Capítulo 29

Alive - Sia. One hour.

La mañana es silenciosa, el aire cálido entra por una puerta corrediza, el cuarto es similar, pero no es el que me entrego Damián al llegar. 

Me siento de golpe y quito la sabana que me cubren. Veo mi pierna observando la venda que cubre la mordedura del animal.

Respiro hondo, recordando todo lo que paso durante la madrugada y aunque tendría que estar furiosa y avergonzada por la situación tan vulnerable en la que me vieron, no lo estoy.

Estoy orgullosa, orgullosa de mí. Sonrío. No cualquiera vive mi mierda y tiene las ganas de seguir luchando.

Escucho un ruido y a los segundos visualizo salir a Oleg de lo que supongo es el baño. Trae una toalla en su cintura y otra en las manos secando su cabello.

No dice nada, solo se queda parado con su rostro indiferente estudiando el mío. 

Me levanto y tomo mis cosas que voy a necesitar para tomar una ducha, entro al mismo lugar de donde él acaba de salir, sin inmutar palabra al pasar junto a su anatomía. 

Al cerrar la puerta empiezo a cojear porque en serio, las pulsaciones duelen como un demonio.

Únicamente a mí me pasan estas cosas.

Me observo en el espejo percatándome de las marcas rojas en mi cuello, que yo misma provoque. Las analizo y sé que no duraran mucho, tres días lo mucho.

Un mareo me invade por lo que me veo obligada a sujetarme del lavamanos, en el proceso boto un frasco que se quiebra al tocar el suelo. Maldigo y cierro los ojos tratando de recuperar la compostura.

—Trata de no suicidarte. —suspiro.

—No te desharás tan fácil de mí. —respondo. —¡Maldita escoria!

El mareo pasa por lo que me enderezo restándole importancia a lo que eso significa.

El tiempo corre en mi contra.

Quito mi ropa y el vendaje, obligo a mi respiración calmarse cuando veo la hinchazón y el color rojo en la zona. Un escalofrío recorre mi columna vertebral al recordar la textura áspera de su piel contra la mía. 

Me meto a la ducha antes de entrar en pánico.

El agua empieza a correr por mi cuerpo y tengo todo el cuidado posible para no lastimarme. Hago lo que tengo que hacer en tiempo récord. Hoy iríamos a la playa y una estúpida víbora ponzoñosa roja no me lo va a impedir.

Salgo en una bata sintiendo el dolor casi insoportable en todo mi cuerpo, encuentro a Oleg detallando el cuadro que quito hace unas horas.

Se gira para verme y nuevamente me detalla con paciencia e inquisición.

—Incluso con los ojos hinchados te ves caliente. 

—Hasta moribunda me vería caliente. —suspiro al sentir el ardor en mi garganta. —No esperes menos de una Diosa inalcanzable.

Busco entre mis cosas el traje de baño blanco que usaré.

—Sumasshedshiy, odiosa. —susurra.

Me lo pongo bajo su atenta mirada, el traje es de una pieza, pero se ve que es de tres. Tiene un escote sexy en mi espalda y en mis pechos uno recatado para que la atención vaya a mi costado derecho donde muestra dos aberturas que marcan mi cintura baja y costillas. 

—Mis manos marcadas en tu culo, te hacen lucir a un más caliente. —muerdo mi labio al confirmar sus palabras.

Me coloco un shorts y de reojo lo veo rodar los ojos. 

—Tu deberías ponerte una camisa. —arruga las cejas. —Tienes arañazos en la espalda de nuestro último encuentro, además. —aclaro mi garganta. —, también tienes los brazos lastimados por lo que hice en la madrugada.

—Da igual.

No se mueve y me obligo a continuar al saber que ya se enojo. Doy unas cuantas vueltas más ocultando las marcas de mi cuello.

Lo veo fruncir las cejas cuando lo hago, pero no dice nada.

A veces desearía meterme en su cabeza para saber sus pensamientos.

—Dame eso. —ordeno cuando lo veo preparando las cosas para mi pierna.

—Lo haré yo. —demanda, no tengo ánimos de entrar en contienda así que me acerco a la cama para dejar que haga el trabajo. 

Evito mandarlo a la mierda cuando lo hace de forma bruta.

—¿Qué es eso? —inquiero al ver un frasco con líquido azul.

—No preguntes lo evidente. —muerdo mi labio. 

—No lo sé. —admito.

Me inyecta el líquido azul que quema al entrar en mi sistema.

Mierda, duele horrores.

Se siente como si fuera quemando cada parte de mi.

—Ayudara para el dolor. —asiento con inseguridad.

Lo menos que esta haciendo es quitármelo, pero evito quejarme.

Ya no necesito la venda y antes de hacérselo saber me coloca una esparadrapo. 

No le doy las gracias, porque él se ofreció a hacerlo, guarda las cosas y sale dejándome sola.

Voy a mis cosas y me coloco mis lentes oscuros, sombrero y en mis manos llevo el bloqueador, mi móvil y el sobre de Damián. Salgo evitando pasar por el pasillo en donde se fue Oleg.

A lo lejos observo unas tumbonas frente a la piscina con vista al mar, me acerco a ellas y me siento leyendo por última vez el regalo para Damián.

—Alessia. —susurran. Alzo el rostro viendo a Vilma. —Me gustaría hablar contigo. 

Cuando no veo más movimiento de su parte así que le digo que tome asiento en la tumbona a mi lado. 

Sigue sin decir nada y es entonces que me doy cuenta de que su vista esta puesta en mi pierna. Ella no escucho ni vio nada, en su rostro veo la pregunta que jamás contestaré.

—¿Necesitas algo? —indago aburrida. —Porque no estoy...

—Perdón. —silencio. —He sido una egoísta desde el primer momento, me dejé llevar por comentarios de terceros que pusieron en cuerda floja algo que pudo ser una amistad. Eres de las pocas colegas de trabajo con las que me siento a gusto y desperdicie mi tiempo en buscar algo para fastidiarte. —suspira. —Además, tengo que confesar que fui cómplice de injusticias a tu persona de las que no estoy orgullosa.

Sigue con su discurso confirmando lo que ya sé, fue un títere de Rubén. Habla y habla narrando todo lo que hizo, no fue nada mortal, pero si yo en su momento no me hubiera dado cuenta sin duda habría tenido el primer llamado de atención por parte de Tobar.

>>Por lo mismo te ofrezco mis más sinceras disculpas. —sigue. —No es justo para ninguna estar en un ambiente de trabajo tenso. —culmina.

Se queda a la espera de mi respuesta. Suspiro cansada. Es demasiado ingenua o humilde en mi opinión, sin embargo, con palabras no borra nada, se necesita más que eso para demostrar que en serio esta arrepentida, de algo que ni cuenta me di al no prestar atención a ellos.

—No voy a pedir disculpas de nada. —aclaro. —Si fui una perra mis motivos tuve y no voy a fingir lo contrario solo para arreglar las cosas.

—No estoy esperando una disculpa. —acepta. —Fui mala cuando tú no me habías hecho nada.

Veo como toma su bañador cubriendo aún más sus piernas desnudas.

—Tampoco fingiré que me agradas, porque sigues sin caerme bien. —sonríe. Esta mujer como que no es muy cuerda. —Quizá ahora pueda verte sin pensar que eres un vil ser manipulado.

—Me alegro de ya no ser un vil ser manipulado. —baja el rostro. —Aprendí mi lección y sigo aprendiendo de ella. —asiento.

Dejo de verla cuando ocho hombres  caminan en nuestra dirección. Estoy a nada de tener un orgasmo visual por ver a tanta belleza junta.

Nadie me ve raro, ni intentan analizarme. Todos actúan normal e internamente lo agradezco.

—Te ayudo. —señala Nikolay llegando a mi lado. Lo veo mal y lo ignoro.

Con mi mirada busco a alguien que me ayude, pero no lo encuentro hasta que...

—¡Quítate de ahí! —ruge la bestia.

—Oleg no lo arruines. —alega Iryna llegando a nuestro lado. —Vete que Iván les está informando sobre las ex esclavas. —él la ve mal antes de sacar su móvil por una llamada. 

Iryna sonríe en mi dirección para disimular sus palabras.

Cada vez entiendo menos, mejor ni pienso en esclavas, si no me volveré loca.

>>Te ayudo yo linda. —no espera mi aprobación. Quita el bloqueador de mis manos y empieza a aplicar el producto en mi espalda, toma más para mis brazos. Arrugo las cejas.

—Desde aquí puedo sola. —aclaro. Escucho las risas de algunos para luego ver su rostro sonrojado.

—Por esos rumbos, no Iryna. —se burla Caleb. —No querrás poner celoso a Iván. —muerdo mi labio al entender.

—No... no quise. —trata de hablar.

—Tranquila. —le resto importancia.

Nada más porque sé, que tengo la atención de muchos hago mi siguiente movimiento.

Pido su bloqueador y al entender me lo da y se gira. Le aplico bloqueador en su espalda escuchando el silbido de Nikolay

Ridículo.

Cuando termino hablamos entre nosotras y aunque me cueste aceptarlo, ella me agrada.

El tiempo pasa en el que cada uno le entrega un regalo al cumpleañero. Se molesta al recibir distintos tipos de juguetes sexuales, y empiezo a estresarme al entender que tiene algo con Vilma.

Hay comentarios que hacen sonrojar a la doctora al insinuar que sus próximas noches tendrán más diversión al momento de tener sexo. Sin embargo, lo que en serio me sorprende es el regalo por parte de Oleg.

—Una mansión en Mónaco. —susurra Damián anonadado.

¿Qué me regalaría a mí, por mi cumpleaños?

Oleg no dice nada, bebe de su vaso de vodka fijando su vista en mi sobre. Llega mi turno y ese momento cuando se lo entrego.

>>No debiste molestarte. —ruedo los ojos.

Es ilógico que sea a la única que se lo dice, lo empieza a abrir con un poco de inseguridad, al hacerlo entrecierra los ojos al ver el documento. Los demás me ven con la misma expresión.

¿Esperaban dinero?

Lo que menos necesita él es dinero, no sabía que podía darle y no investigue nada al respecto. Después de unos minutos dialogando con Tobar llegamos a un acuerdo para concretar lo que le estoy entregando.

—¿Qué dice? —pregunta Iryna.

Damián empieza a leer y alza la vista en mi dirección al saber de qué se trata.

—Un mes de vacaciones con mi salario asegurado y un 10% de cada operación que se haga en mi nombre. —revela.

No es un regalo usual, pero es el tipo de regalos que yo doy.

—¿A quién se le asignaron tus pacientes? —observo a Oleg y dejo que Damián le responda.

—A la Dra. Alessia Carvajal. —se quedan en silencio procesando lo que eso significa. —No puedo aceptarlo. —me lo devuelve. —No puedo permitir que aparte de tu trabajo hagas el mío. Es simplemente demasiado.

—Es de mal gusto despreciar los obsequios. —comento.

—Y más si se tratan de una Boginya. —me enderezo al escuchar a Rustam.

—Alessia...

—No se aceptan devoluciones. —aclaro. —Si lo firmé es porque estoy en la capacidad de hacerlo.

Niega al recordar mi situación, no obstante, no podrá hacerme cambiar de opinión, mi regalo es algo que no solo lo benéfica a él, sino a mí también.

Por cada operación exitosa que pasa por mis manos a mi cuenta es ingresada el 25% de la misma. Situación que a los demás solamente pasa con el 5%, si le doy el 10% a Damián aun me quedara en 15% para mí. Sonrío.

Libre mi salario, horas extra que me llevaré en cubrirlo y los porcentajes de mis propias operaciones. Trabajar en el mejor hospital y ser una doctora prestigiosa tiene sus beneficios.

—Lo podré cobrar dentro de tres meses. —lee.

Sí, será dentro de tres meses porque por el momento tengo que volver a incorporarme luego del viaje a Colombia, además, tengo que hacer ciertas cosas más.

—¿Hay algún problema? —niega. —Bien. —doy el tema como terminando sin darle tiempo de protestar.

Sigue recibiendo regalos y cuando finaliza nos quedamos sentados hasta que Caleb rompe el silencio invitando a los demás a la piscina. Lo hacen varios agentes junto a Vilma y las enfermeras.

Mis amigos y Sara se retiran cuando llega Mariana.

—¿Por qué le dijiste a los empleados que no me dejaran salir? —se queja cuando se sienta en la misma tumbona que Oleg a mi lado.

—Porque no quería verte. —responde. 

Observo mi celular para disimular mi sonrisa, Rustam alza una ceja con mi acción.

—Te estás portando muy mal desde que vinimos. —reclama. —No eres el mismo que cuando fuiste a mi casa y...

—Calla. —ordena. 

Mariana se molesta y en su rostro veo la determinación.

—Es por ella. —me señala. —No me tocas por Alessia. ¿Las caricias son suyas, así como lo asegura?

Alzo en rostro en su dirección.

—Sí. —acepta.

Me enderezo tras su declaración. No me interesa saber que Oleg mienta en esto, porque me divierte que le insinué que es por mí.

Por que es mentira, ¿Cierto?

Horas antes.

Observo como Alessia se levanta y sin despedirse como siempre, se va del sitio y se pierde en la oscuridad. Una mirada es suficiente para que Rustam se levante y vaya tras ella.

—¿No dirás nada? —pregunta Mariana. —La está siguiendo y todos aquí somos consciente de ello.

Nadie dice nada porque saben que si Rustam se levantó, es porque yo así lo decidí. Pueden opinar sí, pero no lo hacen al estar de acuerdo conmigo.

—Ve a dormir Mariana. —aconseja Damián.

—Oleg, vámonos. —la ignoro.

Carsten ya se tardó con lo acordado, se suponía que para cuando vinieran los del hospital Mariana ya tendría que estar en el sótano siendo torturada. Su presencia cada vez se me hace más insoportable.

Me levanto al recibir la llamada de mi agente en Colombia.

—¿Qué noticias me tienes? —suspira.

Empiezo a caminar alejándome de ellos en dirección de donde se perdió Alessia.

Me explica que las dosis se han mantenido, pero las muertes diarias se han duplicado al igual que los casos. Según lo que han averiguado, en las mismas instalaciones hay personas tratando de encontrar el antídoto que sería la salvación, para la letalidad que ellos mismos crearon y se les salió de control.

Al inicio fueron cinco personas con las que experimentaron, Raisa se convirtió en la única que sobrevivió las dosis. Su sistema dejó de sufrir cuando crearon un chip que activaba los efectos de EBÓSIL, el tiempo era de dos años, fue entonces que Min se fue de encubierto.

Al descubrir los beneficios del chip, inyectaron la creación a una gran proporción de población en Colombia, sin embargo, algo fallo y el chip se disparó por lo que todos los chips se activaron incluyendo el de Raisa.

Ellos tienen los datos de todas las personas así que tenían en la mira a los Bogdánov, aun sin comentárselo a ella decidimos fingir que no sabíamos de lo que se trataba y al ser una familia de dinero hicimos todo lo posible por salvarla.

Pero al final ella tenía que morir y lo sabía incluso Young Min, excepto Alessia, ella fue quien lo arruino, cuando su inteligencia supero la de grandes científicos y doctores.

Solo pocos sabemos la versión verdadera, los demás agentes piensan que utilizaron a Raisa para dañarnos, son tan ingenuos al creerlo porque ningún enemigo sabe que somos parte de OFR.

Todo se ha complicado, luego de que los latinos se marcharan hubo un cambio radical. —continua. —Por lo que escuche uno de ellos puede ser un agente del FBI, al no ser aliados con ellos no puedo hacer la pregunta que nos identifica.

Sobo mis sienes mientras sigo escuchando los avances de la misión.

—¿Qué hay con los latinos que tendrían que aliarse? —indago.

Todos tienen algo que hacer, si lo cumplen OFR estará en la obligación de notificar sus misiones, pero antes ellos tienen que capacitarse y entrenar para luego poder volver. Solo así tendremos más material.

—Espero que las personas que hayan elegido sean responsables con lo acordado.

Con una doctora tuvimos problemas porque no sabíamos que hacer para vincularla, pero ella misma se hecho la soga al cuello al aceptar algo proveniente del Gobernador. —me tenso.

—¿Qué tiene que ver Carsten en esto? —hago puños. —No puedes actuar sin antes informarme.

Él quiere tener de cerca a alguien de los nuevos, cuando averigüe un poco más de que podría necesitar la doctora se lo comentamos al Gobernador, quien no dudo en dar la carnada perfecta.

—La engañaron. —intuyo. —No pueden hacer eso, ¿La carnada es tan grande que ella se sentirá en deuda?

Sí. —afirma. —Pero si se niega, el Gobernador ya esta en busca de algo para atarla, la quiere dentro y no hay poder humano que lo haga cambiara de opinión.

No me gusta este interés tan repentino en acercarse al caso EBÓSIL.

—Dame el nombre. —exijo.

—Área no segura. —susurra. —Corto comunicación, Superior.

Cuelga dejándome pensativo, llamo nuevamente a Carsten y este evade mi llamada. 

Me quedo quieto al momento que veo a Rustam tomar a Alessia de la cintura para colgarla en su hombro, ella empieza a maldecir provocándome una leve sonrisa que elimino de inmediato.

Le dije a Rustam que no podía tocarla, y lo que esta haciendo le traerá consecuencias.

Todo pasa tan rápido que me sorprende, Rustam la intenta lanzar al agua pero ella se aferra a su cuello llevándoselo en el proceso. Pasan varios segundos en los que espero que salgan para observar cuál será su reacción.

¿Qué es lo que deseas Sumasshedshiy?

Como siempre Alessia no deja de sorprenderme al momento que salen más adentro del mar, pero la distingo aferrada al cuerpo de él. Rustam me ve y se pone de perfil impidiendo que ella lo haga.

Esta dejando que sea ella quien decida.

Analizo cada movimiento queriendo saber más de sus reacciones. Rustam sabe lo que hago e impulsa las cosas cuando la besa, maldito bastardo, ella lo evade confirmando mis sospechas.

 Con eso espero que la deje en paz.

Una ola los cubre y la observo aferrarse aún más a él, siguiendo molesta por lo que paso, desde mi distancia logre distinguir que ella no quería entrar al mar y eso solo me confirma el motivo por el cual no lo suelta.

No sabe nadar.

Interesante. —comenta Caleb al llegar a mi lado.

No digo nada viendo como los demás se han acercado.

—Si vez que es una...

—Mucho cuidado con lo que vas a decir de ella Mariana. —advierte Iván.

Rustam vuelve a ver en mi dirección y con la mirada le ordeno regresar, ya basta de juegos absurdos, con un leve asentimiento lo empieza hacer.

Ella al vernos se sorprende, cuando su mirada se topa con la mía logro ver el desconcierto que disfraza con indiferencia.

Aunque no haya tenido nada que ver en el arrebato del agente, la haré pagar el que haya tenido sus labios en boca de otro.

Por esto es que no quise una relación exclusiva, soy demasiado posesivo y no quiero exponerme frente a ella. No quiero que sepa que me enerva la sangre imaginarla con otro.

Mi agente es consiente que será la última vez que la tenga así de cerca, por ello no duda en volver a tomar sus labios con frustración, ardido insensato. No es necesario que lo expresara para darme cuenta de que le gusta la doctora.

Es mi amigo sí, pero no dejo de ser su superior y sus acciones tendrán grabes consecuencias. No porque la haya besado, ni por mí, sino porque lo hizo sabiendo que ella es intocable, eso me incluye.

Mi vista se pierde en su figura y como el vestido se transparenta y se pega en su cuerpo mostrando el diseño del cautivador bikini.

Me enfoco en los demás y no puedo evitar molestarme cuando Iryna golpea a Mariana, la satisfacción por la acción en el rostro de Alessia debe ser por lo que yo provocare no por los impulsos de mi agente.

—La belleza física no es lo único que los atrae. —me tenso.

No puedo evitar detallarla cuando cita mis palabras con una seguridad que me prende.

Siempre admirare a la loca por este tipo de cosa, expresar lo que siente sin absurdas morales.

Me alejo cuando recibo la llamada de mi hermano.

Deja de molestar Oleg.

—Dame las coordenadas que necesito y con gusto lo hago. —declaro.

Lo importante ahora es lo que haré con Mariana, ya luego indagaré sobre lo que me comentó la agente.

Lo haré, pero antes tienes que buscar la fachada perfecta para poder abandonar tu puesto como parte del consejo. —lo escucho sin perder de vista a Alessia que parece fastidiada. —En un mes te vas con tus hombres a Italia, los subordinados necesitan que los lideres para el ataque que daremos a Italia.

Me da una breve introducción de la misión, y me molesta que los ineptos que están infiltrados en el gobierno de Italia, no hayan podido conseguir la ubicación de las bombas atómicas que deseamos.

Al finalizar le informo a parte de mi equipo que necesito que nos reunamos en el salón secreto dentro de la mansión, me acerco a las mujeres, dispuesto a llevarme a Alessia.

—¿Cuál es el problema Mariana? Porque me reclamas a mí y no al hombre que tienes al lado. —escucho al llegar. — acepta que no despiertas nada en él. —me giña un ojo confirmando que es de mí de quien hablan.

No estoy para perder el tiempo escuchando lo evidente.

—Alessia, vámonos. —ordeno y puedo sentir la mirada de Mariana en mi cuello.

Me importa una mierda lo que piense, lo que quiero ahora es llevarme a la loca, antes que se desgaste con cosas que no valen la pena.

—¿Así o más claro? —suelta con superioridad. —No mendigues caricias que me pertenecen, porque no dudaré en quitarte de mi camino de una vez por todas.

Tenso la mandíbula cuando sus palabras logran que Rustam se burle. Te tiene de los huevos. Logro leer de sus labios.

No es bueno que haya dos posesivos en esto. Al menos yo finjo que no me importa, pero a ella no le importa lanzar todo el arsenal.

—Alessia, he dicho que nos vamos. —reitero molesto.

—Si captas la diferencia. —alza el mentón como toda una reina. —Pierdes antes de iniciar, ya no te esfuerces.

Es aquí que me pregunto porque si nos deseamos tanto, ninguno puede volver a plantear la exclusividad. Supongo que yo tengo que dar el paso, ella yo lo hizo y si no se dio fue por mí.

Aunque me retuerza de enojo al saber que es tocada por alguien más no exigiré exclusividad por que eso seria cavar mi propia tumba.

—¿Te sientes bien acostándote con un hombre comprometido? —me vuelvo a tensar.

Alessia esta provocando una conversación que no deseo escuchar.

—Me acuesto con él, no con su compromiso.

Me prende que sea tan decidida, pero esto ya a sido suficiente.

No puede lanzar todo su material en una sola batalla, de hecho solo movió sus carnosos labios para tenerme tan furioso y desconcertado por sus pensamientos que no están lejos de los míos.

No se va conmigo, pero si se va a la casa que es donde tiene que estar en estos momentos. 

***

Caleb se encarga de darle los audífonos correspondientes a cada integrante, en ellos podrán escuchar lo que deben de saber según su cargo. 

Me acerco a las pantallas que muestran la infinidad de cámaras escondidas que hay dentro de la casa, mi intención es apagarlas y en ellas mostrar el panorama de Italia.

Mi acción se ve interrumpida cuando capto el momento exacto en el que Alessia salta de la cama y se hace un ovillo, pegada en la pared. 

Arrugo las cejas. Una mirada es suficiente para que Caleb presione algunas teclas y los audífonos de más de la mitad de los hombres que reuní se queden sin la posibilidad de escuchar algo.

—Listo. —informa.

Le doy acceso al sonido y lo que escucho hace que mi sangre arda. Los gritos de Alessia llenan el silencio de la habitación.

Todo parece tan surreal, pero son solo dos segundos más en los que veo la pantalla y escucho sus gritos porque después estoy caminando a su habitación.

—Quedas a cargo. —Notifico a Iryna que asiente apagando el audio y video de esa cámara.

Cuando llego a la puerta sus amigos ya están afuera hablándole. 

—¡No lo quiero! ¡No lo quiero! ¡Quítenla, maldita sea! —grita aumentando mi enojo. —Esta cerca, joder, ¡Hagan algo! —puedo sentir su miedo y odio no saber de que se trata.

Aparto de golpe  a sus amigos empezando a dar golpes a la puerta. Tranquila. Dos patadas más tarde la puerta se rompe y sin perder más tiempo agilizo mi paso para llegar a ella.

Su estado me desconcierta al no saber que lo provoco, su rostro se alza y cuando me mira me desconcierto aún más al ver su rostro rojo y algunas lágrimas rebeldes escapando de su rostro.

Observa la cama en medio de un temblor y luego nuevamente a mí. Entiendo lo que dice y cuando me acerco observo a la víbora moverse entre las sabanas de su cama. 

Escucho como su temblor aumenta y la declaración del doctor Borja termina de aclarar lo evidente.

—¡Alessia es Ofidiofobia! Que no la vea más.

Iván se pone frente a ella para impedir que la siga viendo, tomo las esquinas de la sabana para llevarme a la víbora que necesito saber en qué momento logro escapar del lugar donde las tengo resguardadas.

—¡No lo toques! —grita en medio del llanto—Oleg por favor, no lo toques. —no me inmuto ante sus palabras porque en estos momentos no podría ayudarla sin exponerme.

—Sácala, de inmediato Rustam. —ordeno entre dientes.

—¡Hijo de la chingada! Esta me las pagas. —ignoro su dolor ante mi orden.

Iván me hace una seña y sé a lo que se refiere. 

Observo nuevamente a la doctora cuando vuelve a gritar desesperada por la situación.

—¡Aléjate de eso Oleg! ¡No lo toques! ¿Es que acaso no me entiendes? 

Poso mi vista en la víbora para ignorar lo que su estado me provoca.

¡Esto me lo pagaran caro!

Tenso la mandíbula controlando mi enojo.

—Trata de no tocar la zona afectada, porque será peor. —siseo a Rustam para que no vaya a aprovecharse de tocarla de más.

Ignoro sus exigencias para que la saquen y la lleven  a mi habitación. 

—¡No hagas esto, Oleg yo...! —me acerco a ella y logro sostenerla cuando se marea.

Siento su piel helada en medio de temblores y sudor.

Mierda, el veneno esta actuando rápido.

—¡Joder, llévensela ya!  —ordeno, al saber que no tenemos mucho tiempo.

Veo como se la llevan al momento que la crisis por el veneno de la víbora se empieza a evidenciar.

Salgo de su habitación y dejo a la víbora en la caja de vidrio que me da Iván. Rustam no tarda en volver y los dos nos dirigimos al panel de control mientras mando a los otros dos al salón donde se encuentra Iryna.

Empiezo a mover mis dedos con agilidad sobre la máquina que registra las actividades de ingreso a la fortaleza en las que las tengo. 

Todo en mí se tensa al descubrir que fue Mariana.

Pagaras por esto, desgraciada.

Observo como toma de mis cosas la llave de la habitación de Alessia y al ingresar inyecta a la víbora un sedante para que se quede quieta mientras la acomoda. 

Me repugna como pasa sus dedos sobre ella, sabiendo que eso tiene en un ataque de pánico y al borde de la muerte a la mujer que yace en mi cama.

—Carsten mando las coordenadas. —interrumpe Rustam a mi lado. Le doy las indicaciones para que tenga todo listo lo antes posibles.

Mariana tienes las horas contadas bajo mi techo. Me encamino al lugar donde escucho lamentos provocados por las alucinaciones.

Mi cordura rasga su límite cuando observo que los movimientos bruscos han provocado que sus piernas esbeltas rebelen más de lo que ellos deberían contemplar.

Mando a todos a la mierda y quito en cuadro que cubre la entrada de donde están las víboras.

 Damián es el único que se queda y le impide que vea a más de cincuenta contenedores de vidrio que albergan a distintos tipos de víboras. Con agilidad me voy a las corales y ahí veo que clase fue la que la mordió.

Es una que está en experimentación con otra de distinta especie y algunos químicos, según la última prueba que se realizó son solo 45 minutos los que dura una persona luego de que el veneno llegue al corazón y de inmediato este deje de latir.

Con el código de la cápsula voy al estante en donde se encuentran los antídotos, creaciones de Carsten y mi persona. Tomo el ámbar y al salir mi autocontrol se ve afectado al ver en su mirada su sufrimiento.

Todo pasará Sumasshedshiy, y los que te tienen así, pagaran por lo que te provocan.

—Aléjate de mí, quita eso ¡Quítalo, Oleg! —pide —No me dañes, me conoces y sabes que yo nunca lo haría. —trago grueso.

—Te quiero centrada, Alessia. No hagas las cosa más difíciles. —ordeno.

Maldigo al verla retorcerse de dolor cuando las alucinaciones son incontrolables.

—No lo hagas. —suplica con labios temblosos.

Las lagrimas empapan su rostro y odio no poder hacer algo para calmar su dolor.

Trato de hablar para que se tranquilice, pero el veneno es tan fuerte que no la hace razonar. Grita y exige que me aleje como si fuera a dañarla.

—¡Das un paso más y te atienes a las consecuencias! —advierte. —No te lo perdonaría nunca y lo sabes, así que sal de este puto cuarto y desparece de mi vida. 

Lo sé.

Me obligo a apartar a Damián y acercarme a ella cuando lleva sus manos a su cuello y ejerce tanta presión que llega a enterar sus uñas.

Las venas de sus piernas, brazos y pecho se han marcado de forma exagerada del mismo color que la víbora, siendo una clara advertencia que no tengo mucho tiempo.

—¡Detente! —grito al ver como se autolesiona.

Apreso su cuerpo con el mío para que deje de lastimarse, sin importar que en el proceso me lo haga a mí.

No me importan sus gritos y maldiciones, por que lo que me importa es lograr estabilizarla.

Las alucinaciones vuelven y me molesta que esto se esté saliendo de mis manos, ejerzo una fuerza que nunca había utilizado en ella para inmovilizarla.

Tiene que estar cuerda para que el antídoto hago efecto y cada vez el tiempo es menos. 

No dejo de hablarle mientras ella se retuerce, Damián se mantiene en silencio escuchando todo lo que le digo.

—Deja de ser una Sumasshedshiy y dale la cara a los problemas, Alessia. —la pupila de sus ojos cambia a un amarillo mientras el sudor no la deja respirar. —¡Alessia escúchame! Tienes que regresar ya, deja que tu mente juegue en tu contra. No le des el control de tu cuerpo. —su cuerpo se retuerce. —¡Vasta, Alessia!

Maldigo cuando la siento a punto de convulsionar.

Cierra los ojos diciendo un montón de incongruencias.

—Dale un golpe de realidad, está en shock en medio de una alucinación que la va a matar. —ignoro a Damián.

Logro estabilizarla y cuando su respiración está agitada me reprocha. La ignoro y me apresuro a inyectarla.

No hay mucho tiempo.

Veo como cierra los ojos y lo agradezco porque eso evita que pueda ver como sus venas cambian de color y poco a poco su piel vuelve a su estado natural. 

La tomo de la barbilla asegurándome de que sus pupilas sean las mismas. El cansancio le gana y la irritación de siempre la aborda.

—Vete a la mierda, Bogdánov. 

¿Piensa acompañarme o qué?

***

Al verla apenas despierta logro ver un poco de desconcierto, sus pupilas son los mismos cafés, observo sus movimientos y como intenta disimular el dolor al momento de caminar.

Sé que es fuerte, pero no la dejaré que tolere algo que claramente puedo evitar.

Uno de mis agentes se ofreció a la prueba con esa víbora y paso en cama durante todo un día luego de experimentar la misma experiencia, la única diferencia es que el tiempo en el que el veneno estuvo en su sistema fue mínimo a comparación de la loca.

Cuando entra al baño me acerco al armario buscando la ropa que me pondré. El sonido de algo rompiéndose me alerta.

—No vayas a suicidarte. —advierto.

Ruedo los ojos al escuchar su respuesta y posterior el agua cayendo. Cuando sale observo con mayor detenimiento su rostro.

Seguridad, dominio, poder y un poco de soy indestructible es lo que gobiernan sus facciones marcadas de su característica belleza.

Su rostro demuestra lo que paso en la madrugada, pero aun así se ve caliente y sé lo hago saber.

No me gusta que se cubra las marcas de su cuello, pero no digo sabiendo que en estos momentos esta receptiva y cualquier comentario podría encender a la fiera que lleva dentro.

Si se viera desde mis ojos se daría cuenta que con cualquier aspecto se ve como una puta reina que sin quererlo peligra con gobernarme.

La obligo a sentarse mientras cuido de su candente piel e inyecto lo que quitara su dolor muscular de inmediato, quizá le duela mucho al entrar en contacto, pero sé que luego me lo agradecerá.

La dejo en la habitación encargándome de preparar todo para llevarme a Mariana. Llega la hora de los regalos y cada uno se lo da.

El regalo de Alessia me parece insensato de su parte, sabiendo que eso conlleva a un doble esfuerzo que impedirá nuestros habituales encuentros.

Todo sigue con normalidad hasta que Mariana lo arruina.

—Te estás portando muy mal desde que vinimos. —reclama. —No eres el mismo que cuando fuiste a mi casa y...

—Calla. —ordeno a borde de mandar el plan a la mierda, sabiendo lo que ella provocó.

—Es por ella. —la señala. —No me tocas por Alessia.  ¿Las caricias son suyas, así como lo asegura?

Veo a la mujer que parece indiferente a nuestra conversación

—Sí. —acepto.

No puedo tocarla porque ella no lograra satisfacer mis deseos, pero lo que si lo hará es ver como se retuerce de dolor al experimentar lo que le haré.

Ignoro la sorpresa en el rostro de la doctora intuyendo sus pensamientos que pueden acertar o alejarse al significado, es mejor lo segundo para ambos.

Me concentro en mi móvil, y oculto la satisfacción de mi rostro al saber que ya está todo listo. 

Los compañeros de trabajo de Damián se retiran y me parece perfecto, porque no quiero que presencien la escena.

Los agentes me ven, están alerta porque en cualquier momento daré la orden de que se lleven a la hermana de Min.

—¿Qué te sucede, estás pálida? —arrugo las cejas tras las palabras de Rustam.

Mi rostro se dirige a Alessia confirmando lo que dice mi amigo. Mantiene el rostro inexpresivo y blanco. Se remueve incómoda al estar siendo contemplada.

—No pasa nada. —se encoje de hombros. —Quizá me falta un poco de sol. —miente.

Pasa sus manos sobre su cabello y al ver sus uñas sin color me percato de que algo no está bien. Ella se encuentra tensa, pálida y demasiado callada para mi gusto.

—Alessia. —la llamo. Suspira consiente que quiero la verdad.

—No me siento cómoda, debo irme. —se levanta y cuando pasa a mi lado la detengo.

El contacto de mi piel la estremece, ese leve contacto me permite sentir sus manos heladas y con un temblor casi imperceptible. Su mirada se endurece y se suelta como si mi tacto le repugnara, sé que esa acción es por su estado.

—Déjala, es demasiado débil y...

— ¡Cállate! —el aire se atora en mi tórax al momento que Rustam saca del bolso de Mariana una víbora de juguete.

Alessia se tensa, pero no aparta la mirada del objeto en el suelo. No digo nada contemplando la nueva reacción.

—Iryna, Damián y Ryan quedan a cargo. —me dirijo a los agentes que han salido de la piscina visualizando la escena. —Los demás se van conmigo.

No espero más y a la fuerza levanto a Mariana que chilla por lo brusco de mi agarre, no la dejo procesar y si no es rápida en caminar sabe que no me importaría llevarla arrastrada por todo el trayecto hasta la camioneta negra que me espera.

—¡Oleg! —gritan.

Ignoro a la loca concentrándome en lo que tengo que hacer para que Mariana pague por el daño, ya no es por la advertencia de la posible traición de Min, es por la que le hizo a Alessia. 

La cura.

Por favor. —chilla la mujer a mi lado sabiendo lo que le espera.

Por mi rabillo observo como Alessia casi corre en nuestra dirección, no tendría que estar haciendo esfuerzos, lo que le inyecte pierde efectividad con movimientos bruscos, pero no me desgastaré en advertir, luego se dará cuenta.

—Todo es por ella. —le aclaro. 

Su rostro se vuelve rojo y las pupilas se agrandan cuando la presión que hago en su cuello es grande, haciéndola perder la conciencia.

La tiro en los asientos de atrás y no es necesario decir nada más porque los agentes emprenden marchan siguiéndome. Mi mandíbula se tensa cuando por el espejo retrovisor observo como Alessia pelea con Rustam quien se niega a dejarla subir con él.

Estoy por detenerme cuando esta a punto de atropellarla.

Maldita imprudente.

Presiono mis manos al volante cuando ella toma la camioneta y emprender marcha detrás de nosotros.

Ella no debe estar en el lugar y espero que Rustam sepa como controlar a la loca cuando su terquedad la ciegue.

Me tardo alrededor de media hora en llegar a la ubicación que mando Carsten. 

Bajo y seguido de eso aparcan las otras tres camionetas, saco a la mujer y la entro a la bodega en donde empezará a pagar por sus pecados.

—¡Suéltame! —gritan. —Quiero hablar con Oleg, ¡Ahora! —exige la doctora.

Su voz se hace más nítida al igual que sus pasos. La veo forcejar con Iván y detrás de ellos aparece Rustam con un hilo de sangre bajando de su mejilla.

La fiera domino al agente, estaba más que asegurado, él no sabe hacer bien sus trabajo cuando de ella se trata.

—Llévala a una de las habitaciones superiores. —ordeno. 

Ella me ve indignada, pero a estas alturas me importa poco.

—Sé lo que harás. —acepta. —Déjame verlo Oleg, necesito presenciarlo. —niego. —¡Oleg!

Sigue forcejando con mi agente quien no la dejara libre a menos que se lo indique.

—Llévatela. —reitero.

Con maldiciones por los daños que le está provocando la doctora, Iván se la lleva. A los minutos regresa y sé que es el momento de que Mariana empiece a pagar.

Rustam la amarra a una biga de las muñecas y al estar a un inconsciente su peso queda en las mismas. Iván trae una mesa con los implementos y lo primero que hago es arrojarle un balde de agua fría que la hace despertar en medio de un aturdimiento.

—Conecta los cables. —Caleb acata la orden.

Lo observo conectar los cables en su cuerpo, estos me permiten tener acceso a todas sus acciones, se convierte en un títere.

Mi títere.

No me hagas daño. —susurra.

Son las mismas palabras que me dijo Alessia en medio de la inconciencia, pero con Mariana no siento nada.

—No haré nada que no te merezcas.

Veo como su rostro se cubre de lágrimas las cuales no me conmueven ni un poco. Las groserías que grita la loca solo aumentan mi deseo de destruir a quien tanto daño le ha provocado.

—Por favor. —suplica. —Ella no es quien dice ser, es una maldita puta...

La callo con un choque eléctrico.

—Te prohíbo que te refieras a ella de esa forma. —advierto. —No tienes permito faltarle el respeto de esa forma.

—¡Es una maldita puta y se merece toda la mierda que le paso! —me tenso. —Y esto no es nada a todo lo que le espera...

Me acerco a ella y le doy una bofetada que le revienta el labio.

—Ahora sentirás el verdadero dolor. —señalo.

Rompo la blusa de la parte superior para que queden al aire sus pechos cubiertos únicamente con su sostén.

—Esto quedaría espectacular en su piel. —giro el rostro contemplando la fusta que me entrega Caleb.

Ignoro su sugerencia, Mariana es una sumisa, la fusta la excitaría y no es lo que tengo en mente.

Tomo un hierro con la capacidad de almacenar miles de voltios, la enciendo y de ella salen luces blancas. El chillido del material la hace estremecer aumentando su llanto.

Por Alessia, ¡Hija de puta!

Topo el material en su pecho, la marca que quedará será para que nunca olvide que con Alessia nadie se mete.

Es una marca que tendrá todo aquel que quiera dañarla, fue creada especialmente para eso.

Un circulo que se convierten en dos víboras que anhelan llegar a la letra de su nombre, pero nunca lo harán.

El grito que sale de su garganta es un incentivo que me hace seguir acariciando su piel con el material que la lastima provocando sus lamentos que han callado a la doctora.

***

¿Dudas?

***

¡Spoiler!

Paso mi lengua sobre su labio saboreando el sabor de su sangre.

—Eres una maldita caprichosa, te dije que te fueras. —susurra con rabia.

—Espero que mi acción te demuestre que no permitiré que huyas cuando pienses que no estoy a la altura de tus demonios.

***

¡Otro Spoiler!

Sé lo que va a pasar, soy consciente del procedimiento al que seré sometida y aunque suene extraño e ilógico no deseo que nadie me acompañe. Vi muchas veces mi caso y esos pacientes estaban rodeados de sus parejas o familiares que les daban su apoyo moral.

Es por eso que en estos momentos mientras estoy acostada en una camilla viendo el techo del lugar donde me trasladan, me encuentro sola.


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