Capítulo 28
In the end. - Linkin Part (Remix). One hour.

Observo mi trasero rojo por los azotes, ruedo los ojos al ser consiente de su posesividad, pero sonrío al recordar que fue ese momento en el que nos vio Mariana.
Coloco mi vestido playero sobre mi bikini, azul profundo. Espero poder broncearme mañana, ya que por los imprevistos con Oleg, no lo pude hacer hoy, y no me quiero ir sin antes sentir la satisfacción de estar bajo los rayos de sol.
Hace unos momentos se fue la bestia, le dije que saliera por el mismo lugar donde entro. Se negó y salió por la puerta que da al pasillo, en ese momento pasaba Damián, Rustam y otro hombre con una Laptop bajo el brazo.
Fingieron no vernos y siguieron su camino.
—¿Lista? —entran mis amigos. Arrugo las cejas al no ver al niño.
—No creerías que lo iba a llevar junto a esa víbora ponzoñosa. —dice el padre al ver la pregunta en mi rostro. —Se quedó con Sara, no se sentía bien y no se molestó en quedarse con él. —asiento.
Salimos de la habitación por la puerta de vidrio que está en el mismo sitio. La arena se cuela en mis sandalias mientras caminamos al sitio.
Para ser en la playa es muy sofisticado, hay sillas alrededor de una mesa grande y otra con muchos aperitivos, aun lado se encuentra una mesa bufete solo de bebidas alcohólicas.
Llegamos al sitio y me alejo de ellos para apreciar la vista.
—Es precioso. —comento a nadie en especial.
Veo como el sol se pierde entre la lejanía del mar.
Grande y peligroso.
—Quisiera poder guardar la imagen. —me estremezco al escuchar la voz de Rustam.
Siento su presencia a tras de mí, demasiado cerca para mi gusto tanto que podría... Sacudo la cabeza, no haré esto incómodo.
—Sí, es un bello atardecer. —reconozco.
No quito la vista del paisaje, son segundo en los que el sol se pierde y verlo es gratificante. Sonrío.
—Tus ojos brillan cuando algo te gusta. —parpadeo e ignoro su comentario.
No lo espero y camino junto a los demás, me acerco a la mesa y Damián me indica mi lugar junto a él, a mi otro extremo se sienta Rustam. Evito verlo mal porque quería a otra persona ahí.
Hay varias personas que no conozco y el anfitrión está tan a gusto hablando con Vilma que ignora ese detalle. No nos molesta, al que reconozco como Iván, el dueño del bar en Rusia y Matías se encargan de hacer comentarios en los que casi todos participan.
Entrecierro los ojos cuando veo pasar una sombra por la casa. Lo de esta tarde me dejo un poco paranoica.
—No reposaste, ¿Cierto? —susurra Damián. Volteo para verlo.
—Estoy bien. —miento.
—Alessia, no estás bien. —niega. —Aparte de mi colega te considero mi amiga, por ello sé que no es prudente, que por no descansar te dé un derrame. —mi piel se eriza. —Porque si no te cuidas eres consiente que ese es tu futuro. —lleva el vaso a sus labios bebiendo su contenido a un sin dejar de mirarme con desaprobación.
Sé que un derrame es una probabilidad, pero una muy baja.
—Estaré en tratamiento y descansaré lo que crea necesario. —aclaro. —No quiero que vuelvas hablar del tema, si Oleg aún no sabe los posibles daños colaterales, quiero que lo dejes en la ignorancia. —veo al frente. —Ya te dije que si se entera será porque así lo deseo, y sobre lo otro también.
Suficiente tengo con el hecho de que en todo el hospital hay cámaras que registran mis actividades, fue por eso que Oleg se enteró de inmediato de mi vergonzoso colapso en los brazos de su amigo.
Los resultados de mis exámenes son privados y nada de ellos serán vistos por él.
Por el momento.
Los agentes que me siguen es otra cosa que me molesta, sin embargo, a estas alturas no puedo hacer nada contra ellos. Están ahí porque sé que los necesito.
No fingiré ser inmortal.
—Solo quiero recalcarte lo que ya sabes. —mi rostro se endurece. —Los exámenes arrojaron una variedad de elementos, podrían ser somníferos. Sé que te vas a molestar, pero tome una muestra de tu sangre y la lleve a otro lugar para ser analizada. —sé a dónde va esto.
>>Hay algo en ti que... —se calla. —¿Dónde estuviste exactamente? Sabes lo peligroso que es eso en tu cuerpo, podría matarte. —arrugo las cejas ¿De qué rayos está hablando? —Hay que sacarlo, necesitamos desintoxicarte de todo lo que te metiste. Los somníferos son demasiado fuertes para tu sistema y más con lo que ya está por salir.
—En ningún momento me he suministrados somníferos. —recalco. —Sé lo que ellos representan y jamás arriesgaría mi vida de esa manera.
Se queda pensativo pasando sus dedos por su barbilla.
—De algún modo llegaron a ti. —hago puños. —Sabes cuál es el procedimiento y si me lo permites, me gustaría llevar tu caso.
Todo se me está complicando.
Quiero protestar, pero no lo hago, me quedo viendo al frente y Damián sigue mi mirada en donde viene Mariana colgada del brazo de Oleg. Ella me mira con superioridad mientras él parece fastidiado.
Todos los presentes guardan silencio viendo cómo se sientan frente al cumpleañero. El aire se tensa y todo por su presencia.
Bebo mi limonada y entre mis pestañas veo que ambos tienen el cabello mojado.
Espero que no haya metido su amigote en donde no debe.
La vista de los presentes se posa en mí, esperando alguna reacción no la tendrán.
—En unos momentos traen la comida. —rompe el silencio un español. Por los agradecimientos que recibe me doy cuenta de que se llama Caleb, el mismo que vio a Oleg salir de mi alcoba.
La plática continua y minutos después la mesa se llena con una variedad de platos mar y tierra. Mis ojos se iluminan y mi boca se hace agua.
Todos empiezan a llenar su plato de los diferentes platillos, cuando ya casi todos han agarrado me inclino a tomar uno entero
—Ese va después. —dice Mariana. La mirada de todos se posa en la copa mediana de colas de camarón en salsa rosada que tengo en mis manos. Me encojo de hombros.
—Me importa poco que vaya después. —le resto importancia. —Quiero camarones y camarones voy a comer.
—No se puede esperar mucho de alguien que...
—Te puedes callar. —escucho los asombros de las enfermeras, cuando Javier la calla. —Es estresante verte, ahora imagina escucharte. —sonrío. —El único motivo por el cual no nos hemos ido es por respeto a Damián, así que es mejor que te calles.
Nadie dice nada, yo menos al estar en medio de uno de los placeres más satisfactorios al pasar los camarones por mi paladar.
Ignoro las miradas que me da Oleg, que posa su vista de mí a mis camarones. Lo veo mal. Si quiere que pida los suyos, no tiene que desear los míos.
—La comida de mar es afrodisiaca. —comenta Rustam en mi dirección.
—Nada que no sepa. —sigo comiendo. En un momento se me escapa un gemido leve y tan suave que dudo que lo hayan escuchado.
La mirada de Oleg y la sonrisa de Rustam me confirman que lo escucharon.
—¿Alessia, cierto? —volteo a Iván. Asiento y él sonríe. —He escuchado hablar mucho de ti. —arqueo una ceja.
—Todos saben un poco de mí. —respondo y Mariana bufa.
—De eso no tengo dudas. —ignoro a Nikolay. Hace unos minutos me quiso hablar, pero no lo deje. Aún no olvido que el muy imbécil me amarro a la cama. —Todos saben mucho de Alessia Carvajal. —sonríe en mi dirección.
No es odio, no obstante las vibras negativas son mutuas y ninguno se abstiene a demostrarlas.
Por la mirada de Oleg, sé que él tampoco está conforme con la presencia de Nikolay.
Ignoro su comentario para seguir hablando con Iván, una mujer rubia muy bella se disculpa por la tardanza y se sienta. Por su acento marcado no me es difícil deducir que es rusa, es más, la mayoría de las personas son rusos.
—Pero, dime Alessia, ¿Cuál es el secreto de tú...?
—Espera un momento, tú eres Alessia. —La rusa de al lado de Iván se sorprende. —Te imaginé diferente, digo, eres muy bella, hermosa y hasta donde sé tienes una mente sobre natural. —se ríe. —No me lo tomes a mal, pero desde hace mucho quería conocerte y... —se calla viendo a Oleg. —Soy Iryna Volkov, esposa de Iván Volkov. —Toca el pecho de su marido.
Habló muy rápido, pero no tanto para dejar pasar por alto sus palabras. Analizo cada una de ellas sin importar que todos nos vean.
—¿Por qué me creías diferente? Y ¿Cómo me imaginabas? —Ve a Oleg y luego a su alrededor dándose cuenta de que aunque intento desviar lo mencionadó no lo olvide. Se sonroja.
—Cosas mías, no me hagas caso. —asiento sin creerle.
La conversación sigue, conozco a los amigos de Damián, por lo tanto, de Oleg. No sé cómo sentirme al respecto que todos saben de mí, le atribuyo eso a que soy la supuesta cura de EBÓSIL.
Aunque por la mirada de los esposos Volkov, un tal Ryan, Rustam y Caleb, sé que saben que me acuesto con Oleg.
Incluso Mariana pertenecen a OFR, pero por lo que entendí no está activa.
¡Joder, el lugar está atestado de agentes!
—Nosotros nos retiramos, necesito ver a Sara. —informa Matías. —Aless, ¿Vienes? —veo su mano extendida en mi dirección.
—Los alcanzo luego. —asiente.
Las enfermeras, Vilma y mis amigos se retiran, y Nikolay los acompaña. Para ser sincera, no se me apetece ir a descansar sin antes darle las buenas noches a Mariana.
—Te hubieras ido con ellos. —habla la mencionada. No le hago caso, así como tampoco lo hace Oleg cuando le pide que la lleve dentro.
—Ahora si podemos hablar sin filtro. —menciona Caleb haciendo referencia a que ya no hay nadie que no pertenezca a OFR.
Sigo sin considerarme parte de ella, pero evito mencionarlo.
—¿Cómo que sin filtros? —Me separo de la fogata en la que sentí pena ajena por Mariana, me dirijo a la orilla de playa.
Me quito las sandalias y dejo que el agua moje mis pies. Inhalo. El agua está fría y la sensación que crea es magnífica.
Sigo caminando en la orilla alejándome de la vista de todos. Lo hago lo suficiente para ver la casa solo como una luz lejana, me siento en la arena dejando que el mar moje mi vestido, la luna se refleja en la oscura extensión haciendo ver el agua cristalina.
Si pudiera nadar, no dudaría en aventurarme a entrar en ella.
Siento la presencia de alguien, no me volteo al saber de quién se trata, su silueta se marca en la arena y cuando lo veo sentarse junto a mí me sorprendo.
Falle en mi suposición. No es Oleg.
Suspiro e ignoro lo que provoca la cercanía de Rustam.
—No es bueno que te alejes de nosotros Boginya. —me reprende.
—No considero que los impostores de H.B. sepan de la fortaleza Bogdánov. —se ríe.
—Ellos no son a los únicos que les tienes que temer. —arrugo las cejas.
—Yo no les temo, Rustam. —aclaro. —Lo que me hacen sentir es asco y repulsión, pero miedo... es lo menos que tendría a ratas asquerosas que se metieron con mi hermano para buscarme. —niego
—No deberías confiarte de los que aún no conoces. —no dejo de ver el suave oleaje.
—Ahí está la diferencia. —siento su mirada en mi perfil. —Yo si los conozco y he tenido varios altercados con ellos. —cierro los ojos recordando cada uno de ellos.
>>El primero fue en Rusia cuando salí con mis ex internos y Yuri, estaba bajo los efectos del alcohol, pero tiempo después recordé su advertencia, al llegar a mi apartamento mi perro tenía una nota con otra advertencia que ignore. —relajo mi rostro. —el accidente de mi amigo junto a otra advertencia. El atentado en el centro comercial, y el accidente que le provocaron a Alexander, mi hermano. —aclaro. —La bala con sangre minutos antes junto a la nota fue otra advertencia que pase por alto. Y esos no son los únicos, un coreano me intercedo en la fiesta de mi reconocimiento, luego...
—Soy conocedor de todos ellos, Boginya. —volteo viendo su rostro endurecido. —Oleg se encargó de investigar las situaciones y cada uno de ellos recibió su merecido.
—Entonces no insinúes que soy una irresponsable que se arriesga a los posibles peligros que desencadeno la mentira de los Bogdánov. —calla. —Sé a lo que me enfrento y no tengo miedo de lo que pueda pasar.
No me importa que se metan conmigo, pero no permitiré que lo hagan con los míos.
Bajo mi rostro al sentir que el agua llego a mi trasero. Sonrío. Es increíble como algo que se ve tan inofensivo pueda ser a la vez tan letal.
Rustam se levanta, no lo sigo porque si vine sola pienso regresar de la misma forma. Sin embargo, él tiene planes distintos.
La sangre sube a mi rostro cuando no duda en tomarme de la cintura, para colocarme en su hombro.
—¡No! —pataleo. —¡Rustam, bájame ahora mismo!
Ignora todas mis amenazas y advertencias, sigue caminando en dirección al mar. Sus pasos se ralentizan cuando el agua le llega a sus piernas.
—Relájate. —se ríe. Golpeo su espalda gritando un montón de groserías. —¿Cuál es la idea de ir a la playa si no disfrutaras de ella?
Con verla me basta.
—¡Suéltame! —grito.
Me tenso al momento que se detiene, él es alto y que el agua llegue a su pecho no me reconforta. El suave oleaje ya ha mojado mi vestido que se adhiere a mi piel.
—Concedido. —palmea mi trasero adolorido.
Me aferro a su cuello en el momento que me baja de su hombro para lanzarme a la profundidad del mar. Cierro mis ojos y tomo una calada de aire antes de sentir todo mi cuerpo sumergirse.
Junto a mí me llevo a Rustam y bajo el agua trata de liberarse de mi fuerte agarre.
¡Joder, porque él ya no toca el suelo!
Rustam se convierte momentáneamente en mi salvación, por lo que le doy pelea al no soltarlo. Logra despegar un brazo de su cuello y en nanosegundo lo vuelvo a sujetar, en el proceso siento como mis uñas se entierran en él.
Ya no tengo aire y el pánico se apodera de mí.
Nos impulsa en el agua y giramos sin dirección alguna. ¡Joder, más adentro no! Sé que al ser un agente tiene más resistencia de la mucha que yo poseo, por lo mismo juego mi última carta al soltarlo.
¡Yo ahogada, no me muero!
Así como me aferraba a él, ahora lo dejo libre para que salga de nuestra estúpida pelea. Siento como se aleja de mí para salir a la superficie, antes de sentir su último contacto me aferro a su pierna.
Ya no se niega y nada mientras yo voy enganchada a su pierna.
¡Ya no aguanto!
Paso mis manos por su abdomen, pecho y hombros saliendo a la superficie. Lo logro y doy una gran calada de aire.
¡Mierda, eso estuvo cerca!
Mantengo mis ojos cerrados mientras trato que mi respiración se ralentice, cuando estoy por lograrlo entierro mis uñas en su espalda cuando una ola nos cubre.
Pasa y no dudo en ver mal al causante de mi disgusto.
—¡Eres un idiota! —lo reprendo.
Mi enojo aumenta al ver su rostro con sus labios curvados en una sonrisa de burla al percatarse de mi falla.
—Si hubiera sabido que entrar contigo me brindaría esta cercanía, no hubiera tardado tanto. —se vuelve a burlar.
Bajo mi vista a mis piernas que están rodeando su cintura mientras mis manos están alrededor de su cuello. Mi rostro a centímetros del suyo me enfurece.
—Sí. —acepto. —Porque es de la única forma en la que podrías tenerme. —confieso.
La burla desaparece de inmediato de su rostro, cambiando por una de molestia.
—¿Qué te hace pensar eso? —indaga. —¿Ahora si tienes...?
Calla de golpe cuando restriego mi entrepierna en él.
—¿Esto es lo que quieres? —lo vuelvo hacer. —¿Es lo que les gusta a todos, cierto? —su mandíbula se endurece. —Eres tan predecible que me irrita, no veo el problema en querer follar, pero si en qué...
El aire se escapa de mi cuerpo, no solo por la nueva ola que nos cubre, sino porque es un impulsivo de lo peor al tomar mis labios en un beso exigente. Muerdo su labio inferior en una clara advertencia de que no quiero el beso.
¡Joder, con el amigo de mi amante no!
Entierro mis uñas en su espalda cuando aprovecha la situación para meter su lengua en mi boca. Con mis manos me impulso hacia atrás queriendo alejarlo. Sus manos frías entran en contacto con mi cuerpo al momento de presionar mi espalda a su pecho.
¿Me gusta? Pues obvio.
¿Lo quiero? No.
Forcejeo hasta que logro separarlo, su mirada se ha oscurecido mientras el pecho de ambos se mueve con desesperación.
—¿Satisfecho? —me burlo.
—Eres una Boginya fastidiosa. —expresa. —Ahora entiendo el término Sumasshedshiy.
Mi rostro se endurece, no me agrada la idea de que Oleg haya compartido algo tan íntimo.
Estaba tan sumergida en una falsa burbuja que no advertí en que momento el lugar se llenó de público observando todo de nuestro perfil. Rustam empieza a caminar conmigo de espalda a sus amigos, manteniéndome en la misma posición.
>>Sonríe. —susurra.
Lo veo en el momento que muerde mi labio inferior y posa ambas manos en mi trasero para estrujarlo. ¡Hijo de la chingada! Entre medio del sonido de las olas logro captar el jadeo de algunos.
Me separo de él sabiendo lo que conlleva que ellos nos hayan visto.
—Te prohíbo mencionar lo que paso. —advierto.
—Vieron lo suficiente. —revela.
—No hablo de tu estúpido arrebato. —aclaro. —Si no de lo que paso antes.
Alza una ceja.
—Es increíble que quieras dejarlos, creer que entramos al mar en un momento de calentura, en el que se nos ha ocurrido follar dentro y no que simplemente le temes al mismo y te aferraste a mí. Lo del manoseo es un extra. —ruedo los ojos.
—Hay una gran diferencia entre temer y lo que en realidad paso. —bufa. —Yo no le temo al mar, Rustam.
Bajo mis piernas, cuando el agua llega a sus piernas, en ese momento una ola me impulsa hacia adelante, por lo que tomo su mano aumentando los murmullos.
Fijo mi rostro en Oleg, quisiera encontrar algo en el suyo, fallo en el proceso al encontrar solo un brillo en su mirada.
Espero que sepa que aunque las pruebas estén en mi contra, no me manosearía con Rustam.
Caleb me recorre con su mirada sin ningún remordimiento, al igual que Iryna. Damián e Iván mantienen sus ojos en los míos para luego ver mal a su amigo a mi lado.
—Y decían que no era una puta... —el rostro de Mariana se gira con el puño que le da Iryna.
—Tranquila fiera.
Sonrío al ver que el único que se acerca a ella es Damián. Salgo del mar quedando a pocos metros de ellos.
—¿Puta? —me río. —Ya me lo han dicho, sí. Tanto mujeres como hombres, sin embargo, eres de las pocas que me lo dicen en la cara, pero tú eres la más hipócrita.
Entiende de inmediato
—Alessia... —alzo la mano callando a Damián.
—Lo diré una y otra vez, maldita perra. —repite caminando tras Damián al ver que Iryna se le acerca. —No entiendo que ven en ti, eres guapa si, pero tu belleza no es una sobrenatural.
Su comentario me recuerda lo que me dijo Oleg en nuestra cena, cuando llegaron su madre y sobrino.
—La belleza física no es lo único que los atrae. —cito sus palabras.
—¿Tu coño? —escucho la risa disfrazada de tos de Caleb. —Porque yo...
Oleg recibe una llamada por lo que se aleja junto a los demás, el único espectador es quien esta atrás de mí.
—Jamás trates de querer ofenderme. —alzo el mentón. —Se necesitan más que palabras para intentarlo. Yo no pienso con la calentura y no sudo la ajena.
—Eres una... —alzo una ceja. —Lo que haces es repugnante.
—Y según tú, ¿Qué hago? —calla. —Vamos, te estoy dando la oportunidad de desahogarte, no lo desaproveches.
—Una ofrecida. —asiento. —Te metiste con un hombre comprometido...
—Al igual que tú. —sonrío. —Yo me metí con hombre comprometido, pero tú quieres follar con el prometido de tu hermana. —su rostro se endurece. —¿Qué se siente seguir siendo rechazada? Porque desde ya te digo que, sobre mi cadáver, Oleg posa una caricia en tu cuerpo.
Da muchos balbuceos que supone son puntos de vista, pero al quedarse seca improvisa de la peor forma.
—Te metiste con el amigo de Oleg. —reprocha. —Y estoy segura de que lo harás con todo aquel que te lo permita.
—No intentes hablar de moralidad, si quieres coger hazlo. —indico. —Pero entérate bajo que términos lo hacen.
Me impaciento cuando vuelve hablar de Oleg, quien se acerca nuevamente con el rostro molesto dispuesto a pararnos.
>>¿Cuál es el problema Mariana? Porque me reclamas a mí y no al hombre que tienes al lado. —sonrío. — acepta que no despiertas nada en él.
—Alessia, vámonos. —ordena Oleg.
Mariana lo ve anonadad.
—¿Así o más claro? —alzo una ceja. —No mendigues caricias que me pertenecen, porque no dudaré en quitarte de mi camino de una vez por todas.
—Alessia, he dicho que nos vamos. —Mariana hace puños.
—Si captas la diferencia. —la veo con superioridad. —Pierdes antes de iniciar, ya no te esfuerces.
Lo que se come Alessia Carvajal es intocable, que me importa que Oleg no quiera exclusividad.
Si de Mariana se trata siempre sabré como atacarla.
—¿Te sientes bien acostándote con un hombre comprometido? —Oleg se tensa.
—Me acuesto con él, no con su compromiso.
—No sabes lo que te espera, maldita puta. —susurra.
—No es un buen insulto, no me ofende ni me importa. —solté, empezando a caminar. —Vine sola, me voy sola. —aclaro al ver la intención de Oleg y Rustam.
El primero entiende mi punto, mientras que al otro le doy una mirada de advertencia.
Quise decir mucho, pero me controlé. Decidí tener esta conversación queriendo ver hasta donde llegaba su hipocresía, cada día se supera.
Recuerda sin dolor Alessia, recuerda lo superado y a quien te estás enfrentando.
Con una sonrisa de satisfacción entro a mi habitación. Enciendo las luces y me desvisto, voy al baño a quitar la arena de mi cuerpo.
Hay que quitarle lo impulsivo a Rustam, no permitiré que me tome como y cuando él quiera, es más, no permitiré que me tome nunca.
Que fastidio.
Lavo bien mi cabello y cada espacio de mi cuerpo para no pescar alguna comezón. Termino y abro la puerta corrediza envolviendo mi cuerpo en una toalla.
Me pongo unas bragas y sobre ellas un short que apenas me cubre junto a una blusa de tirantes que marca mis pezones endurecidos por el frío. El conjunto es de seda. Dejo la bata lila del conjunto al pie de la cama.
Me siento cansada y no dudo dos segundos más en acostarme, levanto la sabana y me cubro.
El sueño no tarda en aparecer y cuando estoy a nada de dormirme siento un roce en mi pantorrilla. Abro de golpe los ojos ante el contacto, todo rastro de sueño desaparece.
Me quedo quieta y mi respiración se hace irregular.
No, no, no, no...
Vuelvo a sentir el roce y mi corazón se paraliza. Sé lo que es.
—¡No! —grito. Me muevo rápido, pero ya es tarde. El reptil ya me ha mordido.
¡Mierda, no!
Me tiro de la cama golpeando mi tobillo en el proceso, ignoro ese dolor. El grito desgarrador que sale de mi garganta me lastima. Me agarro la cabeza pegando mi espalda a la pared.
¡Dios mío, no!
Grito con todas mis fuerzas recordando la sensación de ese animal en mi cuerpo. Paso las manos por mi cabeza queriendo ahuyentar lo que ese animal representa.
Está ahí, está cerca, la siento enredándose en mi cuerpo.
Sigo gritando mientras no dejo de sentirla enrollándose en mi piel.
Mi ritmo cardiaco aumenta cuando alzo la vista en dirección a la cama. ¡Está ahí, joder, quítenla! Niego encogiéndome en sí misma, deseando estar lo más lejos posible de ella.
No hay sueño, no hay cansancio, no hay debilidad, solo hay un temor exagerado a algo que sé, es insignificante, pero para mi aterrador.
Sé que tengo que calmarme, sé que no me hará más daño, pero no puedo evitar que una corriente baje por mi espalda.
La impotencia se apodera de mi ser al ser consiente que nuevamente eso me está venciendo. Grito. No puedo evitarlo y el temblor en mi cuerpo se hace imposible de controlar.
Calma, Alessia.
Respira.
No hay nada.
Puedes afrontarlo.
No estás sola...
—¡Alessia! —golpean la puerta.
No puedo controlar la ansiedad, pánico y el temor, no dejo de gritar porque no puedo espantar lo que sentí. No lo vi, pero si lo sentí y a estas alturas no sé qué es peor.
Paso mis manos temblorosas sobre mis brazos erizos queriendo protegerme.
Escucho voces afuera que no logro distinguir. Me llaman, pero no hago más que temblar. Las lágrimas empapan mi rostro y no me limito a soltarlas.
No tengo miedo de que me vean así, tengo miedo a que me dejen sola con ese animal.
—¡No lo quiero! ¡No lo quiero! ¡Quítenla, maldita sea! —grito. —Está cerca, joder, ¡Hagan algo! —el temblor aumenta junto a mi miedo.
Muerdo mi labio con fuerza hasta sentir el líquido metálico.
No, por favor, no.
—¡Alessia abre la maldita puerta! —grita Oleg. No me levanto sigo en el suelo con la respiración agitada.
Respira Alessia, tú puedes...
No sé que es más difícil, luchar contra lo que siento o intentar darme aliento para superarlo.
La puerta es golpeada demasiado fuerte. Me agarro la cabeza queriendo olvidar, pero no puedo. Vuelvo a gritar y en ese momento la puerta se termina de romper.
—Aless, ¿Qué tienes? —Oleg es el primero en llegar a mí, pero es Matías quien habla.
—¡Aléjate! —exijo. —¡No te acerques, no me toques!
Nadie sabe qué hacer ni cómo actuar ante mi estado. Mi mirada se encuentra con Oleg, quiero que se lleve esa cosa. Veo hacia la cama aumentando mi temblor.
¡Dios mío, está cerca! Puedo sentirla, está cerca y va a volver a atacarme.
Oleg me entiende y se acerca a la cama, quita las sábanas y ahí se encuentra el animal. Se escucha el jadeo de los presentes
Abro exageradamente los ojos cuando el animal se mueve entre las sabanas en las que acabo de estar.
—Es una víbora. —flaquea Caleb.
Me quedo perpleja negando lo evidente.
—¡Oh, por dios! —mascullo. El color desaparece de mi rostro. Sentirla fue aterrador, pero verla es aún peor.
Siento como las paredes empiezan a unirse reduciendo el espacio que hay entre el animal y yo.
—La mordió. —señala Damián. La vista de todos va a mi pierna donde salen dos hilos de sangre en el lugar que tuvo los colmillos.
¡Ay señor!
—¡Alessia es Ofidiofobia! Que no la vea más. —grita Javier y es entonces que todos entienden mi estado.
Matías sale junto a Caleb en busca, no sé de qué.
Oleg se acerca más a la cama y empiezo a sudar helado cuando veo sus intenciones.
¡No lo hagas, no tu bestia!
Toma las esquinas de la sabana para llevarse al animal. Iván se pone enfrente, pero es demasiado tarde, sé lo que hará y no quiero.
—¡No lo toques! —grito. Las lágrimas siguen saliendo y paso mi mano por mis ojos para aclarar mi vista. —Oleg por favor, no lo toques. —me mira, es primera vez que le pido algo de favor y la bestia a quien se lo digo solo me ve con indiferencia.
—Sácala, de inmediato Rustam. —ordena entre dientes.
—¡Hijo de la chingada! Esta me las pagas. —grito con dolor.
Rustam se acerca mi y me retuerzo al saber lo que hará.
—Ven aquí. —niego.
—¡Aléjate de eso Oleg! ¡No lo toques! ¿Es que acaso no me entiendes? —evade mi mirada.
—Trata de no tocar la zona afectada, porque será peor. —veo a Oleg y en medio de la desesperación sé a lo que se refiere.
¡Maldita bestia, posesiva!
Con dificultad me levanto sosteniéndome de la pared, sin querer que Rustam me ponga una mano encima
—¡No hagas esto, Oleg, yo...! —callo al alarmarme por los nuevos síntomas.
Empiezo a ver borroso y ya no por las lágrimas, la mordedura me pulsa y eso es doloroso.
Mis piernas fallan, pero la bestia es rápida al momento de sostenerme.
—¡Joder, llévensela ya! —me pasa a manos de Rustam, quien me toma de la espalda y muslos.
Mi respiración se vuelve más agitada sin oportunidad a controlarla, la sudoración de mi cuerpo me asfixia y el malestar de mi estómago me provoca arcadas. No las controlo, pero tampoco saco nada y eso es peor.
—Su ritmo cardiaco aumenta, la tenemos que estabilizar ¡Ya! —gritan.
Mi vista empieza a perder nitidez por segundos para luego volver a la normalidad.
Me dejan en una superficie cómoda intentando tranquilizarme.
Todo se complica porque a mi fobia se le sumó los estragos que provoco la mordedura del animal. Los malestares empeoran con los minutos.
En medio de crisis veo hacia la puerta esperando que entre, pero no lo hace.
—¿Estás vacunada contra la...?
Doy manotazos cuando intentan tocarme. El dolor en mis músculos se expande como si fuera un maldito remolino. Desestabilizando todo de mí.
—Las tiene todas, solo necesitamos saber qué clase de víbora es y si tiene veneno. —responde Javier sin dejar que Damián termine de preguntar.
Me siento mareada, desorientada, vuelvo a sentirla y...
—¡Quítamela, quítamela! —ordeno.
Me muevo queriendo quitar la serpiente de mi muslo. La tengo ahí, la siento y es aterrador.
>> Joder, dejen de ser unos malditos bastardos y quítenla de una vez. —grito conteniendo mi crisis de llanto.
Siento como poco a poco se va enrollando en mi pierna, Damián me toma de los hombros inmovilizándome.
—¡No me toques!
—Alessia, no hay nada, tienes que calmarte. —Me retuerzo queriendo quitar lo que provoca el animal en mi pierna, la sensación es escalofriante y aterrador.
Su piel se siente áspera contra la mía, mierda, odio que nadie haga nada para ayudarme.
No la quiero.
Está ahí, la siento y hago lo posible por quitarla de mí.
Escucho murmullos que quizá son gritos de las personas a mi alrededor.
Esto es peor que la última vez, los síntomas son asfixiantes y no encuentro en ningún lado mi cordura.
—¡Aless, no te hagas más daño! —me inmovilizan ejerciendo mucha presión.
Hago un esfuerzo sobre humano volviendo a la realidad, la víbora no está, pero sí lo estuvo.
Tiemblo al sentir como de la mordida se extiende un dolor agudo por todo mi cuerpo.
Mi ataque de pánico vuelve y ellos no saben qué hacer, únicamente desinfectan la zona.
Mi rostro se vuelve a empapar de sudor, el miedo que siento me hace sentir peor. No solo es mi pierna, la tengo en todos lados y ellos no entienden.
Mierda, ha vuelto.
—¡Sálganse! —espetó la bestia al entrar.
—Oleg no es momento para esto. —reclama Javier.
Los ignora y llega a mí a bajar mi short que mostraba mis bragas.
Bota las cosas que están en la mesita de al lado, quita un cuadro que cubría toda la pared y aparece un artefacto con una serie de números.
Damián obliga a mis amigos a salir prometiendo que todo va a estar bien.
Se queda en el cuarto y se pone a mi costado para evitar que vea lo que hay en el lugar que se abre en la pared.
Ya no lloro, ya no grito, solamente me quedo temblando, sudando y sintiendo el terrible dolor expandirse a través de mis venas. En algún punto cierro los ojos cuando arden demasiado, pero me obligo a abrirlos al escuchar ruidos.
Pasan dos minutos cuando Oleg regresa con una jeringa y un frasco, me repasa con frustración y enojo antes de concentrarse en lo que tiene en las manos.
Llena la jeringa del líquido ámbar y se acerca a mí, pero las alucinaciones vuelven.
No son alucinaciones.
No es una jeringa lo que tiene en sus manos.
—Aléjate de mí, quita eso, ¡Quítalo, Oleg! —ladro furiosa y nerviosa por lo que pueda pasar.
Observo la serpiente amarilla que se desliza en sus manos con precisión hasta que su cabeza se inclina a mí. ¡Oh por Dios! Saca la lengua y algo se rompe en mí al saber que él me va a dañar.
>>No me dañes, me conoces y sabes que yo nunca lo haría.
Mis ojos van a los suyos para pedir que se aleje con lo que tiene en las manos.
—Te quiero centrada, Alessia. No hagas las cosas más difíciles. —niego.
Cierro los ojos y cuando los vuelvo abrir él se está acercando junto a lo que tanto daño me está haciendo.
—No lo hagas. —tiemblo.
—Alessia, cálmate. —dice las palabras que llevo diciéndome desde siempre.
—¡No! —grito. —No te me acerques.
Damián toma mis hombros para que Oleg logre dañarme. Me retuerzo queriendo alejarme y grito cuando hace demasiada presión.
—¡Suéltala!
—¡Das un paso más y te atienes a las consecuencias! —mi garganta arde. —No te lo perdonaría nunca y lo sabes, así que sal de este puto cuarto y desaparece de mi vida. —muerdo mi labio.
La víbora llega a mi rostro y grito cuando esta se enrolla en mi cuello. Me asfixia y llevo mis manos a mi cuello tratando de alejarla.
—¡Detente!
Mi cuello arde cuando las mordidas de las víboras me atacan. El líquido corre y ya no veo nada.
Los gritos no paran, pero cuando me daba por perdida, un cuerpo se viene contra mí.
Me arropa con su cuerpo y sin saber por qué lo hago, empiezo a arañar y golpear el cuerpo. Con una mano sostiene mis muñecas hasta inmovilizarlas.
Mi cabeza queda contra su pecho y puedo sentir el ritmo acelerado de su corazón.
—Eres la peor escoria que ha existido. —reprocho rabiosa.
Aclaro mi vista sintiendo el cansancio apoderarse de mí. Alzo el rostro viendo que es la bestia quien me sujeta, pero al verme calmada me suelta.
Afronto los últimos estragos que se llevan todo mi.
Por primera vez veo algo que nunca había visto en sus ojos impotencia, solo son unos segundos y vuelve hacer frío. Como si supiera que nada más, eso era necesario para tranquilizarme.
—Las alucinaciones son efectos secundarios. —escucho a Damián.
—Va a dolerte más si te mueves. —alega serio. —Deja de moverte o seré brusco. —cierro los ojos.
Después de tanto tiempo y las exigencias de él por fin logro calmarme. No fue rápido y tampoco fácil hacerme entrar en razón.
Lo logré.
—La tocaste. —susurro. — Te dije que no la tocaras y aun así lo hiciste. —silencio.
Me inyecta lo que supongo es el suero, no quiero ni preguntar cuál me mordió. Arde, el líquido arde al entrar en mi sistema. Respiro, tratando de calmarme.
Me siento mal, estoy agotada y esto es algo que rebalso en vaso. Ya no puedo más.
—No te duermas. —gruñe Oleg. Me toma rostro viendo directamente mis ojos, pero de forma brusca me suelto.
—Vete a la mierda, Bogdánov. —ladro.
Me giro dándoles la espalda.
La realidad es una mierda.
Mi fobia es como cualquier otra, pero yo nunca la trate. Suspiro.
Me tengo en un pedestal y lo que acaba de pasar no hará que baje ni un escalón.
Esto no es nada para mí, puedo superarlo y voy a superarlo. Solo necesito descansar, necesito descansar mi cuerpo y mente porque necesito que estar preparada para todos los golpes que quiera darme la vida.
***
¿Dudas?
***
¡Spoiler!
—Es por ella. —me señala. —No me tocas por Alessia. ¿Las caricias son suyas, así como lo asegura?
Alzo en rostro en su dirección.
—Sí. —acepta.
***
¡Otro Spoiler!
Le doy la orden a Caleb de que conecte cables en su cuerpo, estos me permiten tener acceso a todas sus acciones, se convierte en un títere.
Mi títere.
—No me hagas daño. —susurra.

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