Capítulo 59

Natural - Imagine Dragons. One hour.

Para ser sincera no pensé que los últimos capítulos tuvieran actualización seguido, pero ya saben...

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Aprieto el volante con demasiada fuerza haciendo que mis nudillos se tornen blancos al ser consiente de quien se trata.

—¿Qué haremos? —inquiere Alessia.

—Prepara las armas. —ordeno.

Los voy a matar de una vez por todas, porque no voy a permitir que se metan en los planes de Alessia. Si estamos en México es porque su objetivo está cerca y reunirnos con ellos retrasara todo.

La doctora prepara las armas, incluyendo las que cree y modifique a último momento para ella.

—Oleg... —duda cuando reduzco la velocidad.

No van a hacerle daño, pero no voy a arriesgarme.

—Ponte un chaleco antibalas.

No tarda en hacerlo y es entonces que salgo con el arma en mano cubriendo a Alessia, pero sin dejarla en la ignorancia.

—¡Sal maldito! ¡Sal y enfrenta lo que te aterra! —alzo el arma en la dirección de los autos.

Una bala a ellos es suficiente para activar la dinamita que los rodea y saben que lo haré.

—Qué mierda. —me giro al lugar en donde retienen a Carla—. Ruso, cálmate y no cometas una locura. —parece aterrada al verme.

—¡Vuelve adentro ya! —ordena su hermana.

Las puertas de los autos que nos seguían se abre y la primera mujer que veo es con la que negocie hace unos meses.

Voy a acabarla.

—¡¿Qué se supone que estás haciendo?! —le grita Carla, pero no creo que sepa que es su tía.

Los agentes la traen a nuestro sitio y es la doctora quien la cubre.

El rostro de Sofía se suaviza con algo que no estoy acostumbrado y lo odio, porque Alessia no los necesita, ya no.

—Oleg, ¿Quiénes son? —indaga la doctora, insegura y confundida por la reacción de su hermana.

Por el mensaje de Melany estoy seguro de que lo deduce, pero necesita la confirmación.

—Es Sofía, mi empleada. —responde Carla y todo el cuerpo de Alessia entra en tensión.

Ahora sabe a quienes nos enfrentamos y que su expresión pase a ser ilegible, me asegura que los odia y desprecia así como yo.

—Qué esperas Belial, ¿No es esto lo que tanto querías? —le quito el seguro—. ¡Sal y enfrenta a quien tanto destruiste!

Salen más hombres armados con el uniforme que los identifica, se ponen en posición de ataque igual que mis hombres.

Segundos más tarde las llantas de otros autos derrapan cuando Vyshe y otros agentes se unen a nosotros.

—No queremos problemas, únicamente necesitamos hablar con Carla. —informa Sofía con calma.

Alessia da un paso al frente.

—Atrévete a tocarla y te aseguro que serán tus restos, los que reciba tu hijo bastardo. —declara.

Carla no es estúpida y sabe sumar, por lo que su cuerpo empieza a temblar al ver las similitudes entre ellas y lo escucho hace unas horas es el detonante.

—No queremos problemas. —repite alzando las manos.

—Lo hubieran pensado antes, mucho antes, cuando nos abandonaron. —ruge la menor de las Carvajal con resentimiento en cada palabra.

Sin dejar que su hermana se mueva, alza el arma mortal en su dirección.

>>Es tarde Sofía, veinticinco años tarde.

—¿De qué están hablando? Aless dime que no es lo que estoy pensando, dime que no es nuestra...

—No son nada Carla y es mejor que te olvides de ellos...

La puerta de la última camioneta se abre dándole paso a Belial. Todos se quedan en silencio y puedo apreciar como los músculos de mi mujer se contraen.

El hombre que ve por primera vez es su padre biológico y el culpable de lo que vivió con Marta en su niñez, él pudo intervenir en las otras ocasiones, pero no lo hizo y sigo sin entender por qué después de tanto lo hizo.

—Un paso más y los mato. —la doctora gira el arma y ahora apunta a sus hombres.

Belial no se inmuta y sigue caminando.

Poso mi mano sobre su hombro cuando veo la intención de retroceder.

—Puedes con esto Sumasshedshiy. —susurro solo para ella.

El hombre acorta la distancia hasta quedar a dos metros.

—Estoy muy orgulloso de ti mi... —dispara.

El grito del hombre a su espalda lo hace arrugar las cejas y cuando se gira el asombro invade su rostro.

—No quiero verte Belial, vete si no quieres que arruine a todos tus hombres. —amenaza.

Los compañeros se acercan para intentar auxiliarlo, pero en el momento que lo tocan los miles de voltios se les pasa y ahora el lugar se llena de gritos aterradores.

—¿Qué les hiciste?

—Un paso más y Sofía será una más en mi lista. —apunto a su hermana quien intentaba acercarse a Carla.

—No es asunto tuyo Bogdánov, tu misión está cumplida, cuidaste a mi hija como te lo pedí, ahora no me estorbes. —mi mandíbula duele cuando cumple su amenaza

Dijo que me alejaría de Alessia y que la pondría en mi contra, sabe que diciendo eso lo hará, pero yo le advertí que no la conocía.

>>Gracias por cuidar a Carla, también se te compensara por ello.

—¿Quién eres? —inquiere la mencionada.

La atención de Belial se dirige a su hija mayor.

—Erick. —le responde—. Erick Carvajal tú...

—No eres nadie. —ruge la doctora y la rabia que invade su sistema la hace temblar—. No te acerques a nosotras.

—Cariño, creo que tu hermana merece saber la verdad. —se mete Sofía poniéndose al lado de Belial.

—¿De qué están hablando? —sus ojos se llenan de lágrimas—. ¡No entiendo nada! Y joder que les hiciste a esos pobres hombres que no dejan de gritar.

Lleva sus manos a su rostro limpiando sus lágrimas.

—Me acerqué a ti porque quería conocerte, soy Sofía Carvajal, tu tía cariño. —escucho los dientes chocar ante la fuerza que ejerce la doctora luego de las palabras mencionadas.

—¿Qué? —Julio se encarga de sujetarla cuando retrocede.

—¡Te engaño Carla! —se gira para verla y entienda que no debe caer—. No caigas en su trampa...

—Papá no tenía hermanos. —ignora a la doctora que muestra un atisbo de dolor en su mirada, pero rápidamente desaparece.

—Samuel no era su padre, pero sí nuestro hermano, por lo tanto, su tío.

—¡Cállate! Cállate o no respondo Sofía. —amenaza.

No dejo de apuntar a la mujer con una glock, porque si dice una palabra más voy a disparar.

—No seas egoísta, tu hermana necesita... —disparo.

Sus hombres se ponen alertas y ya me cansaron los malditos que no dejan de quejarse, por eso les quito la vida aunque Alessia quería que sufrieran.

Todo este drama familiar ya me está hartando.

—¡Dios mío!

—Te vas a arrepentir. —sisea Belial cuando sujeta a su hermana.

La mujer solo se toca el brazo sin decir nada ni mostrar dolor.

>>Vas a rogar no haberla tocado, tu trabajo esa hecho Bogdánov...

En cuestión de segundos la doctora guarda su arma y saca de su camuflado cinco navajas en cada mano y las lanza atrás de él. El sonido seco de los cuerpos contra el suelo son el resultado cuando las armas se entierran en su cuello.

—¡¿Qué hiciste?! —chilla su hermana.

Carla no está acostumbrada a tanta violencia, lo anterior la tenía al borde de la histeria, pero que su hermana haya matado a 10 personas es suficiente para hacerla tocar fondo.

—Carla. —la doctora con las pupilas dilatadas se da vuela cuando su hermana se retuerce en los brazos de los agentes.

—¡Los mataste, eres una asesina!

—¡Hey! Tranquila, escúchame.

—Aléjate, eres una asesina. —le doy una mirada al agente y él no tarda en cubrirle la boca.

—¡Vez lo que provocas! —se gira de nuevo a Belial—. Retírate de una buena vez.

—No sin antes explicarte lo que no debías escuchar por otros lados. —me da una mala mirada—. Eso no era asunto tuyo Bogdánov y no entiendo qué haces...

—Puedes parar de una vez, deja de hablar mal de Oleg porque no eres nadie para sí quiera pronunciar su apellido.

—¿No me digas que ya te lavo la cabeza? Eres mi hija menor y mi mayor orgullo, sacaste mucho de mí, pero no voy a permitir que te quedes con él.

—Estás demente si crees que con tu argumento barato de padre que se preocupa por su hija me ablandaras. —se burla con una sonrisa siniestra en sus labios—. Nos abandonaste, cuando más te necesitamos te fuiste sin mirar atrás ¡Eso hiciste Belial!

—Soy Erick, tu padre.

—No eres nadie, mi único padre es Samuel Carvajal y murió hace años, así que no quieras venir y ser un héroe porque fallaras en el intento. No te necesito.

Ve a su hermana que derrama lágrimas ante lo que escucha.

>>No te necesitamos Belial, si fuiste capaz de abandonarlos, mantén tu lugar y no te atrevas a volver a acercarte a nosotras. —Suspira y baja su arma que nuevamente había sacado—. Te dejare ir esta vez, pero si no te alejas voy a matarte.

—¡No! Alessia que te pasa. —veo mal al agente y vuelve a cubrirla.

—No dejes que la influencia del hombre líder de la organización que nos separó, lo vuelva a hacer.

Estoy por hablar, pero Alessia se adelanta.

—Puedes dejar de hablar mal de mi novio. —dejo de respirar y mi mano baja a su cintura para estrecharla—. Es muy bajo, incluso para ti querer que él, quede mal cuando el único culpable eres tú.

—Ya la escuchaste Belial, retírate si no quieres que inicie una guerra y no con OFR.

Alza una ceja y por los acontecimientos que han sucedido sabe que soy el responsable de estar destruyendo a la organización.

Con la doctora no puede por eso ve a su otra hija siendo retenida.

—Hija, quiero estar contigo, debemos recuperar el tiempo perdido. —detengo a la doctora cuando quiere abalanzarse contra él.

Carla asiente ante las palabras y ordeno que le descubran la boca.

—Cariño. —Sofía incluso desangrándose se mantiene firme—. Somos una familia y hemos venido por ti.

Saben que a la única que podrán convencer es la mayor, por lo que no quieren perder el tiempo con la doctora, ella lo sabe y lo que le da rabia es que quieran llevarse a su hermana por considerarla la más débil.

En esta ocasión lo es.

—Carla, hija, ven conmigo. —repite Belial extendiendo su mano en la dirección de ella.

Carla no deja de derramar lágrimas y por un momento hay indecisión en su rostro.

—No lo hagas, te están mintiendo y solo quieren jugar contigo. —se gira sin separarse de mí, tratando de hacer razonar a su hermana.

—La única mentirosa aquí eres tu Alessia. —se retuerce mi estómago al percatarme que la está mirando con odio.

La doctora lo único que quiso fue protegerla y que mal le va a pagar si se va.

—Si te vas, no volverás a verme porque no pienso pelear una batalla con Belial, ni siquiera por ti. —alza el rostro—. Tengo muchas cosas que hacer, solo te pido tiempo porque quiero ser yo quien te explique quien es ese señor.

—¡Es nuestro padre! No te das cuenta, tú lo sabías y lo callaste, está bien que tengas a personas que te quieren. —señala a Vyshe—. Pero yo no, yo si quiero una familia. —su llanto me estresa y que quiera hacer culpable a mi mujer también.

Se separa de mí para enfrentarla.

—Me tienes a mi maldita sea, ¿No soy suficiente? —intenta tocar su rostro, pero la esquiva

—¡No lo eres y nunca lo fuiste! ¿Por qué crees que caí cada vez que Marta se pronunció? —silencio, la doctora la anima a continuar—. Porque me prometía lo que sabía que necesitaba y con ellos lo tendré.

Señala a Belial y a la mujer desangrándose.

—Te vas a arrepentir, si te vas lo harás. —gruñe y esta vez sujeta bien su mentón para que la mire.

—Ya lo hago Alessia. —la suelta y da un paso atrás.

Me mira, sus ojos están llenos de fuego y cuando asiente doy la orden de soltarla. Carla acaricia sus brazos sin dejar de verla mal.

—Te odio como no tienes idea, me arrebataste lo que siempre quise y jamás voy a perdonarte.

La veo pasar a mi lado y cuando la doctora está por detenerla la tomo de la cintura acercándola lo más a mí.

El cuerpo de ella tiembla y su respiración se acelera cuando abraza a Sofía, pero no es nada cuando lo hace de Belial.

Mientras Carla cree haber encontrado su familia, yo sostengo a la mía porque no puedo permitir que su partida me la destruya.

Ya no más.

Los vemos caminar y los pocos agentes que quedaron vivos les prenden fuego a los que murieron.

—Me odia. —susurra—Carla dijo que...

—Ya no es tu responsabilidad, si estaba en peligro no solo es por ti, sino por Belial, ahora ellos deben velar por su seguridad, así como tú lo hiciste. —la hago verme.

Acaricio sus mejillas queriendo tranquilizarla.

>>En realidad, nunca fue tu responsabilidad y a estas alturas cada quien se cuida por si solo o defiende a los suyos. —da un gran suspiro para después asentir—. Ella ya tomo su decisión y debes respetarla.

—Quita su seguridad, ya no la necesita... ya no me necesita.

Doy la orden y cada uno de los agentes se sube a las camionetas esperando mis órdenes.

Estoy por abrir la puerta de Alessia cuando me detengo y me giro al ver que Belial está cerrando la puerta en donde va Carla.

Él me ve y sabe mi intención por lo que saca su arma, pero es demasiado tarde.

Dos seguros se quitan y disparan en su dirección. La mía le da en el estómago.

—Si vives puedes darme cacería, pero solo si mueres tu deuda conmigo finaliza.

Los gritos de Carla no se hacen de esperar y observo que la otra bala le dio al costado derecho del pecho.

El cuerpo de Alessia retrocedió cuando jalo el gatillo, por lo que sé, que el objetivo era su corazón.

—Si vives espero que me olvides y nunca más me busques, pero solo si mueres perdonare todo el daño que nos hiciste.

El cuerpo de Belial cae mientras Sofía maldice y pide que no nos toquen.

Por nuestra parte nos subimos al auto entrando en un rotundo silencio.

—Ahora si acepto que me odie, porque es probable que muera su esperanza, pero no podía permitir que lo amara como si nada.

—Estás malditamente loca. —sonrío.

La tensión de sus hombros desaparece y parece dejar de importarle lo sucedido, pero sé que no es así.

—¿Te molesta? —inquiere divertida.

—Me excita.

Oleg a mi lado sigue conduciendo y por el desastre que acaba de suceder es motivo suficiente para que esté mal, para desmoronarme, pero sigo de pie.

No voy a mentir y decir que no me dolió, pero si Carla no me quiso escuchar y dice odiarme no voy a mortificarme, no le rogaré y no me destruiré por su rechazo.

Ya no estoy para esas cosas y sé que en algún momento se dará cuenta y volverá a mí y aunque la quiera y es la única familia que me queda, no permitiré que su decisión sea un detonante.

No es lo único en juego, mi vida ya tiene suficientes problemas para agregarle más.

—¿Adónde vamos? —Repito la pregunta que él me hizo hace unos minutos.

Yo le dije que los planes cambiaban, ya tengo averiguando a mi gente sobre la asociación que está por hacer Pedro, por lo que debo esperar hasta que me den los resultados.

Es por eso que él decide que hacer y por lo visto no vamos para la casa.

—Carsten está haciendo una reunión y es momento de enfrentarlo. —una corriente viaja por mi columna.

No recuerdo cuando fue la última vez que lo vi, solo sé que trato de envenenarme y cada vez las ganas de matarlo aumentan.

—Tengo un mal presentimiento.

Me ve de reojo, pero no responde. No puedo evitar removerme incómoda porque él también sabe que lo que hará no es nada fácil.

***

Piden nuestra identificación y empiezo a sudar con una extraña presión en mi pecho queriendo tomar mis armas blancas y matar a cada agente que se nos atraviesa.

No quiero verlos, los necesito muertos, pero hacerlo sería anticipar los planes de Oleg y no pienso arruinarlos.

Mientras más avanzamos las ganas de sangre aumentan y al ver a varias filas de agentes frente al estrado me viene un recuerdo de cuando me presente y dije quien era.

La cura de EBÓSIL, como muchos me llamaron y aunque nadie logro hacer lo que yo hice en Rusia, no lo volveré a hacer porque ya tengo el antídoto que muchos quisieron, pero nadie pudo hacer.

—¡Así que los vamos a destruir...! —lo que sea que estaba hablando el Gobernador, se detiene al vernos.

Su fría expresión no cambia hasta que ve nuestras manos entrelazadas.

Es mío, idiota.

Al parecer el Superior Supremo de OFR. ha decidido aparecer, pero porque no nos cuenta en donde estaba cuando fuimos atacados. —No dejamos de caminar hasta subir al estrado, solo Iryna e Iván nos acompañan, los demás se dispersan.

—Hubiera venido antes, pero no fui convocado. —responde con sarcasmo haciendo enfurecer al Gobernador.

—No lo voy a repetir, en donde demonios estabas cuando se te necesito. —Habla, pero no deja de verme como si intuyera que yo soy la culpable.

—Atacando.

Los murmullos de los presentes y la serenidad del Gobernador me confirma que ya lo sabía. Algo trama porque si ya lo sabía y no nos buscó es porque tiene otros planes.

—Entonces es eso lo que quieres. —la sonrisa en sus labios me produce escalofríos.

La Bestia alza el mentón.

—No debiste tocarla. —gruñe apretando la mano que sostiene la mía.

El Gobernador acorta la distancia dándome una rápida mirada.

—Sabes, estoy pensando que el problema no es ella sino tú.

Mi respiración se detiene cuando el Gobernador alza el arma apuntando la frente de Oleg.

Me suelto y doy dos pasos a mi costado.

Siento que mi corazón se paraliza y los jadeos no se hacen esperan cuando mi arma apunta su sien.

—Atrévete y esto será tu fin. —amenazo.

Quita el seguro y yo hago lo mismo sintiendo como algo frio toca mi cuello. El aroma es suficiente para saber de quién se trata.

Nikolay.

Los traidores huelen como él y no me inmuto ante su amenaza clara, él protege a uno de sus primos, pero yo al otro.

Todo se descontrola cuando Iryna e Iván apuntan a Nikolay.

—Mm no, todo es por ti Carvajal. —se burla.

—Baja la maldita arma. —gruño sin dejar de presionar el arma.

Carsten solo se ríe sin deja de ver a mi hombre.

—Aún estás a tiempo de hacer las cosas bien. —me ignora para dirigirse a su hermano—. Mujeres hay muchas, no te conformes con ella.

La respiración de Oleg se agita.

—Ninguna es ella, así que no lo intentes. —suelta solo para nosotros—. Mejor dime cuál es tu maldito problema.

—Creo que está celoso de ti, Bestia. —Sus músculos se tensan y o no puedo evitar sonreír—. Lo superaste hace mucho y jamás se perdonará ser poca cosa.

La expresión sería de Oleg cambia y lo mira con odio, creo saber el motivo, pero su declaración me dice de porque el cambio.

—Es por ella, siempre ha sido ella.

—Te equivocas, yo no peleo por pocas cosas. —Oleg curva sus labios.

—Tienes razón, pero ella es mucho y siempre fuiste consiente de su potencial, por lo que la querías para ti, pero al no conseguirlo hiciste hasta lo imposible por destruirlo.

—Deja de ser benevolente y concéntrate en ti.

Recuerdo que me dijo Carsten cuando llegué al cuartel y ahora tiene sentido.

—Que tú la veas como la máxima maravilla no significa que yo igual. —a estas alturas han bajado el tono para que solo nosotros seamos consientes de lo que sucede—. No somos de iguales gustos, a mí me gustan las hembras.

—Soy más de lo que te imaginas Carsten.

—La veneras incluso más que yo, pero yo si supe llegar a ella, tú la querías para ti, pero al no conseguirlo te encargaste de destruirla poco a poco, quitándole lo que tanto odias.

—Allá tú si quieres que todos te vean como su salvador. —la mirada que me da me hace sentir como una niña. —demuéstrales que eres el maldito lucifer si es necesario para tener a todo ser a tu merced. Juega con su mente para que se rindan ante ti.

—Jugaste tus cartas mal, porque nunca seré tuya. —me burlo—. Suelta el arma y prometo no lastimarte.

—Si no es mía, no será tuya, de eso me encargo yo.

Y con esa oración confirma lo que Oleg acaba de descubrir.

—Lamentarás el haberla deseado.

—No, tú te vas a podrir cuando veas que al final no será tuya, aunque tampoco mía.

Y eso es lo que necesita Oleg para actuar, ya que se mueve y temo por él cuando alza su mano y sin siquiera ver aprieta el gatillo.

No soy capaz de ver a quien disparo, pero por la tensión en el cuerpo de Carsten estoy seguro de que el golpe de Oleg fue certero.

—Te destruiré Carsten, y ella es el inicio.

Rápidamente baja el arma junto a Nikolay y los demás hacen lo mismo, pero soy incapaz de bajar la mía, la aprieto con más fuerza contra el Gobernador.

—Déjalo no vale la pena, Sumasshedshiy. —aprieto mi mandíbula llevando mi dedo al gatillo—. No es suficiente para lo que se merece.

Lo sé, pero estoy a nada de deshacerme de quien tanto daño me ha hecho que soy incapaz de razonar.

Carsten no se mueve, pero si su hermano que susurra algo en mi oído.

Lo destruiremos.

Lo golpeo con la culata del arma haciéndolo maldecir.

—Nos vamos.

Nadie dice nada y cuando Oleg toma mi mano para moverme veo a Rebeca tirada en el suelo en medio de un lago de su propia sangre.

Me detengo de golpe e Iryna choca con mi espalda.

—Alessia, muévete.

No debo hacer ningún movimiento en falso, por lo que del brazo de Oleg, bajo del estrado, con todas las miradas puestas en nosotros, pero nadie nos detiene.

Al llegar al auto Oleg se encarga de ponerlo en marcha y aunque lo quiera, no me puedo callar.

—La mataste.

—Alessia...

—¡La mataste Oleg! No era mi amiga, pero si parte del equipo.

—No está muerta.

—¡¿Eso no lo sabes?!

—Puedes tranquilizarte y dejarme hablar.

—¡No!

—Ok.

—Bueno, sí puedes hablar. —rueda los ojos.

—Deja de ser dramática. —me cruzo de brazos—. Rebeca no está muerta, le di en un punto donde no va a morir, cerca sí, pero lo verán como un error mío.

—Pero la dejaste. —chillo—. Oleg, ella es parte de nuestro equipo y no debimos abandonarla, si lo que querías es que Carsten sufriera por ella, te la pudiste traer y que no supiera si vivió.

Se queda en silencio y estaciona el auto, ve para todos lados y se percata de su reloj.

—Lo conseguiste.

—Te dije que lo haría. —de su reloj sale una aguja que presiona.

—20 Segundos.

***

Por el resto del camino a casa me siento tan estresada que no tardo en dormir y despierto hasta que estoy en la cama. Me levanto desorientada y antes de enfrentar a Oleg tomo una ducha y lo encuentro en la oficina.

Está trabajando con varios documentos sobre la mesa.

—¿Necesitas ayuda? —alza el rostro.

Me mira, gira el rostro y lleva su mano a mi barbilla analizándome. Bajo el rostro viendo mi pijama de dos piezas, pero sigo sin entender que es lo que ve tanto.

—Debemos hablar. —dos palabras que me dejan confundida, sin poder deducir que se trata, me acerco a su lado.

Despliega una mesa y me quedo estática al ver la maqueta en alta definición sobre la gran superficie. Hay edificios, canchas, amplios terrenos con distintos circuitos y piscinas olímpicas.

Me desplazo alrededor de la mesa percatándome de cada detalle.

—Increíble, ¿Qué es? —alzo el rostro y cuando sus labios se mueven diciendo el nombre me quedo de piedra.

—Nuestra organización. —culmina.

Bajo el rostro y cuando mis dedos tocan la superficie sobre la carretera en medio de los edificios, me percato que es una especie de holograma ya que mis dedos se traspasan.

—¿Estás seguro? Eso debe ser...

—No lo pienses tanto, es nuestra organización y debes familiarizarte con ella. —asiento y me encamino al escritorio donde me muestra otro holograma.

—Rusia, Grecia e Italia son las bases y el lugar ya está funcionando, es allí donde están los agentes que salieron de OFR. —digiero cada palabra—. Debemos construir otras sedes, pero hay tantos sitios que no sé en donde empezar, por eso tú serás la encargada de decidirlo.

Me tiende documentos con lo que debo tomar en cuenta, pero ya tengo una idea.

>>Vamos a terminar con OFR, porque ellos son el principal enemigo de la organización ya que no permitiran que su negocio se venga abajo.

Mi cabeza empieza a trabajar y sé lo que hace OFR y cuál fue el motivo de su creación, pero con la nuestra tengo mis dudas.

—Entiendo lo que quieres hacer, pero y luego, ¿Qué pasara al derrotar a OFR? ¿Cuál será nuestro negocio y el objetivo del mismo?

Me tiende otros documentos y cuando los abro una sonrisa adorna mis labios.

Lo sabía, siempre lo supo.

—Tengo negocios con algunos Gobiernos, trabajaremos por alianzas, y poder a cambio de apoyar en sus conflictos y proteger a los altos mandatarios.

Me sigue comentando muchas cosas y sinceramente no me importa que estemos en medio de una guerra para proteger a otros si al final estaremos encubriendo el verdadero motivo.

—Con las potencias de nuestro lado no nos investigarán y tendremos paso libre en cualquier lugar. —sonrío con suficiencia saboreando las palabras que salen de mis labios—. El tráfico de órganos será nuestro fuerte porque quieres que el hospital este lleno y todos sepan que eso es por la doctora Alessia Carvajal.

—Sí, y me ofende que empezaras a hacer planes sin mí. —me río cuando finge estar ofendido—. ¿Tienes algún tipo de problema?

—Ninguno.

Seguimos hablando de como se manejara y cuando le comento que quiero dar una recompensa monetaria no tiene problema. En nuestro entorno cada día se mata a muchas personas y muchos órganos se desperdician, por lo que en las situaciones que se pueda los tomaré.

A cada uno se le hará una propuesta, o muere siendo torturado porque, lo que ha cometido es imperdonable, incluyendo a los traidores, o nos da todo lo que tiene a cambio de una muerte menos dolorosa, aparte que se recompensara anónimamente a su familia.

—¿Cómo está actualmente tú imagen? —se levanta para servirnos algo de tomar.

—La prensa no deja de hablar de mí, pero logré callar a Hot and Spicy, por lo que la campaña en mi contra finalizo. —acepto la copa que me da—. Según las noticias estoy en unas vacaciones y no saben cuando volveré.

—Bien, no quiero que te involucren con el tráfico por lo mismo, se creara un lugar en donde legalmente se comprara y aceptaran donaciones de órganos, el hospital ante el público se abastecerá de él.

—Ya ansío que cortemos el listo y sé de por inaugurado el hospital. —nos sentamos en el sillón—. Es mi mayor meta y a pesar de todo... estoy orgullosa de saber que será real.

Aprieta mi mano para después depositar un casto beso.

—Debes estarlo, porque has llegado hasta donde estás, por todas tus capacidades, ninguno en tu sitio hubiera llegado tan lejos. —respiro con pesadez—. Admiro tu fuerza de voluntad, pero venero tu ambición y ganas de comerte al mundo.

Mis ojos se llenan de lágrimas que no derramo.

>>ты лучшее, что случилось со мной

—Tú también para mí. —las demás palabras se atoran en mi garganta, pero no las digo.

Nos quedamos viendo por otro rato y poco a poco acercamos nuestros rostros. Sin dejar de vernos acortamos la distancia y cuando sus labios están sobre los míos susurra algo ilegible.

No estoy segura de lo que dijo, pero creo saberlo y me aterra que sea cierto, sin embargo, al separarnos sus palabras son suficientes para saber que lo escuche al principio fue real.

—Eres mi todo Alessia y tuviste razón al decir que no podría subsistir sin ti. —lleva sus palmas a mis mejillas acariciándome con sus pulgares—. Tú puedes vivir sin mí, pero yo sin ti no.

—Oleg...

Vuelve a besarme y nuevamente las palabras se atoran en mi garganta.

No puedo.

***

Mi cuerpo está sudoroso, me muevo de un lado a otro, me doy vuelta, pero no logro dormir. Son las tres de la madrugada y desde que decidí abandonar a Oleg en la oficina no he logrado pegar el ojo.

Luego de su confesión y nuestra sección de besos recibió una llamada en la que empezó a maldecir, no sé a quién, al finalizar le pregunte si se iba a acostar, pero dijo que no.

Al parecer hay un problema que incluye a su sobrino y a la mujer que está encubriendo, estaba tan aturdida que preferí salir y él dijo que fuera a descansar, desde entonces no logro conciliar el sueño y el motivo.

Con la frente sudorosa me levanto y camino a la cocina para tomar un poco de agua, pero decido preparar un café para mi Bestia, debe necesitarlo. Con la bandeja en mano me acerco a la oficina.

—¿Cómo que Ágata está en México?

Me dejo ver dejando la bandeja frente a él, no se me apetece escucharlo hablar de ninguna mujer, de hecho me molesta su tono al no haber sido informado.

Quédate con tu maldita Ágata, Bestia.

Salgo del despacho con mi humor descompuesto y cuando vuelvo a la cama me arrepiento de hacerlo.

No otra vez.

Oleg no vuelve hasta entrada la mañana y me pregunto que tanto habló de esa mujer.

***

Las cosas van de mal en peor, las pesadillas volvieron a mí y las odio porque se sienten tan reales que no quiero despertar. Cualquiera diría que son sueños bonitos, pero para mí son pesadillas al ser un recordatorio constante de lo que no podré tener.

Ahora fue una hermosa niña, con mis ojos y su cabello, era tan linda y disfrutaba tanto que cuando desperté y ver el cabello revuelto de Oleg se formó un nudo en mi garganta.

No tengo a mi niña.

Ya no sé cómo debo proseguir con esto sin alterar las cosas, la Bestia hace unos días me recomendó hacer una terapia de pareja y acepte, pero hasta acabar con quienes nos dañaron, esa fue mi condición.

Es por ello que desde ese momento me levante sin querer despertar a Oleg, ya que estuvo en vela toda la noche y madrugada, yo igual, pero no podría seguir en la cama, por ello me meto en la cocina.

—Señora, deje eso y déjemelo a mí. —se mete Margarita cuando le informo que yo haré el almuerzo.

—No te preocupes Margarita, mejor ve con Bolas y Pelos para que se adapten más a ti, deben saber que eres inofensiva.

No muy contenta y preocupada por que Oleg se enoje y diga que no hace su trabajo, sale de la cocina y la veo perderse cuando sale por la puerta de cristal que da al patio.

—¿Qué me pasa? ¿Qué me hiciste maldita Bestia?

Odio cocinar, lo detesto y creo que en los últimos meses solo lo hice una vez en mi apartamento cuando Oleg se quedó conmigo... y hoy otra vez lo hago para ambos.

Mis manos se mueven con agilidad picando los vegetales, superviso la carne y en poco tiempo ya tengo listo el almuerzo.

Al finalizar me recargo en la encimera sintiendo como mi cuerpo tiembla, necesito descargar mi ira... no podré retenerla por más tiempo.

Dios... que me pasa.

Suelto un gemido cuando los fríos dedos de Oleg recorren mi estómago desnudo. Me trago el nudo que se forma en mi garganta y dejo que pose su barbilla en mi hombro.

—Huele bien. —comenta al ver lo que he hecho—. ¿Qué celebramos?

No respondo, porque estoy tan concentrada en las caricias que hace sobre mi vientre que me tiene atontada. Mi respiración se agita cuando él se percata de lo que sucede y se separa.

No, ya no lo quiero lejos.

Lo necesito junto a mí, sin que haya nada entre nosotros. Lo deseo y con mi mirada se lo hago saber, pero en lugar de complacerme da dos pasos atrás.

—Alessia...

—Sé lo que piensas, pero te necesito, ya no puedo más Oleg, estoy desesperada y solo tú sabes calmar mis demonios.

Niega sabiendo perfectamente a lo que me refiero, lo que paso con Belial y Carsten solo despertaron el demonio que obligo a dormir porque suelto es un peligro.

—Detente...

—Fóllame.—ordeno.

Doy dos pasos al frente y me relamo los labios al verlo con solo un pantalón de pijama y el cabello revuelto.

En estos momentos no me importa nada más que el hombre frente a mí. Llevo mis manos a su pecho sintiendo el calor del mismo.

—Alessia, no. —repite y lleva sus manos a mis muñecas queriendo que deje de tocarlo.

Estoy desesperada, necesito su toque porque sin él no podré pasar un día más.

—Te necesito, maldita sea. —gruño zafándome de su agarre y sin dejarlo protestar meto mi mano en su pijama y lo escucho jadear cuando tomo su miembro—. No llevas ropa interior, ¿Me estabas esperando? ¿Es eso? Dime como puedes dormir junto a mí sin querer arrancarme la ropa

No dejo de tocarlo viendo como su rostro se pone rojo y la indecisión es marcada en su expresión.

—¿Qué se supone que te pasa? —me saca la mano y la sujeta con demasiada fuerza—. ¿Tomaste algo? —sujeta mi mentón con una mano observado mis ojos con detenimiento

—¿Qué te sucede a ti? Ahora necesito estar drogada para interesarme en ti? —lo ataco y alza el mentón con orgullo.

—Maldita Sumasshedshiy. —me besa.

No pregunta si estoy bien o si me siento preparada tras lo que sucedido y eso me gusta porque no quiero recordarlo y él lo sabe.

—Jamás me cansaré de ti. —jadeo.

Sin separar nuestros labios me toma de mis piernas desnudas y me sube al desayunador. No tardo en colar mis dedos en su cabello a la vez que él estruja mis piernas.

Ni suave ni dulce, lo quiero duro y rápido.

—Es que es imposible que lo hagas. —gruñe y pasa sus labios a mi cuello.

Sus manos suben, pero no se dirigen a mi intimidad, sino que toman posesión de mi trasero. Gimo. Toma mis piernas y me arrastra hasta que enrollo mis piernas en su cintura.

—Tienes razón, es imposible que me canse de ti, y viceversa. —cierro los ojos dejándome llevar por el placer que me provoca sus manos y su boca—. A lo mejor eres tú quien se cansa de mí.

Lo escucho gruñir en desaprobación.

La fuerte mordida junto a sus manos metiéndose en mi short de dormir alteran mi sistema.

—Vuelve a decir algo como eso y lo lamentaras. —amenaza volviéndose a apoderar de mis labios—. Mía tú, hoy mañana y siempre.

En cuestión de segundos me quita la ropa quedando desnuda y con las piernas abiertas frente a él que se relame los labios viendo mi intimidad.

—Estoy completamente mojada y resbaladiza. —me toco—. Por y para ti... mi querida Bestia.

No se percata que quise decirle un apelativo bonito que lo sustituí por lo que es.

—Y ya va siendo hora que lo firmes para que después no andes con estupideces haciéndote la tonta. —arrugo las cejas sin entender.

Estoy por protestar cuando ya se ha apoderado de mi intimidad.

Suelto un largo gemido que se escucha por toda la casa y solo espero que Margarita no esté cerca porque no se me apetece darle un espectáculo.

Bolas y Pelos se fueron hace un rato por lo que me siento libre siendo devorada por mi hombre.

—Me gusta... Dios esto es la gloria. —llevo mi mano a su cabello para hundirlo más.

Alzo mis caderas, pero el muy desgraciado me detiene sujetándome el culo. Lo ignoro y sosteniéndome de una mano gozo por todos los nervios que toca cuando enrolla su legua en mi clítoris, hace la presión exacta para hacerme explotar.

¡Me encanta, me encanta!

No sé cuanto tiempo pasa hasta que nos trasladamos a la sala y me sienta en el sillón para después parase frente a mí, porque ahora soy yo quien disfruta de lo que tiene entre las piernas.

—Abre bien Alessia. —gruñe sujetando mi cabello.

Ya no me importa que me fuerce, de hecho me encanta como mueve sus caderas y mantiene mi cabeza en el lugar sin poder separarme.

Lo veo a los ojos sintiendo que las lágrimas empañan mis ojos ante la follada que le está dando a mi boca.

Rico.

No hay ningún aviso y ni siquiera lo necesito porque esta vez también me la trago toda y me separo cuando las últimas gotas caen sobre mi lengua. Me relamo los labios y con mi boca me encargo de dejarlo limpio.

—Sabes delicioso. —confieso mientras me ayuda a levantarme.

Oleg pasa un dedo sobre mi labio y mi boca se abre cuando se lo lleva a la suya saboreándose. Siento que mi calentura evoluciona ante lo excitante que fue la escena y no lo pienso dos veces cuando me cuelgo de él y me como su boca.

Me sube sobre la mesa y así pasamos un buen tiempo hasta que se pasa a mis tenas y las llena de besos, mordidas y muchas caricias.

—En la tarde iré a la clínica, ¿Quieres acompañarme? —siento su aliento sobre mi teta cuando sonríe para después apresar mi pezón.

—Deberías hacer unos cambios.

—No tengo tiempo... ¡Ay por Dios! —entierro mis uñas en su espalda cuando mete dos dedos de golpe en mi vagina—. ¿Qué... es lo que no te agrada?

Mueve sus dedos y los dobla dentro de mí hacia arriba, haciéndome arquear la espalda.

—No me agrada Vilma, no quiero que confíes en ella, ya le has dado demasiado poder.

No puedo sentir vergüenza cuando saca mis fluidos y los riega en mis pezones para después lamerlas. No sé qué es lo que pido, pero le pido más y repite la acción unas cuantas veces más antes de volver a tener un orgasmo que me tiene callando mis gemidos sobre su hombro.

Su móvil suena, pero lo ignora y la deja perder, esta vez me hablan a mí y cuando estoy por tomarlo él se adelanta y contesta.

—¡¿Por qué mierdas le hablas a mi mujer?! —maldigo en silencio, pero la sonrisa de estúpida no me la quita nadie—. Si no te respondo es porque estoy ocupado, por ende también ella así que deja de joder.

Sin dejar de hablar me baja de la mesa y me lleva cargada a la sala en donde se sienta y me sienta sobre él.

Ambos estamos desnudos y empiezo a jugar con su miembro para que se relaje, pero solo logro que sus músculos se tensen.

—Y a mí que me importa... —se calla cuando paseo mi vagina mojada sobre su miembro erecto. Lo empapo y el placer que me provoco me hace mecerme de adelante hacia atrás con más rapidez.

Poco a poco empapando su miembro, que cada vez lucha por entrar en mí y eso lo que más quiero.

Lo deseo.

—Que sea la última vez, ¡Si me entendieron! —corta y sé que está molesto.

—¿Quién era? —cuestiono mientras entierro mi rostro en su cuello y empiezo a besarlo.

—Caleb. —responde acariciando mi espalda.

Gruñe, pero cuando no me aparta continuo mordiendo y chupando.

Mío, mío, mío.

—Que conste que nunca he hablado con él y no sé como consiguió mi número. —aclaro.

Paso mi lengua por su hombro y llevo mi mano a su miembro para posicionarlo en mi entrada.

—Lo sé y es hacker, no debes sorprenderte, pero eso estaba fuera de sus límites. —lo sigo tentando y él me sujeta con fuerza.

—¿Y que quería?

—Que le diera acceso a la propiedad. —me detengo de golpe.

El timbre de la casa suena y Margarita pasa a nuestro lado como si no existiéramos.

—¡Está aquí! —chillo.

Toma mis caderas para penetrarme, pero cuando escucho la voz de Caleb junto a otros agentes, me levanto de golpe y tomo la pijama de Oleg.

Se la lanzo sin saber si la tomo y corro por la sala hasta llegar a la escalera. Las voces son cada vez más fuertes y por los jadeos sé que han visto mi culo desnudo.

Maldito, mil veces maldito, esta me las pagará.

***

Ya aseada bajo y saludo como si nada, Oleg también está bañado por lo que deduzco que utilizo otro baño. No hay comentarios fuera de tono, solo miradas burlonas a Oleg que parece que un mosquito lo ataco por lo rojo de su cuello.

Ni hablar de sus brazos con las líneas rojas de mis uñas, espero que no hayan visto su espalda porque supongo que estará peor.

Los dejo hablar de la nueva organización mientras yo me encargo de hablar con Melany y quedamos de reunirnos con los hombres que Dmitry ha entrenado.

No se lo he comentado a Oleg, pero supongo que no dudara en acompañarme porque necesito que tanto mis hombres como los suyos sepan de lo que estamos creando juntos.

—Los detalles son muy importantes, no debes pasarlos por altos. —se queja Iryna.

Sin interrumpir me siento al lado de la Bestia que no tarda en tomar mi mano y ningún agente lo pasa por alto.

—Alessia, ¿Qué opinas? —se dirige a mí y me explica de que habla.

—Estaba pensando en algo, pero no sé si será posible. —dudo en si continuar porque quería hablar de esto con Oleg—. Tengo un laboratorio en el que se podría hacer pruebas...

—¿Qué planeas? —sonrío y les digo mi idea que al parecer no es tan descabellada.

—Hay una persona que podría hacerlo, haz un informe cuidando de cada detalle y yo me encargaré de que la propuesta le llegué.

—Si no tienes dudas de esa persona... me gustaría conocerla. ¿Quién es?

Se queda en silencio y los agentes se remueven incómodos. No aparto la vista de Oleg hasta que suelta el aire y habla.

—Ágata. —me tenso.

Relamo mis labios sin saber como tomar su declaración.

—¿Confías en ella? —asiente—. Entonces empezaré a trabajar en él.

La conversación sigue y mentalmente anoto hablarlo con Melany y Mónica.

—¿La jerarquía será igual?

—No, en OFR, gobernaba el machismo y solo se respetaban los primeros tres cargos en la línea de descendencia, por lo que ahora será diferente y cada rango será respetado.

Caleb se encarga de anotar y grabar ciertas partes de la conversación.

—Cada escuadrón será conformado por treinta agentes, liderado por dos tenientes y un capitán.

Espero que continué con cargos, pero al parecer dice no querer dar tanto poder a nadie, por lo que la junta se encargará de delegar a un General de su confianza para cada base y serán ellos los encargados de que toda la información sé de a conocer a cada agente.

En cada lugar solo abra un General, pero los escuadrones van a varias, mínimo diez en cada uno.

—¿Y quiénes conformarán la junta? —inquiere Rustam

Creo que eso o es difícil deducirlo.

—Vyshe y otros agentes.

—¿Qué son?

—Jiku y los demás solo los conocerá Rustam porque no se presentaran.

Me quedo esperando en donde entro yo, porque me parece absurdo que ser de los que no menciona. Los demás no están sorprendidos y eso me enfurece

Dijo que yo también sería parte y no me quiero quedar siendo un simple agente de algún escuadrón.

Estoy por hablar cuando Caleb conecta una cámara enfocándonos a todos, quiero preguntar, pero cuando Oleg se levanta y me tiende la mano desisto de la idea.

—Hoy, 20 de enero, se da por iniciada nuestra organización, lidera por la doctora Alessia Carvajal y mi persona, el Superior Oleg Bogdánov, somos la máxima autoridad y cada palabra que salga de nuestros labios será ley. —aprieto su mano—. Todo aquel de nuestras filas que sea encontrado de in flagrante será castigado.

El aire se atora en mi garganta y cuando deja de hablar dándome la palabra suelto el aire retenido con disimulo.

—Nuestra organización no va a tolerar ninguna falta y todo aquel que piense siquiera en intentar traicionarnos, lo pagara muy caro. —alzo el mentón—. La traición se paga con muerte y pasará de generación, en generación, así que más vale que tengan claros cuáles son sus ideales.

Todos asiente y ni siquiera me sorprende cuando cada agente reunido en el lugar nos dan un saludo militar. En OFR, los vi muy pocas veces, pero ahora las cosas van a cambiar.

Siempre dije que era una Reina creando mi imperio... pero la idea de unir el mío con el de Oleg es aún más exquisito.

Solo necesitamos eso... que nos unirá legalmente y así mismo nuestros imperios.

***

Tengo los nervios de punta, pero no dejo que se note, aunque conociendo a Oleg es probable que ya lo sepa.

Ambos estamos vestidos con camuflados negros y playeras blancas, eso me da una idea más clara de como quiero los nuestro, si nos vamos a arriesgar no me voy a conformar con chalecos antibalas, necesito que de por sí el traje sea seguro para eso necesito ayuda de Melany y Mónica.

Ya empecé a trabajar en mi idea y espero que la tal Ágata sea así de buena como la pintan.

—¿Desde hace cuento tienes a tú ejército? —salgo de mis pensamientos.

—Antes de ir a Rusia, ya sabía que lo necesitaba, pero no sabía como empezar. —confieso y que su mandíbula se tense me dice que el que no haya acudido a él le molesta—. Pocos días antes del enfrentamiento con Rojo Sangre conocí a alguien y fue él quien se encargó de cuidar las armas.

—Armas que bien pudiste pedir, pero decidiste robarlas. —sonrío con inocencia—. Sin contar la suma de dinero que pediste por un falso secuestro.

—Fue utilizado para una buena causa. —alza una ceja.

No vuelve a decir nada del tema, solo sigue con las preguntas con respecto al hombre que reunió mi ejército. No confía en él y por su rostro sé que algo trama.

A las pocas horas llegamos al lugar acordado y mi sangre hierve al ver el escenario. Oleg a mi lado se pone pálido y cuando me bajo no reacciona.

—¡Qué se supone que está haciendo! —grito furiosa sin dejar de caminar.

—No des un paso más Alessia. —advierte Raisa con un tono suave, pero con autoridad.

Está loca si cree que le haré caso.

Frente a mí, está Dmitry siendo apuntado por Raisa, la madre de Oleg.

—No sea una suegra entrometida y retírese. —la rabia está en cada palabra—. ¡Deje de joderme la existencia!

—Un paso más y le vuelo los sesos. —su amenaza no hace más que enfurecerme.

¡Cómo se atreve!

—¡Deje...!

Me callo de golpe cuando siento los dedos fríos de Oleg cuando toma mi mano, me giro para encararlo, pero todo se esfuma cuando me percato del sudor bajando por su cuello.

—Mi amor, que te pasa. —llevo mi mano a su mejilla.

No responde, su mirada está fija en la mujer que apunta al hombre que debía presentar.

—No hagas dramas y ve como se ha puesto tu hijo. —el tono ronco y despreocupado de Dmitry me hace verlo.

Está confiado sin importar que lo puedan asesinar, sin embargo, ante sus palabras, Raisa baja el arma y nos encara.

Ambos ven con fijeza a Oleg mientras él intercambia los ojos entre ambos.

—¿Qué pasa? Oleg háblame. —no responde—. Váyanse de inmediato. —gruño.

No sé qué pasa, pero que ellos hayan dejado a Oleg sin habla es razón suficiente para no querer verlos.

—Tanto tiempo sin vernos. —Raisa es la primera en moverse y tenso la mandíbula cuando el agarre de Oleg se intensifica.

—Un paso más y seré yo quien te vuele los sesos. —advierto mientras saco mi arma.

Raisa no se inmuta, pero lo que me deja muda es que Dmitry hace lo mismo, pero apuntándome a mí.

Trago grueso y la acción hace reaccionar a Oleg que me suelta y en cuestión de segundos está frente a Dmitry golpeándolo.

Bueno... no es que Dmitry se deje, creo que es la primera persona que se pone a la par, aunque él no trata de lastimarlo, solo se defiende, pero parece conocer perfectamente sus movimientos y es lo que enfurece a la Bestia.

—No es fascinante. —comenta Raisa, maravillada por la escena—. Es algo que siempre quise ver.

La veo mal y apunto a Dmitry, porque si se atrevió a apuntarme perdió, conmigo ya perdió y que esté peleando con mi hombre es el colmo.

No dejan de moverse y no quiero lastimar a la Bestia.

—¡Oleg, quítate! —me frustro.

Dmitry se percata de lo que quiero hacer y su mirada se oscurece para después empezar a golpear a mi hombre.

—Vamos, jala el gatillo.

—¡Usted mejor no hable! —quito el seguro.

No dejo de apuntar cuando veo la espalda del desgraciado, no dudo y jalo el gatillo.

Dmitry hace un movimiento rápido y... dejo de respirar cuando la bala impacta con el pecho de Oleg.

No, no, no.

—¡Oleg! —grito y dejo caer el arma de inmediato.

Corro, corro sintiendo como mi corazón se paraliza al ver la sangre en su mano cuando se toca la zona.

—Tranquila... todo está bien.

—Bestia, no quise. —no sé qué hacer, cae de rodillas y las mías se debilitan ante la vista que me da—. Perdón, perdón...

—Sumasshedshiy, ya cállate. —su rostro se torna rojo y aunque no me lo diga sé que le duele.

Mierda, le disparé a Oleg.

Su playera se empapa de sangre que me tiene al borde de la histeria.

—Ven, vamos, debemos ir al hospital. —me arrodillo y lo obligo a pasar su brazo sobre mi hombro—. No te desmayes, por favor resiste.

Lo escucho gruñir cuando me impulso para levantarnos y lastimo su herida.

No veo a nadie, siento sus ojos sobre nosotros, pero estoy tan preocupada que los ignoro. Solo logro dar cuatro pasos cuando siento mi pecho doler al hacer fuerza.

¡Mierda, Oleg pesa!

—Yo me encargo.

Lo próximo que siento es que su peso se desvanece cuando ya me lo han arrebatado. Todas mis alarmas se disparan cuando unos hombres se lo llevan a unas camionetas.

—¡No, como se atreve! ¡Déjenlo! —desesperada porque se lo estén llevando, me meto en su camino—. No les permito que se lo lleven.

—Alessia, está perdiendo demasiada sangre, si no se atiende de inmediato va a morir desangrado. —mi mandíbula tiembla porque tiene razón, pero no concibo la idea de que lo separen de mi lado.

—Sumasshedshiy, está bien. —Veo a Oleg que ya perdió todo el color de sus labios, y su cara pálida ante la perdida de sangre—. Confía en mí, estaré bien.

—Confío en ti, en quien no confió es en ellos.

Me apartan de un tirón y escucho gruñir a la Bestia.

—Todo estará bien...

—¡Oleg! —chillo cuando se desmaya.

La perdida de sangre es grande y cuando cierran la puerta de la furgoneta en la que lo meten, me subo en la otra que lo sigue.

No aparto mi vista de enfrente y ruego que no muera, porque entonces estaré jodida.

***

Han pasado las cinco horas más angustiantes en las que no me dejaron entrar a la habitación en la que lo tienen, porque ni siquiera tuvieron la decencia de llevarlo al hospital. Estamos en una casa similar a la nuestra y al parecer tenían todo lo que se necesitaba para salvarlo.

No he parado de maldecirme, porque no podría perdonarme el haberle disparado y que muera.

¡Joder, Oleg puede morir por mi culpa!

Estoy frente a Raisa que no se ha movido del lugar y tampoco ha quitado su vista de mí. Me estresa que analice todo lo que hago, porque estoy preocupada por su hijo, pero a ella parece no importarle.

Me sorprende que ya no haya dicho comentarios ofensivos como en el restaurante, de hecho es como si algo le hubiera pasado porque toda su aura ha cambiado y aunque cuando la vi solo quería asesinarla, ahora me da igual.

—Estará bien, deberías sentarte o ir a descansar, ya que se nota que lo necesitas.

—Usted no lo sabe, ya parece que no le importa.

—Puedes tutearme.

—No gracias, la última vez se hizo la ofendida por estar robándome a su hijo. —me burlo.

—Comencemos otra vez, soy la señora Bogdánov, madre de tu pareja. —se acerca y me tiende la mano.

La veo con recelo sin querer caer en cualquier trampa que esté pensando.

—¿Qué ha cambiado?

—Nada, siempre me has agrado Alessia, eres la mejor mujer que una madre quiere para sus hijos.

—No es lo que me dio a entender.

—No soy esa persona. —ruedo los ojos sin querer caer en su juego.

Baja la mano cuando no respondo sonríe de lado como si fuera lo mejor que ha visto.

Muy cuerda no es, por lo que no puedo esperar mucho de la Bestia.

—Lamento lo sucedido. —alzo el rostro—. Que quedaras estéril es algo que nunca cruzo por mi mente, pero ella lo pagara.

Me tenso y me siento frente a ella analizando su expresión.

—¿Qué quiere? —gruño.

—No soy tu enemiga, si estoy aquí es por ti y por mis hijos.

—Estoy segura de que disfruto la noticia, aunque me gustaría saber como se dio cuenta—comento con el dolor atorado en mi pecho.

—No hay nada que no sepa y si necesitas ayuda sabes que puedes contar conmigo. —no me deja responder—. Pero hay tratamientos, y muy buenos, y si no son compatibles contigo, pues consigo lo que sea necesario para Oleg y para que ti, que eres la futura madre de mis nietos.

El nudo en mi garganta se hace más grande y hago hasta lo imposible para poder controlarlo.

—No para mí.

—Nada es imposible.

—No lo quiero, no quiero nada, no quiero tratamientos, no quiero investigaciones y no quiero dolor para más desilusiones. —suelto con resentimiento—. No quiero y ya y por favor le pido que no hable más del tema.

Hago un esfuerzo para mantenerme firme, porque, no podría... Oleg está grave y lo menos que necesito es recordar por lo que acabamos de pasar.

No estoy bien, estoy sanando y no es momento para hablar de tratamientos que ni siquiera van a funcionar.

—Oleg...

—¡Ya vasta!

Sin querer hablar del tema me levanto dispuesta a irme, sin embargo, sus palabras me hacen detener, pero no me giro.

—Alessia, recuerda que para mí nada es imposible y haré hasta lo considerado imposible para el bienestar y felicidad de mi hijo.

No respondo, sigo caminando sin saber a donde ir.

Necesito dispersar mis pensamientos, porque no debo caer, no puedo ni debo hacerlo, no es sano y si quiero sanar debo continuar.

Ya lo solté, ahora necesito dejarlo ir...

***

—Que estoy bien, ya deja de molestar.

Se queja, pero lo ignoro y leo el expediente que solicite y verifico las dosis de suero intravenoso mezclado con el medicamento.

—Es muy baja, de seguro debe dolerte demasiado. —comento ignorándolo sin dejar de leer.

Dejo los documentos de lado y me pongo unos guantes llenando la jeringa con el medicamento para el dolor.

—Alessia, con esa dosis me vas a dopar. —se queja molesto.

Sigue gruñendo, pero lo ignoro en todo momento, siento la mirada de Raisa en mi espalda, pero no volteo.

—Necesitas descansar.

—No hay tiempo.

—¿Cómo que no? Mírame hacerlo. —lo reto mientras lo inyecto en su suero y dejo una gota ligera.

—Me está doliendo el brazo. —se queja.

—Pues te aguantas y más te vale dejar de mover el brazo porque vas a doblar la aguja. —lo regaño mientras llevo su mano a la cama.

—Es perfecta.

Las palabras de la mujer a mi espalda me hacen detener mis acciones y provocan que el cuerpo de Oleg se tense.

—Suegra metiche. —gruño bajo, pero estoy más que segura de que ambos escucharon.

—Alessia, quiero presentarte a alguien. —fuerzo una sonrisa y me hago a un lado para enfrentarla.

La mujer no deja de vernos y más cuando posesivamente coloco mi mano sobre su hombro.

—Por si no lo recuerdas, ya nos conocemos. —gruño—. Y no me agrada.

—¿No te agrada la Raisa del pasado o la mujer con la que has estado?

Arrugo las cejas y lo veo mal.

El disparo fue en su pecho en la parte derecha, no en su cerebro, pero lo parece.

—¿A qué quieres llegar?

Se queda en silencio sin dejar de verla.

—Moya lyubov' La mujer frente a nosotros es mi madre, Ágata Bogdánov.

Y así es como todo se descompone y mis piernas tiemblan sin dejar de verla.

—¿De qué estás hablando?

—Ella es mi madre, hermana gemela de Raisa que ella misma asesinó. —alzo el mentón.

Mis dientes chocan de rabia, pero sabiamente me mantengo en silencio.

Hijo de puta, me mintió.

***

¡Spoiler!

—Sumasshedshiy, esas son demasiadas preguntas, mejor ven aquí. —Toma mi mano y me jala.

Mi rostro queda en su pecho tibio y doy una gran calada de aire queriendo memorizar su esencia.

—Te extrañe. —confieso sin abrir los ojos.

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