Capítulo 32/2

Love the way you lie - Eminem ft Rianna. One hour. 

Recuerden que es una historia +21

—¿Qué desea? —pregunta la estilista.

Ya compré mi traje, es un bonito pantalón azul marino formal que marca las partes correctas. Una blusa blanca con un escote para la ocasión que llevaré por dentro y el blazer a juego del pantalón.

Luego de la conversación y el descubrimiento que tuve ayer sobre OFR, no pude pegar el ojo en lo que quedó de la madrugada, sin embargo, ese no será un impedimento para abandonar mi ascenso.

El tema del intento de suicidio de mi madre sigue rondando en mi mente, pero sé que no debo darle protagonismo.

Ambas fuimos honestas y espero que con eso a cada una le quede claro que ya no vale nada en la vida de la otra, yo ya lo sabía, pero soy una terca que no lo quería aceptar.

Me cansé. No puedo ir por la vida siendo el saco de boxeo de nadie.

Debo dejar de pensar en todo lo que pasó desde que salí de mi apartamento hasta que regresé cuando la Bestia me llevó, quiero ignorar el hecho de que él sabe parte de mi mierda.

También ignoraré lo que estaba en la agenda, no lo terminé de leer y no estoy segura de hacerlo pronto, por el momento está bajo llave.

—Quiero que definas el estilo de mi cabello en un liso perfecto. Recógelo en una coleta sin ningún mechón de fuera. —aclaro. —Con el maquillaje quiero que remarques cada facción de mi rostro. —La empleada asiente empezando mi pedido.

Dos horas después ya estoy lista, tomo los zapatos blancos de 10 centímetros, ignoro las llamadas que me hacen. A estas alturas ya han de estar enterados de lo que haremos, por lo tanto, no quiero que me atosiguen.

La seguridad que emano tiene que venir solo de mí, no de otras personas intentando darme ánimos que no me hacen falta.

Sin mirar a nadie entro al anfiteatro en donde hay muchas personas, médicos de distintas áreas y partes del Estado, creo que hasta del país. Está toda la junta y algunos invitados especiales provenientes de otros países.

—Por aquí doctora. —dice un organizador. Me lleva tras bambalinas terminando de acomodar lo necesario. Seré la última en hacer mi presentación.

Odio ser la última, tenía que ser la primera, sin embargo, ese lugar se lo llevo Vilma y el segundo Rubén.

—Es hora. —nos llaman.

Los tres salimos y la luz de los reflectores en lugar de dejarme ciega me deja impaciente. No veo a nadie del público y sinceramente lo agradezco, así es mejor.

—La dinámica cambiará. —anuncian poniéndome alerta. —se hará una serie de preguntas y el que de las mejores respuestas será quien obtenga el ascenso. —escucho los murmullos. —Sabemos que los tres son capaces, así que no nos extenderemos.

Vilma se para frente al podio mientras espera que empiecen las preguntas.

—Bienvenida Dra. Vilma Salazar, es un placer para mí tener la oportunidad de ser el interventor. —señala un hombre.

Vilma se encuentra con un vestido negro formal y un moño que realza sus facciones, las preguntas empiezan, son claras y cerradas, pero no puedo evitar que sus respuestas me asqueen.

¡Paciencia Alessia!

Ha cautivado a buena parte de la audiencia, se desenvuelve con calma, sus respuestas no son tan complejas, pero están faltas de objetividad y es algo que la pondrá en desventaja.

Ruedo los ojos al escuchar con que humildad se refiere a todo, hace promesas que ningún médico tendría que hacer y es otra cosa que odio. Está a nada de decirles que ella se sacrificaría si llega alguien y necesita un órgano.

Agradezco cuando su turno termina, es demasiada miel para mi gusto.

—Dr. Rubén Urbina. —anuncia. —Es su momento de brillar.

El mencionado se levanta, va de un traje negro sin corbata, su cabello perfectamente peinado. Muchas mujeres lo ven tan atractivo, pero todo él me parece tan asqueroso y repugnante que incluso me felicito por tolerar su presencia.

Las respuestas de Rubén y todo lo que desprende lo hace estar por encima de Vilma y por el rostro de ella, sé que no le afecta.

Sus afirmaciones y forma de expresarse se vuelven tan carismáticas que nadie imaginaría lo que su mente retorcida es capaz de planear con tal de lograr sus caprichos y fetiches.

Poco a poco el tiempo pasa en el que me mantengo serena escuchando cada palabra, las preguntas son las mismas por lo que lo único diferente es la actitud que toman.

Ambos son unos patéticos que buscan caerles bien a la audiencia sin saber que ellos solo están para saber el rumbo que tomará el hospital, porque son solo 15 las personas que lo decidirán.

La junta.

—Por último, pero no menos importante la Dra. Alessia Carvajal. —me levanto.

La ráfaga de aplausos que acompañan mis pasos llena mi rostro de una sonrisa de suficiencia.

>> ¿Qué la motivó a participar en este ascenso doctora? —pregunta.

No me es difícil que la respuesta llegue sola.

—Deseos de grandeza, con mi cargo soy superior, pero con lo que le sigue sería inalcanzable. —expreso. —Yo no nací para conformarme con algo que fácilmente puedo superar. Soy capaz de tener el mando y con mis conocimientos transmitir la seguridad que especialistas y residentes necesitan. —explico.

El interventor parpadea dos veces ante mis palabras. Carraspea y continua.

Las preguntas siguen y aunque el lugar se quede en silencio tras algunas de mis respuestas no me cohíbo, sé lo que quiero y no tengo miedo de demostrarlo. No voy a ser una hipócrita que venderé una falsa imagen de lo que quiero en mi mandato.

Me importa poco lo que ellos quieran mientras yo obtenga lo que deseo.

No me distraigo ni con el murmullo de Rubén que me acusa de corrupción.

—¿Cuáles serían algunos de los cambios que realizaría con respecto a los que estarán bajo su poder?

—Mejorar su actitud. —ruedo los ojos. —De nada me sirve que haya 25 cirujanos cuando 15 de ellos son unos incompetentes al no poder controlar sus emociones. —alzo el mentón. —No pueden enfrentarse a un paciente cuando ni siquiera pueden mantenerse cuerdos.

Hago una pausa para luego continuar.

>>Si tienen problemas en casa, los obligaré a dejarlos en la puerta de mi territorio, porque no voy a permitir a ineptos que no pueden separar sus cosas. Yo trabajaré con expertos y si no lo son, les enseñaré a como ser un buen profesional.

En pocas palabras necesito imponer un chip que los hará trabajar a mi manera.

Mi última respuesta hace que una persona del público empiece a aplaudir, en cuestión de segundos todo el lugar se llena del sonido que hace que mi corazón se llene de orgullo.

—La votación empieza ya. —pasan los 45 minutos más tensos que he podido probar.

De la oscuridad veo a Oleg, viene en un traje negro a la medida. Evito comérmelo con la mirada y recordar lo sucedido en mi apartamento, Centrada con piernas cerradas, Alessia.

Sube al escenario con un sobre en sus manos. El presentador trata de pedírselo para decir el ganador, pero se lleva la ignorada del siglo cuando Oleg pasa por su lado y se para frente al podio donde anteriormente paso cada uno.

—La junta directiva nacional e internacional llegó a un acuerdo. —empieza. Las palmas de mis manos sudan. —Con un 10% queda Rubén Urbina. —sonrío. —El siguiente 35% es para... —mi ritmo cardiaco aumenta. No escucho nada, no veo nada, que no sea el hombre que está a punto de hacerme la mujer más envidiada. —Vilma Salazar. —sé lo que eso significa.

El público empieza a festejar conociendo la respuesta.

>>Por lo tanto, con un 55% Alessia Carvajal se convierte en la nueva jefa de cirugía. —me mira. No hay nada en su rostro quizá alucino, pero por breves segundos veo que curva sus labios. —Felicidades doctora. —Me acerco al frente donde viene Tobar.

Recibo muchas felicitaciones mientras escucho las palabras de bienvenida de mi actual jefe, el Dr. Daniel Tobar.

Siento la adrenalina recorrer cada parte de mí, esa la conozco como la felicidad, me siento realmente feliz y satisfecha de haber podido cumplir una meta más.

A Alessia Carvajal nada le queda grande.

Este día no puede terminar mejor, cuando Tobar finaliza visualizo que Oleg viene a mi encuentro, cuando llega a mi lado las luces se apagan. Escucho exclamaciones y percibo que la Bestia se tensa.

No me importa nada, aprovecho la oscuridad para besar a Oleg, en cualquier momento las luces se van a volver a encender, por eso disfruto cada segundo.

Toco sus hombros bajando por sus brazos, cada músculo está tenso. Me corresponde el beso como un hambriento, pero solo son unos segundos para después separarse. 

Me lleva detrás de su cuerpo como si quisiera protegerme. Es entonces que entiendo la gravedad de la situación.

—Vigila cada entrada. —ordena.

Sé que no es a mí porque a los segundos le responden.

No hay nada sospechoso. —informó. —área segura Superior, cambio.

Siento como toma mi muñeca para luego jalarme.

Su propósito queda a medias cuando un proyector enfoca todo el escenario. Se ve un conteo regresivo de tres segundo, Oleg lleva su mano a su espalda y mis vellos se erizan al ver el arma.

Cuando el conteo termina empieza un video. Nadie entiende nada, yo igual no lo entendía hasta que el video muestra el ambiente de una fiesta.

Cada célula de mi cuerpo entra en pánico al conocer de memoria esa cinta.

—Bebe un poco. —dice la voz de un chico. La cinta muestra a una joven de casi 18 años, inocente e indefensa.

Su vestuario es sencillo, pero sexy.

—No quiero. —responde la chica. Los dos jóvenes que la rodean y el que graba siguen insistiendo mientras ella niega y pide irse ya.

 La joven no se ve cómoda con el ambiente y cuando se visualiza que está dispuesta a irse aparece otro chico. Ese rostro está censurado y su voz robotizada.

—Ignóralos. —se refiere a sus amigos. Se ve como el chico le da algo a la joven, en su rostro se ve la desconfianza, pero ignora toda inseguridad porque se nota que es alguien conocido quien se la da.

Mi pecho se comprime en ver que cada vez le dan más bebidas a la joven, la persona que graba muestra su mano en donde hay varias píldoras de droga que le dan a la chica ya ebria.

¡La están drogando!

Ella se ve desorientada y después de unos minutos en cámara rápida el de rostro censurado se la lleva. Los demás amigos del tipo los siguen, quien graba es de los que más disfruta, se ríe al ver que la joven ya no se puede poner de pie sin tambalearse.

Muerdo mi labio conteniendo la ira ante las imágenes proyectadas.

Al cabo de unos segundos van a parar a una habitación, en el rostro de la chica se percibe el pánico al entender la situación. 

Los hombres se acercan a la chica viéndola con un pedazo de carne que están a punto de devorar.

—No quiero. —susurró, en su voz se percibe la alarma mientras la empiezan a tocar. —No me gusta esto, quiero irme a mi casa. Mi amigo debe estar preocupado. —señaló, pero nadie le hace caso.

Siento que algo se quiebra dentro de mí al ver que la empiezan a desnudar e insultar cuando no pone de su parte. Forcejean al momento que ella pone resistencia queriendo huir de ellos.

Sus ojos se llenan de miedo cuando la fuerzan para mantenerla inmovilizada, la presión que hacen en sus brazos me hace tocarme los míos, recordando que yo también odio ese toque.

—Te va a gustar preciosa. —le dicen, otro tipo la besa y cuando ella mueve la cabeza en negación otro la sujeta desde atrás para inmovilizarla, poco después el sujeto le da una bofetada cuando la joven lo muerde. 

—¡Eres una maldita ramera, tienes que complacernos como la perra que eres!

Vuelven a enfocar el rostro de ella para que se note como un hilo de sangre baja de su labio. 

¡Malditos!

Sus ojos están llenos de lágrimas mientras sigue forcejeando con los dos tipos que la sostienen.

No soy capaz de ver a nadie. Todo el mundo se quedó en silencio incluyéndome, estoy en shock ante la atrocidad que estoy viendo, sé que tengo que hacer algo para quitarlo, pero mis pies están pegados al suelo. 

Oleg se fue de mi lado,  empezando a dar órdenes.

El video sigue y una lágrima baja por mi rostro al ver como rompen la blusa de la joven. Sus gritos son lo único que escucho, son tan nítidos que logran superar los del ruso.

 Observo que quien graba les pasa una navaja con la cual cortan el sostén.

Otro tipo se prende de su pecho descubierto mientras estruja con fuerza el otro. En ese momento la puerta se abre y todos se quedan quietos aun inmovilizándola.

—¡Ayuda! —pide la chica. Se nota como su rostro se llena de alivio al ver un rostro conocido. —Por favor ayúdame. —chilla.

Las esperanzas de la joven se van cuando la persona que entró a la habitación sonríe.

—Por puta. —señala la joven con cabello rojo. —Es mejor que disfrutes para evitar malos entendidos.

¡Oh, por Dios! sigo sin creer como esa mujer pudo minimizar el abuso al que se enfrentaba la chica.

—¡No, por favor, no! —llora y tengo que tragar grueso para no maldecir. —¡No me dejes, por favor! —enfocan la sonrisa de la mujer ante las suplicas de la victima.

—Espero que sufras y te retuerzas en la miseria. —es su cruel respuesta.

—¡Ayúdame! ¡No me dejes! ¡Te lo suplico, no me dejes, no así! ¡Ayúdame! —grita con terror al saber lo que le espera.

La chica de cabello llamativo da un asentimiento a los cuatro hombres que están en la habitación, con la clara indicación que no dirá nada, se va y deja a su suerte a quien pidió su ayuda y muy cruelmente la abandonó.

El rostro de la chica es de miedo, grita y pide que paren mientras las lágrimas cubren su rostro.

—¡No, por favor, no me toquen! —continúa gritando. —¡Por favor, déjenme! —gruesas lágrimas bajan por su rostro.

Suplica piedad, suplica que dejen de tocarla, pero todo es en vano.

Nadie la escucha, la tiran a una cama mientras le rompen su falda. Un sujeto se sube a la cama y la sujeta de los brazos para que deje de moverse. 

Los gritos de Oleg y Rustam no impiden que escuche claramente los de la chica.

—Te ves tan hermosa, las lagrimas empapando tu rostro son lo que te hacen tan perfecta. —hago puños ante tan horrendas palabras.

Suspiro conteniendo la rabia cuando el de rostro censurado introduce dos dedos en su vagina, la brusquedad del movimiento se ve reflejado en el rostro de la chica.

El tipo los saca y estoy a punto de gritar cuando observo como llena de saliva sus dedos para volver a introducirlos.

—Pero mira que sorpresa. —dice ante el descubrimiento. —La cerebrito es virgen, quién lo iba a imaginar si todos dicen que se acuesta con los catedráticos para tener tan perfectas notas. —se burla.

Mis ojos se cristalizan, pero evito parpadear para no perderme cada detalle de esa vil grabación.

—Fue tu idea así que es justo que seas el primero en entrar en ella. —continúan burlándose.

Tocan de mil formas su cuerpo, yendo a lugares que nadie nunca lo había hecho, el dolor que transmite esas imágenes toca algo dentro de mí. 

Todos pagaran por lo que están haciendo.

Me estremezco al momento que el de voz robotizada la penetra, los gritos se intensifican cuando sale y vuelve a entrar con más fuerza.

Los lamentos son el impulso para el malnacido que empieza a embestirla sin remordimiento ni piedad.

Estoy segura de que todos son conscientes del sufrimiento por el que ella está pasando. El video muestra el momento exacto en el que la vagina de la joven empieza a sangrar por el acceso carnal bruto que recibe. 

El segundo hombre entra cuando ya el primero se ha derramado dentro.

Él se posiciona en la cabeza de la cama permitiendo que los otros dos abusen plenamente del cuerpo de la chica. 

Mientras uno la penetra el otro la humilla. Las palabras crueles que le dicen a su cuerpo entran en mi mente con un sabor amargo.

—Estás muy estrecha interna. —sus jadeos se acompasan con su llanto. —Te gusta la verga ¿Cierto? Te encanta mi verga porque eres una gatita en celo que pide a gritos ser usada como la gata que es. —las embestidas mueven el cuerpo adolorido e indefenso.

—¡Es una línea fantasma! Necesito mínimo 10 minutos para poder cortar la transmisión. —gritan, no sé en qué momento llegó Caleb.

Me toman del brazo y el shock desaparece en ese momento, quiero gritarle que me suelte, pero al ver la espalda de la persona, observo que se trata de Oleg, no pongo resistencia y dejo que me saque del lugar. 

Sin embargo, no me deja ver su rostro. Tú no Bestia. Me suelto porque no quiero estar con él, no quiero que tenga o sienta algo diferente por mí.

No quiero que deje de desearme como yo lo deseo a él.

Se voltea, y visualizo como su boca se mueve, pero soy incapaz de escucharlo. Mis oídos los siento tapados, veo a mi alrededor, pero nadie me ve, todos están pendientes de lo que pasa en la grabación.

El tercer hombre entra en ella y el temblor en mis manos provocado por la furia que me inunda se hace presente.

—¡Lo logré! —gritan. Las luces se vuelven a encender y puedo ver el rostro de cada uno.

Lástima y asco.

—Alessia, muévete. —vuelve a decir Oleg. Niego y cuando me doy la vuelta para irme, por otro lado, el móvil de todos empieza a sonar. Siento vibrar el mío y con las manos temblorosas lo saco.

Es la continuación del video que acaba de ser cortado. Hago puños las manos al ver que es de una cámara de un hospital. 

La chica que fue violada por tres sujetos se encuentra sentada en una clínica esperando ser llamada para que saquen lo que los desgraciados dejaron en su cuerpo.

Esa múltiple violación dejó como resultado el embarazo que la chica odia y repudia con todo su ser y no tiene miedo de estar sola enfrentando ese final.

El video no culmina ahí, una serie de fotos pasan rápido mientras la misma joven con el rostro triste y apagado se encuentra en...

—¡Suelte sus aparatos electrónicos ya! —grita Caleb. Solamente pocos hacen caso.

Ya es tarde, ya vimos lo suficiente de esa trágica historia y ninguno de los presentes podrá olvidarla.

—Déjalos. —mi ritmo cardiaco se agita al escuchar lo que dijo Oleg. —, problema de ellos si quieren que les exploten en sus manos. —se apresura a agregar ante mi rostro.

Tras la última frase de Oleg varios tiran su móvil. Tres segundos después estos sufren una pequeña explosión. Los que no lo soltaron a tiempo están sufriendo quemaduras de primer grado.

Parpadeo y respiro fuerte al ser consiente de lo que acaba de pasar.

Una de las desgracias de esa joven acaba de ser vil mente descubierta. 

Esa joven acaba de ser expuesta delante de todos esos profesionales.

Esa Joven fue humillada de la peor manera.

Esa joven paso días bajo la ducha odiando su cuerpo.

Esa joven durante casi tres años sufrió traumas.

Esa joven logró superar su abuso.

Esa joven volvió a permitir el toque de un hombre.

Esa joven prometió jamás volver a bajar la cabeza y lo va a cumplir.

Esa joven ahora se ha convertido en una mujer.

Y esa joven a la que violaron, soy yo.

—¡Esto es inaudito! —rompe el silencio Tobar. —Exponer de esta forma la privacidad de una de sus colegas es la peor y la más baja canallada que cualquier persona pudo hacer. Se abrirá una investigación y el responsable de esto la pasará muy mal.

Mi rostro carece de alguna emoción, pero no evito pasar una vista rápida a todos, sin embargo, me concentro en los míos.

Damián está en shock

Matías está furioso al saber que expusieron.

Javier con enojo, al igual que los demás se acaba de enterar.

Caleb está sudando frente a dos computadoras en sus piernas.

Sara solloza en el cuello de violeta quien me ve con pesar.

Hugo y Lucas evaden mi mirada.

Vilma camina con la vista al suelo en busca de Damián.

Rustam tiene el rostro rojo y su expresión muestra rabia.

Iván e Iryna me ven con pesar.

Rubén. Hago puños, el muy imbécil está pálido como si no fuera el autor de esto, era él el que estaba con el rostro censurado y voz robotizada.

Uno de los otros dos es mi ex psicólogo que murió a causa del accidente automovilístico, lástima que el otro le cancelo y no tuvieron el mismo fin.

Siento un apretón de manos y vuelvo a ver a Oleg. Quisiera poder intuir que está pensando o sintiendo, pero es imposible. Su rostro es el mismo sin ninguna expresión.

—Yo. —carraspeo.

—No digas nada. —pide. —Solo vámonos.

Muerdo mi labio ante su intensa mirada que me muestra el mismo fuego que nos consume.

Vuelvo a ver al público encontrándose a unos ojos azules que emiten la frialdad característica de los Bogdánov. Su mirada me intimida y recuerda la conversación de ayer. Tomo una bocanada profunda antes de volver al escenario.

—¿Esto afecta en algo a mi ascenso? —cuestiono a Tobar. Asiente evadiendo mi mirada y la ira que envuelve mi cuerpo me ciega.

—El ascenso está pospuesto hasta encontrar... —alzo mi mano callándolo.

No necesito saber más, las cosas ya están claras.

—No soy menos que nadie que les quede claro. —hablo para todos. —No me voy a esconder bajo la excusa de un pasado oscuro ni me voy a victimizar a estas alturas. En su momento fue difícil sí, pero lo supere y eso no me impidió seguir adelante. —nadie inmuta palabra.

Cada maldita palabra esta cargada de odio y cuando me vuelvo a cruzar con la mirada de Oleg y sigue sin cambiar su expresión me obligo a continuar.

Ya luego hablaré con él.

>>Es increíble que piensen que exponerme de esta forma hará alguna diferencia en quien me he convertido. —me burlo. —Si pensaron que esta es una estrategia para debilitarme se equivocaron. —aseguro. —Son unos malditos ardidos que no aceptan que una mujer esté sobre ustedes. —ignoro los jadeos de sorpresa. —A mí nadie me quitará lo que por derecho me corresponde.

Veo como los agentes amigos de Oleg se levantan de entre el público, del fondo aparecen otras personas de negro, su traje es igual al de los agentes que me apuntaron fuera del cuartel.

>>No me quitaron nada, solo están retrasando mi victoria. —me doy la vuelta caminando a la salida. —Nadie jode de esta forma a Alessia Carvajal y vive para contarlo, de eso estén seguros. —amenazo. —Grábense mi nombre porque será el mismo que los destruya, malditos ilusos.

Suelto a nadie en especial, caminando con el mentón en alto. 

No me jodieron, son ellos los que se jodieron al hacer público mi pasado. 

Fuimos pocos los que notamos la marca de agua de ese video H.B.  Lo que se resume a que los farsantes de H.B. me conocen perfectamente.

Cuando salgo veo las camionetas estacionadas. Observo sobre mi hombro a todos los hombres que me siguieron y se empiezan a subir a las camionetas, yo hago lo mismo con la que tengo al frente.

La que me trajo. 

Supongo que es de Tyler o la organización.

—Ni se te ocurra. —advierto cuando veo la intención de Rustam al querer subirse conmigo. 

Que no se le olvide que me está haciendo la ley del hielo porque a mí no se me olvida que el idiota por poco y me atropella.

Yo no olvido.

Cierro la puerta demostrando que no quiero hablar con nadie, tamborilero mis dedos contra el reposadero de la puerta en una clara señal de un posible ataque de ira. La energía de mi cuerpo se altero en cuestión de minutos.

Respira Alessia.

La puerta de piloto y copiloto es abierta, evito rodar los ojos viendo que son Oleg y Rustam. Malditos rusos. Dejo que Oleg le dé movimiento a la camioneta sin protestar.

Nadie dice nada, y lo odio, no quiero que estén preocupados en no saber cómo tratarme. Nada ha cambiado desde la última vez que nos vimos y que no inmuten palabra es una clara señal que no estamos en la misma sintonía.

—Fui clara al decir que no me afecta. —recalco. —Solo me molesto que algo que no era de la incumbencia de ellos fuera expuesto. —Oleg frunce las cejas. —No quiero que me traten diferente.

Los breves segundos de silencio que le siguen logran llevar mi enojo e irritabilidad a niveles alarmantes.

—¿Y a ti quien coño te dijo que te trataran diferente? —parpadeo. —No te creas tan importante Alessia, porque sigues siendo la misma Sumasshedshiy insoportable de siempre. —curvo mis labios.

Simples palabras de mierda que regulan mi enojo convirtiéndolo en algo más tolerable.

No debe ser normal mis cambios de humor repentinos.

Cierro los ojos e inhalo fuerte antes de empezar.

—Fue hace 6 años...

—Cállate. —interviene la bestia.

—Aún estaba estudiando...

—No es necesario que. —veo mal a Rustam quien también me interrumpió.

—Necesito soltarlo así que les exijo que dejen de interrumpirme. —me llevo la mirada matadora de Oleg, pero el silencio me dice que aunque no les agrade me escuchara.

>>Había conocido a un chico, no en el ámbito amoroso sino como lo que creí era una amistad. —suelto con ironía. —me invitó a una fiesta que rechace muchas veces, pero al final fui. —respiro hondo. —Esa noche descubrí que no tolero el alcohol, me embriagaron rápido y también me drogaron.

Cierro los ojos viajando seis años atrás, a esa noche que me marcó de por vida.

>>Fui victima de un abuso sexual y lo peor que pude hacer durante mucho tiempo fue negarlo, pase días bajo la regadera tratando de quitar la suciedad que me sentía. —los abro viendo que ambos me ven por el espejo. —Odie tanto mi cuerpo que jamás imagine que en algún momento saldría de ese hoyo. Cree un caparazón de cristal para esconderme de las personas que sabía iban a juzgarme y dirían que fue mi culpa, ese diminuto cristal se rompía muchas veces con situaciones o simples palabras.

Recuerdo que Matías quiso ser mi apoyo, pero lo obligue a apartarse diciendo que estaba bien, no quería su lástima y lo hería con tal de alejarlo. Fui tan injusta con él que a veces me pregunto por qué no se cansó.

>>Me enfoque demasiado en mi carrera, como mi única salida para olvidar lo rota que me encontraba por dentro, y fue eso lo que me llevó a ignorar el verdadero problema. —suspiro. —Pase dos años con Hafefobía, que es el miedo a ser tocada, no permitía ningún tipo de contacto físico. —Veo el rostro interrogativo de Oleg que no dudo en responder. —Conocí a Axel, un chico que rechace tantas veces hasta que me cansé, a esas alturas ya recibía ayuda profesional, pero no voy a negar que él fue un gran apoyo, porque no voy a negar que la necesite.

Él está muy presente, ya que fue alguien importante, de hecho fue del egresado en derecho que le comente a las doctoras en Colombia.

Vuelvo mi atención en contar mi relato

>>No quería enfrentarme a mi realidad e hice todo lo posible por negarla, hasta que por fin acepte que como muchas personas si fui una victima y eso no me hace menos, aprendí junto a mi psiquiatra muchas cosas. —alzo el mentón sin avergonzarme. —Tuve millones de pesadillas, me negaba a tomar medicamento y decidí irme por el lado del ejercicio. —aun tengo ese habito. —Salía a correr cada mañana o noche dependiendo de mis turnos, pero eso No era suficiente, necesitaba ser medicada si no quería perderme en el proceso, así que por mucho tiempo las pastillas era parte de mi día a día. 

Quiero ignorar el hecho que tome unas cuantas pastillas en Colombia.

>>Descubrí que tenía trastornos de estrés postraumáticos, me veía al espejo y sentía repulsión al ser consciente que no podía adaptarme a mi vida. —hago puños. —Axel me ayudó y debo admitir que fue un poco vergonzoso ya que me bloqueaba cuando iniciaba algún contacto físico como un simple beso, mi mente traía recuerdos de esa experiencia a tal grado que tenía ataques de ansiedad en el proceso, pero él fue paciente. 

Observo la mandíbula tensa de mi ruso. 

>>No está mal recibir ayuda, sin embargo a mi me costo mucho aceptarla porque para empezar era incapaz de aceptarlo con las palabras correctas.

Vuelvo a cerrar los ojos tratando de controlar lo que se atora en mi pecho al tener que revivir esa noche y describir como pase los siguientes años.

>>Hay algunas cosas que no cambiaron y a pesar de las terapias no las olvidé. —mi mirada conecta con la de Oleg. —Odio que me inmovilicen, odio el contacto físico en mis brazos, como un simple agarre, lo detesto. —suelto con odio. —Hago hasta lo imposible para no tener alguna debilidad porque me horroriza la idea de que alguien la conozca y la use en mi contra. Mi familia era lo único que quedaba para que pudieran hacerlo, sin embargo eso ya no es un problema. —sonrío. —Sé que si volviera a hablar con mi psiquiatra me diría que una debilidad no me haría menos, pero es algo que mi orgullo no lo podría permitir.

Cuando supe que todo con respecto al abuso ya estaba sanado decidí dejar de verlo.

Aunque no me haya dado el alta porque los siguientes temas a tratar eran unos con los que me siento cómoda y no me afecta en mi desarrollo, quizá si en mi personalidad, pero eso es lo que caracteriza a la Alessia Carvajal que surgió.

>>Puedo ver a esas escorias sin sentir ni una pisca de miedo como al principio. —acepto. —Solo es una sensación de odio y repulsión. —finalizo.

Se crea un silencio tras mis palabras, pero no uno incomodo. Tras confesarlo me siento liberada y no por Rustam si no con respecto a la Bestia.

—Eres una mujer muy fuerte. —dice Rustam rompiendo el silencio tras mi declaración.

Hago puños ante sus palabras que me parecen de lo más nefastas en estas circunstancias.

—No quiero ser vista como una mujer fuerte por superar y poder hablar de mi abuso con normalidad. —aclaro. —Si me van a ver como la mujer empoderada que soy será por mis acciones, las mismas que he venido forjando desde hace mucho, pero aun se niegan a ver.

No quiero que me vean fuere por lo que pase sino por lo que soy y por lo que soy capaz.

—¿Qué paso con ese tipo? —arrugo las cejas. —, Axel, el que fue tu apoyo y te ayudo a superar hafefobía

Sonrío ante su recuerdo.

—Él quería una relación, pero de un agradecimiento no pasó. —curva sus labios. —Cada quien siguió su camino porque no podía darle más que mi amistad y tampoco lo iba a retener. —me encojo de hombros. —No era nuestro momento.

Oleg se tensa ante lo último.

Hablar sobre eso no fue tan tedioso como lo imagine, de hecho no tenía ni la menor intención de hablar de ello, pero tampoco quiero dudas en la cabeza de mi ruso.

Pasado el momento hago mala cara al recordar lo que significa que eso haya sido descubierto de esa forma. ¡Más trabas!, mi mal humor vuelve a apoderarse de mi ser.

>>No quiero ir a casa. —aclaro mientras observo por la ventana. —Llévame al manantial que está a las afueras de la ciudad. —hay cabañas muy bonitas. —Quiero tomar aire fresco, y no deseo que nadie me estrese o me atosigue. Las personas tienen el defecto de no entender —el auto sigue en marcha pero nadie responde.

Volteo al frente para verlos. Oleg tiene las cejas fruncidas y Rustam el rostro rojo. Solo bastan unos segundos más para que la camioneta se inunde de la risa del último. No entiendo por qué se ríe, no dije nada malo.

—No tienes chofer Alessia. —giro el rostro a la ventana conteniendo una sonrisa. —No te pases, no te llevaré al manantial, pero tampoco a tu apartamento.

Mientras no estemos rodeado de personas me conformo.

Ya es de noche, físicamente, estoy cansada por lo que no tardo mucho en quedarme dormida. Mi cuello duele por la mala posición, pero minutos después siento una almohada dura bajo mi cabeza.

***

—Alessia. —me remuevo. —Diosa despierta que ya llegamos. —abro los ojos, pero los vuelvo a cerrar. Llevo mi mano a mis ojos, sintiendo que algo golpea mi cabeza.

Frunzo las cejas mientras trato de averiguar qué es, lo toco y es como un palo duro.

—Amaneciste traviesa Diosa. —me siento de golpe. Lo primero que veo es mi mano sobre el pene de Rustam. —Lo despertaste Boginya, ¿Quieres jugar?

Estamos en la misma camioneta solo que ya está estacionada. 

Observo por las ventanas tratando de ubicarme, imposible porque todo lo que hay son pinos que los cubre una espesa neblina. 

—¿Dónde está Oleg? —no me disculpo.

—Está en la cabaña. —informa. —Vamos te debe estar esperando. —nos bajamos y de inmediato siento el frío colarse en mi cuello y algunas partes que no cubre el traje.

Caminamos y a los pocos pasos veo una cabaña, al llegar a la puerta Rustam la abre encontrando una casa adecuada y totalmente amueblada.

—Estas son las llaves de la casa. —dice Oleg luego de salir de una habitación. —En la cocina hay comida para un par de días si necesitas más, sobre el refrigerador hay números a los que puedes llamar y ellos las volverán a llenar. —me da las llaves. —Trata de hacerlo con anticipación porque el pueblo más cercano está a cinco horas.

Me quedo callada tratando de entender lo que dice.

Despierta estúpida.

>>Te recomiendo que después de las seis de la tarde no salgas. Afuera hay lobos y no querrás ser su cena. —trago grueso. —¿Dudas?

¿Dudas? Oleg es idiota o que rayos.

—Me trajiste al culo del mundo con la posibilidad de ser la comida de lobos. —reclamo. —Me dejarás con la posibilidad de que me pique algún bicho y muera antes que llegue un puto médico. —tú eres médico, estúpida. —Y para terminar me piensas dejar sola. ¿En qué diablos estabas pensando? —estoy segura de que mi rostro muestra el enojo que alberga mi cuerpo.

Rueda los ojos mientras Rustam se va dándonos nuestro espacio.

—Dijiste que querías estar sola y respirar aire nuevo. —dice con obviedad. —¿Pues que crees?, cumplo tu puto capricho y ahora resulta que la loca no se quiere quedar sola. —bufa. —No seas ridícula y decídete. —me enderezo.

Durante varios minutos nos retamos con la mirada, el brillo en sus ojos cambió el color de sus pupilas, ahora es tan oscuro que por poco y me pierdo en ellos.

Doy dos pasos atrás cuando entiendo lo que trata de hacer. Alzo el rostro viéndolo con odio y él como la Bestia que es no se inmuta.

¡Quiere jugarme sucio!

—Ya sé lo que pasa. —reconozco. —Ya no soy la perfecta Reina a la que estas acostumbrado, ahora conoces esa parte de mí, de la siempre lucho por que el recuerdo no me consuma. —alzo el mentón tragando grueso. —Ante tus ojos ya no soy la misma diosa inalcanzable.

—¡Cállate! —toma mis mejillas con brusquedad y junta nuestras frentes. —¡Te prohíbo que vuelvas a decir algo como esto!

—Es la verdad, no tengo un bonito pasado y...

—¡He dicho que te calles! —niego mientras trato de alejarme. —Mírame a los ojos Alessia, mírame y dime si encuentras algo que no sea deseo. ¡Mírame! —ordena.

Alzo el rostro y cuando me cruzo con su endemoniada mirada, no se si es deseo lo que refleja.

Hay algo más que no estoy segura de querer averiguar.

—Y entonces porque demonios me quieres dejar aquí, ¿Te avergüenzas de mí? —inquiero con enojo.

—Jamás. 

—¡Mientes! —trato de zafarme, pero me lo impide.

—Prometí que no mentiría en las cosas que te involucraran y voy a cumplirlo. —mi labio inferior tiembla.

—¡Eres un puto mentiroso! Me estas abandonando Oleg.

—Nunca haría eso.

Respiro pesado mientras trato que la rabia no me ciegue.

—Pues así se esta sintiendo. —se tensa. —Si me vas a hacer a un lado dímelo a la cara Bogdánov.

—No tengo ni la mínima intención de dejar de follarte, me gusta nuestra química sexual. Me gusta cogerte con desespero al igual que me gusta cuando me montas, ¿Aun no te has dado cuenta que lo que hacemos es lo que nos mantiene cuerdos?

Quito sus manos de mi rostro con brusquedad, lo veo con resentimiento mientras mi mente no deja de decirme que ya no quiere estar conmigo por lo que descubrió.

—No te importa que...

—Me importas tú, no los demás, pero quiero a una Alessia sin límites ni moral. —lo veo mal. —Tienes que confiar un poco más Sumasshedshiy.

—Si de confiar se trata, sabes que no soy fácil de engañar. —se yergue viéndome con recelo. —Así que si no quieres que piense lo peor de ti, dime porque demonios me trajiste a este lugar.

Observo como se soba las sienes, el enojo no ha bajado y estrés es evidente, pero más que estresado se nota furioso y aun no entiendo el porque.

Yo soy la que tiene que estar encabronada con él.

Pasan otro segundos hasta que se cansa de mi actitud y me toma de la cintura uniendo nuestros cuerpos.

—Oye. —me quejo y cuando toma mi mandíbula para que lo vea a los ojos, sé que ignorara mis quejas.

—Simplemente en estos momentos, los medios están explotando y no quiero que dañen tu sueño de princesa. —muerdo mi labio.

Entre más lo observo menos puedo saber de él, porque la maldita mascara de frialdad he indiferencia me impide apreciar cualquier tipo de reacción.

No sé que demonios tiene que pasar para que me muestre un poco de calor, aunque viéndolo desde otro punto esta en todo su derecho, yo jamás he mostrado empatía.

Creo que nosotros destilamos soberbia, ira, rabia, obsesión y me gusta, está bien y me siento cómoda.

—Soy una Reina, no una princesa. —aclaro y no puedo evitar rodar los ojos.

De nada me sirve estar odiando a la Bestia. 

—Eres una maldita Sumasshedshiy. —besa mis labios antes de separarse.

—Este es uno de los momentos en los que dudo de tu inteligencia.

—Ajá. —pasa a mi lado con la intención de irse.

—¿En serio me vas a dejar? —me indigno.

Sé sus motivos, sé lo que conlleva la prensa y sinceramente no quiero intentos de halagos por algo que yo no pedí.

De igual forma no me quiero quedar en quien sabe donde.

—Es lo que querías. —me ignora. —No vengas con el cuento de que solamente te quieres alejar de los demás y no de mí. —retrocedo. —Mm ya entiendo. ¿Querías alejarte de ellos para estar conmigo?

—No. —alzo el mentón. — Tienes razón este tiempo a solas va a ayudarme, puedes irte. —lo despacho. —no olvides llevarte a tu amigo. —asiente. 

Cierra la puerta y tras él va Rustam.

—Trata de descansar y que los lobos no te asusten. —grita.

¡Que bien, que se larguen!, no los necesito.

***


¿Dudas?

***

¡Spoiler!

El trauma no la hizo fuerte, el trauma le trajo miedos y le causo muchas inseguridades, además estoy seguro que paso más de esos dos años que mencionó con ansiedad.

El trauma la obligó a ser fuerte y no de la manera que merecía, el trauma la obligó a crecer convirtiéndola en quien es hoy en día, pero fue cuando ella aun no estaba lista.



¡Otro Spoiler!

—¡Ya no más, por favor! —vuelvo a meter la navaja.

—¡No, por favor, no me toquen! —grita Alessia. —¡Por favor, déjenme! —gruesas lágrimas bajan por su rostro.

No puedo sacar de mi mente los recuerdos y eso aviva mi deseo de despellejarlo vivo.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top