Capítulo 27

Love me like you do  - Ellie Gouldind. One hour.

Antes de leer.

Las acciones y comportamientos de los que se hablan son exclusivamente de Alessia, recuerden que cada persona reacciona diferente ante abusos, violencia y demás.

El tema de mi madre es delicado, pero por el momento no tengo tiempo de pensar en ello. Carla me informo que ya está en tratamiento y de todo corazón, espero que se mejore.

El cáncer no es fácil.

Por otro lado, cualquiera diría que soy una loca por tener varios años de estar pagando una cita semanal con el psicólogo, sin asistir desde hace mucho, sin embargo, en algún momento lo necesitaría y no quiero adaptarme a su horario, él tiene que adaptarse al mío.

Antes de ir a la reunión de Damián necesito visitarlo, tenemos mucho de lo que hablar, y debo apresurarme para que su existencia se termine rápido.

Espero que su último paciente salga para ingresar.

—¿Alessia? —se extraña al verme. —¿Qué haces aquí?

Me levanto y paso junto a él sin saludarlo.

—Mi cita. —cierra la puerta y se sienta en el sillón frente a mí.

—Quiero expresar que me sorprende y alegra tenerte. —asiento. —Creo que te saltaste algunas secciones, sin embargo, no importa.

Me contempla por unos segundos queriendo saber mis intenciones. Él suele ser demasiado predecible en mi opinión.

>> ¿Qué te trae por aquí? —respiro.

—Siento que por fin he podido liberar mis demonios. —empiezo. —Hablé con mi hermana y con eso cerré el ciclo de los que dices son mis traumas. —ruedo mis ojos por lo ridículo de mis propias palabras.

—Alessia, si lo menciono es porque en los años que trabajé en tu caso, lo analizamos y ese fue el resultado. —tan cínico. —Podría mencionar todo lo que está en tu expediente, pero no quiero arriesgarme a que algo no esté superado y pueda desatar algún daño.

No soy yo la profesional en este caso y sé que esas no son las palabras para dirigirse a su paciente.

—Puedes hablar conmigo de todo eso y no habría problema alguno, porque la primera persona en aceptar que no estaba bien fui yo. Ese fue el motivo por el cual acudí a usted.

Si lo dejé ver es porque con las pocas secciones que recibí entendí en donde estaba el problema y me esforcé por encontrar la mejor solución.

—Las cosas no son así de sencillas, Alessia, has pasado por mucho y estoy seguro de que no has superado ni la mitad. —mis dientes chocan. —Si te sientes tan fuerte y te haces la amazona, te hablaré de tus problemas y espero que los puedas tolerar sin recaer, aunque si te soy honesto lo dudo. Jamás te di el alta.

Está demasiado nervioso y altanero para mi gusto, solo espero y no sospeche que ya descubrí su mentira. Una cosa es saber de mí por medio de la televisión u cualquier otra plataforma, otra muy diferente es tenerme de frente.

Abre mi expediente, lo lee y luego me observa a mí.

—Punto uno: En tu niñez viviste maltrato físico y psicológico por parte de tu madre, tu padre nunca lo supo y le atribuyes su falta de conocimiento a su trabajo. No tienes rencor ni ningún sentimiento negativo a tu madre porque dices recordar poco de ello. Con respecto a Alexander, al ser el hijo menor, crees que estaba en su derecho de recibir el amor que a ti se te negó. —hace una pausa. —¿Logras encontrar el problema en ello?

Siempre es lo mismo, por ello dejé de acudir a él.

—No hay ningún problema, como ya lo mencionó recuerdo poco los maltratos, por lo que no me voy a mortificar en darle protagonismo a algo que no vale la pena. Mi padre nunca lo supo y no me voy a victimizar frente a su recuerdo. —alza una ceja. —Y mi hermano no tiene nada que ver.

Suspira, pero no manifiesta nada y continua.

—Punto dos: Fuiste obligada a estudiar más de la cuenta para tu edad, privándote de muchas experiencias como adolescente. —asiento. —Cuando tu hermana se fue sentiste que no eras suficiente para merecer su amor, sin embargo, ese sentimiento lo remplazaste con odio y poco después con indiferencia.

—Si, sobre eso. —observo el reloj. —Estoy consciente que la postura que tomé no fue la mejor y por eso ayer decidí darle punto final al problema. Quiero recalcar que desde hace mucho entendí los puntos de mi hermana y no la juzgo porque no sé qué hubiera hecho yo en su lugar.

Cada palabra que suelto es para dejar desnuda mi alma y no me siento amenazada.

—¿Hicieron las pases? —asiento. —Supongo que el momento fue emotivo, digo, 10 años sin verse y más en las circunstancias es un poco intenso. —divaga. —Admito que su caso no es algo fácil de perdonar y aceptar. —arrugo las cejas. —¿Se perdonaron, cierto?

¿De cuál se ha fumado?

—No había nada que perdonar, no me debe y no le debo nada. —revelo. —Solo aclaramos nuestras acciones más, no nos retractamos de las mismas.

Contemplo como una gota de sudor baja de su frente. Cierra los ojos tomando un suspiro. Cuando los vuelve abrir me muestra una sonrisa, quiere volver a intervenir, pero lo corto he invito a que continúe.

—Punto tres: En tus años de universidad, al entrar demasiado joven, fuiste víctima de bullying por parte de tus compañeros, ¿Cómo lo enfrentaste? Eso es algo que nunca me informaste.

No lo hice porque no lo creí necesario, sin embargo, a estas alturas da igual que lo sepa.

—Nunca hablaron sobre mi físico y si lo hubieran hecho es algo que no me afectaría. —me sincero. —Siempre he sido segura respecto a mi cuerpo. Pero sus palabrerías eran sobre no estar a la altura. —me enderezo. —Me juzgaron y criticaron por ser hija de uno de los mejores cirujanos y consideraron que eso era un beneficio, yo lo vi como el reto más grande.

Recordarlo no es bonito, creo que con la presión inicio mi ansiedad.

>> La primera operación a la cual acudí fue cuando tenía 15 años, por lo que no me fue difícil deducir que lo que tenían era envidia. Me esforcé el triple para demostrarme que sus palabras no eran ciertas y que podía culminar mi carrera incluso en menos tiempo.

Me encargué de que cada maldito desvelo valiera la pena, convirtiéndome en quien soy hoy en día.

>>Por qué no solo era suficiente, también era mejor que ellos y se los demostré a cada uno. —hay satisfacción en cada palabra. —Fui y soy superior a muchos y los que me conocen dan fe de ello. Así que no considero que fui expuesta a bullying, únicamente fui una joven demasiado envidiada.

Me encojo de hombros dando por finalizado el tema. Se queda en silencio por unos minutos hasta que decide proseguir.

—Cuarto punto: La muerte de tu padre y posterior la depresión aguda en la que caíste. —divaga en sí continuar. — La cual tuviste que superar sola y no solo fue una vez, ya que volviste a recaer con la partida de uno de tus amigos.

Pienso bien, en lo que diré, creo que este intercambio de palabras me está liberando. Puedo ser muy fuerte, pero no es malo desahogarse.

—No hay mucho que decir de eso. —me encojo de hombros. —Es normal que sufriera por la muerte de mi padre, con él perdía a uno de mis pilares más importantes. En ese momento era una joven demasiado sensible y hubiera sido ilógico no sentirme mal por su partida.

Recuerdo lo miserable que fue mi vida en ese tiempo, la Alessia de ahora ve eso como algo imposible, sin embargo, la Alessia adolescente se refugió en el único sentimiento que conocía.

>>El que mi madre me obligara a salir de la depresión con gritos fue lo que derramo el vaso. —frunzo las cejas. —Desde ese momento empecé a poner un alto en sus exigencias, entendí que por ella en muchas ocasiones me sentía vulnerable y no me gustaba. Ella manifestaba que me estaba revelando y cada vez que le llevaba la contraria era un golpe de su parte. —sonrío. —Me importo poco observar las marcas que dejaba, porque las marcas se quitarían a los pocos días, sin embargo, si dejaba que ella siguiera decidiendo mi vida y manipulándome no. Si no hubiera puesto un alto, mi vida fuera una sombra de la suya.

Ese es uno de los dos motivos por el cual aborrezco cierto contacto físico.

>>Quizá a esa edad no era muy tarde para empezar a forjar mi carácter y para muchos era solo un capricho, pero en realidad me estaba encontrando así misma. Cuando volví a recaer en depresión por Javier fue cuando acudí a mi primer psicólogo y empecé a tratar todo lo que había pasado.

El recuerdo ya no duele, solo es eso un recuerdo. Nada que me afecte a ser recordado.

>>Siento que esos sucesos marcaron mi vida para bien. Desde ahí me obligue a no depender emocionalmente de nadie, no niego que el trayecto fue poco a poco, pero lo logré y es algo de lo que cada vez estoy más orgullosa. —sonrío. —Si le doy el poder a alguien de conocerme, también le estoy dando el poder de destruirme. —y no lo acepto. 

Suficiente que mi historia la sepa Axel como que ahora también lo haga alguien más.

Únicamente existe una persona con la capacidad de hacerlo y es algo que no voy a permitir, 

Observo como el hombre frente a mí, cada vez parece más angustiado.

—¿Si estás escuchándote? —asiento. —Alessia, eso no es superar los problemas, es...

Alzo la palma de mi mano callándolo. Con eso lo obligo a continuar.

>>Quinto punto: El abuso y...

Mi móvil suena interrumpiendo algo en lo que el psicólogo está involucrado. Veo que es lo que le ordene a Tyler. Sonrío.

—Aquí termina la sección, como lo mencioné, estoy bien. —tomo mi bolso. —Mi mente está sana y no hay nada malo en mí. Soy lo que soy gracias a mi pasado, lo acepto, no lo niego ni lo oculto, simplemente cuando me presento lo hago por quien soy, no por quien fui ni por lo que tuve que pasar para lograrlo. —alzo el mentón. —Sí, estuve mal y estoy consciente de lo que sufrí, pero no estoy dispuesta a ser la víctima de mi propia historia.

>>Soy Alessia Carvajal y no me quedo grande recuperarme.

Me mira anonadado, como si no creyera en mis palabras y detesto que me esté subestimando. Jamás se debe subestimar a nadie y el que él lo haga es algo que no me agrada, pero tampoco importa.

—No estás bien Alessia, ¡Entiéndelo! —grita. —Y a un faltan muchos puntos de los que hay que hablar, tu expediente no termina ahí. —ruedo los ojos. —Además, si captas que lo que estás haciendo es bloquear el dolor. Superar no significa hacer algo parecido a lo que te daño para demostrarte que no te afecta. Superar es recordar, perdonar y avanzar. Superar es no olvidar el abuso, menos minimizarlo, negarlo, pasar la página, dejar de quejarse, ni enterarlo en el pasado, nada de esto ayuda a superar el abuso sexual. Superar el abuso es un reto y proceso que puede tomar tiempo y mucho esfuerzo y tú...

No sé si reírme o degollarlo al saber lo que dirá. No entiendo cómo es posible que piense que no me he esforzado en superar el abuso.

>>No has hecho nada de eso. —Ridículo. —El abuso es un tema delicado y acostarte con hombres no significa que ya lo superaste. Lo estas asociando con el trastorno sexual y haces lo posible para demostrarte que no lo sufres.

Trastornos sexuales: Falta de deseo sexual, frigidez, impotencia, miedo al desprecio de hombres o mujeres. También desprecio a hombres y mujeres.

—Lo he superado, que tú no viste el proceso, es porque así lo decidí. —aclaro. —Hasta aquí llega tu trabajo conmigo, espero que disfrutes tu comida junto a tu amigo el violador.

No lo dejo procesar mis palabras cuando salgo con el mentón el alto. Hay mucho que no se habló, lo tengo claro. 

Eso ya lo llevará otro psicólogo en su momento.

Para ser fuerte en mente necesito de ayuda y si eso me lo brinda un psicólogo lo haré, no me avergüenzo de admitir que necesité y es posible, necesitaré a uno.

Es parte de la vida y la mía la cuido como lo más preciado y valioso. Porque yo soy el ser más importante.

—Doctora, Carvajal. —me interceda Tyler al salir. —Las cámaras están apagadas en un radio de 50 metros, ¿Cómo proseguimos?

—Con eso me basta, solo cerciórate que nadie salga del edificio en estos momentos y si lo hace que no se acerque al estacionamiento. —asiente.

Da las indicaciones y aunque no lo pido, me sigue. Busco mi auto y cuando llego saco el maletín que tengo en el asiento trasero, lo tomo y me dirijo al auto blanco. 

Al menos en eso fue eficiente Tyler, le di el nombre de la persona y en poco tiempo me dijo cuál era el suyo.

—Doctora, no creo que sea prudente. —se calla al ver que empiezo a sacar materiales del maletín.

Me pongo gafas de seguridad y los guantes quirúrgicos. Abro el capo del auto y lo que observo me estresa, no sé que mierdas hacer, hay un montón de cosas y no sé cómo proceder.

—¿Sabes qué es esto? —toco algo y él asiente. —¿Me lo dirás? —alza una ceja.

—Es increíble que piense cortar los frenos de un auto sin antes saber cómo hacerlo. —ruedo los ojos.

Es obvio que no piensa ayudarme. Observo lo que hay enfrente y un tipo recipiente me llama la atención, lo destapo y me inclino para indagar el contenido. Arrugo las cejas es, ¿Agua?

¿¡Porque mierda los autos llevan agua!?

Suspiro fastidiada, si lo llevan es porque lo necesitan. Quito un tipo tapón y un cable, al hacerlo veo como el agua sale.

—Si hace eso lo que conseguirá es que el auto se caliente y se quede a medio camino. —no respondo.

Cuando ya solo tiene dos pulgadas lo tapo. Contemplo otro cosito interesante y cuando lo abro veo que es un líquido negro con viscosidad. 

Saco de mi maletín, una paleta de palo, lo meto en ese líquido para saber más, la paleta llega al tope, la saco y está casi lleno. Lo desconecto y este empieza a salir.

—Eso es aceite. —aclara.

Lo ignoro y cuando considero que ya he dejado que se derrame lo suficiente vuelvo a conectar el cable.

Me enderezo y seco el sudor de mi frente con una toalla del maletín. Del mismo saco una tenaza con una punta filuda. 

Me inclino admirando otro recipiente, ¿Ese es líquido de frenos?

¡Hay señor, que estrés!

—Eso es...

—¡Ya cállese! Me importa poco lo que sea. —me enojo.

Con la tenaza empiezo a cortar algunas cosas, cambio los cables y todo lo liquido solo lo dejo en cantidades mínimas. Cuando creo que es suficiente empiezo a guardar lo que he ocupado.

—¿Terminó? —indaga mientras alza una ceja.

—Sí. —afirmo. Camino a mi auto y guardo las cosas de las que me desharé en unos minutos. —Únicamente responda una cosa, ¿Es posible que tenga un accidente? —Frunce las cejas.

—La persona dueña de ese auto no llegará lejos. —sonrío satisfecha.

Salgo del estacionamiento y me dirijo a mi apartamento por una ducha para luego ir a encontrarme con mis amigos. Sin duda ha sido una mañana muy productiva.

—Y apenas son las 11. —digo en voz alta.

Me río mientras pongo música en mi auto y la canto a todo pulmón sin importar nada.

Ando con mucha energía positiva, estoy feliz y mis ánimos están por los cielos. A pasos lentos y seguros estoy haciendo todo lo que quiero.

Y así conseguiré mi ascenso, no importa cuanto tarde, será mío.

***

Después de varias horas de camino llegamos al lugar que nos dijo Damián. Entro al lado de mis amigos, la casa es hermosa, el viento fresco choca con mi rostro revolviendo mi cabello.

¡Malditos ricos!, solo ellos se pueden dar el lujo de tener una playa que ni siquiera está en el mapa.

Esto es lo que merezco.

Prometo olvidar toda mi mierda por estos días.

—Amo las vacaciones. —vociferó Matías. —Algo para olvidar la mierda que es nuestra realidad. —Alzo el mentón y sigo caminando cuando veo sus manos entrelazadas con Sara.

—No son vacaciones. —aseguro.

Detrás de ellos viene Javier que trae a Santi de la mano. No estaba convencido en venir porque no quería hacer sentir mal al niño al estar rodeado únicamente de adultos, pero fue Damián quien lo convenció para venir.

Creí que vendría Tobar, sin embargo, con el papeleo de Rubén no pudo.

No es que hará falta.

Vilma, vino junto a otras enfermeras que son los que asisten al cumpleañero en quirófano.

Dejo que mis amigos pasen y me quedo en el balcón, observando como el sol se refleja en el agua.

Las olas transmiten una sensación de paz, a lo lejos veo unas piscinas marinas y prometo que no me iré sin antes visitarlas.

—¿Qué haces aquí? —sonrío al recordar que mi objetivo es doblegarla. —Te hice una pregunta, ¿Ahora eres sorda?

Siento como da dos pasos más en mi dirección y...

—¡Alessia! Me alegro de que hayas venido. Por un momento pensé que tendría que recurrir a Oleg para traerte. —volteo.

La sonrisa de Damián me recibe.

—Jamás me perdería un fin de semana con gastos pagados. —me acerco. —Feliz cumpleaños. —al conocer sus límites solo le tiendo la mano. La recibe muy gustoso para estrecharla.

—¿Por qué tendrías que hablarle a mi pastelito para que trajera a esta? —Damián se sorprende y frunce las cejas al escuchar a Mariana.

—Hola Mariana, no te había visto, ¿Qué tal tus padres? —se remueve incómoda.

—Bien. —se despide, no sin antes darme una mirada despectiva.

No sé que pasa con sus padres, pero Damián sabe cómo callarla sin ofenderla directamente.

—Te dije que no tendrías dramas y lo voy a cumplir. —sonrió mientras me invita a entrar.

Lo sigo y me quedo maravillada al contemplar lo hermoso que es por dentro, es cálido y acogedor sin perder formalidad con tonos frescos.

—Sin duda los Avalos tienen buenos gustos. —me muestra donde me quedaré.

La habitación tiene una puerta corrediza de vidrio que da a la playa. Me gusta.

—Me alegro de que te guste la propiedad. —me da dos llaves. —Sin embargo, el sitio le pertenece a los Bogdánov. —asiento.

No me lo esperaba, pero no es tan descabellado.

—Descansa, a las 6 comenzará la fiesta. —alzo una ceja. —Bueno, es una reunión con un poco de licor en la playa frente a la fogata. —evito reírme —No soy el más creativo, así que deje la actividad a Vilma. —ahora todo tiene sentido.

Es obvio que la Dra. Salazar sería la de la increíble idea. Sonrío sin gracia.

—Tomaré el sol mientras tanto. —me ve alarmado.

—¿Usarás bikini? —arrugo las cejas y él niega de inmediato. —Olvida lo que dije, es obvio que lo utilizaras. Esa es la idea de tomar el sol.

—Ok. —le resto importancia mientras lo veo salir de la habitación a tropezones.

Me siento en la cama sintiendo la suavidad del colchón. Un mes durmiendo en uno duro dejo secuelas.

Evalúo el lugar. Hay una cama perfecta, un tocador donde dejo mi móvil y una puerta corrediza que resguarda un armario.

Hay otra puerta y me acerco observando que es un baño, la tina me invita a tomar un baño y no dudo en prepararla.

Busco en los compartimientos del espejo y encuentro las esencias necesarias que aplico al agua. De mis cosas saco lo que ocuparé en unos momentos para el cuido de mi piel.

Toco el agua y la temperatura es perfecta, empiezo a quitar mi ropa quedando desnuda.

Observo mi cuerpo más pálido, por la falta de sol en Colombia, tengo marcas casi inexistentes que indican mi pérdida de peso, también un leve abultamiento a un costado de mi vientre, ver eso me recuerda la cirugía que tengo pendiente para la próxima semana.

Ignoro todo, porque prometí que estos días serán para recuperarme.

Entro a la tina sintiendo como mis músculos se relajan. Cierro los ojos y mi mente trae los recuerdos de ayer en la noche, Rustam con sus labios en mi cuello, toco el lugar sintiendo el dolor que aún se mantiene.

Estiro mis brazos a los costados y abro mis ojos al sentir que topan en algo.

—Esto debe ser una broma. —susurro al encontrar un aparato con la misma función que el iPad. Lo tomo visualizando la variedad en la lista de reproducción.

Encuentro la lista perfecta y la reproduzco, la primera canción empieza y es imposible no cantarla.

Eres la luz, eres la noche.
Eres el color de mi sangre.
Eres la cura, eres el dolor.
Eres lo único que quiero tocar.
Nunca supe que podría significar tanto, tanto.

Arrugo las cejas al cantar con demasiado sentimiento la canción en inglés.

Eres el miedo, no me importa.
Porque nunca he estado tan alto.
Sígueme a través de la oscuridad.

Cierro los ojos imaginando demasiadas cosas, estoy asociando la letra con varias cosas y todas me generan éxtasis. Hay sangre, gritos, lágrimas y, por otro lado, crudas embestidas, agarres dolorosos y un placer infinito.

Déjame llevarte más allá de nuestros satélites
Puedes ver el mundo que trajiste a la vida, a la vida...

Muerdo mi labio con las siguientes estrofas, mientras trato de relajarme.

El tiempo pasa y cada canción me saca una sonrisa. 

Sigo una rutina para el cuidado de mi piel, al final cada centímetro queda suave, al salir del baño veo que la puerta corrediza está abierta dejando que el aire se cuele y remueva las cortinas y...

—¡Oh, por dios! —me detengo al escuchar la nueva canción.

Mi mamá las ponía cuando pensaba que nadie la escuchaba, tenía mucho de no escucharla.

Saco el cepillo de mi cabello y lo empiezo a desenredar mientras las primeras estrofas empiezas a sonar.

Sigo en bata y mi vista se posa en dirección al mar.

Es un momento perfecto. Sonrío. Cierro los ojos y por instinto mis pies se mueven en compas con la melodía suave, viene el coro y tomo aire cantándola a todo pulmón.

Yo no te hago falta, eso ya lo sé ni ahora ni mañana, siempre ha sido así. —llevo el cepillo a mis labios como si fuera un micrófono. —Busco una salida, yo no sé que hacer, estoy desesperada, voy a enloquecer. Yo no te hago falta ni antes ni después, tú no sientes nada, es triste, sabes. —parezco lunática. — yo no te hago falta, eso ya lo sé...

—¿Quién es esa loca que dice que no me hiciste falta? —me estremezco al sentir su voz en mi oído y sus manos colándose dentro de mi bata para tocar mis pechos.

—Oleg. —susurro, mientras el color sube a mi rostro. —¿Cómo entraste? —no responde.

Estamos frente al balcón y es ahí que me doy cuenta como entro. Me remuevo incómoda al saber que escucho mi concierto de señora despechada.

—Ahora entiendo por qué eres tan dramática. —me da la vuelta.

Mis ojos se maravillan al ver al ruso, está en un short y una playera. Su cabello más oscuro por lo mojado.

Frunzo el ceño al recordar nuestra posición.

—Quítate. —lo empujo. Me sostiene de los brazos y alza una ceja. —¡Maldito caliente!, la disfrutaste no es cierto. —me altero.

No se inmuta ante mis palabras, quita el mechón de mi rostro y lo mete detrás de mi oreja. Sus dedos pasan por mi rostro y mandíbula mientras no dejo de insultarlo.

>> Poco hombre, inservible, bestia ponzoñosa. —continúo.

Toma mi mandíbula y no entiendo que es lo que pretende hasta que sus ojos se detienen en mi cuello. Observo como se dilatan sus pupilas al posar su pulgar en donde sé, está el chupón.

No dice nada, solo se queda observándolo.

—No sabes cómo detesto, desearte como te deseo. —tensa la mandíbula.

—No eres el único que se detesta al idiotizarse y olvidar los problemas provocados por el otro. —ataco.

—No me retes.

—No lo hago. —alzo el mentón, mala idea. —Oleg... —me quejo cuando quita mi bata.

Mi cuerpo queda completamente desnudo ante él, veo como suspira mientras me repasa. No me muevo, dejo que me observe y su vista lascivia recorra cada parte de mí.

Rodea mi cuerpo y lo dejo, dejo que me contemple y me venere como la diosa que soy.

Aun sin voltearme sé que su vista se encuentra en mi trasero, se acerca y pasa sus dedos por mi cadera. El toque es leve, solamente como una caricia eléctrica que deja una comezón queriendo más, sube sus dedos hasta llegar a mis pezones, los acariciara y pasa algo mejor. Gimo.

—Eres una delicia. —susurra mientras retuerce mis pezones. —Una delicia que ha sido probada, por él más egoísta. —levanto mis manos en busca de su cuello. Lo tomo y giro mi cabeza apoderándome de sus labios.

Lo beso, es un beso cargado de ira, deseo y egoísmo de su parte.

De mi parte le transmito mi enojo, furia, descontento y todo lo que llevo más de un mes comprimiendo, resentimiento.

Es una deliciosa bestia que no me escucho y lo odio por lo mismo.

—No me acosté con tu sobrino. —confieso.

Muerdo su labio al sentir sus caricias dirigiéndose al sur.

—Nunca lo dude, pero quería ver hasta donde eras capaz de llegar. Si te iba a importar una mierda lo que pensará o tratarías de convencerme.

—Ese es un estúpido pensamiento. —acepto. —Exijo una comunicación decente, te lo dije y lo repito. Es eso o nada.

Lo vuelvo a besar y entierro mis uñas en su cuello para que se dé cuenta de que no estoy bromeando.

—No tengo problemas. —sonrío en medio del beso.

No sé quién está siendo más ingenuo en estos momentos al confiar en el otro.

—Eres la bestia más placentera que he probado. —acepto al soltar por unos breves segundos sus labios.

Una mano sigue torturando mis pezones, mientras la otra se encarga de bajar por mi vientre para acariciar mi intimidad.

Lo odio, y así como él dice ser un egoísta, yo también soy una, porque este tendría que ser el momento en el que me tendría que alejarme de él, pero mi maldita ambición mezclada con deseo y egoísmo me impide dejárselo en bandeja de oro a quien me he jurado destruir.

—Soy la única bestia que vas a probar. —acepta.

Acaricia mis labios vaginales a la vez que lleva mis fluidos a mi clítoris haciendo movimientos circulares que me enloquecen, abro más las piernas dándole acceso a todo, me retuerzo cuando los movimientos de sus dedos aumentan, lo beso callando en sus labios mis gemidos.

>>Los demás serán simples mortales, que no llegarán ni siquiera a excitarte. —gimo. No quiero correrme aún, separo una de mis manos de su cuello para presionarla aun más con la deliciosa tortura en la que me tiene.

—Jamás olvidaré que te acostaste con Mariana, lo pagaras caro, maldita bestia. —muevo mi cadera en busca de alcanzar un mayor placer, Oleg no me lo impide.

—Es hora que empecemos a conocernos mejor, porque tienes que saber que jamás me acostaría con alguien que mortifica tu existencia. —Mete tres dedos de golpe en mi interior, la lujuria corre en su sangre y me lo demuestra en sus movimientos.

—¡Mientes! —siento el placer acumularse en mi vientre. —Dijiste que tenías una... una semana de estar con una mujer y que era...

Callo cuando aumenta el ritmo de sus dedos y me encargo de sostenerme de su cuello evitando que mis piernas fallen.

—Dije que estaba con ella, no que me acosté con ella. —niego al no poder razonar. —Tienes que aprender a escuchar entre líneas, es probable que te sirva para algún futuro.

—Eres el ser más irracional y arrogante que he conocido. —jadeo y luego muerdo su labio. Se queja y cuando lo suelto se encarga de morder el mío.

—Al menos yo siempre confié en ti. —reprocha.

—Esto no se trata de confianza, recuerda que no somos exclusivos. —me retuerzo cuando los movimientos me enloquecen.

—¿Ahora imagina si lo fuéramos?

—Sería algo interesante de observar.

—Ver como tus tetas rebotan con tus movimientos si lo es. —muerde el lóbulo de oreja antes de volver a apoderarse de mis labios.

—Sentir en mi espalda, tu bulto es algo excitante.

Mi rostro se calienta en conexión con mi vagina, muerdo su labio mientras me encargo de presionar su mano con la mía, mete su lengua en mi boca y entramos en una pelea cuando ninguno quiere ceder el control.

¡DIOS MÍO!

Muevo mi cadera más rápido al sentir mis paredes contraerse y apretar sus dedos.

¡Me encanta!

Trago grueso cuando el placer es demasiado, sin embargo, no puedo reprimir mis acciones y lo siguiente que siento es como una lágrima brota de mi ojo al sentir el revoltijo de sensaciones por las que pasa mi cuerpo.

La excitación es grande y temo no ser capaz de poder sopórtala.

—¡Te odio! —grito, pero es un cabrón porque no me deja liberarme cuando vuelve a mi boca solo a morder mi labio callando mi grito de placer.

Junto a un grito ahogado me corro en sus dedos y la satisfacción en él es evidente, su rostro es algo digno de retractar, me sostiene de la cintura mientras entierro mis uñas en su cuello, vuelve abrir los labios y...

—Pues a ti. —saca sus dedos de mi vagina. —Te encanta que sea un maldito irracional que viene a follar a una maldita loca, inestable.

Lame la lágrima y parece ser un incentivo para ambos.

Se separa y me doy la vuelta para observarlo, tiene sus labios hinchados, los entreabre y el jadeo que suelta me enciende a niveles alarmantes.

Me acerco y le quito la playera.

—No vas a follarme. —aseguro. Me agarra de los muslos para impulsarme a enrollar mis piernas en su cintura. —Eres un maldito enfermo. —lo beso. —¡Un maldito ruso de mierda! —me pega contra la pared.

¡Dios! Como amo que me empotre cada vez que se le da gana.

Siento un leve dolor por lo brusco del golpe, pero lo olvido cuando empieza a devorar mis pechos.

—Sumasshedshiy. —susurra. Entierro mis uñas en su espalda. —Ya no sabes ni lo que hablas.

Con mis manos le entierro el rostro en mis pechos para que los siga devorando y maltratando con su agresividad.

—Sé lo que no quiero y no quiero que me folles. —jadeo mientras desabrocho su short. —No quiero que me folles y no me vas a follar.

Separa su rostro de mis pechos y juro que estoy a nada de mandar todo a la mierda y dejar que me folle duro como tanto nos gusta.

Su polla choca con la superficie de mi vagina y las ganas de restregarme como una loba en celo se apoderan de mí.

Quiero dejar que me la meta duro.

—¿Segura? —sonríe. Le devuelvo la sonrisa y meto mi mano en su bolsillo encontrando el paquete de aluminio.

Con mis dedos lo abro mientras él se encarga de bajarme.

Se quita toda la ropa y me deleito por unos momentos en admirar su cuerpo trabajado, todo está bien hasta que siento un movimiento en la puerta de cristal, no le tomo importancia y continúo.

Le coloco el condón y lo aprieto cuando llego a la base. Escucho su jadeo que termina en mis labios.

Con los ojos cerrados y los labios juntos nos dirigimos a la cama, llegamos al sitio y lo empujo para que caiga en ella.

—No vas a follarme porque seré yo quien te folle, maldita bestia. —su mirada hambrienta me alienta a continuar.

Se acomoda en la cama y lo sigo.

Pongo mis manos sobre el colchón bajo su atenta mirada, subo mis rodillas y en cuatro me acerco a su cuerpo, cuando mi rostro queda sobre su miembro a la altura de su abdomen alzo mi vista.

—No soy quién para impedir tus deseos. —sonríe.

¡Maldita sea, el ruso sonrío! Si esa expresión tendré cada vez que quiera follarlo, creo que voy a sacrificarme.

Tiene la pupila de sus ojos dilatada, ya no azul profundo, ahora parecen negros con un brillo que incita al peligro.

—Observa y disfruta como lo hago. —lamo mis labios antes de bajar.

Beso, la punta de su miembro y antes de continuar llevo mi lengua a sus bolas como una maldita caricia que lo enloquece, me alzo y veo como su mandíbula se tensa.

Paso la yema de mis dedos sobre su abdomen, sintiendo como este se contrae, así mismo con las piernas abiertas avanzo hasta quedar sobre su miembro, paso por encima tentándolo a que pierda el control.

—Eres una maldita loca que le gusta follar a su amante. —se tensa.

Contorneo mis caderas callándolo mientras mi vagina llena su miembro de fluidos.

—No te acostumbres, el deseo es mutuo, no quieras verme como una necesitada. —sentencio.

Cada parte de él se encuentra tenso al saber lo que viene.

Sabe lo que haré y está a la expectativa de cada movimiento, de mis gestos y de que cada maldita acción que hago es solo para provocarlo y hacerlo sentir un poco de frustración de toda la que tuve que soportar por su culpa.

—Lo eres a mi lado.

—No te confundas Bogdánov, puedo desear follarte con las mismas ganas que odio cuando me mientes. —Muerde su labio y deja salir una bocanada de aire. —Una más y te juro que nuestra retorcida relación se va a la mierda.

Llevo mis manos a sus hombros y lo jalo hasta que su rostro está frente al mío, su aliento se mezcla con él mío, cada facción endurecida de su rostro me excita.

>> Si dejo pasar tu actitud cavernícola es porque sé que mis decisiones pudieron perjudicar a tu organización, y no sé me apetece que mi consciencia cargue con tu muerte.

—Loca, dramática, chantajista, bipolar ... —lo callo con un beso, no me canso de besarlo y tampoco me sorprendo de que cada vez sea más agresivo, no es suave ni delicado.

A mi mente viene el único lento que hemos tenido, yo así lo decidí para probar algo diferente, lo que descubrí no me gusto y por eso ya no lo hago, no me gusta lento, no me gusta suave, no así con Oleg.

Con él nuestros encuentros siempre será como una hoguera a la cual no me importa encender hasta arder de placer.

—Estamos a mano, pero el próximo que mienta cuando no deba se quemará en infierno. —sigo con el maldito roce de mi vagina sobre su miembro.

La frustrada de todo lo que hago soy yo y lo corto en el momento que me dejo ir y su miembro entra en mi interior de golpe. Gimo.

—No sabes lo caliente que te ves de esta forma.

Mis fluidos ayudan, pero se sigue sintiendo demasiado grande para mí.

—No lo dudo. —gimo. —Siempre me veo hermosa, pero alégrate de que eres un privilegiado de tener cabalgándote a una hermosa y caliente doctora. —muerdo mi labio.

Guio mis movimientos de arriba hacia abajo, me apoyo en sus hombros marcando el ritmo que nos satisfaga.

—¿Te gusta lo que vez? —aumento mi movimiento. —Responde. ¿Te gusta la sensación de tener el control? —callo. —Te gusta ver las reacciones del cuerpo bajo tu toque. —da un azote incitando a que responda.

Separo mis manos de sus hombros y las llevo atrás sosteniéndome de la cama, la vista de nuestra unión junto a los sonidos que salen del mismo es lo único que escucho y me importa en estos momentos.

—No preguntes lo evidente. —jadeo mientras siento el sudor en mi frente.

Cierro los ojos, pero el movimiento de las cortinas me distrae. Llevo mi vista al lugar al momento que aumento mi movimiento.

Mariana tiene los ojos inyectados en rabia, su rostro está completamente rojo mientras no pierde de vista en como Oleg alza sus caderas contra mí para que la penetración sea más profunda.

Vez que no me hizo falta hacer ningún movimiento para tenerlo de nuevo entre mis sabanas.

Sus ojos chocan con los míos y sonrío, sonrío porque fue una ilusa al creer que estando con ella Oleg se alejaría de mí.

Quiero que se atragante con su veneno al verme hacer lo que no pudo lograr.

En ningún momento lo busqué, fue él quien vino a mí aun teniéndola a ella cerca.

Es una idiota si piensa que dejaré de follar con el ruso, dejaremos de tener sexo cuando se me dé la regalada gana. No cuando ella lo quiera.

Mira esto y aprende a no suplicar caricias en donde no debes.

Quito las manos de Oleg de mi trasero y las llevo a mis senos, los magrea con fuerza bajo la atenta mirada de Mariana.

No mendigues algo que no es tuyo.

Su verga toca un punto sensible, por lo que dejo de verla al cerrar mis ojos cuando el placer se concentra en mi vientre. Ignoro la puerta y cuando vuelvo abrir los ojos me concentro en el maldito ruso con el rostro rojo y excitado.

—Será mío y me lo darás cada vez que te lo pida. —mi voz es un asco, pero si se capta la orden en ellas.

Me muevo más rápido al ver que no me responde. Sabe a lo que me refiero y aun así se niega a aceptar que me los dará.

—No te creas tan importante, maldita Sumasshedshiy. —me enojo.

Le doy una bofetada y después de eso todo se descontrola, siento sus palmas en repetidas ocasiones en mi trasero, los azotes calientan mi piel y mandan señales a mi vagina, me retuerzo y sé que he llegado al final.

—¡Señor! —gimo.

Maldice cuando lo aprieto aún sin dejar de moverme, todo pasa tan rápido que no lo puedo contener.

Grito al momento de correrme, si no lo hacía conmigo se quedaría duro porque no estaba dispuesta ayudarlo a terminar, es inteligente porque lo hace.

Esto es el maldito infierno, quemándonos en cada embestida y matándonos de placer al llegar a la cima.

Nos quedamos en esa posición unos segundos hasta que decido despegarme de su pecho.

>> Esta si puede ser una buena reconciliación. —susurro a los minutos. —Ya ni recuerdo porque te estaba detestando. —miento.

Con mis manos empujo sus hombros dejándolo caer sobre la cama, desde abajo me observa con ese brillo en sus ojos, lleva su vista a nuestra unión y no puedo evitar sonreír cuando no me ve.

—Una interesante vista. —acepta.

Sabiendo que tiene su mirada ahí, poco a poco me alzo dejando ver cada centímetro de su verga, se saborea y me sorprendo de que todo eso haya estado dentro de mí.

Cuando ya ha salido me dejo caer a su lado mientras el se encarga de deshacerse del condón.

 Ninguno dice nada procesando lo que acaba de pasar.

No puede ser que en un mes me haya oxidado, porque el cansancio que me aborda es para unos tres o cuatro polvos más, no solo para dos.

Trato de calmar mi respiración mientras una sonrisa y satisfacción recorre mi cuerpo, disimuladamente veo a la salida y ya no hay nadie.

Me vale tres quintales de mierda lo que piense y espero que le quede claro que no puede tocar al diablo y pensar salir ilesa.

No deben intentar entrar en batalla conmigo, porque perderán antes que yo mueva a un peón.

Estiro mi mano para posarla en el pecho de Oleg, su corazón al igual que el mío tiene el ritmo cardiaco elevado, acaricio suavemente su pecho, pero su mano me detiene y cuando estoy por protestar me jala a él para dejar mi rostro sobre su pecho.

¡Maldita bestia, posesiva!

Así pasan los minutos, yo sobre él, nuestras piernas entrelazadas y una de sus manos acariciando mi espalda mientras la mía se mantiene contra su pecho.

No apague el iPad y no sé en qué momento cambio de carpeta. Alzo el rostro viendo a Oleg que está concentrado en la letra.

Con malicia me subo en su abdomen para que me mire, alza una ceja y espera mi siguiente movimiento.

Siento un cosquilleo en mi vagina al sentir su piel en contacto con mi parte sensible, ignorando toda la burla que pueda causar mi acción lo hago...

Amigo, que te pasa estás llorando. —evito reírme de su expresión. —Seguro es por desdenes de mujeres. No hay golpe más mortal para los hombres, que el llanto y el desprecio de esos seres.

—Alessi... —lo callo.

Amigo, voy a darte un buen consejo, si quieres disfrutar de sus placeres. Consigue una pistola si es que quieres. —encojo mis dedos y lo apunto simulando un arma. —o cómprate una daga si prefieres y vuélvete asesino de mujeres. —curva sus labios. Y juro por dios que me encanta. —¡MÁTALAS! Con una sobredosis de ternura...

—Cállate, loca. —me besa.

*** 


¿Qué piensan del psicólogo?

¿Entendieron porque el reencuentro hot?

Son libres de expresarse con respeto.

¿Sintieron largo el cap? ¿Les gusta o lo prefieren menos extenso?


***

¡Spoiler!

—Te metiste con un hombre comprometido...

—Al igual que tú. —sonrío. —Yo me metí con hombre comprometido, pero tú te metiste con el prometido de tu hermana. —su rostro se endurece.

—Te metiste con el amigo de Oleg. —reprocha. —Y estoy segura de que lo harás con todo aquel que te lo permita.

¡Otro Spoiler!

Este va con mis propias palabras, Alessia tiene una fobia la cual se presentara en el próximo capítulo. Si tienen una idea déjenla en comentarios o al priv.

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