Capítulo 25
Trainwreck - James Arturt. One hour.

Agradezco que el tiempo haya pasado rápido y estoy orgullosa que mi propósito al venir a Colombia se cumplió. Me pude desconectar de mi mierda concentrándome en lo que amo.
En el tiempo aquí perdí mi ética, cometí errores, descubrí un posible virus, descubrí a una agente, me exigieron ser parte de su organización que hasta el momento no sé ni como se llama.
No todo fue malo, descubrí que Charly es un gran compositor, tiene una buena voz y un talento increíble.
Cierro los ojos relajándome.
Me encuentro aislada con mis dos amigos y otros doctores que también se irán a sus respectivos países, después del mes de prueba.
—Y dices que eres de Nicaragua. —Matías sigue conversando con la doctora, es joven, quizá de mi edad, cabello negro, ojos oscuros y tez morena.
—Sí. —contesta la mencionada. —Volveré en seis meses porque aún tengo cosas que hacer antes de volver.
—¿Por qué no lo haces antes, Alexa? —Ruedo los ojos e intento ignorarlos tratando de descansar lo más que puedo para tratar de bajar un poco mis ojeras.
—Tengo que hacerle un favor mi amiga, Bin
La guardia.
Dejo de escuchar y me duermo recuperando las fuerzas que he perdido. Son 48 horas las que estamos en aislamiento y solo me mantuve despierta cuando era necesario mientras no.
Cuando se cumple el tiempo salimos y nos preparamos para irnos.
—No quiero que te vayas. —me dice Kim en el comedor.
Así como lo menciono en nuestra última conversación en mi habitación, tengo que hacer como si las últimas dos que tuvimos nunca ocurrieron. Por seguridad no sé de qué.
—No te aseguro nada. —respondo con sinceridad. Estoy terminando de comer cuando veo que se acercan 4 personas.
—¿Podemos sentarnos? —cuestiona Alexa a Matías. Él asiente, Bin no pregunta ni saluda, nada más se sienta al lado de Javier entablando conversación.
—Un día de estos me escaparé con los nuevos y tomaré unas vacaciones. —se queja Carlota sentándose entre Javier y Matías
—¿Y por qué no lo haces cuando tú quieras? —inquiere la Dra. Alejandra.
Bin gira el rostro en busca de la respuesta de Carlota. Kim hace lo mismo y en la mesa se crea un silencio en el que todos los latinos nos quedamos observando a las tres mujeres de otro continente, que están en medio de una guerra de miradas.
La tensión se siente en el aire mientras esperamos por su respuesta.
Están que se comen con la mirada, Kim es quien mejor lo disimula y es algo que me intriga, quiero dejar de pensar sobre todo lo que me dijo junto a lo que veo y descubro, pero simplemente no puedo.
Observo a Bin, sin duda la guardia no me cae bien y Carlota... es buena en lo que hace. No tengo mucho que decir de ella.
Son pocas las veces que conversé con ella y cuando lo hice fue meramente profesional, quien se ganó su confianza y amistad fue la Dra. Alejandra Campos.
—En la cafetería me dijeron que trajera esto. —Alika se une a nosotros rompiendo el silencio y pone sobre la mesa un azafate con 5 botellas de agua.
—Nosotros no lo pedimos. —comenta Alexa, frunciendo las cejas. —Y tampoco alcanzan. —Hace referencia a todos los que nos encontramos en la mesa.
—No es para todos. —explica la guardia.
—Es solo para ustedes. —secunda Carlota.
Bin se encarga de darnos una a cada uno de los que nos iremos hoy.
—Es... es. —Kim ve las botellas con desconfianza.
—Es solamente agua. —Bin le resta importancia Mientras Carlota le da una mirada acusatoria a Kim.
No pienso.
No veo nada.
No analizo.
No ato cabos.
No observo lo evidente.
Soy la mejor cirujana recibiendo una simple botella de agua.
Fin.
—Es por el viaje. —responde Kim.
Ya me repetí mil veces que quiero dejar de pensar en ello, pero son tan descuidadas que se me hace un poco tedioso. Es como ver a través de su armadura.
—Espero que les haya gustado la experiencia y vuelvan. —manifiesta la guardia de pronto.
Matías y Javier dicen que lo pensaran, ignorando lo sucedido hace unos momentos.
—Yo lo haré en seis meses. —anuncia la Dra. Alexa Calderón.
—Yo igual. —Secunda la Dra. Alejandra Campos.
—Dra. Alessia Carvajal. —me animan hablar.
La mirada de todos se posa en mí.
—Lo reflexionaré. —miento.
Abro la botella y bebo de esta bajo la mirada de las tres mujeres con un pasado que las une.
Ser estúpida no se me da cuando lo deseo.
***
Bajamos del avión comercial que nos deja en el aeropuerto de México.
Siento el cansancio inundar mi cuerpo, durante el viaje del hospital hasta el aeropuerto de Colombia me dormí sintiendo el sueño de la muerte.
En el avión también dormí y sigo sintiéndome cansada. Le atribuyo esto al exceso de trabajo en el que fui sometida.
La impaciencia de Matías es evidente, pero no me da tiempo de preguntar algo cuando lo veo caminar más rápido en dirección a una mujer que al verla me sorprendo por su apariencia.
—Interesante. —Javi está igual de impactado ante la escena que vemos.
Sara recibe a Matías con los brazos abiertos, tiene el cabello rubio y luce muy hermosa. Sin duda los rasgos alemanes se perciben mejor con su nuevo look.
Matías le susurra algo en el oído mientras ella asiente y muerde su labio, así pasan por unos minutos hasta que al fin se separan y cuando Matías nos da la cara puedo apreciar algo diferente en su mirada.
No me gusta.
El tema de Sara Müller y su aborto ya es tema que mi cerebro bloqueó para así evitar pensar en ello y no me sienta miserable al saber que fui parte de no permitir que mi amigo opinará sobre lo mismo.
Ya paso, no importa.
Me convenzo en el transcurso del trayecto. Me dejan en la puerta del edificio y maldigo a Zule por no abrir la puerta, esa mujer parece que ya no viene y no tengo por qué tolerar su falta de profesionalidad.
Con fastidio busco mis llaves y abro de inmediato.
Hablaré muy seriamente con ella.
Me quedo paralizada con lo que mis ojos ven en mi sala.
—Alessia. —jadea. —Acércate esto es increíble. —hago puños.
Hay tres hombres en ropa interior moviendo su pelvis de forma sensual en dirección a Zule.
—¿¡Qué es esto!? —me altero y las cosas empeoran al ver salir a dos hombres de mi cocina completamente desnudos, con sus miembros semi erectos al aire.
La escena me molesta.
No me gusta que mi apartamento sea un lugar para practicar orgías, mi apartamento es sagrado y si no digo nada le estaré dando el derecho a Zule para hacer este tipo de cosas.
—Te estábamos esperando. —me estremezco al sentir una voz que pretende ser sensual en mi oído.
Me giro encontrándome con unos ojos miel que me ven con lujuria pura, baja mi bolso y en cuestión de segundos tengo a dos hombres más que me llevan a uno de los sillones.
—¡No! —protesto. —¡Quita tus sucias manos de mí! ¡Oye!
Me inmovilizan y uno de los hombres tratando de ser sensual rompe mi blusa haciendo que los botones salgan volando.
No, no...
—Te va a gustar, relájate. —dice el otro.
Me retuerzo queriendo zafarme de su agarre, esto no me está gustando.
Estoy cansada y lo único que quiero es descansar. El tipo que rompió mi blusa toca mis pechos mientras el otro se sienta en el sillón sentándome en su regazo.
Un tercer hombre mueve su pelvis y...
—¡Vasta! —grito. —Quiero que en este momento me suelten y salgan ya mismo de mi apartamento. —exijo, pero nadie me escucha y cada quien sigue en lo suyo.
A lo lejos escucho los gemidos de Zule.
>> ¡He dicho que no quiero! ¡Suéltenme, idiotas depravados! —me ignoran. —Joder, es que no entienden, ¡No quiero! —sigo poniendo resistencia mientras evito las arcadas que me provocan.
Joder, no otra vez.
Me desespero cuando nadie me escucha, los maldigo una... dos... tres... cuatro veces y aun así no dejan de tocarme.
—Toda una fiera. —se ríen mientras doy manotazos queriendo apartar sus manos de mi cuerpo.
—¡No! —chillo empezando a sentir el sudor en mi frente.
Busco a Zule para que pare esta payasada y lo que veo ni siquiera me excita. Dos hombres la penetran, uno por el culo y otro por la vagina, su mirada se cruza con la mía y sonríe.
Desgraciada.
Sentir la mano de los tres hombres no me gusta y me siento desesperada al no poder pararlos.
Vamos Alessia, no te rindas.
—¡Joder! es que no entienden, me resisto por que no quiero. —siento el nudo atorarse en mi garganta.
¡Maldición, no!
Un hombre se me viene encima para besar mi cuello, la desesperación y la rabia me nubla y lo próximo que siento son mis dientes sobre su hombro, en un acto desesperado de apartarlo de mí.
Gime provocándome arcadas que controlo mientras me remuevo incomoda sobre el cuerpo del hombre que me tiene apresada. La música junto a sus cuerpos sudorosos me incomoda y no sé que más hacer.
No quiero, no quiero, ¡Joder, quiero descansar!
—Tranquila gatita... —susurró, el término hace mis ojos se llenen de lágrimas de impotencia.
Los recuerdos de hace 6 años vienen a mí, pero en ese momento le obligo a mi cerebro volver a bloquearlos.
Ya lo superé.
Y por lo mismo dejo de resistirme, los toqueteos suben de nivel y en cuestión de minutos estoy semi desnuda junto a los demás. Trato de concentrarme en lo que hacen, pero el resultado no me gusta.
No me siento a gusto ni me gusta la sensación de ser tocada por quien solo me ve como un pedazo de carne.
No te doblegues Alessia, dijiste no, y no es no.
Los recuerdos del pasado me están jugando una mala pasada, pero soy mejor que ellos, soy fuerte y tengo que hacer valer mi palabra.
—¡No me toques! —quito la mano del que me toca un pecho.
Su desconcierto es evidente y abre grande los ojos al percatarse que mis palabras fueron en serio cuando dije que no quería.
Muerdo mi labio evitando gritar y mandarlos al diablo por no escucharme desde la primera vez.
—Lo siento yo...
—¡Apártate! —lo corto con enojo.
Se me quita de encima mientras me levanto del regazo de su compañero.
—Fuimos contratados por Zuleyma, nunca nos imaginamos que...
Vasta una mirada cargada de odio para callarlo.
—Quiero que en este momento cada uno de ustedes abandone mi apartamento. —trato de sonar calmada aunque mi sistema este a mil, los sujetos asienten y buscan sus cosas.
La música se detiene y todos me ven cuando trato de ponerme la blusa rota.
No te rompas.
Cierro los ojos, pero es en vano. Me veo a mí sangrando de mis partes íntimas, ultrajada y humillada, observo las lágrimas que bajan de mi rostro cuando el dolor en todo mi cuerpo es insoportable. Me veo mordiendo la almohada mientras no dejan de usar mi cuerpo para satisfacerse.
La imagen es tan clara que siento terror de volver a estar en esa situación, esa noche de igual manera mi ropa también fue rota bajo la fuerza.
Hay muchas resistencia, pero eso solo los impulsaba a seguir dañándome, abro los ojos y parpadeo dos veces para ahuyentar las lágrimas.
No lágrimas Alessia, eres más fuerte que esto.
Me voy a mi habitación y tomo una bata que cubre mi cuerpo, salgo de nuevo para encargarme de que todos se larguen.
No tengo idea de como mi mente esta tratando lo que acaba de pasar, pero me siento herida, impotente y muy deseosa de destrucción.
—¿Siguen aquí? Yo me los imaginaba lejos de mi apartamento. —solté al llegar a la sala y aun verlos.
—Alessia no seas...
—Zule, esto va para ti también. —me ve atónica. —Estás despedida.
Su mandíbula se descuelga y dice un montón de balbuceos sin nada de coherencia.
—Pero... yo te vi. Te gusto Aless. —niego. —Era una sorpresa, sabía que hoy venías y...
Levanto la palma de mi mano callándola.
—¿Qué hubiera pasado si no los hubiera detenido? —muerdo mi labio. —Mientras tu disfrutas yo me sentía en un calvario. Pueda que fueran solo unos minutos, pero fue necesario para despertar demonios que estaban dormidos.
Quiero vengarme de los que no escucharon hace seis años.
—No fue para tanto yo... —mi risa sarcástica la calla.
Es increíble que viendo la situación aun trate de minimizarlo.
Estoy usando todo mi autocontrol para no hacer lo que dice las voces de mi cabeza, ellas me piden que los elimine. Saboreo mis labios al imaginar cual puede ser una buena forma de hacerlo.
—Zule, te aprecio y por lo mismo he ignorado todas tus fallas. Te pago bien, me encargo de que la alacena siempre este llena cuando son contadas las veces que estoy en casa. Vienes a la hora que quieres, tienes vacaciones, aguinaldos y todas las prestaciones que se deben.
Me detengo para tomar aire y evitar las arcadas que me invaden. Tengo el estomago revuelto de toda la mierda que me rodea.
>>Pero esto sobrepasa cualquier tipo de consideración. Has roto mi confianza al traer a desconocidos a un lugar que considero sagrado, porque mi hogar es algo íntimo y lo menos que quiero al llegar después de un mes de arduo trabajo es paz. Quiero paz y privacidad, no a más de 10 hombres que sabe quien de donde los sacaste.
Lo siento por Zule, cualquier cosa podría tolerarle, pero esto no. Me siento traicionada, aunque ella no lo entienda, es así y no voy a sacrificar mi paz por nadie.
—Pero. —sus ojos se llenan de lágrimas. —¿Qué voy a hacer? No termine mis estudios y no tengo a quien acudir.
La detallo por unos segundos más.
—Aunque no te lo mereces puedo recomendarte en un burdel. —su rostro palidece. —Como mesera. —aclaro.
Se endereza y me me da una sonrisa triste.
—Bueno, estar con otra Carvajal no estaría mal. —responde al entender mi punto. —Solo pido una semana para buscar donde quedarme. —asiento.
Nos quedamos en silencio frente a la puerta hasta que un carraspeo me hace voltear. Veo a todos los hombres ya vestidos a nada de irse.
—Así que tú eres la otra Carvajal. —dice uno que estuvo a punto de penetrarme. —No esperaba conocerte de esta forma. Y no malinterpretes mis palabras, no te juzgo. Simplemente, hemos escuchado mucho de ti y teníamos curiosidad en conocerte. —alzo las cejas.
—Ellos trabajan en Carvajal Burdel. —aclara Zule.
Solamente así entiendo las palabras del tipo junto a la mirada de admiración de los otros.
Malditos depravados.
—Creo que no hace falta mencionar que nada de lo que paso en este lugar puede salir del mismo. —sonríen y es el mismo que vuelve hablar.
—No se preocupe señorita. —se acomoda su bolsón. —Cada uno de nosotros somos profesionales en lo que hacemos, no por nada trabajamos en el mejor Burdel de la ciudad de México. Sin lugar a duda, su hermana tiene uno de los lugares mejores cotizados.
Asiento y dejo que se marchen. Zule hace lo mismo y no me desgasto en pedirle las llaves, ya que en algún momento tiene que sacar sus cosas.
No es no, y estuve a punto de ceder por tener un recuerdo de hace seis años, mi mente trabajo rápido y asocié mi negación con mis trastornos sexuales.
—¡Mierda! —grito al quedarme sola.
Tiro todo lo que se encuentra en el desayunador, es estruendo de las cosas quebrándose me da paz, porque imagino otras cosas, siendo yo la protagonista de desastres.
Mis manos tiemblan y la impotencia de lo que pudo pasar me agobia, pero no me quiebro, porque se necesita más para doblegarme.
Camino de un lado a otro repitiendo palabras de aliento.
Soy Fuerte.
Soy capaz.
Soy Poderosa.
Soy invencible.
Soy inalcanzable.
Soy una puta reina.
Jalo mi cabello cuando la ira me hace gritar. ¡Dios!, no puedo permitir que alguien más me toque de esa forma.
Sé que ya superé lo de que paso es noche, pero eso no significa que no me afecte, puede que lo vean como una tontería, sin embargo, que ya no duela como antes, no significa que no deteste y aborrezca lo que me hicieron.
Puedo llevar mi vida normal, pero no puedo evitar odiarme al recordar las cosas que llegué a pensar de mí, fui demasiado dura conmigo y quizá sea algo que nunca pueda perdonarme, porque perdí mucho tiempo odiándome cuando tendría que haberme puesto en un altar.
Odie mi cuerpo, pase horas bajo la ducha intentando quitar sus recuerdos. Lloré hasta quedarme dormida sintiéndome una mierda, pero poco a poco fui cambiando hasta encontrarme.
Es por eso que ahora amo, alabo y venero mi cuerpo como lo más preciado, porque debo amarme por lo que soy, y que lo que fui no sea un impedimento para querer ser mejor.
Dejo de lado mis pensamientos al sentir demasiado cansancio.
Para no mortificarme imaginaré que me acosté con ellos porque se me antojo, creo que sería una buena jugada para hacerle al ruso.
Antes de dormir me tomo una ducha larga y relajante.
Tengo que ir al hospital, ya que recibí un correo. Al parecer en lo que no estuve se hizo una junta en la que hablaron sobre el ascenso.
Mi imperio no se creará solo.
***
Dos días después.
Con pasos seguros entro al hospital, hoy vengo a presentar el proyecto en el que participaré, en realidad el documento que tengo en mis manos es falso, Kim me dio una USB con mucha información que no entiendo, solo saque el archivo que estaba con mi nombre.
Me negué rotundamente a ser parte de su organización y aunque no diré nada, no me creyeron y por miedo a que hablara me dieron una supuesta compensación.
Fueron ellos los que se encargaron de que lo tuviera en mis manos para poder volver.
Todo sea por ganar en el ascenso.
Flashback.
—Me van a descubrir. —Alzo las manos en un gesto evidente.
—Es un proyecto verdadero en el que apoya nuestra organización. —me la entrega. —Hablé con el Gobernador, no con el Superior Supremo y estuvo de acuerdo en apoyarte con esto.
—¿Qué tengo que hacer a cambio? —Sé que en esta vida nada es gratis. —Porque eso no es un incentivo para estar dentro.
—Tienes que entregar la USB a esta dirección. —me entrega un papel
—Espero que todo sea legal dentro de lo que cabe Kim. —Sentencio. —Porque si esto me hunde no dudaría en llevarte conmigo. —alzo el mentón. —Tengo mucha información y no voy a dudar en usarlas en tu contra.
—No tienes que amenazarme Alessia. —dice demasiado calmada. —Jamás haría algo que pudiera perjudicarte, pero si algo de lo que está en la USB, sale a la luz, considérate muerta. —asiento no tan satisfecha por lo que haré.
Fin del Flashback.
Entro a la sala de juntas en los que se encuentran casi todos, los saludo y comenzamos no sin antes mencionar que Damián está sustituyendo a Oleg como lo lleva haciendo en las últimas dos juntas.
—Los hemos citado a los tres porque queremos hacer mención de algo que se llegó a un acuerdo. —empieza Tobar. —Las políticas del ascenso cambiaron.
Lo que me faltaba.
—¿Cómo que cambiaron? —cuestiona la Dra. Salazar. —Estamos casi a llegar a mitad del proceso y es imposible que a estas alturas cambien las políticas.
—Les pido que guarden la calma y no se alteren. —ve en mi dirección. —Son personas adultas y sé que tomaran la noticia con seriedad. —No me gusta el rumbo de esto.
Rubén está demasiado calmado para mi gusto y eso no es bueno. El que Vilma lo esté viendo con odio es un factor que no se puede pasar por alto, ¿Qué mierda está pasando?
—¿Cuáles son las nuevas políticas? —cuestiono controlando las ganas de vomitar. —Porque se suponía que esta reunión era para hablar sobre nuestros proyectos. No para que nos impongan más requisitos.
Estoy molesta y no quiero que pongan más trabas.
Me estoy arriesgando demasiado como para que salgan con más cosas. Todo es mi crecimiento y no voy a permitir que se atrevan a arruinar mis planes.
Sé que soy capaz del puesto, mi único error es mentir con respecto al proyecto, sé que podría mencionar la clínica que dejo mi padre, ese es un gran proyecto.
Nadie me ayuda y con lo que gano lo mantengo, pero no quiero involucrar eso en mi ascenso.
—Doctor, no estoy de acuerdo en que a estas alturas, quieran implementar más políticas, eso lo debieron pensar antes. Ahora se tienen que encargar de la presentación del proyecto y...
—Lo siento, pero no habrá presentación de proyecto. —la interrumpe Tobar.
Rubén curva los labios en mi dirección.
Todo pasa en cámara lenta, los labios de las personas se mueven protestando la decisión, otros muestran argumentos que avalan la misma, pero yo me mantengo inexpresiva.
Soy incapaz de seguir escuchándolos, me concentro en observar al inservible de Rubén y todo lo que conlleva el que no haya un ascenso.
Respira Alessia, cálmate.
Miles de pensamientos pasan por mi mente, pero me niego a darles protagonismo en estos momentos.
—Explíquese doctor. —Vilma lo anima a continuar.
La sangre empieza a hervir en mi interior al saber que es una decisión irretractable.
—La competencia para el ascenso se cancela. —Me paro de inmediato intentando procesar la información que sale de sus labios.
Me duele la cabeza y no puedo pensar con claridad, solo sé que esto no está bien, no me beneficia ni me satisface.
—¡Eso es imposible! —evito alzar la voz, sin embargo, no me limito a ocultar el enojo en mis palabras. —Ya es hora que usted se retire para que les dé la oportunidad a jóvenes.
—¿Me está diciendo viejo doctora? —Por primera vez veo algo diferente de admiración en mi jefe.
—No fue eso doctor. —veo mal a Salazar que se metió en la conversación.
Me siento de golpe cuando un mareo me impide seguir de pie, el dolor de mi cabeza aumenta haciéndose un poco difícil de aguantar. Le obligo a mis ojos abrirse encontrando la mirada de todos puestos en mí.
—Si voy a retirarme doctora. —Una pizca de esperanza se adueña de mi ser enviando palpitaciones rápidas a mi corazón. —Será antes de lo acordado.
Me está confundiendo.
—¿Y entonces porque queda cancelada la competencia? —La palpitación en mis sienes empieza afectarme haciendo que sude. Estoy fuera de mí.
Espera un poco más Alessia, tú puedes.
—Es complicado... —No logra terminar cuando Damián, que hasta el momento estaba callado, habla.
Un zumbido empieza a sentirse en mis oídos, pero aún puedo escuchar las palabras que me destrozan.
—El puesto de director de Cirugía es para el Dr. Rubén Urbina. —Ahora todo tiene sentido.
Me río intentando calmar el enojo que se alberga dentro de mí, todos los presentes se me quedan viendo. Salazar tiene la mirada perdida, con claros motivos, ya que fue traicionada peor que yo.
—¿Se puede saber por qué la junta decidió eso? —interrogo.
A estas alturas ya nada puede dolerme más que saber que perdí antes de empezar.
—No es obvio. —dice Rubén con sarcasmo. —El consejo creyó innecesaria una competencia cuando los resultados eran más que obvios al darse cuenta de mi trabajo y potencial. —curvo los labios fingiendo estar bien cuando estoy a nada de mandar todo a volar.
—¿Eso es verdad, doctor? —me dirijo a Tobar. —¿Él era el más capacitado para el cargo? —traga grueso evitando mi mirada.
Muerdo mi labio cuando siento que no puedo respirar, siento que me asfixio y hago un esfuerzo sobre humano para soportar el dolor en mi toraz.
—Fue una decisión colectiva y...
—Y la última palabra fue la suya, así que usted opina que el más capacitado era Rubén. —el sudor bajar por mi espalda. —¿No es así doctor?
Empiezo a sentir mi cuerpo pesado, consciente que lo único que me mantiene de pie es la adrenalina provocada por la ira que me está consumiendo.
—Fue así Dra. Carvajal. —dice.
Quiero protestar, pero Salazar gana la palabra.
—Esto es tan poco profesional que me sorprende viniendo de usted doctor. —Se levanta y sale del lugar sin despedirse.
Cierro los ojos intentando controlar la pesadez de mi cuerpo.
—Permiso. —digo.
Salgo sintiendo como mis sueños se desvanecen no poco a poco, sino de golpe. Estaba arriba a un escalón de llegar al final cuando me tiraron sin remordimiento.
No son mejor que yo.
No me han vencido.
No me han ganado.
No me han derrotado.
Y sobre todo, no permitiré esta injusticia.
Hago puños cuando un repentino temblor embarga mis extremidades, las nauseas continúan al sentir las paredes encogerse a mi alrededor.
—Alessia. —me alcanza Damián. —Estás pálida, tienes que calmarte. —No lo escucho y sigo caminando sin rumbo alguno. —Déjame ayudarte. —suplica.
La agitación ya es notoria y me siento fuera de mi al no poder controlar mi ritmo cardiaco.
—Aléjate. —Mi vista se empieza a nublar, pero me niego a aceptar su ayuda. —Ve con tu nuevo director a lamer sus bolas. —recrimino.
Sigo caminando observando como las cosas a mi alrededor se mueven, cierro mis ojos tratando de aclarar mi vista, pero al abrirlos la imagen es borrosa.
Siento mi frente sudorosa mientras mi caminar se vuelve lenta y pesada.
¡Joder!
Agarro mi frente sintiendo el fuerte dolor que se apodera de cada uno de mis músculos.
—¡Detente! —Así lo hago, pero no por su orden, sino por el mareo que me invade.
Ya no puedo controlar mi cuerpo.
Sus manos se adueñan de mi cintura en su intento de no dejarme caer, observo la vaga imagen de un par de miradas que se posan en nosotros.
Odio que me vean en un estado que hasta yo desconozco.
No pueden ver así a Alessia Carvajal, mi estado no puede verse como sinónimo de derrota.
—No quiero que me vean. —exijo.
Mi voz está ronca como si tuviera un impedimento en la garganta que me quitara el habla.
No me siento consciente de lo que hago, todo se vuelve borroso a la vez que su voz pierde fuerza en un intento que me pide que me mantenga despierta, no sé por qué lo pide, pero no puedo averiguarlo porque la oscuridad se apodera de mi ser.
Pierdo cuatro de mis sentidos de un momento a otro, lo sé porque siento cuando sus brazos me toman de mis piernas y mi espalda cargando mi cuerpo a un lugar que desconozco.
A los pocos minutos me deja en una camilla para tomar mi pulso.
Un dolor agudo se posa en mi pecho, en esos instantes siento como lo fuerzan con las contracciones de sus manos en mi pecho, como si estuviera entrando en un paro cardiaco.
Siento otras manos heladas en mi rostro que me da palmaditas mientras las otras manos siguen en mi pecho.
Unas terceras manos toman mi brazo para meter una jeringa, luego siento el escozor en mi piel, es doloroso sentir como el líquido corre por mis venas, sin embargo, ya no puedo sentir nada porque después de ser inyectada pierdo el último sentido que aún mantenía.
***
Los pitidos de una máquina es lo primero que captan mis oídos, el sonido poco a poco se vuelve claro reconociéndolo de inmediato como el Monitor Cardiaco, quiero abrir los ojos, pero se me hace imposible.
—Tuvo una sobredosis de somníferos. —Escucho la clara voz de Damián.
—Alessia jamás los ha usado. —interviene Matías.
—Según los estudios realizados están en su organismo desde hace unas 72 horas. —explica Damián.
—Alessia no puede tomar somníferos y lo sabe perfectamente. —menciona Javier. —Y sé que sería incapaz de tomarlos, nunca ha sufrido insomnio por lo que me niego a creer que sea eso.
Me alegro de que sepan, que no soy estúpida como para tomar algo que aumenta mi presión cardiovascular, aparte que puede causarme un paro cardiaco. Sin embargo, cuando llegue a Colombia pase muchos días con insomnio y después aguante muchas horas de sueño.
Eso pasa factura, Alessia.
—¿Han visto actitudes de cansancio o cambio de humor? —Después de la pregunta de Damián pasan unos segundos de silencio hasta que lo rompe Matías.
—No. —asegura.
Si los he tenido, los cambios de humor desde que conocí a Oleg y el cansancio cuando llegue a Colombia, pero aumentaron cuando regrese a México, ¿Qué me está pasando?
—Se mantendrá en observación por las próximas 24 horas para evitar que vuelva a pasar lo de hace una hora. —Quiero protestar, pero no puedo mover ni un dedo. —No se va a sedar porque necesito indagar qué es el otro químico encontrado en su organismo.
¿¡Qué!? ¿Cómo que otro químico? Aún sin estar consciente en mi totalidad puedo sentir nuevamente en cansancio, pero no es uno físico externo.
Estoy cansada internamente.
—Nadie más que nosotros lo sabe, por lo que me gustaría que se quedara en el anonimato por el momento. —Sabias palabras Javi.
Sabe que odiaría que alguien viera mi debilidad a tal punto de estar conectada a una máquina que vele porque mi corazón siga funcionando.
Odio que ellos me estén viendo en estos momentos, pero las fuerzas no llegan a mi voz para exigirles que se retiren del lugar en el que estoy.
—Estoy de acuerdo. —secunda Damián.
Hago un esfuerzo sobrehumano para intentar abrir mis ojos, lo intento una y otra vez mientras ellos siguen conversando. Recupero el tacto porque siento como una mano pasa sobre mi frente.
—Está volviendo a sudar helado. —Se alarma Matías.
—Esto no es bueno, tenemos que llevarla aún cuarto con más equipo para poder controlarla. —No quiero que me saquen de donde sea que estoy.
El monitor empieza a pitar avisando el cambio de mi ritmo cardiaco.
Se alarman y quisiera golpearlos por ser tan estúpido al no revisar mis signos vitales para que se den cuenta de que he despertado y estoy presentando una emoción fuerte por lo que se alteró mi ritmo cardiaco.
—¡Se nos va! —grita Matías.
Siento el contacto de una mano en mi muñeca y no sé cómo lo hago, pero antes de que la retire meto mis uñas en ella.
—¡No! —Habla Damián cuando se da cuenta de lo que pasa.
Demasiado tarde porque siento como rompen mi blusa. La ira por su negligencia me hace abrir los ojos de golpe viendo a un Matías con las manos sobre mis senos. La luz es segadora por lo que me hace cerrar los ojos.
—Aless. —susurra preocupado.
Quiero gritarle, pero en su lugar vuelvo abrir los ojos sintiendo como derraman unas lágrimas por la resequedad en ellos.
Hago la acción repetidas veces hasta que las lágrimas de una forma poco higiénica se convierten en la lubricación que necesitan.
—¡Son unos ineptos! —Mi garganta arde al hablar. —Los demandaré por negligencia a los tres. —señalo.
Mi pecho sube y baja por el sobreesfuerzo que hago, la vista de Damián se posa en mis tetas haciendo que me enoje aún más. Por segunda vez tiene pase directo para verlas.
—¿Quiere tocar mis tetas, doctor? —Se alarma dirigiendo su vista a mi rostro, que es donde tendría que estar. —Si es así hágalo y no se quede como idiota viendo cómo se mueven por la falta de aire que llega a mis pulmones.
Mi voz cada vez es más débil provocando que mis párpados quieran cerrarse de nuevo.
Joder, ya no quiero sentir este maldito cansancio que limita mis acciones.
Los escucho y observo moverse rápido poniendo el oxígeno sobre mi nariz y boca mientras Javier se quita su bata poniéndola sobre mí casi desnudes.
—Alessia que bueno que despertaste. —Matías habla entre feliz y preocupado, consiente que me pudieron matar con la estupidez que estuvieron a punto de cometer.
Cierro los ojos tratando que mi respiración se normalice.
No vale la pena desgastarme en más reprimendas, tienen suficiente castigo con ellos mismos ante su descuido que pudo llevarse a su amiga.
O sea, ¿Cómo diablos iba a superarme si me iban a matar?
Recordar lo que paso y se dijo en la junta, me informa que fue eso lo que me llevo a un colapso.
Demasiado en tan poco tiempo.
—Tienes que descansar. —piden.
Solo bastan esas tres palabras para que me siente de golpe sobre la camilla sintiendo el mareo por el movimiento brusco.
La espalda me duele horrores y por un momento me preocupo por tanta debilidad.
No es normal en mí.
—Agua. —pido en un intento de quitar el malestar y resequedad de mi garganta, me la pasan y bebo de ella provocando que suelte un suspiro.
Me mantengo sentada unos minutos hasta que me siento capaz de hacer el intento de levantarme.
—No te apresures. —Se mete Javier cuando saco mis pies de la camilla. —Tienes que descansar.
—Y dale con lo mismo de descansar. —me enojo. —¡Voy a descansar cuando me muera, pero por el momento no! —me paro y es Damián quien me ayuda a estarlo. —No voy a descansar, no cuando acabo de perder el ascenso.
Son unos ridículos al creer que no soy suficiente para el puesto.
Estoy segura de que Rubén en estos momentos piensa que mi orgullo, ego y dignidad está por los suelos. Más equivocado no puede estar, porque con esta jugada sucia lo único que demuestra es su inseguridad.
Sabe que soy su mejor rival y tuvo miedo de ser vencido por Alessia Carvajal.
No entiendo cómo estos ineptos quieren que descanse cuando lo que necesito es analizar como devolver la jugada.
Eso será después de mi cirugía, también necesito hablar con William que es el líder de los escuadrones que están como anillos de mi familia.
De igual forma necesito saber que ha pasado con H.B.
¡Joder! Mi cabeza trabaja demasiado rápido, no puedo detener mis pensamientos que solo provocan que me duela aún más la cabeza.
—Alessia. —los ignoro tratando de ubicarme, pero estoy tan perdida que solamente sé que es un cuarto blanco con pocos implementos por lo que no es uno en funcionamiento.
—Te llevaré a casa, no me pidas que te deje sola porque Oleg no me lo perdonaría.
Oleg y una mierda, ese mamón hijo de puta me debe una. Quiero ahorcarlo por no razonar y provocar lo mismo en mí.
—Ya hizo mucho, además me gustaría que este pequeño incidente no se comentará y espero que las cámaras estén desactivadas. —su mirada me molesta.
—Ya lo sabe. —respiro.
Calma Alessia, que ese pendejo no te quite la paz.
—No tiene que saber el resultado de los exámenes. —exijo ya resignada a que da igual que sepa de mi colapso, Damián asiente.
Sabe a lo que me refiero y espero que respete mi decisión.
—Él no es estúpido, Alessia. —ruedo los ojos.
—Lo sé, únicamente te estoy ordenando que no se lo digas. Cuando se entere será porque yo lo deseo, no porque es un doctor que no sabe lo que es la privacidad lo divulgue. —se endereza entendiendo mi punto.
No me gusta que me haya hecho exámenes sin mi consentimiento, en ellos saldrá algo que no deseo que se sepa, por lo mismo, espero que guarde silencio.
Es mi salud, por lo tanto, tengo todo el derecho a mantenerlo en el anonimato.
Por estúpido que suene confió que Oleg no investigará, aun así se lo exigí, porque no deseo que me conozca de ese modo.
Sé que dijo que las cosas se harán como él dice, pero aun así no es un hijo de perra violador de privacidad.
Eso, anhelo creer.
Salgo del hospital por una de las entradas no tan transitadas y en el transcurso pido un Uber desde el móvil de Javier. El móvil estaba en la bata, bata que cubre mi semi desnudes provocada por los ineptos que tengo como amigos.
No me perdonaría salir en mis fachas y estado por la principal en la cual amo entrar sintiéndome superior al saber que ejerzo una de las profesiones que me ayuda a llegar al lado humano que poco se dé el.
Al llegar a la salida solo espero unos diez minutos en los que trato de no forzarme, lo que ha sucedido es una clara advertencia que esta vez no dejaré pasar por alto.
—Roma. —digo al conductor.
Sigo dando la ubicación exacta de donde se encuentra mi apartamento, es un barrio muy popular entre la gente joven debido a la vida nocturna que ofrece, así como por su variedad de espacios recreativos.
No veo al conductor y me recuesto en la ventana viendo pasar calles, edificios y algunos parques. Me obligo alarmarme cuando me cae un mensaje diciendo que el Uber ya está en el lugar acordado.
—¿Quién es usted? —El pánico se apodera de mí.
No he recibido más amenazas desde que me golpearon y la situación me está poniendo en alarma, veo a mi alrededor sin tener nada con que defenderme, por inercia, intento quitar el seguro dándome cuenta de que es imposible.
Me maldigo por no permitir que desde hoy un agente de la OFR me cuidara. Cuando lo vi en la puerta de mi edificio lo mande a la mierda sabiendo que lo mandaba Oleg.
—Ni siquiera lo intentes. —sé quién es.
Su voz manda señales de alarma a mi sistema.
No él, no quiero estar con él.
***
Me toco respirar dos veces para finalizar este capítulo.
Recuerden que el +18 de una historia no solo significa relaciones sexuales explicitas. La etiqueta abarca muchos temas y en Ambición se tocaran unos un tanto delicados.
¿Dudas?
¿Si se notan los daños colaterales? Comenten.
***
¡Spoiler!
—Rustam... —me quejo.
—Shh —lleva el índice de su otra mano a mis labios. —No sabes cuanto he ansiado el tenerte así, ya me cansé de ver lo que provocas, ya no deseo ser solo un espectador.
¡Otro Spoiler!
...No me voy a disculpar porque mis palabras te ofendan, porque no quiero ser una hipócrita. Sé que cuando papá murió tu estabas mal, sé que en ese momento entraste en depresión y necesitabas de personas que te querían, yo a mi manera lo hago. Pero verte a ti era recordar todo lo que odio.
Suspira y bebe del coctel que pidió hace unos minutos. Sonrío sin ocultar el dolor que me provocan sus palabras.

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