Capítulo 31
Dressed in black - Sia. One hour.

Camino con la espalda erguida frente a varios escuadrones de OFR, es inaudito que dos de los agentes, hayan sido capaz de traicionarnos y lo que me molesta es que son de los que creí que era uno de mis seguidores.
—Las traiciones dentro de OFR, se pagan con muerte. —hablo fuerte para que todos me escuchen. —Pero que me traicionen a mí, es aún peor y se darán cuenta por qué.
Puedo ser muy el Superior Supremo de OFR, pero no me siento conforme con muchas leyes y reglas estipuladas hace años, por mi familia, es por ello que sin que Carsten se dé cuenta estoy creando mi propio ejército.
>> Solamente un idiota es capaz de traicionar a OFR, sabiendo que nosotros lo sabemos todos. —paseo mi vista sobre ellos, cada uno con el mentón en alto. —Sin embargo, que hayan tratado de robar es de malditos cobardes.
Fue estúpido lo que hicieron, pero con cosas pequeñas comienzan y si no lo corto de raíz estaré incentivando a los demás, a que lo puedan hacer.
— ¿Saben que era el objetivo de estos dos? —señala Rustam a los dos agentes, esposados con el rostro desfigurado. —¡He dicho que si quieren saber, contesten!
—Sí Superior Inmediato, queremos saber el objetivo. —dicen al unísono.
—Información sobre el caso EBÓSIL. —aclara Caleb. —Son seguidores de H.B. se niegan a cooperar, así que es hora de que obtengan su final.
En realidad son infiltrados de quienes se hacen pasar por H.B. pero los demás agentes no tienen por qué saberlo.
—Ya fueron expuestos a tortura psicológica a cargo de los agentes Ryan y Adrián, y tortura por parte de nuestro Superior Supremo, sin embargo, no cooperan, por ello obtendrán su deceso. —informa Iryna.
Yo mejor que nadie sabe que cuando uno es fiel a algo, es capaz de ir a la muerte sin soltar nada. Ya no me sirven y los desecharé como la basura que son.
—De rodillas. —ordeno, cuando no acatan la orden les doy una patada tras sus rodillas que los hace chillar y doblarlas.
—No se merecen el respeto de nadie, por lo que uno de cada escuadrón puede pasar al frente y darle un golpe de lo que creen ustedes, que se merecen.
Detallo cada rostro junto a la expresión para saber quienes pueden ser mis próximos seguidores.
Al menos 45 agentes viene al frente a demostrar que ellos también repudian lo que hicieron. Cruzo miradas con algunos y ellos me dan el saludo que los doblega ante mí.
—Todos suyos Superior. —señala Iván.
Observo sus cuerpos adoloridos y ensangrentados, que sus torsos estén al descubierto y llenos de sudor mezclado con sangre, es bueno para lo que viene.
—Preparen los cables y traigan la pogibel'. —Damián e Iryna se encargan de lo que solicito.
Me entregan la Pogibel', y me detengo unos segundos en contemplar la marca.
Si querían información de EBÓSIL, es porque es posible que tengan conocimiento de que Alessia ya está bajo la protección de OFR, es por ello que serán los próximos en llevar la marca.
—Todo listo Superior. —enciendo la pogibel' y el material de oro cobra vida con la electricidad chispeante.
Alzo el rostro y desde en cuarto piso bajo la galera puedo ver a Carsten, presenciando lo que él llamó: arrebato innecesario.
—No entres a la boca del lobo sin saber que cuando su boca se cierre no podrás salir de su calvario. —suelto.
Topo la pogibel' sobre su pecho y los alaridos que sueltan me provocan cierta satisfacción.
Ningún agente inmuta palabra sobre lo que hago, solo se quedan de expectantes cuando con mi Katana corto de forma lenta y tortuosa sus extremidades, la sangre llega a los zapatos de dos escuadrones mientras no apartan su vista de lo que hago.
Juego con su mente, incrusto la katana antes de cortar lo que no necesitan.
—Tendrás que pagar mucho para la terapia de los agentes después de esto. —susurra Rustam a mi lado.
—Si no están listos presenciarlo, no tienen lo que se necesita para ser un agente.
Los gritos son mi adrenalina, sus llantos, una metanfetamina, pero que no haya súplicas me obliga a enterar la catana sobre sus pechos.
Doloroso y efectivo.
No necesito perder tiempo en torturas planeadas, ya hubo dos y no es necesario otra, hay muchas cosas por delante y dos traidores no detendrán mis objetivos.
—Yo me encargo. —se adelanta una Iryna eufórica al ver tanta sangre.
Creo que su autocontrol ha mejorado, porque en otras situaciones sé que no podría haber tenido sus manos quietas.
—Hay un único contacto, envía el resultado. —entrego el móvil por el que se comunicaban los traidores. —Rompan filas y a sus deberes.
—Como ordene mi Superior. —responden al unísono.
Tomo mi móvil y vuelvo a hablarle a la loca. Llevo cinco días con lo mismo y lo único que consigo son evasivas absurdas.
Si no fuera por las cámaras que hay fuera del apartamento podría pensar que no está, pero solo salió el siguiente día luego de volver. Su última visita fue por Javier Borja, uno de sus amigos.
Si no me he acercado como un demente a botar su puerta es porque es probable que esta semana sea como su descanso para todo lo que paso este fin de semana, sin duda ella no lo tuvo bien.
No voy a negar que me prendió como nunca, que ella aceptara mis demonios como los llamo y que no haya huido me dejo en que reflexionar.
—Estoy ocupada, te hablo luego. —corta.
Tenso la mandíbula porque es la primera vez que responde en dos días y sus palabras únicamente logran enojarme.
Sumasshedshiy caprichosa.
***
—Tiene una llamada del psiquiatra. —alzo el rostro ante las palabras de mi agente.
—Te pago para que tengas lista mi agenda, no para que cumplas los recados de una adolescente. —se tensa, no le gusta que le recalque que es una secretaria.
—Lo lamento Superior, pero la paciente no deja de insistir en hablar con su salvador. —hago puños ante tal aberración.
—Sal de inmediato de mi oficina y comunícame con Damián. —con los dientes apretados sale acatando mi orden.
Podría hacerlo por mi cuenta, pero ya que le gusta andar de recadera de lo innecesario, que lo haga ella.
Solo pasan unos segundos más para que Damián responda, me molesta que este junto a Rustam, pero no comento nada.
Informo que Alessia hoy se presentara al hospital y que necesito que por hoy él vele por su seguridad, todo se va a la mierda con su negatividad.
Sin embargo, las órdenes las doy yo.

Sigo en el juego, sigo en el ascenso, sigo siendo invicta.
La llamada del Dr. Daniel Tobar lo único que logro es que mi mejoría estuviera en la cima.
La semana luego de la cirugía la tome para mí exclusivamente, descanse y comí de la mejor manera y en estos momentos me siento tan poderosa e inalcanzable que la sonrisa de superioridad no abandona mi rostro.
Mis pasos me llevan nuevamente al hospital en el que se crea un silencio rotundo por unos instantes ante mi presencia, el tacón de mis zapatos es lo único que se escucha durante mi trayecto.
No saludo a nadie, menos a los que se quedan estáticos, ilusos, algunos bajan la cabeza cuando paso por su lado, otros se limitan en continuar con lo suyo.
Doblemente ilusos.
Ya se corrió el rumor de que el puesto de Rubén fue comprado, por lo mismo, fuimos convocados y nos cedieron este día para prepararnos, vamos a hacer una presentación del porqué nosotros deberíamos ser el nuevo jefe en cirugía.
No tengo nada preparado, se supone que no tendría que venir al hospital y la próxima vez que vería a mis colegas seria en el auditorio nacional cuando sea la presentación, pero la secretaria de Javier confundió unos expedientes de suma importancia.
Y esta mañana cuando llego a mi apartamento a dejar ciertos documentos me los encargo. Por lo mismo soy yo la que se los viene a entregar a Damián. Le hice el favor a mi amigo porque al lugar al que me dirijo me queda de paso.
Aunque no haya ocupado los documentos que me dio Kim, me comprometí a entregar la USB y es lo que haré al salir del hospital.
Llego al pasillo de los consultorios y se encuentra medianamente solo. Camino con sigilo procurando que no se escuche el resonar de mis zapatos. Veo su puerta medio abierta y me cuelo en ella para ver quiénes son los que están dentro.
—Eso quiere decir que desde que volvió nadie la ha vigilado. —dice Damián al móvil. En el consultorio también se encuentra Rustam. —No te preocupes, yo me hago cargo, tengo tanto tiempo libre, que me sobra para estar detrás de la insoportable. —dice con sarcasmo.
—No lo cabrees. —reprende Rustam. Sonríe como si supiera que es lo que dice la persona del otro lado de la línea.
No he hablado con ninguno desde que regresamos de la propiedad Bogdánov y las cosas con Rustam e Iván siguen mal.
—Primeramente, soy un Neurocirujano, agente y mejor amigo de mal...—se calla y arruga las cejas molesto. —Así te dicen, yo que culpa, es el seudónimo que te has ganado. Las quejas van con Iván. —rueda los ojos.
Veo mi reloj, si sigo escuchando es probable que llegue tarde. La conversación no me interesa y tengo cosas más importantes que hacer
—¿Interrumpo? —toco la puerta dejándome ver.
—¡Si! — replica Damián.
Alzo una ceja y al percatarse de quien soy las relaja, Rustam, por otro lado, me mira con indiferencia.
—Alessia. No te escuchamos entrar. —corta la llamada y ve sobre mi hombro. —¿Llevas mucho tiempo ahí? —me encojo de hombros, de nada me sirve mentir.
No sé, necesita tener dos dedos de frente para saber que estaban hablando sobre algo referente a la organización, son demasiado descuidados y el que Rustam esté en el lugar lo confirma.
—Los expedientes se confundieron. —ignoro su pregunta. —En los tuyos tienen que estar los de Javier, iba de paso y decidí traértelos. —aclaro. —Cuando puedas se los entregas. —se los doy.
—Pensé que hoy tendrías que reincorporarte. ¿Ya escuchaste los rumores sobre el Dr. Rubén Urbina y el ascenso? —asiento y me ve dudoso. —¿Vas a salir? —me escanea.
—Sí. —acepto.
Nadie sabe que defenderé el puesto para el ascenso y que esté tan calmada lo pone en Alerta.
Rustam, por otro lado, intenta verse duro, pero su mirada perdida en mis piernas lo delata.
—¿Te acompaño? —cuestiona y yo frunzo las cejas.
—No. —lo veo mal.
—Ok. —rasca su cuello. —Eso sonó raro. —ruedo los ojos.
Hago una leve despedida sin esperar respuestas.
Camino al estacionamiento sintiendo un poco raro el ya no tener a los gorilas que me impuso Oleg, ya los estaba empezando a tolerar, sin embargo, sabiendo como está la situación en estos momentos sé que no es prudente no tenerlos a mi lado.
Sospechoso debido a que las últimas discusiones se basaron en la seguridad.
Por otro lado, eso es perfecto porque ya estaba maquinando que iba a inventar para deshacerme de ellos por unas horas, ya que al lugar que me dirijo no es el mejor y no se me apetece despertar a la bestia posesiva de mierda.
Espero que en nuestra última plática le haya quedado claras muchas cosas.
Vaya plática.
El solo recuerdo me saca una sonrisa cargada de ironía. Sé que nuestro próximo encuentro será salvaje, lo deduzco luego que en una de nuestras últimas llamadas me lo insinuara por negarme a su compañía.
Veo el papel que me entrego Kim, en él se encuentra la dirección de uno de sus cuarteles. Conduzco rápido planeando que de regreso pasaré al centro comercial en busca de mi vestuario, soy hermosa, pero me tengo que ver impactante y poderosa.
No solamente le vamos a exponer a la junta, serán muchas personas las que estarán en el anfiteatro, y ese sitio tiene la capacidad de albergar a demasiadas personas.
En el resto del trayecto me concentro en lo que me espera.
***
El lugar está hasta las afueras de la ciudad, de un momento a otro dejo de ver la civilización y me veo rodeada de árboles. Hay una desviación, la primera es para ir al manantial y el otro es el que me indica la dirección.
Media hora después a lo lejos visualizo un gran muro, no tengo idea de que cubre. Jamás escuché de esto y no puedo evitar inquietarme, solo espero que Kim no me haya mandado a un matadero, porque desde el infierno la joderé.
Me bajo del auto para empezar a caminar por el camino empedrado. Me maldigo internamente por andar en tacones, pero no tenía ni la menor idea de que algo así me esperaba.
Dejo el camino de piedra y empiezo uno en cementado, mis pasos se escuchan como un eco que se pierde en la distancia. Llego a la entrada donde me apunta una cámara.
—Identifíquese. —pide la voz robotizada.
—Soy... —callo, ¿sabrán quién soy? —Alessia Carvajal.
Únicamente espero que Kim les haya hablado de mí, si no eso me traerá problemas.
No debí confiar en ella.
—Su nombre no está en la lista. —me estremezco. —Suelte las armas y deje las manos donde las pueda ver.
La última oración me deja en blanco.
—¿Qué? —es lo único que sale de mis labios.
No tengo armas y ahora entiendo el silencio perturbador que empecé a sentir desde hace dos kilómetros. A pesar de no ver a nadie me sentía vigilada y ahora lo creo entender.
—No eres una amenaza para nosotros, doblégate.
Nunca.
Escucho ruidos y pasos apresurados, cuando volteo siento que la sangre abandona mi rostro y es sustituido por una capa de sudor superficial.
¡Es una maldita trampa!, y yo caí como la peor presa.
Diez hombres vestidos con camuflajes negros, enmascarados y con cascos me tienen rodeada, cada uno tiene un arma con la que me apunta. Trago grueso.
¡Malditos, hijos de puta!
—Deje las manos en donde las pueda ver. —vuelve hablar la voz robotizada, lo hago con nerviosismo y enojo. —De la vuelta. —ordena, lo hago y quedo nuevamente frente a la cámara.
La presión de estar siendo apunta me está causando un hormigueo en mi columna vertebral.
—No estoy armada. —aclaro. Agradezco que mi voz se escuche tranquila y fuerte porque tener tantas armas apuntándome no es fácil.
—¿Quién eres? ¿Eres una espía? ¿Cómo nos encontraste? Y aunque ya lo sé, ¿Quién te envió y que buscas? —las preguntas no dejan de aturdirme sin saber a qué se refiere.
Al no obtener respuesta de mi parte escucho como quitan el seguro de las armas a mi espalda.
Mierda, no.
Me quedo en silencio escuchando el palpitar de mi corazón. Una gota de sudor baja por mis sienes mientras me aliento a continuar.
No he hecho nada malo ni tengo nada en contra de ellos. No podrán retenerme, solo dejaré la USB y me marcharé.
—Soy Alessia Carvajal, y soy una cirujana. —reitero. —Estoy aquí porque una de sus agentes en Colombia me dio la dirección de este lugar para entregar algo de suma importancia para Corazón Oscuro. —repito lo que me dijo Kim.
—Seudónimo temporal de la agente. —exige la misma voz.
Kim no me dio ningún seudónimo temporal y esto me deja pensando. Al sentir como un agente se aproxima y baja su arma me calmo, todo eso cambia cuando de su cinturón saca un arma corta y apunta en mis sienes.
Joder, ser apuntada en ningún momento ha estado en mis planes y es la segunda vez que lo estoy.
—Kim Min Sook —me arriesgo al decir su nombre. El sitio se queda en silencio por unos minutos, no me muevo y evito ver de reojo al hombre de negro que sigue apuntándome con el arma.
Ok, me considero y sé que soy una persona fuerte, pero saber que solo falta que apriete el gatillo para aniquilarme despierta algo que jamás he sentido.
La sensación es similar a lo que sentí cuando vi a Oleg lleno de sangre. Es como si algo oscuro nublara mi mente y cordura.
—Llévenla con el jefe. —ordena la misma voz.
Como un instinto disimuladamente suelto el aire que no sabía que estaba conteniendo. El arma se quita de sien al igual que la sensación de oscuridad.
—¡No! —gritan —Alessia, ¿¡Qué demonios estás haciendo!? —reprocha y aunque no lo puedo ver, reconozco su voz... Damián.
Los hombres de negro que estaban a mi espalda cubren mi rostro. Dos se encargan de tomar mis brazos obligándome a caminar.
Quiero protestar y decirles que me suelten y dejen de tocarme, pero una voz en mi interior me dice que eso es la muerte.
El agarre de los hombres es fuerte y aunque no tendría que confiar en ellos, camino con seguridad impidiendo que crean que me han intimidado.
—¡Agente Avalos! Deje de interferir que esto no está a su alcance. —le grita un hombre a mi espalda.
Que Damián esté aquí me pone en alerta, eso significa que me siguió y estoy más que segura de que eso desencadenará muchas cosas, sin embargo, no quiero pensar en eso cuando mi vista está siendo cubierta para llevarme quien sabe a dónde.
Ejercen más presión en mis brazos por lo que mi respiración se agita. No tolero este tipo de contacto.
Escucho golpes, disparos, jadeos, choques eléctricos y gritos mientras sigo caminando. Nada de esto me da buena espina, sigo manteniéndome en silencio queriendo acabar con toda la intriga.
Me empujan con brusquedad y caigo en una silla.
—No te muevas. —ordenan.
Me quedo quieta por unos minutos poniendo a trabajar mejor mi sentido auditivo.
Todo se escucha lejano como si hubiera algo que impida el sonido de las diferentes cosas y situaciones que acabo de escuchar. Mi respiración calmada es lo único que se escucha junto al palpitar de mi ritmo cardiaco.
Escucho pasos y murmullos antes de escuchar como abren y cierran una puerta. Quitan de golpe la bolsa negra obligando a mis ojos a cerrarse. Los abro despacio y si antes estaba un poco temerosa e intrigada ahora estoy en shock al ver el hombre frente a mí.
No. Puede. Ser. Verdad.
—Hace unas semanas, cuando mi agente dijo tu nombre como una posible latina que entraría a la organización, no dude ni un segundo en ayudarte con los documentos para tu ascenso. —dice sin ningún tipo de emoción.
Yo aún sigo sin creer que él sea el Gobernador, su jefe como Kim se refirió a él.
Camina al minibar en donde se sirve vodka. Observo su espalda ancha repitiéndome que estos hombres tienen algo que los hacen atractivos.
>>De todas las personas que creí que trabajarían en algún momento para mí, por esas circunstancias, tú ni siquiera estabas en mis planes . —su rostro sobrio da escalofríos. —De algún modo u otro estabas destinada a parar aquí, ilógico sí. Eres una simple cirujana que tuvo la suerte de encontrar la cura de EBÓSIL. —suelta como si fuera algo imposible. —No tienes ningún entrenamiento y tu estadía en Colombia me confirma que eres estúpida al exponerte sabiendo que tienes amenazas.
Me parece irreal que Kim sea parte de OFR, en ningún momento lo imagine. Lo último que dice me hace reaccionar. Arrugo las cejas.
—No trabajo para usted...
—No te he permitido hablar, así que guarda silencio. —muerdo mi lengua. —No puedo esperar mucho de ti, pero eso no significa que te deje libre para estar al alcance de Pedro. —se burla. —Perdió su oportunidad al tenerte frente a sus narices y no secuestrarte.
Cada palabra que sale de su boca es una puñalada. Todo y nada tiene sentido, mi cabeza duele al estar recibiendo tanta información, ¿Qué tiene que ver el doctor Pedro Marín en esto?
>>Vas a firmar esto. —me da un documento. —es un contrato de confidencialidad para trabajar en OFR, aún no te tatuaremos porque necesito que vuelvas a Colombia y ayudes a mi agente. Para esas alturas espero que aun no sepan quien eres ni lo que representas, por lo que se tienen que dar prisa para conseguir la ubicación y así poder atacar y sacarlas.
¿Ese es el documento del que me hablo Oleg?
Joder, esto no tenía que ser de este modo.
—¿Qué pasa si me niego? —cuestiono. —Como usted ya lo dijo, de alguna u otra forma estaría dentro, ¿Qué pasa si no me quiero unir por lo de Colombia? Soy la cura de EBÓSIL, por lo tanto, como usted lo dijo, estoy destinada a entrar a OFR.
Ser una gente jamás ha sido algo que desee, pero ya me había mentalizado cuando me lo comento Oleg, pero no lo quiero ser de este modo.
Además, por estúpido que suene no estoy de acuerdo en firmar algo, no sin la presencia de Oleg o los pertenecientes a OFR que ya conozco.
Tenemos una retorcida relación que no estoy dispuesta a arruinar.
Todo está pasando demasiado rápido y no me deja analizar las cosas.
—No estás en condiciones de negarte, estás dentro desde el momento que aceptaste la USB. —responde.
Me mira y sus ojos azules me recuerdan a su hermano, si Oleg no muestra nada Carsten muestra soberbia y altanería.
Kim me mintió, dijo que no me obligarían a estar en la maldita organización si no lo quería ¡Me negué, Joder me negué!
—Pero... —trato de replicar.
—Solo firma Alessia. —volteo encontrándome a Damián. Por primera vez una mirada cargada de odio me recibe. —Estas donde estás por tu egoísmo y aires de grandeza, porque nada te costaba hablar de esto con Oleg, él se ha matado tratando de protegerte, mucho antes de que le dijeras sobre las amenazas.
Sale de entre las sombras y cada palabra que sale de su boca me desconcierta aún más.
>>Lo hizo porque sabía que tarde o temprano se darían cuenta de que Raisa no murió y eso te traería problemas. El maldito viaje a Colombia lo arruino todo Alessia, con eso firmaste tu sentencia, porque si entrabas a la organización por ser la cura de EBÓSIL, las cosas serian diferentes y lo sabes. —arrugo las cejas.
Soy consiente de eso.
Sé de la magnitud de la situación y no me gusta lo que estoy entendiendo.
—No quieras culparme de algo que no sabía. —alzo el mentón.
—No confiaste en él y ahora tendrás que ir al lugar de donde siempre te quiso alejar. —su voz se endurece a cada momento. —Se entra de distintos modos, pero el que tú elegiste es el peor porque no tendrás la ayuda de nuestro escuadrón sino el que el Gobernador te asigne.
Me quedo perpleja cuando finaliza mientras niego con ironía, esto no puede ser cierto.
Sabía que lo de Colombia estaba vinculado con lo de Raisa, lo supe y fue entonces que decidí dejar morir a todos, lo que no estudie fue la posible vinculación de OFR.
Me siento aturdida y furiosa conmigo misma, pero más con Kim. Me dijo que tenía que entregar la maldita USB y no era obligación estar dentro. El recuerdo de nuestra conversación viene a mí.
—No tienes que amenazarme Alessia. —dice demasiado calmada. —Jamás haría algo que pudiera perjudicarte, pero si algo de lo que está en la USB, sale a la luz, considérate muerta.
Maldita, perra.
—¡Como diablos querías que le dijera a Oleg que en el viaje que hice a Colombia una agente me exigió llevar material a su organización! —me rio sin gracia. —Estoy amenazada en que si algo le pasaba o lo que se me encargaron me iban a matar. —recalco. —Oleg ya tiene cosas en las que pensar y trabajar, en eso importante también esta EBÓSIL, y lo que yo represento. —niega. —No iba a hablar de algo que ni yo estaba segura.
A estas alturas el tono de mi voz muestra mi molestia. Damián sigue con el mismo gesto de odio hacia mí mientras se mantiene sin inmutar palabra
—Este es el tuyo. —dice Carsten entregándole un documento a Damián. —Sabes lo que tienes que hacer.
El agente asiente y veo como los músculos de sus brazos se encuentran tensos a la hora de tomar el bolígrafo y estampar su firma.
—¿Qué estás firmando? —me atrevo a preguntar. Me ignora y eso hace que me moleste aún más.
—Es para confidencialidad —responde Carsten. —Damián tiene prohibido hablar de esto con otros agentes.
Entiendo las palabras de Carsten, tiene prohibido hablar de esto con Oleg, es por eso su enojo. Por mis acciones tendrá que mentirle a su amigo.
No me arrepiento de nada, cada acción y decisión que tome fui consciente de lo que hacía, quizá me equivoque, pero no dejaré que él u otra persona me restriegue en la cara su descontento por lo mismo.
Sí, sé que desde un principio nada estuvo bien y por eso me haré cargo de mis errores. Leo por encima mi documento percatándome que no lo puede saber nadie, ni Oleg, que también es parte de la organización.
Esto es una vil manipulación, no solo estoy dentro de OFR, sino que mi lealtad tiene que estar con Carsten Bogdánov, sobre cualquier otro miembro.
Yo no quería que las cosas fueran así.
Mierda, no quiero mentirle a Oleg, esto va más allá de mis alcances y eso me frustra. El ruso quiérase o no me ha ayudado y le estoy fallando al estar haciendo esto a sus espaldas.
Mis mentiras eran piadosas, ahora salen de mis manos.
Nada de esto tiene que afectarme, al fin y al cabo, tengo mis propios planes y mientras más rápido se solucione lo de EBÓSIL, más rápido exigiré salir de esta maldita organización de manipuladores.
Sonrío al momento de estampar mi firma en los documentos.
Le doy los documentos a Carsten, los observa con recelo, pero no dice nada, solamente los toma antes de guardarlos. Se acerca a la ventana y me indica ir.
Camino y cuando llego a su lado, sube una cortina y me quedo impactada con lo que veo. Hay alrededor de mil personas entrenando en distintos espacios.
—Esto es lo que te espera. —me estremezco.
Hay pista de tierra, agua, aire y fuego. Me alarmo en la última al ver como sacan a un hombre con la pierna roja en una quemadura de tercer grado.
—Soy una cirujana, no sé confunda. —aclaro mientras sigo viendo el panorama sin mostrar mi inquietud. —Según lo que me dijo Kim, las personas que se unen a la organización siendo ya profesionales es para misiones que vayan para su área. —señalo al recordar a la coreana.
>> y sigo sin entender el porqué me quiere dentro de esta manera, no le serviré para lo que usted tiene en mente, desde ya se lo aclaro.
No pienso trabajar para ellos.
Me ignora y camina obligándome a seguirlo, le ordena a Damián quedarse en el mismo sitio mientras volvemos. Afuera de ese cuarto hay muchas personas sumergidas en pantallas que muestran distintos panoramas.
—Todos ellos. —señala las pantallas. —Son mis agentes y cada uno tiene distintas habilidades independientemente su profesión. Hay muchos que se unieron siendo ya profesionales y les toco empezar de cero como un agente cualquiera en los entrenamientos.
Observo las pantallas, los escenarios son en distintos lugares, construcciones, bufete, restaurantes, hoteles, bancos, escuelas, hospitales...
>>Teóricos, prácticos, de espionaje, todo Carvajal, tú no serás la excepción ni tendrás privilegios. —aclara. —Tú más que nadie vas a tener que estar preparada porque en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo un bisturí no te salvara.
Volteo entendiendo la referencia.
—¿Las personas que entraron a su casa esa noche, eran parte de los que hacen pasar por H.B.? —indago.
Niega y me aclara que yo no tendría que saber eso y que no me preocupe, ya hablara con los responsables de darme información que no necesito saber. Me quedo en silencio obligándome a cuidar lo que digo para no poner en tela de juicio a los agentes con los cuales he tenido contacto.
—Ellos eran mis agentes tratando de terminar lo que arruinaste. —informa y un aire frío recorre mi espalda. —El bisturí se lo enteraste a Rustam y quien ataco a Oleg fue Iván. Todo iba a salir perfecto, ellos la matarían y todo estaría bien. Pero saliste de heroína arruinando nuestros planes. —reprocha. —Tuvimos que fingir que nos atacaron para que nadie sospechara.
Las palpitaciones en mis sienes me abruman. Todo lo que suelta Carsten me enoja, ya sabía que Raisa tenía que morir, pero lo del atentado era algo que creí que era verdadero.
Suspiro y lo sigo mientras volvemos a su despacho, al entrar veo que le dice algo a Damián quien asiente a regañadientes.
>>Se te harán preguntas para ser ingresadas ya en el expediente que entrara en vigencia para todo OFR, cuando seas presentada como una agente. —asiento, consiente que esa presentación es de la que Oleg me hablo.
No deseo mentir de esta forma y Carsten Bogdánov me está obligando a hacer cosas que no quiero, pero sus planes no saldrán como él quiere, porque encontraré como dejar de estar bajo su mandato.
—Fecha de nacimiento y edad. —cuestiona Damián indiferente.
Me siento frente a él, el sitio me da la posibilidad de visualizar lo que se realiza en la inmensa galera.
—Veinte de septiembre del dos mil, tengo 24 años. —respondo.
—Nombre completo.
—Alessia Geraldine Carvajal Avendaño.
—¿Padeces de alguna enfermedad? ¿Eres alérgica a algún medicamento? ¿Alguna incapacidad? ¿Tienes alguna fobia? —lo último lo dice con burla.
Hago puños sobre mis muslos al saber que es idiota al querer ofenderme por lo que paso en su cumpleaños.
—No enfermedades, no soy alérgica a ningún fármaco, sin ninguna incapacidad. — alza una ceja. —Y soy Ofidiofobia. —respondo con simpleza.
—¿Has tenido alguna vez enfermedades de transmisión sexual? —arrugo las cejas.
—No, y ¿Qué tiene que ver eso? También lo pondrán en mi expediente. —me burlo.
—Todo es necesario, aunque no lo creas. —responde Carsten. Ruedo los ojos, pero ya no digo nada.
—¿Tienes hijos?
—No.
—¿Has experimentado el aborto alguna vez? —me tenso.
—Sí.
Evito contacto visual con ambos hombres concentrándome en el panorama.
—¿Natural o inducido? —hago puños al tener que recordar.
—Inducido.
Puedo sentir como mi ritmo cardiaco quiere incrementar, pero tomo una bocanada calmándome.
—¿Hace cuanto, Alessia? —sonrío al escuchar que su tono cambio bruscamente a una más suave.
Como si fuera un tema delicado que podría afectarme.
¿No que me estaba odiando?
—Eso no es necesario Avalos. —reprocha su jefe.
Durante veinte minutos más me sigue preguntando y no me siento cómoda al estar diciendo tanta información. Mentí en muchas porque no me voy a arriesgar en ponerme en bandeja de oro, sería demasiado estúpido de mi parte.
—Eso es todo. —dice Damián. —Pero algo que quisiera recalcar es que tu sangre se tiene que desintoxicar.
Lo veo mal al saber que va a hablar de algo que no le compete frente a un Bogdánov.
—¿Por qué se necesita desintoxicar? —pregunta con un tono tosco Carsten. —Según sus respuestas no es adicta a ninguna droga.
—No...
—Alessia estuvo en Colombia. —interrumpe Damián. —y usted sabe que la única forma de salir de ese lugar es bajo sedantes. —mi mente hace clic ante sus palabras.
¡Mierda! Me drogaron y provocaron el colapso de mi sistema, eso, alimento...
>>En exámenes realizados al volver descubrí un químico que en su momento no reconocí, ahora tiene sentido ya que aparte del exceso de sedantes también la drogaron y su droga es única al encargarse de dañar su organismo. —mis sienes palpitan. —Estoy seguro que a eso se debe el exceso de cansancio. —culmina.
Mi rostro se encuentra sereno, pero por dentro estoy odiando a medio mundo y maldiciendo al resto. Quiero levantarme y tirar todo lo que se encuentra en el escritorio.
Mantengo las manos juntas impidiendo hacer un solo movimiento que los alerte de las sensaciones y emociones negativas que me están dominando.
—La desintoxicación empieza hoy. —ordena Carsten.
—No tengo tiempo. —aclaro. —Sé la gravedad de la situación, pero hoy no puedo. —Damián me mira como si estuviera diciendo lo más descabellado.
—Alessia no seas testaruda. —reclama. —No creo que entiendas la gravedad de la situación, de lo contrario estarías corriendo al laboratorio. ¡Tu vida corre peligro!
Sé que lo hace.
—¿Hay algo que no nos estés diciendo? —inquiere el hombre de mirada intimidante.
Muchas cosas.
—No, simplemente hace una semana salí de una cirugía, por lo que no puedo someterme a ese procedimiento. —me sincero.
—Entonces a partir de la próxima semana se empezará a desintoxicar. —intuye el gobernador. —sabes lo que tienes que hacer para contrarrestar los efectos. —asiento.
—Sí, sobre eso no considero que es necesario un medicamento para contrarrestar nada. —alega Damián. Ambos lo vemos impacientes para que continúe. —La víbora que mordió a Alessia es la última que estuvo en experimentación, por lo tanto, el suero que se le inyectó contrarresto todo, es por eso que intuyo que ya no has sentido cansancio o fatiga, al menos no como antes. —explica.
Sonrío, ignoraré lo que acaba de decir por qué la mejora que he tenido ha sido gracias a mí y mi esfuerzo.
No me quitaré méritos.
—Vaya coincidencia. —suelto irónica.
Espero que cuando mi sangre este 100% limpia nada me impida dar lo mejor de mí, porque incluso con la maldita droga en mi organismo hice mucho y jamás me di de baja o por vencida.
Ni la droga me detiene
—Puedes retirarte. —ordena Carsten.
Con un asentimiento extraño sale Damián.
El ruso se sienta de nuevo en su escritorio y me hace sentarme frente a él. Todo esto me está abrumando y el hecho que me quite tiempo el cual tendría que ocupar en mí es algo inconcebible.
Proceso todo lo que me acaban de decir al igual que lo de los sedantes y la droga, lo último lo ignoro y me concentro en algo que desde hace mucho me está rondando en mi cabeza.
—Sé que tengo que recibir entrenamiento, pero desde ya le digo que mi tiempo es limitado. —establezco. —No volveré a Colombia, porque hasta donde tengo entendido ese hospital es una fachada para encubrir a EBÓSIL y sinceramente no se me hace sensato ir.
Sus facciones no se inmutan ante mis palabras y el hecho de no provocar nada en él me es irritable, significa que tiene ventaja sobre mí.
—Carvajal, las órdenes las doy yo y si yo digo que en estos momentos te quedas y empiezas con tu entrenamiento lo harás. —demanda. Mi expresión de hostilidad cambia a enojo. —Que te quede claro que el gobernador soy yo, no hay ningún cargo sobre el mío en OFR, y ya viene siento hora que te queden claros nuestros niveles.
Dejo que hable, porque necesito irme ya, y si al finalizar su explicación de estatus lo haré no me queda otra que aguantar.
—Entonces ilumíneme y dígame cuantos se supone que hay sobre mí. —expreso con sarcasmo.
—OFR, Organización de la fuerza Rusa. —empieza. —Fue fundada hace nueve décadas por mi bisabuelo, el objetivo de la misma fue para capturar a una banda de narcotraficantes que secuestraron a su esposa, lo hicieron porque se obsesionaron con ella. Él, con otros sujetos que también habían perdido a su familia de la misma forma, decidieron unirse y acabar con ellos.
>>Al poco tiempo lograron acabar con ellos, y gracias a la forma tan sanguinaria en la que termino, la organización logro alcanzar un gran número de oyentes. —expresa. —Poco a poco OFR fue creciendo bajo el mando de los Bogdánov y otros dos apellidos, lo que hacían era acabar con todo aquello que les estorbara para obtener poder. —sus facciones maduras me distraen. —Luego hacían el trabajo sucio de aquellos que aún estaban ocultos. —ironiza.
Malditos corruptos.
>>Sin embargo, EBÓSIL es un tema personal con los Bogdánov. —el que ya no me diga nada de lo mismo me da a entender que tan personal es. —Hay dos tipos de gentes de primero y segundo grado, y tú serás parte de los segundos. —evito rodar los ojos. —Soy el Gobernado, después de mi sigue el Superior Supremo, Oleg. —me enderezo. —Hay distintas tropas que son lideradas por los superiores inmediatos, esas tropas se dividen en dos capitanes un teniente y el resto son simples agentes. Quien aún no llega a formar parte de algunas de las tropas es quien prepara las cosas en los distintos cuarteles que hay en todo el mundo y ellos son los soldados, este último es tu estatus. —sonrío con indiferencia.
Vamos a ver si entendí según lo que ha dicho es:
Gobernador.
Superior supremo.
Superior inmediato.
Capitanes.
Teniente.
Agente.
Soldados.
Muy bien Alessia, estás al final de la cadena alimenticia.
—Mi estatus se mantendrá en confidencialidad. —establezco. —No me considero ningún soldado, por lo tanto, no estaré siendo señalada por el mismo.
Aunque no esté de acuerdo en nada de esto, mi orgullo no me permite estar al final.
—Tranquila Carvajal, a los únicos que se les rinde respeto son los primeros dos. —su tono de ironía me molesta. —Los demás son catalogados simples agentes dependiendo su descendencia y en lo único que lo diferenciaras es cuando estén formados o la palabra de mando en misiones.
Tiene razón, de los agentes que conozco no podría definir su estatus a simple vista, pero por más que lo quieran adornar sigue sin agradarme nada de esto.
Y el único motivo por el cual acepte tan vil contrato es porque sé lo que les pasa a los que se niegan, Kim fue muy gráfica al narrarlo.
—Ok. —culmino.
Mantengo mi espalda recta a espera de más, él con su maldita soberbia esta más que encantado de la situación.
—Es más que obvio que no quieres estar aquí. —señala Carsten. —Lo raro es que, según Oleg, no tenías problema en ser parte de nosotros.
Porque de la forma que entraría según Oleg, es mucho mejor a esto.
Pensar en su hermano es lo menos que quiero hacer. El recuerdo de lo que dijo hace unos minutos viene a mi mente. Me levanto quedando frente al gran ventanal.
—Mi error fue hacer cosas malas que parecían buenas. —suelto con sarcasmo. Sabe que me refiero a que salve a Raisa cuando lo que tenía que hacer es dejarla morir.
—Lo bueno nunca te dará poder. —se posa a mi lado con la vista puesta en los agentes entrenando. —Se justa con lo tuyo y que te convenga, solamente así tendrás el mundo a tus pies si quieres. —niego
—Lo justo a veces es considerado malo. —recalco.
Y es algo que siempre he odiado, mi manera de ver y hacer justicia es considerado repugnante.
—A quién le importa que sea malo mientras sea satisfactorio para ti. —se jacta. —Deja de ser benevolente y concéntrate en ti, porque si sigues dejando todo tu dinero en esa clínica no llegaras a nada. —me enderezo. No tenía por qué saberlo. —Oleg puede ser muy inteligente, pero que no se te olvide que yo fui su mentor, por lo que el de la experiencia soy yo. Él se encarga de investigar todo lo que quiere saber, yo investigo todo lo que puedo necesitar.
No me gusta el rumbo de esta conversación.
—La clínica no está a discusión. —aclaro.
Indirectamente, me está diciendo que la cierre y es algo que no voy a permitir.
—Allá tú si quieres que todos te vean como su salvador. —la mirada que me da me hace sentir como una niña. —demuéstrales que eres el maldito lucifer si es necesario para tener a todo ser a tu merced. Juega con su mente para que se rindan ante ti.
—¿Por qué me dice eso? —pregunto.
Es tan contradictorio que me molesta.
—Porque estoy cansado de investigar y darme cuenta de que eres una maldita apariencia de alguien que no eres. —me ve sobre su hombro. —Te hacen mierda y lo permites al no poner un alto. Dejas que te pisoteen quitándote lo que deseas y lo aceptas resignándote. Dañan a otros y eres tan estúpida que te echas la culpa viviendo cada día con esa carga, convirtiéndote en una fracasada.
Mi ritmo cardiaco aumenta al estar consciente de las cosas que él sabe.
No tenía por qué saberlo, ¡nadie tiene que saberlo!
>>Yo no veo lo que otros ven en ti. —el tono de su voz es duro. —Yo veo a alguien con miles de miedos que oculta bajo una falsa seguridad. Veo a alguien que cuando llega la noche se quita su caparazón dejando toda la mierda a flor de piel. —alzo el mentón. —Y sinceramente no me apetece seguir hablando con una farsante.
Ahora entiendo sus palabras sobre ser mejor que Oleg, pero lo que Carsten no sabe es que Oleg respeto mi privacidad porque le nació y luego cuando creí que me daría la espalda se lo exigí.
Oleg no es menos, él simplemente me respeto ante cualquier cosa. Sin importar que el no investigarme sería peligroso al estar involucrada con EBÓSIL.
—No necesito curar algo que ya está más que sanado. —me defiendo. —No insinúe que necesito que llegue alguien a sacarme de la miseria, porque no estoy en la miseria y nunca estaré en la miseria. —establezco. —Que le quede claro, Carsten Bogdánov.
—No estoy diciendo que necesitas a alguien Carvajal. —contraataca. —Estoy diciendo que seas lo suficientemente fuerte para aceptar que eres una fachada de lo que en verdad quieres ser. —mi pecho arde con cada palabra. —Espero algún día poder ver en ti a una mujer digna de admirar.
—No...
—Por el momento gana ese ascenso que no perderé una reunión solo para ir a verte fracasar. —abre la puerta dejándome con un nudo en la garganta. —Yo te llamaré cuando sea necesario que empieces con los entrenamientos.
Se va dejándome sola, a los momentos llega un agente que me lleva a la salida. Me subo a mi auto pensando que Carsten Bogdánov es un maldito psicópata, o sea, ¿Cómo me viene a decir fracasada? Fracasada su abuela.
No voy a demostrar nada nadie. Ganaré ese ascenso porque me lo merezco, me voy a demostrar a mí misma que Alessia Carvajal es todo lo que se le dé la gana.
***
¿Dudas?
¿Qué les esta pareciendo la historia?
¡Spoiler!
>>El voltaje que emano no lo puede controlar cualquiera, ahora imagina algo proveniente de mi, seria peor. —alza el rostro.
—Alguien proveniente de ti, seria una aberración. —me tenso y puedo ver como la doctora traga grueso. —Hazme el favor y no te reproduzcas Alessia, contigo es suficiente para que el mundo se contamine. —Alessia ve al techo y luego posa su vista en su madre, su mirada llena de odio.
¡Otro Spoiler !
—Dime que no te gusta y me detengo. —aumento las embestidas. —¡Dímelo Alessia!
Me detengo de golpe haciéndola maldecir. Mi verga palpita al sentir los fluidos que lo rodean.
—Continúa bestia inmunda. —sonrío volviendo con los embates. —Duro, caliente, morboso...

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