Capítulo 32

En multimedia.

Piso el acelerador regresando a la ciudad, las palabras de Carsten siguen rondando por mi mente sin dejar de torturarme.

—¡Se atrevió a llamarme fracasada! —doy un golpe al volante.

¡Pedazo de mierda inservible!

Me encuentro demasiado cabreada, al recibir tanta información me idioticé y no pude decirle cuanto detesto a su maldito apellido.

Las cosas empeoraron, ¡Mi vida empeoró! Ahora resulta que soy un puto agente con rango de un simple soldado.

¡No quiero ser un soldado!

¡No quiero ser un agente!

Golpeo reiteradas veces el volante maldiciendo a diestra y siniestra. En el único escenario que me vi perteneciendo a OFR fue por ser la cura de EBÓSIL, pero serlo en estas circunstancias no me da ese placer, ¡Joder, no!

Tamborileo los dedos sobre el volante sintiendo la frustración y la rabia apoderarse de mi cordura, siento unas ganas insanas y enfermizas de golpear a todo aquel que se cruce frente a mí.

Contrólate Alessia.

Llego al primer semáforo y cierro los ojos imaginando la satisfacción que sentiría al abrir un cuerpo, escenas de las veces que lo he hecho vienen a mi mente, pero eso ya no es suficiente.

¡Nada es suficiente!

Estoy anhelando ese poder de ser la única persona en decidir si alguien vive o no, en las únicas ocasiones que lo hice fue en Colombia, pero siguen sin parecerme satisfactorio.

Necesito algo que llene mi sed, esta sed que está surgiendo en el fondo de mí, necesito alimentar la espesa oscuridad en mi interior y así saciar de una manera retorcida mi ser.

Sigo conduciendo y a los pocos kilómetros me percato de las dos camionetas negras polarizadas que me siguen. Bufo. Decidieron volver a trabajar los idiotas agentes que tengo como guardaespaldas.

Inservibles.

Ya no voy al centro comercial, me dirijo a mi apartamento para asegurarme de no cometer una locura. Al llegar me bajo y no espero que Tyler me diga algo, subo al ascensor y al llegar a mi piso lanzo mi bolso a un sillón, quito mis tacones y camino de un lado a otro.

¡No pueden joderme! ¡No van a joderme!

—¡Ahhh! —grito. —¡No van a joder a Alessia Carvajal!

Tiro todas las cosas que se encuentran en la repisa, las botellas de vodka se quiebran en el transcurso y ese sonido alimenta mi sed, tiro todo lo que encuentro mientras no dejo de maldecir a Carsten Bogdánov.

Lanzo un florero que quiebra el espejo de la sala, meto mis dedos en mi cuero cabelludo para sentir el dolor al tirarlo, cierro los ojos y relamo mis labios.

Agua, sangre, gritos, miedo.

La escena que me imagino es de lo más escalofriante.

Los toques en la puerta me sacan de la hipnosis provocando una sonrisa retorcida, no lo pienso dos veces antes de abrir, al hacerlo observo al hombre que muestra un rostro de cautela.

Lo sujeto de su corbata entrándolo al maldito apartamento.

—Doctora, tranquilícese. —pide en un tono neutro.

Ve a su alrededor percatándose del desastre que he creado, sigue pidiendo calma cuando lo único que deseo es destrucción.

Sus palabras no hacen ningún cambio, llevo mis manos a su cuello haciendo la presión necesaria para que sus ojos se inyecten en sangre, las venas de su frente y cuello se marcan provocando satisfacción.

—Calma es lo último que deseo. —sonrío ante tono de mi voz, sonó tan escalofriante que me gusto.

Sube sus manos a las mías queriendo quitarlas, su acción no llega a lastimarme solo a enfurecerme.

—Doctora... —presiono mi pulgar en el punto exacto para que el oxígeno deje de llegarle.

Alzo el rostro visualizando la escena desde el espejo quebrado, las pupilas de mis ojos se encuentran negras mientras una sonrisa aterradora adorna mi rostro.

—Suplica. —ordeno.

Esta es la Alessia que deseo que vean siempre.

Vuelvo a ver al agente relamiendo mis labios y esperando sus palabras.

—No cometa una locura. —vuelvo a alzar el rostro viendo lo encantadora que veo con el rostro endemoniado.

Sabiendo que es suficiente, suelto al hombre inservible, me ve con recelo llevando su mano en donde he dejado marcados mis dedos.

—¡Lárgate! —ordeno.

Niega queriendo acercarse a mí, sé que en cuestión de segundos podría doblegarme en fuerza, pero es demasiado inteligente para saber que ponerme un dedo encima es una muerte segura.

—No creo conveniente que se quede sola. —vuelve a ver al rededor observando los destrozos que he provocado en cuestión de minutos.

—He dicho que te largues, ¡Ya! —reitero enfurecida.

Quiero que se quede para volver a dañarlo, pero una parte de mí, la sensata, me dice que no pierda el tiempo con él.

No es aún mi momento.

Al ver que no se marcha tomó una botella de vodka que sigue intacta, y él al anticipar mis acciones corre hacia la puerta. Con una fuerza descomunal a punto en su dirección y lanzo la botella de alcohol que se quiebra en la puerta, segundos después de que Tyler saliera.

—¡Cobarde! —grito en medio de una carcajada.

Estoy fuera de mí y lo que odio es que la ira en mi interior es provocada por lo que significa pertenecer a la OFR.

Empujo mis sillones, les doy vuelta, rompo mi pantalla y al ver mi sala destrozada sonrío con suficiencia. Me dirijo a la cocina y abro la alacena viendo mi hermosa vajilla.

—Pero miren que preciosura. —tomo un plato. —¡Ahhh! Maldito Bogdánov.

Lanzo el plato y continuo con toda la vajilla, el choque de la porcelana con la pared es un incentivo para continuar. Cada estruendo es una maldita maldición.

Así continuo hasta acabar con ella, es tan liberador que en el proceso me desahogo como nunca lo había hecho.

—¡Mil veces maldito todo aquel que se atreva a retarme! —tomo los cuchillos y los analizo.

Los pongo sobre el desayunador y lanzo cuchillos que se meten en cada punto que deseo. Cada cuchillo perfectamente incrustado en todo el apartamento.

Excelente puntería Alessia, cada día me sorprendo más.

Me quedo sin material así que vuelvo a la sala destrozada.

Camino de un lado a otro maquinando cómo diablos voy a proseguir y cuál será mi próximo movimiento.

No soy un agente, soy una doctora y mis movimientos siempre irán dirigidos a ese ámbito

Soy la mejor doctora de México, he logrado cosas a tan corta edad que se me apetece que todo el puto mundo sepa de mi exquisita existencia.

—¡El mundo conocerá a la mujer que con casi 25 años será la dueña de toda la maldita salud si así se me da la gana! —expreso con convicción.

 ¿Qué les hace creer que estaré bajo su mandato?

Observo el reloj percatándome de que son las siete de la noche. ¡Mierda!

No quiero volver a tomar pastillas que calmen mis episodios, hace muchos los supere y esto no es una recaída. Lo preocupante es que es demasiado tiempo que estuve fuera de mí.

Me despojo de la ropa y antes de largarme a tomar una ducha el timbre suena como si estuviera descompuesto.

—¡No hay nadie! —grito.

Camino rumbo a mi habitación, pero me detengo al escuchar pasos. Arrugo las cejas. Me volteo y ver la presencia del hombre frente a mí, altera todo lo que ya está descompuesto.

—¿No hay nadie? —repite sarcástico. —Y a ti que coño te pasa, me evades durante una maldita semana y cuando te toca volver a trabajar no lo haces. —se acerca. —En su lugar sales quien sabe a dónde, le pido a uno de mis agentes que esté pendiente de tu seguridad porque a los que tengo encargados de eso estaban cumpliendo otra orden.

Mantengo las cejas fruncidas escuchando cada palabra que sale de sus labios carnosos, no deja de acercarse causando un fuego en mi interior.

>> ¿y adivina que paso? El muy estúpido te perdió de vista. —se enfurece. — Cuando los agentes te encuentran vas excediendo la velocidad con rumbo a tu apartamento en el que atacaste a uno y posterior no has salido durante las últimas tres horas. —se detiene frente a mí y no se inmuta en mi semi desnudez, su vista cargada de odio no abandona mi rostro. —decido hacer las cosas yo mismo y cuando llego estas gritando incoherencias como una maniática, ¿Qué es lo que te pasa Alessia? ¿Qué te tiene al borde de la locura?

Mi respiración agitada se acompasa con la suya.

Llevo ambas manos a su camisa haciéndola puño con fuerzas, mi intención es acercar a la bestia.

—Estoy molesta, furiosa, irritada y al verte hasta cachonda. —me sincero. —Están jugando sucio conmigo Oleg, todos se están creyendo con el derecho de doblegarme y eso es algo que me tiene con deseos insanos de destrucción.

Analiza mi rostro junto a mis palabras, quiero transmitirle todo lo que siento.

Odio, rabia, frustración y desespero.

—No dejes que ellos te dominen, no dejes que jueguen con tu mente. —cierro los ojos. —Eres dueña de cada parte de ti, así que no permitas que desestabilicen a la Sumasshedshiy que eres. —declara.

Sus palabras solo son un incentivo para la hoguera que se ha creado en mi interior.

Aun sin saber que es exactamente lo que me pasa, me alienta, pero lo que no sabe es que escucharlo me excita...

Es éxtasis puro.

—Fóllame. —susurro.

De un momento a otro mi ser está ansioso del deseo carnal que surge al estar con la bestia.

Tarda unos segundos haciendo que mi paciencia se acabe y se convierta en una fina capa de sudor

—No. —mi rostro se endurece. —No te encuentras bien y el sexo no será un analgésico.

—Necesito sentirte. —reitero. —Necesito calmar lo que siento aquí. —señalo mi cabeza. —Y aquí. —toco mi vagina.

Su rostro no muestra ni un gramo de empatía por mi declaración, su odio y mal genio le sale por los poros.

—¿Me dirás que es lo que te llevó a un ataque de ira? —indaga.

—Sí. —acepto. —Pero fóllame.

No miento al decir que le diré todo, idiota Carsten al creer que le ocultaré esto a Oleg, se supone que es parte de OFR y mi lealtad nunca se la daré a nadie.

¡A nadie!

—Bien.

Solo hasta entonces la bestia decide recorrer su vista en mi cuerpo.

Debo admitir que cuando Damián me dijo que perdió de vista a la doctora me volví como un demente, soy el Superior supremo de la organización que está cuidando su bienestar al estar involucrado en uno de nuestros casos.

Al no tener ninguna señal de ella deje todo el planeamiento de la emboscada que haremos en Italia en el superior inmediato de mi mejor tropa Rustam, él junto a los dos capitanes que son los esposos Volkov quedaron a cargo.

Es esa situación la que me permite cumplir los deseos de la loca insensata frente a mí.

—Fóllame. —pide en un susurro desesperado.

Me tiene apresado de la camisa en sus puños que marcan sus nudillos blancos por la fuerza que ejerce.

—No. —declaro. —No te encuentras bien y el sexo no será un analgésico. —miento.

El sexo es uno de los mejores analgésicos y la primera vez que lo probamos fue cuando un coreano la amenazo el día de la fiesta. Estaba al borde de la locura y, controlé sus deseos oscuros con sexo.

Sin embargo, ahora las cosas han cambiado.

Necesito que controle este deseo insano que surge entre nosotros cada vez que estamos juntos, porque no sé cuáles serían las consecuencias de dos adictos al cuerpo del otro.

—¿Me dirás que es lo que te llevó a un ataque de ira? —cuestiono luego de que insista.

No soy ningún pelele y Alessia es demasiado transparente con las emociones negativas, al menos la mayoría de veces

—Sí. —acepta. —Pero fóllame. —reitera.

Observo cómo su cuerpo pide a gritos mi toque, nos lleva a su habitación y al ver el respaldo de su cama una idea cruza por mi mente.

—¿Qué tanto estás dispuesta a hacer? —indago.

Su rostro lleno de deseo me incita a probar sus límites.

—Todo. —responde.

Asiento y me dirijo a su closet, del sitio saco unas bragas y las meto en mi bolsillo trasero bajo su atenta mirada.

—Túmbate boca arriba. —ordeno.

Se debate internamente, pero al final lo hace, se mantiene alzada de sus antebrazos para observar mis movimientos.

Me despojo de mi camisa viendo como se saborea y se fija en cómo se tensan los músculos de mis brazos.

Sin una pizca de delicadeza tomo ambas muñecas sujetándolas de forma estratégica con las bragas de mi bolsillo, el amarre es fuerte sin llegar a lastimarla.

—Oleg...

—Silencio. —su rostro muestra deseo, sin embargo, eso no quita la inseguridad.

Subo a la cama y voy dando besos y mordidas desde sus pantorrillas hasta llegar por encima de su sexo. La siento estremecer cuando mi aliento golpea sobre la sensibilidad del mismo, con mis dientes agarro la cinturilla de las bragas y de manera lenta y tortuosa las bajo.

Su respiración se vuelve un asco y la humedad que hay entre sus piernas me obliga a cerrar los ojos y controlar a la bestia que quiere tomar el control de la situación.

Esa bestia que araña mi tórax con la clara advertencia que el control enjaulado no durara mucho si no mantengo los límites que yo mismo he creado.

Cuando he terminado de quitar sus bragas las llevo a mi rostro inhalando el olor de su excitación, la observo percatándome del brillo que surge en su mirada deseosa de sexo.

>>Alza las manos. —demando y acata la orden alzando sus manos ya sujetas, con las bragas que acabo de quitar me encargo de atarla a la cabecera de la cama.

Su rostro queda frente a la verga que guarda mi pantalón, la veo tragar grueso mientras me alejo.

Verla tan expuesta y dispuesta a mí, aviva la llama del deseo que nunca muere, solo crece.

—Prometiste que ibas a follarme. —susurra molesta. —Y no veo clara las... —calla.

No me ando con rodeos, simplemente entierro mi rostro en su sexo, probando ese delicioso manjar. Jadea. Llevo ambas piernas a mis hombros atiborrándome de lo que tantas veces he fantaseado mientras me masturbo.

Los gemidos no tardan en inundar la habitación al igual que las protestas para que la suelte, estoy seguro de que nunca ha estado sujeta y su reacción me lo confirma.

—¡Dámelo! —aumento la penetración agregando dos dedos mientras mi lengua se encarga de su clítoris hinchado que clama mi toque.

—Diablos Oleg... —gime. —Esto es malditamente delicioso, ¡Ay por Dios!

Con sus piernas me atrae más a su sexo, mientras mi lengua la tortura con los movimientos de arriba hacia abajo.

—¿Dudaste de no disfrutarlo? —no la dejo responder.

Muerdo y chupo sin dejar de penetrarla, curvo mis dedos queriendo llegar a su punto G que la hace retorcer maldiciéndome por no poder tocarme.

—Jamás he tenido dudas de tus capacidades, pero... —su vientre se contrae. —¡Joder, suéltame Oleg! Deseo tocarte, no hagas esto una tortura...

Su punto sensible palpita y sus paredes empiezan a contraerse anunciando su llegada que me regocijo en comer. Saboreo todos los flujos que suelta con el hambre que nunca cesa.

—Sumasshedshiy pervertida. —susurro.

Me alejo de ella y bajo sus piernas cuando he terminado con todo, alzo el rostro viendo sus ojos cerrados por el reciente orgasmo.

No le doy tiempo de procesar cuando en ágiles movimientos arreglo el amarre y la volteo dejando su culo expuesto.

—Oye. —me detiene y su voz agitada me distrae. —Ni siquiera lo intentes porque eso...

Doy un azote fuerte en su culo y mantengo mi mano en el mismo agarrándolo con vehemencia.

—Guarde silencio doctora. —tomo ambos pechos estrujando los como tanto me encanta. —Follada pidió, y follada obtendrá. —susurro sobre su oído. —Aténgase a las consecuencias de sus peticiones.

La siento estremecer mientras sujeto su mandíbula obligándola a besarme.

Es ese momento en que sus labios exigen el poder que me niego a ceder, me gusta de este modo y aunque ella lo niegue sé que le está gustando, de otra manera no hubiera dudado en detenerme.

—Mierda. —maldice cuando muerdo su barbilla.

Poso ambas manos en su cadera mientras mi miembro erecto pasa sobre su vagina buscando la entrada.

—El calor que emana tu vagina me tiene más que duro. —suelto.

—Mi vagina está ansiando comerse tu verga. —jadea.

Sus músculos se tensan con la clara anticipación de lo que viene, mi capullo está a nada de entrar, pero me detengo.

¡Joder, esto es una putada!

—Mierda.

Cierro los ojos de golpe, mi mandíbula se tensa y el agarre en sus caderas se hace más fuerte de lo que me gustaría. Suelto el aire contenido sabiendo que no puedo seguir.

—No seas un cabrón Oleg. —reprocha. Hace su culo hacia atrás queriendo follarse, pero mi agarre es fuerte deteniendo lo que quiere hacer. —¡Bestia, malnacida! ¿Por qué te detienes? —está furiosa.

Voltea y la posición es tan excitante que las ganas de penetrarla me asfixian.

No debo seguir, no así.

—No tengo un puto condón. —confieso con amargura.

Su rostro cambia en cuestión de segundos al percatarse que en medio de la calentura ninguno lo había notado. Suspira con enojo. Nunca hemos follado sin un condón de por medio, en mi caso siempre ha sido así, pero con ella anhelo que sea sin ese maldito látex de por medio.

Sin embargo, aunque sé que ella se protege, la responsabilidad es de ambos y conociéndola no se me apetece entrar en contiendas absurdas por lo mismo.

—Yo, me estoy cuidando. —carraspea. —No es necesario, al menos por esta vez. —niego.

La maldita calentura no la está dejando pensar y aunque yo estoy más que satisfecho con su declaración sé que no es lo correcto.

—No digas estupideces, sé que no lo quieres de este modo.

—No sabes lo que quiero, no opines por mí. —se altera.

—No hay condón, no hay follada. —suelto con enojo.

—Oleg. —chilla.

—No me contradigas Alessia...

Mueve su culo con la intención de penetrarse, pero mi agarre la toma con más fuerza. ¡Demonios! Se siente tan caliente que...

—¡Joder! Solo fóllame Oleg, maldita sea. —refuta. —Estoy cachonda y sentir tu verga sobre mi vagina altera todo ¡Olvida el maldito condón y...!

La penetro de golpe callando sus palabras en el proceso, gime y yo hago lo mismo.

No hay nada más extraordinario que sentir el calor que emanan sus paredes, su estrechez me altera y sin dejar que se adapte empiezo con las embestidas.

Nada es suave, nada es dulce ni delicado, todo entre nosotros es duro, fuerte y caliente.

Bajo la mirada viendo como mi verga se pierde en su coño, el sonido encharcado por la rudeza de los movimientos se escuchan tan excitantes que no puedo mantener mis manos quietas.

—¿Esto querías? —jadeo. —Dígame doctora, anhelaba sentirme de esta forma, así como yo.

—Si, mierda que rico. —la nalgueo. —¡Dame más bestia!

Azoto su culo tantas veces que las palmas de mis manos pican, y no me imagino lo delicioso que sentirá la loca. Jalo su cabello haciendo que curve su espalda hasta donde lo permite el amarre.

—Malditamente deliciosa, doctora. —gimo.

Salgo y vuelvo a entrar con la crudeza que le saca los gemidos más calientes que he escuchado. Poso una mano en su espalda haciendo que se incline y su culo quede más expuesto.

Abro sus nalgas y...

—¡Ahí no! Ni se te ocurra eso, bestia. —jadea. —¡Oleg suéltame! —exige. —Me duele. —chilla.

Aumento las embestidas, consiente que lo último que sentiría sería dolor, al menos en un mal sentido.

—Dime que no te gusta y me detengo. —aumento las embestidas. —¡Dímelo Alessia!

Me detengo de golpe haciéndola maldecir. Mi verga palpita al sentir los fluidos que lo rodean.

—Continúa bestia inmunda. —sonrío volviendo con los embates. —Duro, caliente, morboso...

El sonido de su móvil me distrae con las insistentes llamadas que ella no escucha al estar alabando nuestra cogida.

Veo el mensaje y lo que dice me enoja, llevo dos de mis dedos a su clítoris apoderándome de él con movimientos circulares que apresuran su orgasmo.

—Me encanta que seas tan comunicativa durante el sexo, es malditamente satisfactorio. —gime. —Dame tu orgasmo Alessia. —exijo con la mandíbula apretada.

Me lo brinda gritando mi nombre, y el que sus paredes aprieten mi polla me hace gemir, estoy a nada de correrme, pero me controlo.

—Oleg...

—No he terminado. —la callo.

Sigo embistiendo reiteradas veces haciéndola gritar cuando un nuevo orgasmo la invade debido a la sensibilidad de su sexo.

—¡Oleg, demonios esto es...! —se retuerce cuando me corro en su interior. —Perfecto. —susurra.

No siendo suficiente suelto el amarre de sus muñecas juntas y antes de que haga algún movimiento la vuelvo a atar con las extremidades superiores separadas. Su pecho sube y baja por los recientes orgasmos.

—Tenga cuidado con lo que pide doctora, no quiera llevarse una sorpresa. —me apodero de sus tetas y así siguen las próximas horas en donde las posiciones cambian.

Pero siempre vuelvo a darle toda mi atención a sus tetas, sus labios y su sexo palpitante.

Al final la suelto y está tan enojada que me lo demuestra a la hora de cabalgarme, demostrando que aunque le haya gustado el dominio que ejercí, el que ambos lo tengamos siempre será su favorito.

Alzo las caderas encontrando su movimiento en una perfecta coordinación que termina en un orgasmo y con su energía luego de varias horas.

—Te odio tanto maldita bestia. —susurra a los segundos.

Tomo sus hombros para salir de ella, gemimos ante el roce de nuestros sexos y se acuesta a mi lado mordiendo su labio inferior.

No siento esto suficiente, la hago recostarse en mi pecho mientras entrelazamos nuestras piernas.

No concibo la idea de que esté alejada de mí.

—¿Quién es William Iglesias? —indago a los minutos.

Su respiración no se ha calmado y le evita pensar con claridad.

—¿Qué? —me mira aturdida.

Efectos secundarios de una buena cogida.

—Me escuchaste perfectamente.

—¿Por qué? —frunce las cejas. —Es un tipo que me folle hace unos días, nada importante. —le resta importancia.

Cierra los ojos para ocultarlo, pero es imposible.

Sé que miente.

—Y tu follada de hace unos días tiene acceso a la casa de tu madre. —tras mis últimas palabras se da la vuelta y coge su móvil de la mesa.

—Joder, que demonios me hiciste. —se queja ante el brusco movimiento. —Necesitaré una cremita. —susurra.

—Dos semanas de incapacidad tal vez.

Mientras lo revisa me levanto y tomo una ducha rápida, al salir observo que la loca se ha levantado y camina como lo que es dentro de la habitación.

Sus pasos son lentos y cautelosos lo que me permite intuir el dolor de su culo y sexo, las muecas en su rostro no hacen más que elevarme el maldito ego.

—Mierda, ¡responde! —susurra irritada. Pasan otros segundos hasta que se escucha como el agente encargado de la seguridad de su familia responde.

—Perdón por no poder contestar a sus llamadas doctora. —me visto. —Pero como le comentaba, su madre sufrió un accidente y en estos momentos su hermana la está llevando de nuevo a su casa. Los gritos no han parado.

La conversación sigue mientras William le informa que todo está en orden, solo fue un estúpido intento de suicidio y estoy más que seguro de lo que pretende esa mujer con eso.

—Nada importante. —cuelga acercándose a mí con una sonrisa.

—Estás bien por lo que estoy más que seguro de que no es nada importante. —rueda los ojos. —Tengo que irme. —informo.

Me muestra una sonrisa y sin vestirse sale y la sigo. El lugar es un caos, el olor a alcohol inunda el lugar, el panorama no es nada alentador.

Todo el maldito apartamento a excepción de las habitaciones están destrozadas. Hay vidrios y cristales rotos por todas partes. Veo mal a Alessia al saber que puede lastimar sus pies al andar descalza.

No quiero presionarla para que hable, pero al estar consciente de que ha tenido un ataque de ira siento esa necesidad de cuestionarla.

Tengo mis sospechas que se desencadenó por lo de Rubén Urbina, de ese asunto me encargué personalmente, porque no iba a permitir que la miseria consumiera a la loca.

Estoy por hablar y pedirle una explicación cuando el móvil en su mano vuelve a sonar, me ve de reojo y contesta dándose la vuelta.

Tengo una vista perfecta de su culo marcado por mis azotes. Su espalda y piernas están de un tono más rojo por la fuerza que ejercí.

—No iré. —declara. —Carla entiende que te está manipulando, ¡Sal de ese sitio, ahora! —ordena.

Vuelve a la habitación y de mala gana se coloca un pantalón holgado y sobre este una sudadera, omitiendo la ropa interior.

>>Ya te dije que te está manipulando, ¿Eres estúpida o qué te pasa Carla? Deja de preocuparte por ella, porque ella nunca lo hizo por ti. —suspira cansada. —¡Basta y ya cálmate! Mandaré a alguien por ti, no me pidas más que tu misma te buscaste los desplantes.

Sin siquiera mirarme sale del apartamento.

¡Desgraciada!

Siente mi mirada en su cuello por lo que se detiene, y me mira con recelo.

—¿Qué? —pregunto irritado.

—¿No que ya te ibas? —bufo mientras seguimos caminando. —Tengo que hacer algunas cosas y no es por ofenderte o algo por el estilo, pero prefiero hacerlo sola.

Cuando se abre el ascensor salgo dejándola hablar sola.

Los agentes nos ven de reojo y sé que están al pendiente de lo que hacemos.

—Loca, insensata, imprudente, irresponsable, desvergonzada. —menciono. —¿Qué más agrego a la lista de tus cualidades? —suelto con sarcasmo.

Detesto que se comporte de esta forma, no estoy dispuesto a seguir aguantando sus cambios de humor brusco. Me subo a mi auto y antes de arrancar la puerta de copiloto se abre.

—Llévame donde Marta. —ordena, alzo una ceja mientras poso mi fría mirada en su sien. —¿Puedes? —carraspea.

—Eres el ser más odioso que existe en el puto mundo. —ladro. —¿Cuándo viene lucifer por ti? Porque me estoy cansado de aguantar a un demonio que escapó de sus manos.

Enciendo el auto de mala gana y me dirijo a la dirección que me dicta.

—Insensible. —se indigna.

—Aja. —le resto importancia.

Quiere crear un drama que no estoy dispuesto a aguantar, al darse cuenta se cruza de brazos molesta.

Las dos camionetas de la seguridad de Alessia guardan la debida distancia, pero con un breve mensaje los obligo a que regresen al apartamento.

Pasan varios minutos hasta que decide hablar.

—Al llegar nos quedaremos en el mismo lugar, no estoy presentable y no me apetece armar un show innecesario. —entrecierro los ojos.

—Creí que amabas ocasionar dramas, ¿O solo te pasa conmigo? —se tensa, pero no responde.

Mueve constantemente sus dedos sobre sus muslos como una causa del enojo mezclado con el nerviosismo que le provoca la situación.

Sé que no se lleva bien con su madre y que hace unos días habló de nuevo con su hermana, los motivos no los indague porque no me interesan, sin embargo, que ellas la pongan en este estado me irrita.

A su hermana la conozco desde hace unos meses, ella es dueña del burdel en el que fingimos vender droga.

Christian, el narcotraficante a un, está bajo nuestra custodia. Pagando su condena en la cárcel de máxima seguridad de OFR, en Rusia.

—¿Desde cuándo te importa el qué dirán de ti? —inquiero a los minutos. —Si vas a hacer las cosas hazlas bien Alessia. —establezco.

—No conoces a mi madre, ella es... —se queda callada.

—¿Tu límite se encuentra en el que dirá tu madre? —se tensa.

—No.

—Entonces no tiene que importarte lo que piense de tu vestimenta, ¿Qué importa que te vea recién follada? —sonríe. —Porque así te ves, y las marcas de mis dedos y mi boca sobre tu cuello lo confirma.

—¡¿Qué?! —se altera.

Baja el espejo y maldice cuando visualiza las marcas.

Ignoro todo su drama sobre posesividad porque si le cuento como dejo mi espalda y brazos se indignara y me tratará de mentiroso engreído.

La conozco y sé que es una fiera y en lugar de molestarme como a ella, mi pecho se infla de ego al ver mi espalda con los arañazos rojos, incluso a parte de todos los chupones rojos en mi pecho, tengo una mordida sobre mi hombro.

Y yo no me estoy quejando como ella.

Cuando ve que no respondo a sus provocaciones, me acusa de bestia insensible para después quedarse en silencio.

Minutos después llegamos al sitio, es una gran propiedad con un patio frontal lleno de plantas.

>>William no tardará en venir. —pronuncia con inseguridad. —Cuando lo haga síguelo, necesito saber que mi hermana llegue a su destino en paz. —tenso la mandíbula.

No digo nada, porque si lo hago su temperamento se irá a la mierda junto al mío. No estoy de acuerdo en estas aptitudes, pero lo único que me queda es velar que no sobrepase límites que la lleven un colapso.

Porque no permitiré que tenga una recaída así como la del hospital.

—Sumasshedshiy...

Los gritos provenientes de la casa ponen en alerta a Alessia, de la misma sale una mujer correteando a otra, sus similitudes se destacan en el cabello azabache y las curvas llamativas.

—Mierda. —maldice. —No te muevas. —frunzo las cejas. —Solo como una sugerencia, no es una orden. —aclara al ver mi descontento

Sale del auto encaminándose al caos que ha armado, la que supongo es madre y hermana de la loca.

—Pues cuerda ninguna, no puedo esperar mucho de la loca que me toco. —expreso irónico al quedarme solo.

—¡Marta, no! —grita la hermana. —Deja de hacerte esto, no eres una adolescente.

Los pasos de la doctora se agilizan al lugar.

—Mamá... —las palabras de Alessia quedan en el aire cuando su madre la ve con odio y recelo. —Entremos, están llamando la atención de los vecinos.

Observo a mi alrededor afirmando las palabras de la doctora.

—¡Y tú quien rayos eres para ordenarme! —veo cómo se controla ante la agresividad que recibe. —¡Vete, asesina! —grita.

No quiere ver a la loca en modo asesina.

Hago puños y me escabullo entre el jardín entrando a la casa por la entrada trasera, superviso las instalaciones para estar seguro del sitio.

—Deja las ridiculeces mamá. —reprocha Alessia.

Logró entrar a las mujeres mientras los gritos siguen.

—¡Quiero que se larguen de mi casa! —reitera. —Mi casa no será infectada por la presencia de una prostituta y una asesina.

Subo las escaleras para quedar en el lugar perfecto para visualizar lo que pasa en la sala, sin llegar a ser descubierto.

—Párala ya Marta. —lloriquea la hermana. —No quieras hacerte la víctima de la situación.

Siguen gritando y puedo observar la irritación en la doctora.

Habla, Sumasshedshiy.

>>Tienes cáncer, algo serio Marta y aunque no lo pediste, ¿Quién crees que está pagando tu tratamiento? —la mujer ve a Alessia. —¡Yo, Marta! Y me estoy cansando que no pongas de tu parte. —chilla.

Pasan al menos 20 minutos de discusión en los que la doctora las ve con enojo, me alarmo cuando se marea y soba sus sienes.

Creo que pensamos lo mismo porque se endereza y ve con disgusto a su madre.

—¡Ya basta, mamá! Si ya no quieres vivir, haz las cosas bien. —ambas ven a la menor de las Carvajal. —¿Quieres suicidarte? Perfecto hay muchas maneras de hacerlo. —aclara. —El exceso de pastillas que tomaste 10 minutos antes de que te recogieran para ir a tu cita no fue la mejor opción y lo sabes.

La hermana la ve anonadada.

—Alessia...

—¡No! —la calla. —Tengo muchos problemas de los que tengo que encargarme y no me gusta desperdiciar mi tiempo en quien no vale la pena. —su rostro se endurece. —No me quieres como hija, me parece perfecto y hasta te entiendo, ¿sabes? Yo tampoco quisiera a una como yo —confiesa.

Pasea sus manos temblorosas de la ira sobre su cabello.

>>El voltaje que emano no lo puede controlar cualquiera, ahora imagina algo proveniente de mi, seria peor. —alza el rostro.

La madre la observa sin ningún tipo de interés.

—Alguien proveniente de ti, sería una aberración. —me tenso y puedo ver como la doctora traga grueso. —Hazme el favor y no te reproduzcas Alessia, contigo es suficiente para que el mundo se contamine. —Alessia ve al techo y luego posa su vista en su madre, su mirada cargada de odio y veneno.

Siento como la furia me consume al ver sus ojos rojos. Odio a su madre por dañarla de esta manera; sin embargo, la sonrisa que le brinda la doctora me confirma que las palabras hirientes no fueron suficientes para destruirla.

—Ya no más mamá, confórmate con odiarme, pero ten en cuenta que no fui la culpable de su muerte.

—No me llamas de esa forma, no eres mi hija, dejaste de serlo cuando asesinaste a tu hermano, ¿No lo entiendes? —se altera. —No las quiero, a ninguna. Nunca las quise y nunca las voy a querer por el simple hecho que son... —calla. —Son las peores mujeres que traje al mundo, ambos embarazos fueron fastidiosos y los detestaba cada día.

Mi tórax amenaza con salir, esa mujer se está ganando un lugar especial en mi lista negra.

—Mírame a los ojos. —pide Alessia. —Y dime en donde está el dolor que quieres causar. —se ríe. —No estás tratando con niñas, mamá, ¿te amo? Es obvio que si, me trajiste al mundo y aunque para ti fue lo peor, no sabes cuanto te agradezco que me permitieras ser la encarnación de lucifer.

Curvo los labios.

>>Sin embargo, como ya lo dijo Carla, ¡No te victimices! estoy cansada de que seas mi talón de Aquiles. —hago puños. —Fuiste la peor mamá que pude tener y no por eso te reproche nada, ¿Sabes que hice? me aleje porque estar a tu alrededor es recordar todo lo que odio. Y maldigo eso porque es el mismo motivo por el que mi hermana no se acerco a mí durante mucho tiempo.

Cada palabra que sale de sus labios está cargada de convicción.

>>Me detestas tanto y aun así soy tu maldita copia en muchos sentidos, con la diferencia que yo si se con quien ser una mierda. —sonríe. —Soy una mierda de persona mamá, pero sé con quien serlo, aunque eso me convierta en una inmoral, lo hago cada maldito día y al igual que tu, no me arrepiento.

—No eres como yo. —realza. —Y nunca lo serás porque aunque lo quieras ocultarlo, tú sientes, yo no. A mí no me importa dañarte, pero a ti te remuerde la conciencia intentarlo.

—Las personas cambian y aunque no lo quieras ver yo cambie y te estoy superando. —niega. —No sé si agradecer que tu maldito gen trastornado no lo haya heredado nadie u odiar que las situaciones a las que nos expusiste me tengan con características de una sociópata. —me tenso.

—No eres igual que yo... —la carajada de la doctora, la calla.

—¿No me estás escuchando? Tú eres una maldita psicópata, tú no sabes lo que sientes y tampoco te interesa, pero sé que tu odio a nosotras no es solo por tu trastorno. —el silencio me hace dudar.

Ella no es una psicópata, aunque lo aparente, pero quizá me esté equivocando, quien la conoce mejor es Alessia.

—Sin duda nunca debí permitir que te sacaran del psiquiatra. —observo como el cuerpo de la doctora se tensa.

—¡No era un psiquiatra! Era un vagabundo al que le pagaste para que me escuchara y mi padre se quedara tranquilo. —la mujer sonríe. —Tenía problemas alimenticios y te importo una mierda.

—Y ahora comprendo que la vagabunda eres tú, mírate. —la señala. —Das pena, Alessia. —la doctora se endereza y en lugar de ofenderse la mira con superioridad.

—En realidad, —estira los brazos y se da una vuelta. — estoy recién follada, no vez lo divina que me veo. —expresa con orgullo. —Una que a ti buena falta te hace, mamá.

Su hermana gime por la sorpresa.

—Niña malcriada. —alza la mano dispuesta a golpearla.

—No te atrevas a ponerme una mano encima, nunca más me tocarás, mamá.

Cierro los ojos al entender sus palabras.

Nadie debió ponerle un dedo encima.

Estoy hastiado de esta farsa, están acabando con mi paciencia y sé que acabaron con la de la doctora desde el momento que se enteró del intento de suicidio.

—¿Quién es usted, y que hace en mi casa? —Alessia la suelta con brusquedad.

Me dejo ver por las otras dos mujeres, dos me repasan mientras la loca me aniquila con la mirada.

—Que le importa, psicópata maltratadora. —paso por su lado hasta que unos dedos delgados me toman de la mano.

—Yo sé quien es. —confiesa Carla, me tenso al pensar que pudo reconocerme de los días que fui al burdel. —Es el ruso para el que Alessia contratará a una chica que... —arrugo las cejas.

—Cállate. —se mete la doctora.

—Tiene algo con ella. —señala de forma despectiva a su hija. —Por qué déjeme advertirle que es una maldita ambiciosa que le importa una mierda pasar sobre los demás si ellos están sobre su camino. —sonríe. — Con el objetivo de satisfacerse.

Conozco mejor a la loca que su propia madre y lo que para ella son sus defectos, para mi son sus mejores y retorcidas virtudes.

>>Alessia no solo destruye cosas también a personas. —observo la rabia en la mencionada tras sus palabras. —Es una asesina...

—Y aun sabiendo lo que es tiene el descaro de atropellarla. —suelto con odio. —No la obligaré a retractarse porque sola se dará cuenta del daño que está provocando.

—Otro que ya cayó. —se burla. —No me sorprendería de la prostituta, sin embargo, si de la asesina. —me controlo.

—¡Cállate mamá! —se mete Alessia.

—No sabe lo satisfactorio que es salir con una asesina, porque sé que lo haría por defender a los suyos.

—¡Mato a mi hijo! Al único que he amado.

—No sabe lo que es eso.

—Usted menos. —alzo el mentón. —Lo único que lo mueve es el deseo y será lo mismo que lo llevará a cometer las peores aberraciones.

—Ahora resulta que es psíquica.

—Largo de mi casa ¡Todos! Nadie es bienvenido.

Salgo echando humo.

—¡Alessia! —gritan a mi espalda. Confirmando que la loca me siguió.

Subo al auto viendo como Carla le da una agenda, cruzan un par de palabras antes de separarse.

La hermana se va con William mientras la doctora entra a mi auto.

No inmuta palabra y espero que le quede claro que no seguiré a ningún puto auto, son las dos de la madrugada y en pocas horas tiene que presentarse en el anfiteatro, no dejaré que el drama la consuma.

Vamos en un rotundo silencio que se rompe cuando empieza a ojear la agenda. Frunzo las cejas al escuchar una clara carcajada, jamás la había escuchado reír de esta forma y debo admitir que me gusta.

—Era una maldita idiota. —suelta mientras sigue pasando las páginas.

—¿Quién te dijo que has cambiado?

—Si lees esto estarás de acuerdo conmigo, ¡Dios! La Alessia de ahora se avergüenza de la que fui.

—¿Hay alguna diferencia en la de hace algunos años?

—Muchas. Solo escucha esto. —carraspea. —Hoy fue un día horrendo... ¡Oye! —se queja.

Llegamos a un semáforo por lo que le quito la agenda, la abro en una hoja cualquiera y empiezo a leer un texto con una ortografía excelente, pero una caligrafía realmente fea.

He visto la letra de Alessia y sé que en eso mejoro.

—Odio a los hombres, de hecho odio a las personas son seres repugnantes, no sé por qué ellos hacen eso, mi mami dice que está bien, pero no me gusta... —me tenso y giro el rostro ante un confuso rostro de la doctora. —Ellos son amigos de mi mami, yo tengo que ser una niña obediente y hacer todo lo que diga mami, pero no me gusta. Ellos tocan a la niña...

No recuerdo haber escrito eso. —respiro profundo.

No estoy seguro si deseo continuar leyendo. No me gusta lo que estoy entendiendo y no quiero retornar y encarar a su madre.

Bueno, si quiero leer, pero es algo demasiado privado.

—¿Quieres que continúe? —inquiero.

Muerde su labio.

—¿Te enojarías si digo que no?

Mierda, por supuesto, que me enojaría y no solo eso, pero no con ella.

—No. —le resto importancia.

Me mantengo sereno sin demostrar lo que me provoca una negatividad de su parte.

Repasa mi rostro con el fin de indagar, cuando no encuentra más que indiferencia y frialdad toma un suspiro resignado.

—Bien, porque no creo que sea necesario continuar. —toma la agenda de mis manos y estoy a punto de sujetarla con más fuerzas.

No puedo obligarla a que comparta algo que ni siquiera recuerda y primero tiene que procesarlo ella. Sabe que no me quedaría de brazos cruzados, por lo mismo no pongo resistencia.

No puedo mortificarla horas antes de su presentación.

—Como tú quieras. —retomamos el camino.

Volvemos a quedarnos en silencio hasta llegar al edificio, espero que baje y al no hacerlo me giro molesto, solo para encontrarme con una sonrisa de superioridad

Me planta un pico en los labios para después bajarse como si lo que acabara de hacer no fuera lo más estúpido.

—Nos vemos en unas horas, porque recuerda que Alessia Carvajal no tiene tiempo para estar mal.

Maldita loca.

***

¿Si tiene concordancia la historia? Siempre tengo esa duda.

***

¡Spoiler!

Siento un apretón de manos y volteo viendo a Oleg. Quisiera poder intuir que esta pensando o sintiendo, pero es imposible. Su rostro es el mismo sin ninguna expresión.

—Yo. —carraspeo.

—No digas nada. —pide. —Solo vámonos.


¡Otro Spoiler!

—¡Cállate! —toma mis mejillas y junta nuestras frentes. —¡Te prohíbo que vuelvas a decir algo como esto!

—Es la verdad, no tengo un bonito pasado y...

—¡He dicho que te calles! —niego mientras trato de alejarme. —Mírame a los ojos Alessia, mírame y dime si encuentras algo que no sea deseo. ¡Mírame! —ordena.

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