Capítulo 26
I see red - Everybody Loves An Outlaw. One hour.

Horas antes.
Abro la puerta y lo primero que observo es a tres sujetos. Robustos y con armas a la vista.
—Buenos días, soy el agente Tyler Mejía y...
—Y me importa una mierda. —camino entre ellos. —Pueden decirle a Oleg que he desistido de los servicios de OFR.
Mientras camino a mi auto busco su número, desde que estaba en Colombia no hablo con él y aunque lo último que le dije no fue lo más sensato, sé que entendió mi punto.
—¿Qué quieres? —responde.
—Cortarte la verga, pero como en estos momentos no puedo solo comunicarte que si tu plan de seguridad es el que se presentó en mi puerta, desde ya te digo que me niego.
Lo escucho suspirar mientras pide a no sé quién que guarde silencio.
—¿Tienes una mejor idea? —inquiere fastidiado.
—Dijiste que no harías las cosas por mí, sino que me darías las herramientas. Bueno pues para empezar los quiero mínimo con trajes y no con los uniformes de la organización y...
—Las cosas cambiaron Alessia, te puedo dar las herramientas que necesitas, pero si se me antoja me meteré porque no voy a permitir que por imprudente pongas en riesgo la misión.
Aún me cuesta aceptar que estoy involucrada en esa mierda.
—¿Vas a violar mi privacidad? —inquiero.
Admito que aún no estoy lista para hablar y menos con él.
—No Sumasshedshiy. —expresa molesto. —No entraré en donde no me lo permites, pero tienes que entender que si las cosas cambiaron es porque tú te lo buscaste.
Sigue hablando y me doy cuenta de que me está dando la oportunidad de que las personas que me cuiden sean de OFR, o contratar alguna empresa.
Solo por dejar esa decisión en mis manos acepto a OFR, por como habla sé que los tiene muy quietitos.
Los agentes sabrán que me cuidaran por el caso EBÓSIL, no porque somos amantes, por lo tanto, también seguirán mis órdenes.
Interesante.
—Señor, arrogante, ¿Viene? —me tenso al escuchar la dulce voz y por la respuesta de la bestia, sé que se dirige a él.
—¿Quién es la que habla? —inquiero curiosa.
—Que te importan. —me tenso.
A mí no me habla así, ¿Qué se cree?
—No quiero a OFR, ¡No lo quiero! ¿Me escuchaste, maldita bestia? —corto antes de mandarlo al diablo.
Parpadeo dos veces al darme cuenta de la estupidez que acabo de hacer, mierda, cuando pienso que las cosas no pueden estar más tensas, vengo yo y lo arruino.
Guardo el móvil para dirigirme al hospital.
***
Actualidad.
Mi estómago se revuelve al saber lo que conlleva estar en su auto. Sé quien es y sinceramente no quiero estar cerca de él.
—¡Abre la puerta! —exijo.
Estoy cansada de estas personas y sinceramente me importa un bledo su maldita organización.
Estoy demasiado estresada y cansada como para razonar.
—No lo creo prudente. —lo observo curvar sus labios por el espejo retrovisor.
—¿Rustam?, Cierto. —afirma. —Mira, sé que no nos conocemos, pero quiero pedirte algo.
Es poco probable que se niegue, él es parte de los malditos subordinados de Oleg, por ende, sabe de mí y según lo que me dijo la bestia no pueden dañarme.
—Sería un placer cumplir tus deseos, Boginya. —ruedo los ojos ante el término.
Esta gente no es muy cuerda.
—Solo llévame a mi casa. —suspiro cansada.
Evito pedirle lo que en realidad quería. Cierro los ojos volviendo a sentir las pulsaciones en mis sienes.
Supongo que no fue buena idea salir del hospital acompañada de una bolsa de suero.
Llevo mi mano libre a mi sien haciendo masajes.
—¿Mal día? —sonrío mientras mantengo mis ojos cerrados.
Si supiera, no me estuviera hablando.
—No tienes idea. —confieso.
Observo como se detiene en un semáforo y se voltea.
—Te llevaré a un lugar mejor que tu apartamento. —me tenso.
Odio admitirlo, pero no me siento bien y no creo que alguna compañía logre calmar el sentimiento.
—Gracias por tu amabilidad. —me burlo. —Pero en realidad necesito llegar a mi apartamento, a mí...
Ya no sé si puedo sentir paz en esas paredes después del incidente con los invitados de Zule.
—A tu zona de confort. —intuyó.
No digo nada, al igual que no digo nada al ver que no nos dirigimos donde pedí.
A los pocos minutos nos detenemos en un mirador. El sitio está solo, y la luz es tenue permitiendo que me relaje.
Rustam baja del auto y lo rodea, pero antes que llegue a mi lado ya estoy fuera sosteniendo la bolsa de suero.
—Puedo sola. —paso a su lado hacia el barandal, el aire frío se cuela en la bata haciendo que mis bellos se ericen.
Si no hubiera cruzado dos palabras con la bestia no estaría tan tranquila con su amigo.
—Es perfecto para distraerte, despejar tu mente y olvidar por unos momentos toda nuestra miseria. —no me inmuto ante sus palabras.
Su voz sumada al acento ruso es perfecta hablando en español.
Lástima que hace mucho ya nada me sorprende.
—¿Vienes seguido? —inquiero.
Se posa a mi lado contemplando las luces en el horizonte.
—Lo necesario para saber que te ayudara en tu día miserable. —lo ignoro.
Sus aires de salvador no es algo que me llame la atención.
Cierro los ojos tratando de olvidar todo, desde mi dolor de cabeza, el ascenso hasta las amenazas.
Imposible, es algo que siempre tengo presente.
>>Llega un momento en el que nos damos cuenta de que la vida es una mierda, no importa cuánto hagamos nosotros por ella, siempre se encargan de jodernos. —volteo viendo su perfil. Hace lo mismo y arrugo las cejas cuando nuestros ojos se encuentran. —No dejes que unos momentos mierda quiten el brillo de tus ojos.
No digo nada. Me quedo callada observando como el viento mueve su cabello castaño oscuro. Sus pupilas mieles refleja un brillo inexplicable.
—¿Y me dices esto por? —corto el rollo.
Se ríe y gira su rostro, dejándome con el sonido ronco de su risa.
—Él tiene razón. —niega. —Serías demasiado perfecta si aparte de hermosa, talentosa e inteligente no fueras altanera.
—¿Con él te refieres a Oleg? —asiente. —Oleg no sabe ni lo que quiere. Menos sabe lo que soy.
No se me olvida que alaba mi inteligencia y astucia al descubrir muchas cosas sobre su madre, pero también me señala de ignorante, impulsiva, mal agradecida y loca.
Lo detesto con la misma intensidad que él hace, pero no importa, al final ninguno puede ocultar por mucho tiempo las cosas. Porque son las mentiras lo que a ambos nos molestan.
Las aceptamos así que eso tiene que ser suficiente para no terminar nuestra retorcida relación.
Sin embargo, la próxima vez que lo vea si no le corto la polla me encargaré de hacérselo saber.
—¿Y tú si? —salgo del trance para concentrarme en su amigo.
—Sí. —afirmo. —Y créeme cuando digo que no voy a descansar hasta tener todo lo que quiero y merezco.
—Me alegro de que tengas claro lo que quieres. Porque sería una lástima que dejaras que unos vejetes te impidan conseguirlos. —me tenso.
—Lo sabes, ¿Cierto?
—Sí. —no hace falta decirle que. —Oleg no tuvo nada que ver. —bufo.
—¿Ahora eres su defensor? Oleg tiene mucho que ver, sabía lo importante que era el ascenso para mí y aun así decidió no apoyarme.
—¿Cómo estas seguras de que no te apoyo? —silencio. —Te has puesto a pensar que en el momento que se tomó esa decisión, él no estaba presente por estar haciendo cosas de suma importancia.
Me enderezo entendiendo su punto.
—Tienes razón, todo es más relevante que ayudar a su amante. —sonrío, Rustam me hizo reflexionar y ahora estoy molesta.
—No fue lo que quise decir. —ruedo los ojos. —Por el amor de Dios, deja de sacar conclusiones sin antes dejar que te explique. —arrugo las cejas cuando sus palabras causan un leve malestar.
Joder, cuando se quitará la migraña junto a las náuseas.
—No hay nada que explicar, todo está claro. —se voltea y posa sus manos en mis hombros, por un momento me alarmo, pero desaparece al ver el rostro de frustración junto a maldiciones de su parte.
Odio este tipo de contacto.
—No tendría que decirte esto. —empieza. —Sé que Oleg me matará cuando se entere de que te lo dije, sin embargo, no pienso al igual que él. Oleg te deja suponer cosas porque sabe que eres inteligente y por si sola entiendes sin explicaciones. Le gusta que seas capaz de atar cabos y mantener tu perfil. —contemplo como tensa su mandíbula. —Ese es Oleg, no yo.
Me quedo quieta escuchando sus palabras y sintiendo como sus manos empiezan hacen más presión sin llegar a lastimarme.
>>Yo no voy a dejar que te mortifiques hoy, ya tienes mucha mierda con que cargar para sumarle problemas que creo innecesarios. —Suficiente un colapso nervioso, sí. —Oleg no estuvo en esa junta porque ese día estábamos matando al hombre que dio la ubicación de tu paradero cuando te atacaron. —frunzo las cejas. —Y no solo a ellos, sino también a los que participaron en las amenazas.
Trato de alejarme, pero me lo impide.
>>Desde antes que fueras a ese estúpido viaje a Colombia. —suelta sin gana. —Estuvimos investigando de donde provenían las amenazas, aunque se te olvido decir quien firmaba. —lo siento tensar. —Cada maldita persona que movió un tan solo dedo para dañarte, ahora está muerto bajo las manos de Oleg... y mías.
Evito decirle que Oleg si sabía que las amenazas eran de parte de H.B. si no lo dijo es por algo.
Por otro lado, sabía que la bestia no tenía límites, pero esto lo sobrepasa. Le ordeno a mis piernas mantenerse firmes mientras sigo procesando la información.
Unos inservibles menos.
—Rustam, ¿Conocen quien es H.B.? Sé que son los creadores de lo que tuvo Raisa, pero nada más— Me suelta y se gira dándome la espalda mientras pasa sus manos por su cabello.
¿Y ahora que?
—H.B. no es un alguien. —dice al fin, dándome la cara. —Es un algo. Es una de las tantas instalaciones que son una fachada para encubrir a una de las organizaciones que está creando el EBÓSIL. —trago grueso.
—¿Qué es el EBÓSIL?
Solo sé que es lo que tenía Raisa, pero por lo demás me siento en la ignorancia, ¿O EBÓSIL solo es el nombre de la misión?
¡Qué estrés!
—Sé que lo sabes Alessia, EBÓSIL es el químico creado por dos bioquímicos, uno de Rusia y otro de Colombia. Se originó hace 6 años, y la primera persona en quien lo utilizaron fue Raisa Bogdánov. El químico es letal y puede matar a las personas en años, meses, días u horas después de ser inyectado. Según lo que sabemos, eso depende del chic que tiene cada uno.
Y aquí es donde vuelven las preguntas, porque creí que lo de Colombia era lo mismo que tenía Raisa, pero uno es un virus y lo otro un químico.
Me duele la cabeza solo de saber todo lo que tengo que investigar para encontrar la verdad.
>>Ellos deciden cuando pueden empezar los efectos para que EBÓSIL empiece hacer estragos en el cuerpo. Hasta el momento eres la única persona que ha logrado salvar a alguien de ello, por eso ante la OFR eres llamada la cura. —alzo el mentón. —Tengo que aclarar que H.B no tiene idea de tu existencia y son otros los que se están haciendo pasar por ellos.
Con mi mano libre sobo mis sienes.
Ahora resulta que hay otros que quieren mi talento, ¿Oh mi cabeza? Oleg dijo que aún no sabe si me quieren para matarme o para torturarme hasta que les diga el procedimiento que realice.
>> Se está haciendo todo lo posible para saber quiénes son los que se están haciendo pasar por ellos y como lograron dar contigo. —asiento. —Por eso necesitas protección Alessia, no seas testaruda y deja de rechazarla, porque si no lo haces podrías caer en manos de ellos y con eso te expones a demasiados riesgos que queremos evitar.
Hoy por la mañana rechace dos veces la seguridad de OFR, y digo dos porque la acepte por unos segundos, pero desistí al escuchar a alguien llamar a la bestia Señor gruñón.
Supuse que me dejaría a mi suerte y ya no insistiría con lo de la seguridad, pero las palabras de Rustam me dicen lo contrario.
¡Joder!, el tema de la seguridad en los últimos días ha sido de lo más que hemos hablado.
Desde antes de irme a Colombia sé que Oleg se encargaría de ella, al principio creí que era porque se preocupaba por mí, al ser amantes, pero con lo que me dijo en la llamada me demostró que lo hace por la misión.
Sin duda las llamadas que tuvimos en Colombia fueron de las mejores.
—Sé que tienes muchas dudas y voy a responder cada una. —me agarro de la baranda cuando un mareo me invade.
Alessia, debes descansar.
Recuerdo las palabras de Damián.
A la mierda el reposo.
—¿Oleg sabe que estamos teniendo esta conversación? Porque no considero que le agrade que sus amigos estén diciendo cosas sobre EBÓSIL y seguridad a su amante. —alzo el mentón.
Aunque no me guste la idea de Oleg y mi seguridad, sé que es lo más sensato.
—Oleg entendió que no puede ocultarte las cosas y desde hace mucho dejo que tú las descubrieras, no sabrías nada si él no te las hubiera acercado. —miente. —Su error fue no ser claro contigo, y aunque en ningún momento mencionó que te lo expresara, tampoco me lo prohibió.
Sí, si, ya sé que me dejo descubrirlo, pero no tienen que quitarme créditos. Si fuera una estúpida no hubiera investigado a la primera oportunidad.
—¿Ya tienen, aunque sea una pequeña pista de quien se está haciendo pasar por H.B.?
—No.
¡Joder!
—Esto no acabará pronto, ¿Cierto?
—Alessia, esto apenas está iniciando. —aprieto mis labios.
Tengo miles de preguntas. Quiero saber más para no estar en la ignorancia, sin embargo, guardo silencio. Tengo suficiente mierda en que pensar para hacerlo en más.
Primero está mi salud y estoy segura de que los que quieren mi cabeza, no necesitan a una moribunda.
Seguimos teniendo una breve conversación al respecto, aclarando otros puntos, pero cuando me vuelvo a marear doy la plática como finalizada.
>>Si tengo más dudas buscaré a Oleg. —sonríe pícaro. —No sé qué decir sobre el que estén matando a personas en mi nombre. —alza una ceja. —Me siento satisfecha, ya que son un estorbo menos en la sociedad.
—Estamos para servirte Boginya.
Nos quedamos en el mismo lugar solo observándonos.
Las cosas pasan tan rápido que no soy capaz de procesarlas, solo sé que en un momento apartó un mechón de cabello de mi rostro y aprovecho la oportunidad de delinear mi mandíbula con sus dedos fríos.
Los arrastra por el costado de mi cuello deteniéndose en el borde de la bata.
—Rustam... —me quejo.
—Shh —lleva el índice de su otra mano a mis labios. —No sabes cuanto he ansiado el tenerte así, ya me cansé de ver lo que provocas, ya no deseo ser solamente un espectador.
—No es buena idea. —informo para que se retire.
¡Dios! Este hombre es demasiado rápido y directo. En un segundo está en una parte y los momentos en otra.
¡Déjame procesar imbécil!
Siento como su aliento choca con mi cuello para después posar sus labios sobre el mismo dejando un beso húmedo. Siento como lo succiona con fuerza y me agarro de su camisa al sentir que mis piernas se quieren doblar
Mi cuerpo se encuentra demasiado frágil y cualquier cosa me debilita.
—Malditamente, sabes mejor de lo que me lo imagine. —confiesa.
Joder, esto no está bien.
Que Oleg se ande acostando con Mariana no significa que yo lo haré con su amigo, eso sería caer muy bajo.
Segundos después su boca lame mi cuello antes de enterrar sus dientes.
¡Dios, no!
Separa sus labios de mi cuello, estoy por protestar, pero vuelvo a sentir sus dientes en mi mandíbula.
—Tienes tres segundos para separarte de mi cuerpo, si no quieres que haya graves consecuencias. —advierto.
Que me guste no significa que lo desee.
—Perdón. —pide mientras apoya su frente en la mía. —Fue un impulso, perdón si te asuste y...
—Llévame a mi apartamento. —lo corto. Se queda a la espera de más reclamos, sin embargo, no los hay. —Llévame a mi apartamento. —reitero.
—Él sin duda va a matarme, esto no se hace así.
No pregunto al saber a quién se refiere.
Caminamos de regreso a su auto y al subir enciende la calefacción. Cargar la bolsa de suero conmigo no es cómodo, pero me las arreglo para trabarlo en el gancho de lo alto de la puerta.
No me voy a estresar por una estupidez.
Me desconcentro al sentir vibrar el móvil de Javier. Lo saco viendo que es Damián, lo dudo por un momento, pero al final respondo.
—Bueno. —me lo quito del oído al escuchar todas las voces que intentan hablar.
—Quítate y dame eso, es mío, voy primero. —dice Damián. —Hola, Alessia. ¿Estás bien? ¿Dónde estás? Llevamos dos horas intentando localizarte. Dime que estás bien, por Dios Oleg va a matarme cuanto se entere de que te deje ir después del episodio que tuviste...
—Estoy bien. —lo corto.
Sé de la capacidad auditiva que tienen estos hombres y no voy a permitir que Rustam sepa más de lo debido.
Hablo con Matías y Javier quienes se enojan porque no les menciono donde estoy. Al final dejan de insistir y me vuelven a pasar a Damián.
—¿Tienes planes para mañana? —inquiere.
Pues no, no tengo.
—Si, ¿por qué? —miento.
Evito sorprenderme cuando me invita a un fin de semana en la playa con el fin de celebrar su cumpleaños. Pienso en todo lo que ha pasado en los últimos días y lo menos que quiero es estresarme.
No puedo seguir arriesgando mi estabilidad.
—No quiero dramas. —suspira al saber a lo que me refiero.
Con la bestia no hemos aclarado el no acostarme con Yuri y él acostándose con Mariana. No importa que se acueste con alguien más por algo no somos exclusivos, pero si me afecta el hecho que ella me lo va a restregar en la cara porque me lo advirtió y yo no pierdo.
—Prometo que no abran dramas. —una idea cruza por mi mente. —Todos van a comportarse, soy el responsable y me encargaré de hacer algo sencillo, será una convivencia emotiva.
Es hora de jugar sucio, que me importa la moral. Si mi presencia fastidia a Mariana no me voy a cohibir a guardar mi belleza.
—Iré, me pondré de acuerdo con mis amigos.
—Nos vemos. Y dile a Rustam que está en problemas. —me tenso. Volteo y por la sonrisa de él sé que escucho.
—No se dé que estás hablando. —miento.
—No voy a fingir que te creo, pero no opinaré. De nada sirve que lo haga porque al final todos me ignoran y hacen los que se da la regalada gana. Pero claro, hagan sus mierdas que ahí está Damián para escucharlos y... —se calla. —¿Alessia?
—Descansa. —cuelgo.
Me despido de Rustam al llegar al edificio, no dejo que entre ni siquiera a la recepción. Me deja en la calle y entro pasando por la zona peatonal del edificio.
***
Después que me trajera Rustam me dispuse a descansar fue poco por lo que todo se refleja en mis ojeras. Bebo mi jugo de naranja.
Utilice una bolsa más de suero para tratar de recuperar fuerzas, sin duda mi mala alimentación fue un gran factor ante mi colapso.
Bajo el rostro observando mi móvil, me reprendo y al final llamo, no pasa tanto tiempo cuando toma la llamada.
—¿Alessia? —trago grueso. Puedo con esto. —¿Eres tú? —suspiro.
—Hola Carla. —Saludo recordando porque tenemos diez años sin hablar. —Perdóname. —suplico.
—No fue tu culpa, Alessia. Deja de mortificarte porque la muerte de Alexander no fue tu culpa. —suspiro. —Y aunque lo fuera, no tengo por qué estar enojada contigo.
Nunca perdoné que se fuera de la casa al cumplir los dieciocho años, dejándome sola.
Con mi madre, pero sola.
Es por eso que he tomado la decisión de dejar mi orgullo aun lado.
—Necesitamos vernos. —silencio.
—¿Estás bien? —sé a lo que se refiere.
Ruedo los ojos porque pudo hacer aunque sea una llamada para saber de mí y aun así no lo hizo.
—Si Carla, estoy bien. No he tenido más ataques de pánico, hace mucho no tengo a la ansiedad de mi lado y llevo bien mis trastornos alimenticios. —muerdo mi labio. —ya los superé.
Mi psicólogo dice que no es bueno que me exprese así, pero las cosas como son.
Pasan unos segundos en los que imagino que piensa que de igual manera por su orgullo me saco de su vida.
Me estoy arriesgando a que me mande a la mierda, pero si no lo intento no sabré ni un poco de su boca, lo que ha sido de ella.
—Nos vemos en plaza, galerías. —confirmo y doy por finalizada la llamada.
Me alisto dejando que un vestido ceñido cubra mi cuerpo. Utilizo más maquillaje del normal y salgo de mi apartamento. En la sala observo algunas cajas con pertenencias de Zule, observarlas es un recordatorio para hablar sobre ella con Carla.
Al llegar a mi auto no paso por alto las dos camionetas negras blindadas y polarizadas que desentonan con los demás autos, suspiro y camino a ellos.
Al llegar sale un hombre con traje y aparatos en los oídos.
—¿Puedo ayudarla en algo? —me estresa que se hagan los idiotas.
—No los quiero a más de 20 metros cerca, de lo contrario me sentiré en la obligación de desistir de sus servicios.
—Señorita... —alzo la mano.
—Soy la Dra. Alessia Carvajal, no señorita. —se endereza. —Si se van a dirigir a mí que sea por el nombre.
Lo digo para los cuatro agentes que bajaron de las camionetas.
—Como ordene Dra. Carvajal. —asiento. —No nos acercaremos a más de 20 metros, seremos discretos y no se le olvide que somos profesionales.
Detallo el porte de cada uno, ¿Por qué son guapos si me pueden salir inútiles?
—Demuéstrenme que son profesionales, no solo lo alardeen. —me pongo los lentes. —Cuando me presuman de algo que sea con hechos, no con palabras, porque las palabras las dicen cualquiera. Las acciones, los verdaderos.
Sin más abandono el parqueo y me dirijo a plaza galerías, el centro comercial frente a Carvajal Burdel, una de las zonas más adineradas de la ciudad de México.
Al llegar me siento en la azotea de uno de los restaurantes del lugar. Tomo limonada mientras espero a mi hermana.
Al menos ya no tengo migraña, el dolor de cuerpo es casi nulo y me siento bien al estar a minutos de dar un gran paso.
Entre mis pensamientos y emociones busco el rencor que debería sentir por mi hermana, pero no lo encuentro.
—Pero miren a quien me trajo el viento. —me paro y ella no duda en detallarme. —Eres una puta belleza que sabe aprovechar sus atributos.
La callo con un abrazo sin importar las miradas de los dos agentes que están a cinco mesas de nosotras.
Ni en la muerte de mi padre nos vimos y eso fue tres años después que se marchara, cada una vivió el duelo alejada de la otra, la muerte de Alexander también la vivimos alejadas, y para un par de hermanas que en su niñez fueron demasiado unidas, pesa.
Duele y pesa demasiado.
—Estás hermosa. —me sincero.
Nos sentamos y por unos minutos solo nos observamos, no es incómodo, de hecho es tranquilo.
Ni aunque quisiera no podría odiar a una de las pocas personas que son un ancla, que evita que me pierda en la oscuridad que me atormenta.
—Me alegro, verte de nuevo. —rompe el silencio.
—A mi igual Carla, ¿Diez años fueron suficiente para encontrarte? —cuestiono de pronto.
—No voy a justificarme, Alessia. —pone su bolso a un lado. —Tampoco voy a pedir que me entiendas, porque no me arrepiento de nada de lo que hice. Desde que tengo uso de razón fui expuesta a violencia física por parte de Marta. Cuando cumplí los 18 me fui de la casa sabiendo que tú eras obligada a muchas cosas de las cuales no pienso mencionar.
Asiento dándole la razón.
>> Sé que con mi partida todas mis obligaciones recaerían en ti. Sé que tú ya tenías tus propios problemas y responsabilidades teniendo 14 y aun así fui egoísta al dejarte, pero no me voy a disculpar porque solo de esa forma pude liberarme. No me voy a disculpar porque mis palabras te ofenden, yo soy una hipócrita. Sé que cuando papá murió tu estabas mal, sé que en ese momento entraste en depresión y necesitabas de personas que te querían, yo a mi manera lo hago. Pero verte a ti era recordar todo lo que odio.
Suspira y bebe del coctel que pidió hace unos minutos. Sonrío sin ocultar el dolor que me provocan sus palabras.
>>Tome la decisión más fácil y llegué a las calles sin nada, me convertí en una puta y en poco tiempo una muy cotizada. —se ríe sin gracia. —He sido puta, teibolera y otras cosas que no hace falta mencionar, pero no me avergüenzo. Tarde siete años de arduo trabajo en lograr que un local en mal estado poco a poco se convirtiera en el mejor Burdel de México. Estoy orgullosa de lo que he hecho Alessia y pese a todo si tuviera la oportunidad de cambiar algo no lo haría porque eso me hace la persona que soy hoy en día. —cierra los ojos. —Cada una tenía que librar su batalla sin la ayuda de la otra.
Termina de hablar y el espacio se queda en silencio mientras analizo sus palabras.
—No vine esperando una disculpa, y seré sincera al decir que durante mucho tiempo te culpe de muchas cosas, te maldije y desee que algún hombre te pasara una ETS. —asiente. —Poco después, cuando madure y viví ciertas experiencias, pensé en ti y así como te desee el mal volví a desear que nunca te pasara nada malo.
Carla no lo paso bien y no lo entendí hasta cuatro años después que se fuera de casa.
>>No escogiste lo más fácil, salir sin nada y nadie que te apoye no es para débiles Carla. Y créeme que estoy orgullosa que ahora seas una mujer de negocios. Ambas hemos sabido sobrellevar lo que vivimos y por nuestros caminos supimos destacarnos y hacernos valorar como lo que somos.
Sonreímos y tomo su mano dándole un apretón.
—Las guerreras Carvajal. —expresamos al unísono.
A pesar toda la mierda que pasamos y todo lo que conllevo su partida la amo demasiado.
—La vida da miles de vueltas. —ve hacia afuera. —¿Hemos sanado Alessia?
Reflexiono en todos mis problemas, ellos me han hecho quien soy hoy en día. No me siento orgullosa de como fue que me volví fuerte, es por eso que no lo divulgo.
Dejo de divagar concentrándome en mi hermana.
—Hemos sanado, Carla. —acepto.
Conversamos y cada una se pone al día de lo que hace y lo que hemos logrado. Omito mencionar todo lo referente a los Impostores de H.B. la organización OFR, y sobre todo evito hablar de EBÓSIL.
Saber de todos los servicios de Carvajal Burdel es impresionante, pero no me puedo alargar.
No hago nada que no vaya a beneficiarme, si me arriesgue a que me rechazará es porque necesitaba saber si en todos los sentidos he sanado.
La respuesta es evidente al verla y solo sentir esas ganas enormes de protegerla.
—Necesito tu ayuda. —digo de pronto.
Visualizar que un agente me vio de reojo y luego escribió en su móvil, me recordó a Oleg y lo que tenemos pendiente. Yo nunca olvido.
—¿Mi ayuda? ¿Qué necesitas? —cuestiona tranquila. Bebo de mi limonada sintiendo el sabor agridulce que deja en mi paladar.
—Una mujer sexi, atractiva y dispuesta a conquistar un ruso. —me ve atónica. — Pagaré lo que sea necesario.
Puede que mis pensamientos sean retorcidos, pero quiero ver a Mariana arder de la rabia.
—Lo haré y gratis. —declara emocionada.
Mi rostro se desencaja ante la declaración. No quiero involucrar a mi hermana demasiado conmigo. Si los malos ya saben de ella, es mejor que piensen que su existencia es irrelevante.
No estoy dispuesta a perderla a ella también, si está cerca de mí es obvio que estará en su mira y es algo que no voy a permitir.
—Carla no tienes que ser tú. —aclaro. —Es más, te prohíbo que seas tú.
—Oye, cumplo tus requisitos, ¿Cuál es el problema?
¿Cómo le explico?
—Necesito a alguien que no esté vinculada conmigo, la mujer que necesito es para algo lícito, pero sucio.
Vate sus largas pestañas, creo que estoy dañando su orgullo, lo sé por la forma que acomoda sus grandes pechos.
—Bien. —afirma. —Estamos cerca del burdel, si quieres puedes pasarte por el ahora.
Pago y caminamos fuera del lugar, antes de cruzarme la calle, Tyler me detiene. Carla lo ve extrañada por unos segundos.
—Te alcanzo luego. —asiente y entra al establecimiento. Me doy la vuelta y nos hacemos a un lado.
Enfrento al agente y espero que mi rostro le demuestre mi enojo, fui clara al decir que los quiero lejos y es tan inoportuno que se presenta frente a mi hermana.
—Doctora, en el tiempo que ha estado en el sitio mis hombres han recorrido el perímetro y me siento en la obligación de informarle que hay diez hombres sospechosos en medio de los civiles que no la pierden de vista. —ruedo los ojos. —Debemos abandonar el sitio, de inmediato.
Da un paso más a mí para tomarme al observar que no me muevo, alzo la mano deteniéndolo.
—Esos son mis hombres. —aclaro. —Por si no lo recuerdas, estoy en la mira de unos psicópatas con aires de superioridad y no permitiré que le pase algo a mi hermana.
Calla entendiendo mis palabras, alza el rostro observando las grandes letras que por las noches tiene luces extravagantes. Carvajal Burdel.
—No me parece prudente que ellos hagan el trabajo que posiblemente la organización le brinde.
—En ningún momento pedí su opinión. —tensa la mandíbula. —Absténgase a hacer cosas que no le corresponden y desde ya le digo que tiene prohibido entrar al sitio. —señalo el burdel. —La presencia de ustedes es innecesaria.
Se endereza consiente de que no puede protestar.
—Entendido, doctora. —sonrío. Me doy la vuelta y entro al lugar, no necesito detenerme en la recepción, ya que al dar mi nombre me dan vía libre.
El hecho que no los conozca no significa que ellos no sepan de mí, sin duda Carla ha hablado mucho de mí. Es demasiado temprano para que el sitio esté abierto, solo se encuentran las personas de la limpieza, la sala para los primeros que vienen cuenta con un bar grande y varias butacas.
Sigo al hombre que me guía pasando a otra sala, esta cuenta con al menos 10 tubos en medio de mesas y hay otros 5 en una tarima.
Los asientos están muy bien distribuidos, pasamos de largo para dirigirnos a la oficina de Carla, por lo que no puedo observar los distintos salones de orgías, sado, y los privados. Sin duda hay una muy buena inversión en este lugar.
—Pasa. —responden a mi toque. Al entrar veo a mi hermana detrás del escritorio con varios documentos en la mesa.
>>Siéntate y ve esto. —me da algunos documentos. —Como quizá Zule te lo abra mencionado, en este sitio no se quedan las chicas, cada una está porque así lo desea por lo que no te las puedo presentar para que la elijas y sería demasiado exigente de mi parte pedirles que vengan en estos momentos, ya que hace algunas horas fueron a descansar. —asiento. —Otras aún siguen trabajando, las que se llevan de aquí luego de cumplir con el papeleo y...
—Entiendo. —la interrumpo.
Abro cada folder que cuenta con el perfil de cada chica, sin duda los clientes son muy exigentes porque cada información de las chicas cuenta con demasiada información gráfica de cada parte de su cuerpo.
No me interesa como tengan la vagina, ignoro esa información deteniéndome solo en la que es necesaria.
Mientras reviso los expedientes me comenta que hace unos días renunciaron dos de sus chicas, eran nuevas, pero con ellas trajeron una buena clientela. Cuando ellas se marcharon, el flujo de personas volvió a ser el mismo.
No le tomo importancia porque me imagino que suele pasar. Únicamente compruebo tres perfiles cuando encuentro la adecuada. Se lo doy a Carla que entiende de inmediato mi decisión.
—Leslie Fuentes, 26 años, cabello negro, ojos marrones, estatura 1.65 cm —lee la información de la chica. —Peso 56 kg copa número...
—Es suficiente Carla. —rueda los ojos. —¿Cuál es el procedimiento?
—¿Qué es lo que necesitas que ella haga? De ahí dependerá el costo, también necesito saber cuantos días la necesitas. Solamente como un recordatorio, mis chichas no tienen límites, por lo tanto, ese no es un problema.
Pienso bien en lo que quiero y necesito de Leslie. Se lo informo a mi hermana y ella asiente, anota la cifra en un papel y me lo da.
—Yo te llamo. —me levanto. —Nos vemos luego. Por segunda vez en un mismo día tengo la iniciativa de abrazar a la misma persona.
Antes de irme le comento sobre Zule y ella más que dispuesta le da un lugar en la barra, ya que las meseras andan en paños menores y en la barra podrá cubrirse solo un poco más.
—Alessia. —me habla antes de llegar a la puerta. —Marta está enferma. —me tenso.
***

—¿En dónde están las esclavas que rescataron? —inquiero.
—Fueron enviadas a Grecia, necesitan recuperarse emocionalmente para que puedan servir a OFR. —arrugo las cejas ante las palabras de Iván.
—Y porque mierdas, una esclava piensa que soy su maldito salvador y no me deja respirar. —aprieta los labios conteniendo una sonrisa.
Caminamos por el cuartel observando como cada escuadrón pasa los distintos circuitos.
—Fue idea de Rustam dejarla en México, dijo algo sobre una Sumasshedshiy y que podrías tener otra, no entendí muy bien. —nos detenemos. —Está recibiendo la ayuda que necesita, no te preocupes.
No lo hago.
—Enciérrenla, no la quiero cerca. —ordeno.
El agente asiente y se retira cuando Iryna lo llama.
—Hay un registro en el que se señala que Alessia Carvajal acaba de aterrizar en territorio mexicano. —me interceda Caleb. —¿Quieres que indague algo?
Lo reflexiono un poco.
Sin duda ella ahora más que nunca necesita de la protección que brindaré, pero la camuflaré como si fuera por parte de OFR. Tener mis propios movimientos dentro de la organización sirve de mucho.
—No. Tiene que descansar, encárgate estar pendiente de los movimientos cercanos, en dos días enviaré al equipo del que ya hemos hablado.
Se despide mientras me quedo observando como un grupo de agentes se prepara para atacar en una misión.
—Superior, me da unos minutos. —giro en dirección de Rebeca.
—Dos minutos y no te veo aprovechándolos. —empiezo a caminar sintiendo sus pasos a mi espalda.
—Hace unos días nos retiramos de Carvajal burdel, pero por protocolo es necesario tener vigilado el lugar por 15 días. Hoy se cumple el plazo, ¿Retiramos a nuestros hombres?
—Sí.
Si Alessia quiere jugar sus cartas la dejaré hacerlo, no quiso que protegiera a su familia, por lo tanto, la seguridad del negocio de su hermana recae en ella.
Si necesita mi ayuda lo pensaré, pero ya no voy a intervenir en algo que no desea.
Cierro la puerta de mi oficina encontrando a Rustam de brazos cruzados.
—¿Recuerdas el caso de trata de blancas? —asiento. —Creímos eliminar a todos, pero el hijo del jefe de ese negocio está vivo y está creando su propio imperio en Chile. ¿Cómo procedemos?
Me siento observando como el agente se mantiene erguido.
—No haremos nada. —arruga las cejas. —El caso pasará a manos del distrito de dicho país, mi objetivo está en EBÓSIL, por lo que ya no me meteré en casos de terceros. Además, mi obligación no es dirigir un escuadro, sino todos los escuadrones, por lo tanto, no dispongo de tanto tiempo.
Pasa su mano sobre su barba, analizando mis palabras.
—Con eso te refieres a que estarás detrás de la doctora. —tenso la mandíbula. —¿Oh por tu novia? Espera, lo había olvidado, esa relación no existe desde el momento que la acusaste de traición y tienes a su hermana secuestrada en la cabaña Bogdánov.
—No está secuestrada.
—¿Es lo único que entendiste? —hago puños.
—¿Cuál es el punto? —me enojo.
—Tenemos problemas, que incluyen a una bella doctora siendo acosada. —me tenso. —Te ahorre el trabajo y ya esta esperando por ti. Cabe aclarar que la doctora no sabe de él.
—¿Porque?
—Porque no tiene nada que ver con EBÓSIL. Se trata de su procedencia.
—Te prohíbo indagar.
—Demasiado tarde, lo hice, pero no hay nada. ¿Sabes lo que eso significa?
—Que nadie meterá las narices donde no debe.
***
—¡Largo! —corro a la ex esclava mientras trato de concentrarme en las palabras de la loca.
—Señor arrogante, ¿Viene?
—Es que eres sorda, no te quiero cerca. Ve con Iván, te llevará junto a tus compañeras. —hace un puchero.
—Me volverá a entregar a los malos, ¿Ya no será mi salvador? Prometo que me portaré bien, pero no me entregue. —sigue con su absurdo balbuceo que no hace más que estresarme.
—Voy en un momento, ya cállate. —sonríe y se da la vuelta.
—¿Quién es la que habla? —maldigo internamente la curiosidad de la doctora.
—Que te importan. —respondo.
Joder, tantas trabas me están hostigando, he encontrado, al infiltrado que se robó la idea del explosivo junto al chaleco y ya ansío torturarlo.
Pero antes necesito que me dé información.
—No quiero a OFR, ¡No lo quiero! ¿Me escuchaste, maldita bestia? —grita la loca antes de cortar.
Tiro en móvil que se quiebra al impactar con la pared.
Camino a la salida en busca de Damián que aún no se ha ido para el hospital.
—¡Señor gruñón, espere! —la ignoro. —¡Oiga, no es bueno ignorar a los invitados en un lugar demasiado peligroso!
Observo a Iryna que sonríe con burla al ver la escena.
—Encierren a la esclava. —ordeno.
—¡No soy una esclava! —se defiende. —Me llamo Susana, pero me dicen Susan...
—¡Ahora! —la corto.
Iván se levanta llevándose a la adolescente a la fuerza por no cooperar.
—Le estás rompiendo el corazón, eres como su amor soñado. —se burla y me sigue en mi busca de Damián.
Lo encuentro a punto de abordar una de las camionetas.
—Alessia Carvajal va para el hospital, necesito un informe detallado de como regresa de Colombia, lo quiero todo ¿Entendiste? —asiente ocultando una sonrisa. —No quiero que pases nada por alto.
—Tranquilo yo me encargo, tu mejor ve a la mansión, recibí una llamada de los que cuidan a Mariana y está preguntando por ti.
—No pedí sugerencias. Retírate.
Alessia está aún más loca si cree que voy a permitir que ande sola cuando hay amenazas en su cuello que peligran su vida y la misión de la cual soy encargado.
—Me ofrezco como voluntario para cuidarla esta noche a la doctora. —arrugo las cejas ante las palabras de Rustam.
—Denegado. —alzo el mentón. —Tienes prohibido acercarte a la doctora.
***
¡Spoiler!
>>No has hecho nada de eso. —Ridículo. —El abuso es un tema delicado y acostarte con hombres no significa que ya lo superaste. Lo estas asociando con el trastorno sexual y haces lo posible para demostrarte que no lo sufres.
Trastornos sexuales: Falta de deseo sexual, frigidez, impotencia, miedo al desprecio de hombres o mujeres. También desprecio a hombres y mujeres.
***
¡Otro Spoiler!
—Yo no te hago falta, eso ya lo sé ni ahora ni mañana siempre a sido así. —llevo el cepillo a mis labios como si fuera un micrófono. —Busco una salida, yo no se que hacer estoy desesperada, voy a enloquecer. Yo no te hago falta ni ahora ni después tu no sientes nada, es triste sabes. —parezco loca. — yo no te hago falta eso ya lo sé...
—¿Quién es esa loca que dice que no me hiciste falta? —me estremezco al sentir su voz en mi oído y sus manos colándose dentro de mi bata para tocar mis pechos.

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