006

Alyssa.
—De vuelta a la mansión, Henry— dice Hades al que supongo es el conductor. Gira su cara hacia mi y acerca su boca a mi oreja, mordiéndome el lóbulo antes de susurrar. —Eres una pequeña masoquista, ¿no es así?

Saca su dedo de mi boca y el leve sabor a sangre permanece en mi paladar.

—Está empapada— habla Danger. Su mano se aleja de mi feminidad y Hades sonríe ante sus palabras. Esa maldita sonrisa maniática.

Sin poder procesarlo la mano de Hades baja hasta mi núcleo y dos de sus dedos me asaltan sin avisar.

Jadeo arqueando la espalda y poniendo los ojos en blanco. La mano de Danger me atrae hacia su pecho, inmovilizándome mientras la mano de su hermano me asalta veloz y ferozmente, sin darme tiempo a asimilarlo.

Pronto el climax se acumula en la punta, llevándome al borde de la locura.

—Por favor— lloriqueo.
La mano de Danger gira mi cara hacia un lado, haciendo que me encuentre con la suya. Su boca me asalta y mis gritos quedan sellados con sus labios, cuando el final llega.

Danger acaricia mi mejilla mientras sus labios se separan suavemente y sé que es ahí cuando llego a la locura.

Estar doblegada ante dos putos psicopatas. Uno inestable, con los mayores trastornos de personalidad que he visto y el otro dulce y atento. Una puta bomba nuclear que va a acabar conmigo si no consigo largarme.

Mi puta sentencia final.

Respiro agitadamente, apoyada en el pecho de Danger y con Hades agarrando mis piernas.

El coche para y supongo que es porque hemos vuelto a mi cárcel. Hades se encarga de acomodar bien mi vestido y escucho como sale del coche. Yo permanezco quieta, con los ojos cerrados, demasiado cansada y sobrecargada como para mover un solo músculo.

Danger me carga y me saca del coche cuidadosamente. Paso mis manos por su cuello agarrándome y noto como subimos escaleras arriba, entrando en una habitación y dejando mi cuerpo en la cama.

—Alyssa— habla. Mi apodo sale suavemente de sus labios y yo musito un leve ujum, sin abrir los ojos. La cama se hunde cuando Danger se sienta al lado mío y acaricia mi brazo.

—No luches. Todo va a ser mejor si no lo haces. Hades es muy temperamental y no puedo controlarlo todo el rato. Sé que es difícil pero tienes que acostumbrarte. Eres nuestra mujer y queremos lo mejor para ti.

—¿Por qué?— susurro. —¿Por qué yo?

Abro los ojos, mirándolo. Danger suspira.
—Te vi y lo supe. Supe que eras la jodida indicada y necesitaba sacarte de allí. Estamos locos, Alyssa. Y tú, de cierto modo, logras calmarnos. Eres nuestro caballo de Troya. Eres nuestra destrucción pero también nuestro bien más preciado.

Y sin más, se levanta y camina hacia la puerta. La abre y antes de salir me mira.
—No luches lo inevitable. Tu también sientes lo mismo, solo tienes que dejarte llevar— y sale.

Me giro mirando el techo fijamente, pensando en sus palabras.

Se equivoca conmigo. Soy Alyssa y nunca me doblego por nadie. Me escapé de un infierno y no voy a volver a encarcelarme, nunca más.

Soy su puto caballo de Troya, y voy a ser su maldita destrucción.

Danger.
Salgo de la habitación de Alyssa y bajo las escaleras. Cojo un vaso de vodka de la barra y le doy un trago mientras camino al comedor.
—Cale— llamo a mi socio.— Quiero que consigas toda la información de Alyssa. Es posiblemente un alias y no su nombre real. Estuvo en el club de Marc. No quiero ni un cabo suelto.

Cale asiente, fijando su mirada de vuelta en el ordenador y empezando a trabajar.

Suspiro bebiendo otro trago del vaso y camino hacia el despecho de Hades. Toco la puerta.

—Pasa— habla Hades. Entro y lo veo sentado en la silla de escritorio, con Fleur entre sus piernas haciéndole una mamada.

Ruedo los ojos y carraspeo. Fleur se separa, alza la vista viéndome y sonríe antes de limpiarse la boca.

—¿Te ayudo, Ares?

—No me llames así, perra. Largo— su ceño se frunce pero me hace caso, pasando al lado mio haciendo resonar sus tacones.

—¿En serio? Pensé que tenías límites— mi hermano se encoge de hombros.

—¿Qué querías?— Se sube los pantalones, sentándose en la silla.

—Mañana hay un evento en el club. Y Marc quiere que vaya Alyssa.

—¿Para?— me encojo de hombros.

—No sé.

—Bueno, pues vamos entonces. Quiero conocer los secretos que trae la tigresa.

—Ya mandé a Cale a investigar sobre ella— mi hermano asiente.

—Bien. ¿Dónde está?

—En su habitación— contesto simple. Nunca hemos sido de muchas palabras.

Somos hijos de diferentes mujeres, pero nuestras madres ambas. Papá se caso con dos hermanas, siendo Hades el mayor e hijo de Kila la hermana menor y yo hijo de Rea, la mayor.

La poligamia forma parte de nuestra familia desde hace bastante, siendo nuestra abuela que se casó con nuestros dos abuelos y nuestra bisabuela con cuatro.

—Voy a hablar un poco con la tigresa. Confírmale a Marc nuestra asistencia y prepara a un par de hombres. No voy a dejar que la rubia entre ahí sin protección y un plan de escape. ¿De acuerdo?— camina hacia mí, situándose delante mío y asiento. Hades asiente y pasa al lado mío, saliendo de la habitación y perdiéndose por el pasillo.

Alyssa.
Jadeo dando otra vuelta más en la cama. Las palabras de Danger me tienen pensando una y otra vez.

Esto es una maldita guerra, y debe haber un solo ganador.

A lo mejor rendirme es lo mejor. Soy yo contra dos putos psicopatas que no van a dejar que me escape ni por una milésima de segundo.

Ya Danger lo dijo, soy su puto caballo de Troya, y si no asalto puedo quedarme ahí dentro tranquila, sin ser descubierta.

Estoy hasta el culo de huir. Desde que nací mi vida se ha basado en buscar ratoneras y escondrijos. Rezar porque no me encuentren y si lo hacen volver a correr.

Y ya estoy cansada.

A lo mejor aceptar e intentar comportarme es mi mejor válvula de escape. Estos dos maniáticos no dejarían que nada me pase, están demasiado obsesionados conmigo como para dejar que alguien me llevara o que estuviera tres metros alejada de ellos.

Están lo demasiado locos como para disparar a todo Dios con tal de que esté entre estas paredes chupandoles la polla.

Y si tengo que comprarme un pasaje a la seguridad, por cojones que lo compro.

Un ruido en la puerta me saca de mis pensamientos. Giro la cabeza dejando mi lado derecho apoyado en el colchón y veo a Hades cruzar la puerta.

Joder, prefiero al otro. Está menos loco.

—Hola, tigresa— sonríe cínico y suspiro. Sus cejas se fruncen ante mi actitud y camina hacia mí, sentándose al lado mío en la cama.—¿Algún problema?

Muerdo mi labio y niego, volviendo a mirar el techo.
Su mano se posa en mi barbilla, girándola y haciendo que mis ojos vuelvan a estar en contacto con los suyos.
—Habla.

Tengo el suficiente conocimiento como para saber cómo va su mente: agresivo, le gusta tener el control, ni se te ocurra llevarle la contraria, no le gustan los sentimientos y cuando los tiene los mete debajo de una coraza, impidiéndo que los vean.

—¿Qué te hicieron?— hablo, intentando ser lo más cuidadosa posible levanto mi mano y la llevo a su mejilla.

Sus cejas vuelven a fruncirse.
—¿De qué hablas?— aparta mi mano de su mejilla.

—¿Por qué te empeñas en esconder tus sentimientos?— sus ojos siguen fijos en los míos, cargados de emociones. Pero se ríe.

—Yo no tengo sentimientos, Alyssa— me arrastro hasta sentarme delante de él.

—Eso es lo que quieres hacerle creer a la gente, Hades. En el fondo tienes millones de sentimientos pero no quieres que los vean, ¿por qué?— la cara de Hades empieza a ser de enfado.

—Yo no tengo sentimientos, niña. Los sentimientos hacen débiles— su mandíbula se encuentra apretada y sonrió, sabiendo que di justo en el clavo.

—No eres débil, Hades. Los sentimientos no hacen débiles a nadie, yo...— paro al darme cuenta de lo que iba a decir. Sus ojos me miran atentos, esperando y suspiro. —Yo era como tú. Bueno, soy como tú. Escondo todos mis sentimientos para que nadie pueda hacerme daño. Es darle el poder a alguien para que te destruya.

—¿Por eso escondes tu identidad?— su pregunta me da de lleno, me deja desubicada.

—Si— suspiro. —Llevo corriendo toda mi vida, Hades. Por eso estuve en donde Marc, escondiéndome. Pero esa persona ya no existe, Hades. No me hagas más preguntas, solo te voy a decir que me persiguen, y por eso no puedo decirte nada de mi identidad. Confía en mí, por favor.

Y suelto todo. Un puto secreto que puede hacer que me destruya. Hades puede destruirme en un chasqueo de dedos si quiere, y estoy loca por dejarlo.

—Yo no confío en nadie, Alyssa— dice y suspiro, cerrando los ojos.

—Solo, no me traiciones. Si como dice Danger soy vuestra mujer, no me traiciones por favor. Estoy intentando abrirme a ustedes, que les den a las putas peleas, pero si voy a ser vuestra, espero lealtad.

Hades se queda quieto, mirándome inexpresivo.

—La próxima semana vamos al club de Marc— deja un beso en mi frente y desaparece.

Sin más.

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