsenal que están bajando y metiéndolo en distintos vehículos.

Debo admitir que me sorprendió no utilizar la pista del cuartel.

—No. —toma mi cintura y me lleva a un todoterreno—. Ellos esperarán mis órdenes en un lugar seguro, nosotros vamos a tu apartamento.

Cierra la puerta y me congelo porque eso no es posible.

—Hay un problema. —me da su atención—. Vendí mi apartamento, mi... y casi todo lo mío.

Me mira raro.

—¿No pensabas volver?

—Tengo mi hospital en México, si iba a volver, lo que pasa es que necesitaba deshacerme de ellos para invertir en otros negocios.

No hace más preguntas al saber de qué negocios hablo, no hemos tocado el tema, pero en su momento lo haremos y no será bonito.

—No podemos ir a la mía porque Rustam llevo a Montserrat y no se me apetece verla. —arrugo las cejas.

—¿Quién demonios es Montserrat?

—Una inútil que rescate de una banda de criminales. —mi mente empieza a trabajar con la idea de una mujer en su casa—. Un hotel ni siquiera es una opción, así que elige. —continúa sin dejarme protestar.

Me tiende su móvil que desde hace unos minutos manejaba y ahora sé el motivo.

Hay varias casas en venta por las zonas más apartadas de la ciudad y eso me gusta.

No hay nada barato ni pequeño, todo se resume a mansiones con enormes espacios y ni se diga de los alrededores. Me decido por una que se parece a la suya en Rusia y cuando se la muestro asiente.

—¿No la iremos a ver y si no nos gusta vemos otras opciones? —me recuesto en el asiento para verlo de perfil—. Eso hacen las parejas que buscan comenzar de cero. —me paralizo.

Tras mi declaración nos quedamos en silencio que para mí se ha vuelto angustiantes. Mierda. Pareja, casa, cero... familia.

Oleg carraspea y no sé a donde fueron sus pensamientos, pero hay algo diferente, o quizás soy yo la paranoica que todo lo asocia con las desgracias.

—No, si no te gusta compramos otra. —le resta importancia.

—Bien, pero aportaré para la mitad. —niega como si mis palabras fueran lo peor que ha escuchado—. No está a discusión, quiero mi nombre en las escrituras.

—¿Qué te hace pensar que no lo estará? —no respondo—. Será nuestra, fin del tema.

—No eres el único rico en este auto. —me molesto—. Mis cuentas de banco tienen muchos ceros, porque si lo olvidas, soy propietaria de una...

—Esto no se trata de dinero, sino de algo que quiero hacer, ni tus cuentas ni las mías sentirán cosquillas por comprar una casa, no es necesario que lo demuestres.

Seguimos discutiendo por otro rato más hasta que se queda callado y cuando veo que su móvil alumbra lo tomo para ver que es la mujer de bienes y raíces diciendo que por el dinero extra que pagó podemos hacer uso de la propiedad de inmediato.

—¿En qué momento que no me di cuenta? —pregunto sorprendida.

—Cuando creíste que sería buena idea amenazarme con los perros, que también son nuestros, por si lo olvidas. —suelta entre enojado e indignado.

—Lo acepto, pero que sepas que me ofende mucho y que compraré algo para ambos, y tampoco recibiré protestas. —finjo molestarme, pero la idea no está mal.

Aunque necesito saber qué demonios es eso.

Pasamos por una gasolinera y debo ocupar el baño cuando mi estómago se revuelve ante el bocadillo que comí.

Estos son efectos secundaros de los medicamentos que tomo y lo detesto.

—¡Un minuto! —grito cuando la puerta es azotada.

Mi móvil suena y al ver el nombre de la Bestia contesto de inmediato.

—¡Alessia, sal de inmediato! —ordena.

Hasta entonces me percato de los gritos en el market.

—Estoy en el baño, afuera hay... —me callo cuando escucho los disparos—. ¡Oleg!

Me altero y lo escucho maldecir. Me muevo dentro del baño buscando una salida.

—Estás en un segundo piso, busca una ventana y te estaré esperando. —la veo y no sé como voy a subir, pero debo hacerlo—. ¡No cuelgues!

—Ok. —no digo nada más porque no quiero que sepa que estoy muerta de miedo.

No cargo ni un arma conmigo y al no saber que es lo que pasa, me siento en desventaja.

Como puedo me paro en el lavado y subo a la ventana cuando la puerta es botada.

—¡Está escapando, la perra está escapando! —anuncia un sujeto.

Me impulso con las manos cuando escucho las balas chocar con el vidrio.

—¡En donde demonios estas! —grito cuando observo para abajo y el escenario no es alentador.

Hay al menos tres autos volcados, pero eso no es nada al ver el fuego expandirse cerca de los contenedores. Esto va a explotar.

—Ven a la parte trasera. —demanda.

Me trago todo y no le respondo cuando me subo a las escaleras de emergencia que me llevan a la azotea y corro hasta llegar al sitio que me pide

—¡Arriba! Está arriba no la dejen ir. —los proyectiles a mi alrededor ponen mis nervios de punta.

—¡Oleg! —su auto derrapa cuando frena y sale con dos ametralladoras que no duda en usar a los tipos del otro lado.

—¡No tenemos tiempo, salta! —se pone abajo y extiende sus brazos.

No le temo a las alturas, deseo vivir por lo que no lo pienso dos veces antes de saltar y aterrizar en sus brazos. Nuestros rostros quedan demasiado juntos y desde hace mucho que no deseo volver a sus labios como ahora.

No hay tiempo para hacerlo, deja mis pies en el suelo y ambos corremos al auto sintiendo las balas a nuestro lado.

Arranca y debo sostenerme de enfrente para no estamparme contra el parabrisas.

—¡¿Los quiero ya?! —me giro para verlo sabiendo que está pidiendo refuerzos.

Las balas siguen chocando con el auto y me doy cuenta de que tres nos están siguiendo.

—Puedo con ellos. —suelto de la nada.

Me paso para el asiento trasero tomando otra ametralladora y me aseguro de que tenga buena munición para lo que haré.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —se enoja.

Vuelvo a mi asiento y abro el techo panorámico a pesar de su negativa.

—Apoyarte, como lo que soy y es tu mujer. —la brisa entra en el auto—. Nadie te volverá a tocar y pagarán con su vida el haberte disparado. —señalo su brazo ensangrentado.

No espero a que diga algo, porque sé lo que dirá.

La mitad de mi cuerpo sale y ya estoy preparada porque antes de que se den cuenta ya estoy disparando.

Me golpeo la espalda, pero no suelto el arma. Las odio y no las manejo a la perfección, pero en estos momentos recuerdo todo lo que me enseño Yuri.

El ruido de los vidrios quebrándose me indican que mi puntería no está mal. Paso de corrido de un auto a otro mientras Oleg se encarga de manejar en zigzag.

—¡Vuelve aquí ya! —lo escucho gritar mientras toma mi muslo con demasiada fuerza.

—¡Tú encárgate de conducir, déjame esto a mí! —devuelvo el grito.

No sé cómo lo hace, pero se las arregla y saca su mano con otra arma que no duda en usar.

El primer auto pierde el control cuando el conductor muere y se va a un barranco girando hasta que se escucha el sonido de una explosión

No dejo que ninguna bala me toque porque me encargo de matar a los que tienen armas para seguir con los conductores.

Las calles son desoladas y eso nos permite escabullirnos con facilidad.

Ya con todos fuera de nuestro camino vuelvo abajo y cierro el espacio soltando el aire retenido y dejando el arma en donde estaba.

El silencio que inunda el auto cuando él cierra su ventana me hace estremecer.

—¡¿Qué se supone que hiciste?! —me pongo el cinturón.

—Un gracias no me abría molestado.

—Ni gracias ni nada, ¡Pudiste morir! No lo entiendes maldita, loca imprudente.

Dejo que me diga lo que quiera mientras guardo silencio hasta que llegamos a nuestra nueva casa.

—Déjame sentirme viva, lo dijiste muy bien. Nos mataron y a veces olvido que reviví, pero necesito sentirme viva y no hay otra forma que no sea protegiéndonos.

Hace puños sobre el volante.

Espero una respuesta que nunca llega y no sé de donde saco la paciencia que no poseo para continuar. Si quiero que lo que queda de nuestra retorcida relación funcioné debo saber cuando hago algo que lo molesta así como él lo hace.

No podemos estar de acuerdo en todo y cuando puedo evitar discutir lo haré, por ambos. Debo aprender a él y saber que batallas merecen la pena luchar.

Se baja del auto mientras saca nuestras maletas y las lleva adentro. Tomo un largo suspiro y me bajo del auto.

A medio camino encuentro a la Bestia que tiene las pupilas oscurecidas y no puedo preguntar nada por qué ya me ha tomado del cabello y la cintura

Me derrito y quiero llorar cuando toma mis labios con tanta hambre que tengo pavor de que sea otro de mis sueños. Nos lleva adentro y me apoya con fuerza contra la pared.

Me sigue besando por otro rato más sin saciarnos del otro.

—Esto... esto también me hace sentir viva. —digo cuando deja mis labios—. Eres real y estás aquí. —acaricio su mejilla.

Lo veo tragar ante mi declaración que lo toma por sorpresa.

Cierra los ojos por unos segundos y cuando los vuelve a abrir vuelve a tener el mismo rostro inexpresivo que tanto me gusta.

—No me gusto lo que hiciste, pero debo aceptar que supiste manejar muy bien el arma. —sonrío.

—Lo dices porque no has visto el golpe que tengo en la espalda baja. —sus cejas se fruncen y le digo que es mentira para que no se vuelva a enojar.

Es como una bomba sin seguro, ante cualquier toquecito puede explotar.

—Déjame curarte. —señalo su brazo.

No puedo evitar que una llama me carcoma adentro sabiendo que me lo lastimaron, para él no es nada, pero para mí sí.

Siento un deseo insano de destruir a todos los de la gasolinera, porque haber acabado con unos pocos no me satisface.

Lo tomo de su otra mano y lo jalo por la sala sin saber a donde dirigirme, pero por instinto no me cuesta encontrar el baño.

Saco del botiquín, pero no hay lo que necesito, así que lo hago sentarse en el sillón de la sala mientras me acerco a mi maleta y saco mis cosas.

Acaricio por encima el estuche de mis bisturís sin recordar cuando fue la última vez que los utilice. Los dejo aún lado y saco todo lo que necesito.

Oleg no deja de verme mientras me coloco un par de guantes y me acerco a él.

—No está muy profunda, pero va a dolerte. —le informo al limpiar la zona.

Inyecto anestesia local y mientras amarro una gasa en su músculo preparo lo que voy a ocupar. Minutos más tarde extraigo la bala, desinfecto y hago una puntada que con mis cuidados no se notara.

—Cuando te los hiciste. —comento confusa al ver que en mismo brazo tiene otras dos cicatrices por impacto de bala y no las había notado antes.

—No importa. —se recuesta en el sillón y me quedo contemplándolo cuando cierra los ojos.

No está dormido porque su expresión no se han suavizado.

Una nostalgia me invade y me acerco lo suficiente para besar poder besar sus labios, pero en su lugar beso su frente.

Mis labios se deslizan por todo su rostro hasta que es él quien me toma del cabello y me lleva a sus labios.

Tenemos que hablar sobre lo que acaba de pasar, pero me niego a hacerlo y respondo al beso, es perezoso, algo no común y mi pecho se infla con nostalgia.

—Debemos descansar. —me separo porque aún no estoy lista para continuar, la confusión en su rostro es evidente, pero cuando lo comprende se molesta.

—No vamos a coger Alessia. —sonrío.

—Lo sé, pero debemos hablar. —rueda los ojos.

—¿Y ahora que quieres saber? —me molesta que se haga el estúpido.

—Quisiera saber más sobre esa tal Montserrat, pero como no me lo dirás espero me des una explicación de quienes eran los que nos atacaron.

Pasan algunos segundos.

—Alguien que no nos quiere vivos.

—Había llegado a esa deducción sola. —suelto con sarcasmo—. ¿Quiénes eran?

Aun con los ojos cerrados arruga las cejas y eso me confirma que no me gustara la respuesta.

—La noche de la misión que robamos información de Pedro, tú te sentaste con el líder de las tríadas. —asiento ante el recuerdo de Gao—. Peleaste por el control absoluto del Estado de Sonara, con el cartel de Sinaloa.

El color que he ganado me abandona cuando entiendo a donde va.

>>Descubrieron tu identidad y ahora están detrás de ti y no solo eso sino que se han contactado con los carteles y la mafia italiana por lo que también quieren cobrar por tu cabeza.

Me recuesto en sillón cuando el resultado de mis actos tiene consecuencias.

—Como debo proseguir. —indago.

No sé qué hacer y confío en Oleg para este tipo de cosas.

—Están en tu territorio por lo que no podrán tocarte, Vyshe está mandando a los que quedan de regreso al suyo. 

Me quedo en silencio por unos minutos analizando sus palabras, no quiero que los regresen, los quiero muertos y voy a matarlos.

—¿Qué hay de los carteles y la mafia?

—También me estoy encargando, no te preocupes y deja de molestar. —con eso la conversación por terminada.

No estoy a gusto ni conforme y creo que es momento de mover las fichas que desde hace un tiempo he estado preparando.

Es momento de contactar a Dmitry.

A los pocos minutos llega un equipo de limpieza a encargarse de la casa mientras esperamos en el jardín.

—¿Dónde están mis...? —la pregunta queda en el aire cuando veo la camioneta que se acerca y al reconocerla, la Bestia le da paso.

Se baja Iván y abre la puerta trasera que me muestra a mis amores.

Bolas y Pelos ladran y corren a nosotros. Es la dosis de cariño que necesito. Me dejo caer de rodillas sin importar mi dolor.

—Pero si son mis amores preciosos. —chillo.

Sus ladrillos son más fuertes mientras me botan y empiezan a lamer mi cara. La carcajada que suelto se siente refrescante mientras ellos siguen sobre mí.

Alzo la vista encontrándome a Oleg, quien rápidamente aparta la vista y corre al agente.

>>Están tan grandes, como es que crecieron tanto, si recuerdo que fue ayer cuando solo eran unas hermosas pequeñeces.

Como si me entendieran ladran sin dejar de mover sus colas.

—Bruno, Daemon. —los llama Oleg.

Ambos se quitan de mí para acercarse a él, quien les acaricia la cabeza y les pide sentarse. Me siento en la grama memorizando su imagen.

—¿Crees que tengan hambre? —niega.

Por el resto de la tarde me entretengo con los perros y a cada nada me acerco a la Bestia para besarlo. Jamás olvidaré ni me cansaré de sus labios y por su forma de tomarme sé que le pasa lo mismo.

Al principio pensé que solo era ejercicio sano, pero me equivoque.

***

—Soy la señora Margarita y estaré para servirles. —Oleg asiente y sube a la segunda planta directo a la habitación.

—No es muy normal, no le haga caso. —le resto importancia y la señora sonríe.

—Considero que no le agrado, tampoco a ellos. —señala a los pitbulls.

No tuvieron un buen inicio, pero los regañé y ahora ya la ven sin gruñir.

—Puedes ir a descansar Margarita.

—¿El señor no comerá?

—Del señor me encargo yo, no te preocupes. —no muy convencida se retira mientras yo le preparo algo sencillo a Oleg porque tampoco tiene buen apetito.

Abro la habitación encontrándome a la Bestia con una mala cara frente a la gran ventana que tiene vista al bosque.

—Resuelve el problema y no me pongas escusas de un maldito incompetente. —No necesita voltearse para saber que estoy con él.

Sigue con la llamada por al menos unos diez minutos más en los que me entero de un nuevo problema con OFR.

—Entonces... ¿Qué pasa con la organización? —cuestiona cuando se acerca a mí.

—Lo que tenía que pasar. —empieza a comer sin ganas—. Me revelé y hace unas horas cuando veníamos en el avión se estaba tomando a la fuerza una de las bases más grandes de OFR.

Analizo sus palabras.

—¿Qué hay del Gobernador?

—Como era de esperarse no lo tomo bien y al darse cuenta de que le falta el 30% de los agentes en cada lugar se puso como loco. —aleja el plato.

—O sea que esa cantidad son los agentes que te siguen? —no puedo evitar la sorpresa en mi voz.

—No, esa cantidad es la que ordene que se retira, el resto está dentro de OFR y son quienes nos ayudaran cuando decida atacar.

—¿Y quién es el que te está dando problemas?

—Nikolay. —el nombre me provoca náuseas.

Es otro infeliz que fue cómplice de Carsten y aunque también está en mi lista, no es de los primeros.

—Ven, vamos a descansar, mañana tenemos mucho que hacer.

Ambos tomamos una ducha por separado para después cambiarnos.

Cuando llego a la cama me está dando la espalda por lo que me acuesto atrás de él y subo mi pierna sobre las suyas. Lo abrazo de la cintura y le planto un beso en la espalda antes de cerrar mis ojos.

***

Cuando despierto ya no hay nadie conmigo y el espacio de Oleg está frío por lo que sé, que levanto hace mucho.

Voy al baño para después asearme y como dijo que vamos a hacer cosas y no especifico me cambio con algo cómodo. Al bajar siento el olor a comida y mi estómago suena en protesta.

Hace mucho no me daba tanta hambre, sin embargo, me detengo cuando veo a Oleg con otros tres hombres que conozco a la perfección.

—A ti te dejé en Rusia y ustedes deberían estar con mi hermana. —los veo mal.

—Doctora, el Superior...

—Están de nuevo en su trabajo y vuelven a ser tus guardaespaldas. —interrumpe Oleg.

Julio es el único que sabía que podría estar embarazada, pero está tan golpeado que supongo que Oleg ya descarto que sea un traidor.

Si ya un miembro de Vyshe era un infiltrado de Min, no me sorprende que otros puedan ser unos traidores y ya estar comprados por quien sabe quien.

No los conozco tanto como Oleg, por lo que no puedo saberlo.

—Bien, vamos a comer. —me dirijo a la Bestia.

Se despide y les dice que esperen en su zona de descanso mientras él se encamina al comedor. Finjo una sonrisa cuando pasa a mi lado.

Cuando está fuera de mi vista me dirijo a los hombres robustos frente a mí.

Deslizo mi pulgar sobre mi cuello, y los agentes no tardan en palidecer.

—Date prisa. —me llama Oleg desde la mesa.

—Porque tanta urgencia. —me siento a su derecha.

—Hay algo que debes ver. —no dice más y tampoco pregunto

En estos momentos no me interesa, porque no puedo dejar de pensar en mi sangre.

Marta es una mierda que voy a destruir, Belial y Sofía me dan igual, solo quiero lo que por derecho me corresponde de PODER. Alexander también es una mierda, y tarde me di cuenta de ello, porque lo defendí incluso cuando estaba herida por su culpa.

El tiempo que he estado alejada de él es suficiente para comprender que lo que hizo no estuvo bien y debe pagar.

Es mi hermano y aunque lo quiero mucho, no volveré a justificarlo ni a meter las manos al fuego por él, si se atrevió a tanto conmigo, espero que también sepa luchar por su vida porque Oleg fue claro al decirme que iba a matarlo y aunque no lo voy a impedir, tampoco se lo voy a recordar.

Carla es lo único que tengo y agradezco muchísimo que haya podido dejar las drogas, porque no iba a pensar dos veces antes de llevarla a una clínica para desintoxicarla.

***

Me bajo del auto y me quedo perpleja al contemplar la construcción.

—La última vez que vine aquí, era todo maleza. —digo lo que ya sabe—, pero el proyecto ya tiene todas sus bases. —Me sorprendo.

Camino de la mano de Oleg al lugar en donde se encuentran al menos unas doscientas personas, todas trabajando en la creación de mi hospital.

Al rededor del terreno han cerrado para que nadie sepa lo que van a construir, y como es el proceso.

—Iryna tiene sus contactos. —le resta importancia.

Un hombre con un casco blanco se acerca y nos tiende la mano que ambos estrechamos.

Se presenta y nos entrega un casco azul para ir por el sitio. Nos explica cada cosa y no puedo evitar emocionarme ante la perspectiva.

Lo visualizo, lo quiero, lo tengo.

—¿En cuánto tiempo está previsto dar inauguración? —indago al detenernos frente al lugar que hace tiempo vi húmedo y el agente me comentó que era por un nacimiento de agua.

Ya están trabajando en él, porque lo vamos a aprovechar.

—La construcción, por ser grande y compleja en un año y medio, no sabría sobre lo demás porque ya no depende de mí.

Asiento sabiendo que tengo que empezar a buscar todo lo que irá dentro, de la más alta calidad y tecnología.

—Hasta pronto. —nos despedimos.

Mi sonrisa en todo el camino de regreso no se borra imaginando todo lo que podrá ser.

Suena mi móvil y veo que es Melany.

—¿Sí?

—Alessia, que bueno que respondes, hay algo que debo decirte, pero debe ser en persona. —veo a Oleg—. Axel también, no sé si nos podemos reunir.

No lo creo, no quiero llevar a nadie a nuestra casa, pero sé que debo hablar con ellos. No es lo mismo que me informen de los negocios y planes por teléfono.

—Claro, en un momento te mando la ubicación. —me despido antes de colgar.

Marco otro número hasta que responde.

—¿Te acordaste de que tienes hermana? Eres una hija de puta, ofendiendo a Marta por supuesto. —ruedo los ojos.

—Estuve fuera del país. —me justifico.

—¿Y no había señal o qué? ¡Me tenías preocupada!

Por al menos diez minutos hablamos hasta que logro tranquilizarla para pedirle lo que necesito.

—¿Puedo llevar a unas personas a tu casa?, prometo no hacer un desorden. —se queda en silencio.

—Espere esto por mucho tiempo, ¿Llamo a los chicos? De seguro será una noche loca, con mucho alcohol, sexo...

—Detente ahí Carla. —me río—. Es para hablar cosas de negocios.

Protesta, pero no duda en aceptar y le mando la dirección a Melany mientras quedamos de vernos en una hora.

—¿Por qué no los llevaste a nuestra casa? —comenta Oleg después de mucho.

Veo por la ventana.

—Porque ya lo dijiste, es nuestra y por el momento no quiero que nadie invada nuestro espacio, aparte que no la hemos hecho aún nuestra, necesitamos comprar algunas cosas.

—Entonces, ¿A dónde te llevo? —le doy la dirección y tardamos veinte minutos en llegar.

—¿Quieres entrar? —indago mientras desabrocho mi cinturón.

—No, Iván debe entregarme la información que desde hace mucho necesito. —analizo sus palabras.

—¿Carsten está en México? —asiente—. ¿Atacaremos pronto el cuartel?

—Carsten aún no sabe que soy yo quien lidera los ataques, aunque puede deducirlo, por eso iré en unas horas. —analizo sus palabras—. Además, que hayamos abandonado la base Rusa le da una idea.

—Tu hermano...

—Deje de verlo como un hermano el día que se atrevió a tenderte una trampa para que fueras parte de OFR.

Los recuerdos son demasiado lejanos.

>>Qué se atreviera a golpearte e intentar matarte en distintas ocasiones solo sirvió para sellar su condena.

No digo nada porque jamás defendería a esa maldita escoria.

—Nos vemos después. —le doy un casto beso, pero no se conforma y me jala para darme uno de los que tanto nos gustan.

Al entrar y encontrar a Carla nos fundimos en un fuerte abrazo. La echaba mucho de menos, suficiente el tiempo que estuvimos separadas después que se fuera de casa, ya no pienso hacerlo.

—Te extrañé. —confiesa.

Nos separamos, pero yo no se lo digo

Nos sentamos y me ofrece algo de beber, pero declino la oferta y antes de que llegue Melany con Axel nos ponemos al día, de mi parte omitiendo casi todo.

—Rusia es bonito, tal vez en otra ocasión te lleve.

—Te tomo la palabra. —sonríe.

—Pero cuéntame, lo último que escuche es que andabas de amiguis con Marta y que creíste su maldita mentira.

—No tienes que recordarme mis estupideces. —rueda los ojos—. Marta es una perra manipuladora que cuando consiguió lo que quiso me volvió a dar la espalda.

La escucho con atención, porque después de ese encuentro, fue lo de mi accidente con Rojo Sangre y Alexander. No pudimos hablar de esto.

—Lo que me sorprendió es sobre las notas. Recibí varias en las que me decían que estabas en peligro. —dejo de respirar—. Tyler me detuvo y estuve muy preocupada por él.

El agente me da igual, le pregunto por todo y no me parece que deba pasar por alto esto.

—Como te decía, hace unos días me llamaron para entregarme a Tyler, pero los otros dos gorilas me detuvieron y fueron ellos. Fue al hospital no sé de donde y cuando empezó a hablar no deja de pedir verte.

—¿Está aquí? —pregunto con cautela.

Esto es peor a lo que me imagine y no sé por qué no fui informada de esto.

Me levanto para ir al lugar que me indica, pero el timbre detiene mi acción.

Carla le abre a mi abogado junto a Melany y al presentarlos me doy cuenta de que Melany ya habló con Carla e incluso, le mostró mis negocios.

Ya hablaremos de ello.

Carla entiende que debemos hablar y va con Tyler a la habitación.

—EBÓSIL se inyecta, no es un virus, pero después de inyectar debe activarse y solo quienes lo poseen pueden activarlo.

Me comenta que hubo varios casos de EBÓSIL en el hospital que trabajaba, pero como nosotros ya tenemos el antídoto lograron detenerlo. Sé que eso fue hace mucho.

—Las construcciones de las escuelas y clínicas para la candidatura ya están en proceso, de hecho tus candidatos son los que llevan la delantera, después están los que tiene OFR. —asiento.

Ahora sé que esos no son planes de OFR, sino de Oleg. Tuve ganas de preguntar más sobre que ya no es parte de la organización y que hará ahora, pero ya me lo dirá, cuando quiera.

—¿Qué hay de la constructora?

—Está teniendo una buena demanda, de por sí ya era una grande, pero con los cambios que sugeriste ahora tenemos más proyectos.

Me siguen comentando y, ya que está Axel y que tengo el problema con el cartel de Sinaloa, debo hacer algo.

—Necesito que investigues sobre el tráfico de órganos que se da en Sonara. —les comento mi idea y a Melany encanta, pero a Axel no le parece bien.

>>Necesito que se construya otras dos clínicas, en distintas zonas, una en Sonora. —mucho me he tardado en crear mi cadena —. Clínica Carvajal será la fachada de una carnicería. —sonrío.

Cada día hay muchos muertos y con mi hospital necesitaré muchos órganos. Aún no se lo he comentado a la Bestia, pero sé que no se negara.

Seguimos hablando hasta terminar y cuando ellos se van a despedir, Carla niega y dice que había preparado algunos bocadillos.

Saca varios azafates y finjo comer mientras espero que el tiempo pase.

Le llamo a Oleg, pero no responde y decido no insistir.

***

Sonrío ante las estupideces de Axel.

—Solo es agua, no seas ridículo. —el timbre suena y es Carla quien va antes de dejarme una blusa.

Me quito la mía dándole la espalda, pero cuando me estoy por poner la otra, la figura de Oleg invade la sala.

—No seas aguafiestas, Alessia. —el rostro de Oleg se torna rojo—. Modélame como hace tiempo.

—Oleg. —murmurro.

No puedo decir más por qué a grandes zancadas se acerca y termino de ponerme la blusa para intentar detenerlo, pero ya es demasiado tarde, Oleg ya se encuentra frente a Axel y siento que mi presión se baja cuando lo golpea.

—¡La tocaste! —lo golpea—. Te acostaste con ella maldito infeliz.

Llamo a los escoltas y no tardan en aparecer, pero no hacen nada cuando ven a ambos dándose madrazos.

—No seas infantil Oleg, déjalo. —trato de acercarme, pero Carla me detiene—. ¡Me voy a enojar Bestia!

No me escucha, sigue golpeándolo con una rabia reprimida que temo por mi abogado.

Me estreso sin saber qué hacer, pero debo detenerlos.

—¡Follaste a una Carvajal, grandísimo imbécil! —no deja de golpearlo—. ¡Te la follaste!

Me zafo de mi hermana quien entra en shock.

—¡Oleg! —me enojo y trato de intervenir, pero es Melany quien me detiene.

Sabía que estuve con él, y no entiendo a que viene su rabia ahora.

—Si me acosté o no con ella no es tu problema ruso. —. Axel no ayuda.

—¡Cállate! —pataleo golpeo a Melany hasta lograr zafarme.

—Voy a matarte, juro que voy a matarte. —gruñe

Aun con los gritos de mi alrededor jalo a Axel y sin querer me golpea, la acción enfurece de una manera inhumada a Oleg.

—¡Ya paren! —grito cuando el enojo está acabando con mi paciencia.

Me levanto del suelo con la intención de volver a intervenir.

—Tú eres el maldito que no permite que Alessia haya estado con otros hombres. —me detengo a medio camino—. ¡Supéralo! Alessia ha estado con muchos hombres.

—¡Axel! —ladro molesta por sus palabras.

Oleg es un posesivo de mierda ahora, pero nunca se ha metido con mi vida antes de él, es por eso que sigo confusa por la situación.

—¡Desgraciado! Pagarás con tu vida el haber engañado a Alessia.

No alcanzo a digerir sus palabras, pero el color sube a mi rostro ante la insinuación.

—¡Oleg, para ya!

—¡Voy a matarte! —repite sin dejar de golpearlo, pero Axel se defiende sin lograr hacer lo mismo—. Y disfrutaré hacerlo hijo de puta.

Me altero cuando la sangre daña la alfombra de mi hermana.

Esa me gustaba.

—Deja de comportarte como un animal y suelta a mi abogado. —ordeno—. No quieras que en realidad me enoje, así que para ya Oleg.

Hablo muy en serio, porque si estamos tratando recuperarnos, con esto no está ayudando, solo me aleja porque está loco si permitiré este tipo de dramas.

Le da un último puño que lo bota y cuando me mira para enfrentarme no sé qué decirle ante lo que veo en su mirada.

—Esa maldita rata a quien tanto defiendes es tu maldito primo, Alessia. —lo señala—. Ese por el que darías la vida no hizo más que jugar contigo. —el aire me abandona y retrocedo ante sus palabras—. Belial lo mando a cuidarte y lo que hizo fue aprovecharse de la oportunidad, para meterse entre tus piernas.

Una corriente pasa por mi espalda y cuando veo a Axel en busca de una explicación, recibo una mirada de arrepentimiento que confirma la declaración de Oleg.

Relamo mis labios siendo consiente que confiar fue mi peor error.

>>Este desgraciado a quien tanto defiendes es hijo de Sofía Carvajal y tu padrino Alex Merino.

La oración cala muy en el fondo y la traición que siento es... amarga.

—Lo siento. —arrugo las cejas.

—¿Por qué exactamente? No creo que sea...

—Nunca debimos acostarnos.

La conversación de cuando nos reencontramos viene a mi mente, el porqué de su cambio de actitud.

—¿Tan mala fui? —inquiero con un poco de nerviosismo.

—Nada de eso, el sexo contigo es lo mejor que me ha pasado.

—Y aun así dices que no debimos acostarnos. —sonrío sin gracia.

—Si, no me lo tomes a mal, pero no quiero recordarlo. —lo veo incrédula.

Vuelvo a la realidad cuando Oleg se vuelve a él, pero pongo mi mano en su pecho deteniéndolo. Me ve con recelo, pero se hace a un lado.

Camino hasta quedar frente a Axel y le doy la mano, la ve con incredulidad y la toma con desconfianza.

Ni siquiera le ayudo porque él hace toda la fuerza.

—Alessia, puedo explicarlo...

Levanto la mano callándolo.

En este momento no se imagina lo decepcionada y traicionada que me ha hecho.

—Vete de la casa de mi hermana, de inmediato. —trata de protestar—. Si no quieres que él te asesine. —señalo a la bestia—. Te recomiendo de que te vayas y o trates de buscarme porque vas a arrepentirte.

—¡Déjame hablar! Aún hay mucho que tenemos sobre la mesa. —alzo el mentón consiente de sus palabras—. No puedes...

—Pobre de ti si algo de lo que sabes, sale de tu boca, porque aunque no tengamos un contrato de confidencialidad, porque confiaba en ti. —no me importa lo que provoco en él con mis palabras y ni su rostro arrepentido me convence—. Voy a ayudar a la Bestia a encontrarte, porque seré yo quien acabe con tu miserable vida.

—¡Escúchame!

No me inmuto ante su desesperación, porque lo que hizo no puedo ni siquiera pensar en perdonarlo.

Me ha hecho sentir usada y sucia... nuevamente.

Aunque parezca poco, para mí esto es un abuso incluso peor al que viví con Rubén, porque yo confié ciegamente en Axel, tenía todos mis secretos, debilidades y fortalezas.

Y aun sabiendo por lo que estaba pasando no pensó dos veces antes de fingir ser mi amigo y después mi amante queriendo más, ¿Qué es lo que quería cuando pidió formalizar? Tan retorcida es su mente para incluso intentarlo...

—En esta semana mi abogado se comunicará contigo. —le informo con firmeza.

De reojo veo a Oleg que está hecho una furia y no sé el motivo de su control.

—¡Yo soy tu maldito abogado!

—No le levantes la voz.

—Estás despedido.

—¡No puedes hacerlo! —trata de acercarse en un acto desesperado y no tengo que mover un solo dedo para lograr detenerlo—. Te juro que puedo explicarlo.

—Ya lo hiciste. —en ningún momento cambio la expresión de mi rostro.

Se endereza y lanzándole una mirada llena de veneno a mi Bestia trata de acercarse, pero doy un paso al frente y es suficiente para detenerlo.

—Pobre de ti si vuelves a tocarlo. —se estremece y la fuerte mano de Oleg se posa en mi hombro.

—Te estás segando, él no es bueno.

Yo tampoco si lo único que quiero es asesinarlo.

—Vete, no voy a repetirlo.

Cuando sale hecho un perro rabioso, Carla carraspea y Oleg se desliza a mi lado.

—Cuatro preguntas. —alza los dedos—. ¿Quién es Belial? ¿Quién es Sofía? ¿Cómo es posible que tengamos un primo? Y la más importante, ¿¡Porque no me dijiste que te lo follaste!?

Oleg gruñe ante lo último, su rostro rojo no ha bajado y aunque mi piel es bronceada sé que también está ese carmesí.

—Melany, puedes retirarte y los nuevos planes no cambian. Del nuevo abogado, me encargo yo. —asiente incómoda por lo que acaba de presenciar.

—Cuando puedas, puedes pasar a la casa de Javier. —carraspea—. Santi dice que te extraña y su ex niñera no me agrada.

—Lo haré. —miento y ella se retira.

Ya le destruí la vida a uno de mis amigos, no cometeré el mismo error, es por eso que lo mantengo protegido.

—Ve con Tyler en un momento te alcanzo. —me dirijo a Carla.

—¡Oye! —se queja.

Ignorando las protestas, los agentes se la llevan y al quedarme a solas con la Bestia me siento como la mierda de nuevo.

El dolor de cabeza ha incrementado. No debo estresarme si no quiero explotar, porque mi paciencia se está agotando.

—¿Sabes que aunque se haya ido voy a matarlo, verdad? —abro los ojos viendo que la Bestia me mira fijamente.

Axel ni siquiera lo toco.

—¿Cómo lo supiste? —formulo con un nudo de rabia atorado en mi garganta.

—Lo investigué y al ver que todo era demasiado limpio lo volví a investigar. —me siento y él hace lo mismo—. Por los problemas que hemos tenido no me habían dado la información, hasta ahora.

Suspiro cansada.

—Yo confiaba ciegamente en él. —me río de lo estúpida que fui y lo mucho que se ha de ver burlado cuando le contaba mi mierda.

—Siempre he cuestionado tus acciones, no me sorprende que hayas confiado en esa basura.

—Confío en ti. —se endereza.

—¿Me estás comparando Sumasshedshiy? —frunce las cejas molesto.

—Jamás.

—Eso pensé. —mi sonrisa se borra al recordar mi pasado.

—Quiero odiarlo, pero ya no tengo espacio para más.

—Si quieres te doy del mío. —lo invito a sentarse y por unos minutos me quedo en silencio hasta que decido hablar.

—Pasaron dos malditos años que sufrí con hafefobia hasta que conocí a Axel.—confieso y su expresión seria no cambia ni se inmuta—. Al principio lo odié demasiado porque era la única persona que no entendía mi NO, me retaba a cada nada y eso me estresaba, pero a la vez me atraía.

Traigo los recuerdos de cuando era un egresado de derecho.

—Pasaron muchas cosas hasta que por fin logre que su tanto no me derrumbara y no tuviera un ataque de ansiedad, ni siquiera permitía que se acercara Matías, pero sí él. —toma mi mano acariciando mis nudillos—. Hubo altos y bajos y cuando por fin me entregue a él creí que ya todo había terminad, pero no fue así.

Necesite de Axel junto a un nuevo psicólogo para continuar, él ya está muerto por lo que hizo, pero no es el caso.

>>Sin su ayuda el proceso hubiera sido más lento y doloroso, pero llego un momento en el que ya no lo necesite, creí que no era nuestro momento, porque mientras él quería una relación, yo quería ver mi carrera brillar.

Aprieta mi mano.

—Si cuando nos reencontramos tú no hubieras estado en la ecuación, no habría tenido problemas en volver a intentarlo.

—Se aprovechó de la misión a la que lo mando Belial, porque su trabajo era protegerte, no follarte —gruñe.

—Sí, es un maldito norteño. —me tenso ante las palabras de Carla

Me giro para encararla, pero por su postura sé que no escucho más.

—Quítate del medio, iré a ver a Tyler. —me levanto sin querer hablar más de Axel.

No tengo cabeza para él y que agradezca que no lo he matado, porque si vuelvo a verlo mi mano no temblará cuando una bala atraviese sus sesos.

Carla sonríe mientras siento la presencia de Ole a mi espalda.

***

Mi respiración se corta al ver a Tyler, no hay nada del hombre que deje, ha perdido peso, tiene ojeras y está golpeado hasta el cansancio, sin contar que han cortado su mano...

Alejo mi vista de eso concentrándome en el agente que le cuesta hablar.

—Es... está aquí y quiere destruirla. —me acerco más para poder escucharlo mejor mientras Oleg guarda su espacio.

—¿Quién? ¿Por qué lo hicieron? —las preguntas son dichas con demasiada rudeza.

Aunque Carla lo disimule, sé que está mal por Tyler, no soy estúpida y me di cuenta de que se atraían.

—Ella... se mueve rápido... está en todas partes asechándola, pero también tiene gente entre nosotros. —me tenso porque sé de quién me habla.

—Tyler, porque te hizo esto, que te negaste a decir y que dijiste para que te hicieran esto y al final te soltaran. —cierra los ojos y una mirada es suficiente para que Oleg haga las llamadas.

—Me pidió todo lo que sabía de usted y aunque pude despistarla... corto mi mano cuando me negué a dar información de su hermana.

Hago más preguntas, pero nada me preparo para su respuesta.

—Tiene que adelantar sus planes, porque en estos días se va a asociar con Pedro Marín... —tose y lo ayudo a sentarse—. Pero hará algo para despistarlo, porque quiere a su hermana.

—Sobre mi cadáver. —rujo.

Mis palabras hacen que Oleg cuelgue la llamada y se pose a mi lado en cuestión de segundos.

—Necesito que lleven a Tyler a un hospital y que todo el perímetro esté rodeado. —ordeno saliendo de la habitación—. Prepara una pequeña maleta con tus cosas, nos vamos de inmediato y tú te vas con nosotros.

Me llevo a Oleg para la sala y le comento como está la situación, no dice nada cuando le digo que pienso llevar a mi hermana a nuestra casa, insiste en que no hay problema, pero sé que debí consultarlo antes.

—Estoy lista. —informa Carla confundida, pero no protesta.

—Bien, nos vamos.

Salimos de la casa y cuando ordeno que mi hermana vaya con los agentes Oleg frunce las cejas.

—¿Algo más que deba saber? —inquiere.

Saco mi móvil mostrándole el mensaje de que apenas y me llego.

Se me olvido decirte, Sofía está trabajando en Carvajal Burdel y por lo que averigüe Belial está cerca y quieren acercarse a Carla, ten cuidado.

Melany.

—¿Cuál es la seguridad que posee Montserrat? —inquiero.

Oleg empieza a conducir saliendo de la ciudad, me repasa por varios segundos intentando descifrar de donde viene mi duda, pero no hay celos ni nada que antes estuvo.

Ya no puedo darme la libertad de dudar.

—Lo suficiente, nadie puede entrar a la propiedad y la seguridad es más que la del presidente.

Asiento sin dejar que los celos me dominen.

Observo a mi alrededor viendo que estamos rodeados por los autos que manejan los hombres de Oleg.

—Bien, cambio de planes, dejaremos a Carla con ella porque quiero a mi hermana en el mejor lugar y no tenemos tiempo para instalar todo lo que se debe en la nuestra.

—De hecho...

Se calla ante las palabras de la radio.

Superior, hay cuatro vehículos que desde que salimos de la propiedad de la señorita Carla no han dejado de seguirnos.

Mi respiración se detiene.

—Destrúyanlos.

—Nuestros radares han detectado una alta radiación de parte de cada uno.

Aprieto el asiento ante el significado de sus palabras.

Vamos a explotar.

***

Quiero cambiar la portada, ¿Ideas?

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