007


Alyssa.
Me miro en el espejo. Coloco un poco de labial rojo sobre mis labios y máscara de pestañas negra. Dejo mi pelo caer suelto sobre mis hombros y suspiro viendo mi reflejo.

Deslizo el vestido de brillantes gris por mi cuerpo y unos tacones de aguja negros enrollados en mis piernas. Vuelvo a hacer el truco del día anterior y deslizo una navaja en mi muslo.

—¿Otra vez la navaja?— miro sobre mi hombro y veo a Danger apoyado en la puerta, cruzado de brazos y sonriendo.

—No pienso ir allí desprotegida, Danger— camino hacia el y me sitúo delante suyo. Su mano se coloca en mi mejilla y la acaricia suavemente.

—No vas a estar desprotegida, van diez hombres con nosotros— niego.

—No es suficiente, no me siento segura. No después de saber cómo es Marc. Por favor— suplico mirándolo.

—Vale, pero ni una palabra a Hades— sonrío y dejo un beso en su mejilla.

—Ni una palabra— su rostro descansa a unos centímetros del mío. Su aliento choca contra mi boca y las repentinas ganas de besarlo me asaltan. Subo mi mirada a sus ojos y dejo el contacto visual unos segundos antes de darme la vuelta y caminar al espejo.

Veo por el reflejo a Danger caminar hacia mí. Su silueta se coloca detrás de la mía, viendo atentamente lo que hago.

—¿Es verdad lo que me dijo Hades? ¿Vas a ser nuestra mujer?— lo miro a través del reflejo y asiento lentamente.

—Sois unos putos locos, pero unos locos que están buenos y que me brindan protección. Estáis demasiado obsesionados conmigo y sé que no vais a dejar que nada me pase, ¿no?— Danger asiente y sigo— Si no puedo escaparme, mejor unirme. No soy tan retrasada y soy consciente de la tensión sexual. ¿Sexo más no pasarme nada? Me apunto.

Danger sonríe y me giro encarándolo.
—Además, me gusta vuestra locura. He empezado a cogerle el gustillo y hasta me parece caliente.

Danger viene hacia mí como un rayo y su boca ataca la mía. Jadeo dando un paso hacia atrás, desequilibrándome y cayendo a la cama.

Mis pezones se endurecen bajo la tela del vestido, haciendo que el roce con su cuerpo y el no llevar sujetador mande corrientes de electricidad por todo mi cuerpo.

—Danger...— jadeo. Muerde mi labio y tira de el haciendo que un hilito de sangre salga de este.

Gimo y lo alejo.
—Tenemos que ir al club de Marc— sus ojos siguen clavados en los míos, cargando una oscuridad llena de deseo sexual.

Danger asiente, extiende su mano ayudándome a recomponerme y bajamos hasta el coche que nos está esperando. Abre la puerta y veo a Hades en el interior.

La mano de Danger en mi espalda hace que entre y jadee cuando me veo en la misma situación de la última vez.

Intento relajarme y miro al frente cuando el coche se pone en marcha, cierro los ojos pero salto cuando una mano se coloca en mi pierna, justo donde guardo el cuchillo.

—¿Otra vez?— dice una voz ronca en mi oído. Hades.

—Dice que no piensa ir desprotegida allí, que no confía en Marc— habla Danger por mí, defendiéndome.

Por eso eres mi favorito.

—Lastima que yo no confíe en ella— y sin darme tiempo a detenerlo, me quita la navaja.

Tu puta madre.

—Devuélveme el cuchillo— hablo sin hesitar. Su mirada burlona se clava en la mía.

—No lo enfades— me susurra Danger sin que su hermano lo oiga.

Debería haberle hecho caso, pero lo ignoro.

—Que me des el puto cuchillo— apreto la mano de Hades. Gran error.

Su mirada se oscurece en un segundo, su mano aparta la mía y coloca el cuchillo sobre mi cuello.

Jadeando caigo hacia atrás, acabando sobre las piernas de Danger.

Escucho el suspiro de Danger y Hades aprieta el agarre del cuchillo en mi cuello.

—A mi nadie me da órdenes, perra— asiento lentamente aunque me esté muriendo de ganas por darle una bofetada.

—Déjala, Hades— habla Danger, acariciando mis labios y capturando uno de ellos con su pulgar.

Hades jadea, clavando su mirada en mis labios y los ataca después de que Danger retire su mano.

Gimo contra su boca cuando su lengua folla mi lengua. Su mano baja el escote de mi vestido liberando mis pechos y se aleja, observándome.

—Haces que mi polla se vuelva tan dura, tigresa— y pellizca mi pezon, haciendo que grite y que Danger ría.

Psicopatas de mierda.

Hades.
Y al final sucedió lo inevitable. Besé a la puta tigresa. Fue la primera vez que comprobé lo exquisitos que saben sus labios y me jodí. Joder que si me jodí.

La tigresa es como la flota, y yo estoy tocado y hundido. Estoy malditamente muerto.

Nunca beso a nadie, no dejo que unos labios asquerosos se coloquen en mi boca. No pienso probar saliva de puta, ni coño de perra.

No malgasto mi tiempo en que una puta disfrute mi toque, me la follo, me hacen una mamada y adiós.

Pero la maldita tigresa hace que tire todo por la borda.

Su boca y coño son lo más putamente perfecto que existen, y soy completamente adicto a ese manjar.

Estoy adicto a Alyssa, completamente loco por ella.

Sus putos labios me llaman todo el tiempo, y no tengo el control necesario para controlarme.

Alyssa es una maldita bomba nuclear y yo salí completamente jodido.

Recorro su cuerpo con mis ojos.

Su cabello repartido en las piernas de mi hermano. Sus mejillas encendidas y sus labios abiertos e hinchados después del manjar que me di con ellos.

Sus tetas y pezones puntiagudos apuntando en mi dirección, suplicando por ser tocados y joder que si no estoy mordisqueándolos ahora mismo es porque necesito grabarme esta imagen a fuego en mi cabeza.

—Hades— mi apodo sale de los labios de Alyssa, tartamudeado por la falta de aliento. Mi polla da un salto entre mis pantalones, intrépida y deseosa por salir.

Sin pensarlo, mi cuerpo está ya doblándose y cerniéndose sobre el de la tigresa. Mi boca ataca la suya y mi lengua saca gemidos desde lo más profundo de su ser.

Mi hermano lleva sus manos hasta las tetas de Alyssa y tira de sus pezones, sin piedad. Alyssa se retuerce y abre su boca entrelazada con la mía, tomando bocanadas de aire. Muerdo su labio y me separo de ella, observando el exquisito manjar.

—Nuestra. Nuestra mujer— susurro, firme. Mi rodilla separa las piernas de Alyssa y se acerca a su núcleo, hago presión y cuando un gemido escapa sus labios, desplazo mi pierna por su vértice.

—Dios— susurra entre jadeos.

No. No existe ningún Dios que la esté haciendo sentir bien en este momento. Solo nosotros. Nosotros estamos reclamando el cuerpo de nuestra mujer y haciendo que peque, separando su cuerpo de la pureza y llevándolo al pecado, al mismísimo Hades.

—Dios no, tigresa. Nosotros. Tus hombres— mi rodilla vuelve a hacer presión en el punto sensible y su cuerpo tiembla.

Un toque en el vidrio que separa la parte trasera de la parte delantera del coche me interrumpe.

—Señor, hemos llegado.

Me separo del cuerpo suplicante de Alyssa a regañadientes. Saco tres máscaras de la guantera y le entrego la dorada a Alyssa.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top