Capítulo 17

Amber Foster

No he dejado de pensar en la mujer joven y en la anciana que vi hace dos semanas atrás. Mis intentos por descubrir quienes son fueron en vado, quiero decir, no sé si debo preguntar abiertamente por ellas. Traté de indagar en los cuadros del castillo, incluso me colé en la oficina de Blake, pero no encontré a la anciana y tampoco a esa joven que reía con él y Demon en la visión.

"¿Te incomoda? Qué estúpidez."

«¡Claro que no, Eiden! No es así en absoluto.»

—Solo... —Oprimo con fuerza los labios—. Solo tengo que recordar como sonreía con ella.

"Como le dicen los humanos a esto, ¿celos? No puedo creer que te sientas así por algo tan trivial."

—¿Cómo podría estarlo? —Libero la carcajada. —No siento nada por él solo incomodidad, porque...

"No seas obstinada. ¿Cómo podría incomodarte algo así? Eres su mate."

Miro los pétalos. En aquel entonces haber rozado las cenizas del jazmín me proyectó imágenes de Blake y Demon a lo largo de su vida. En ellas vi a una joven hermosa, dulce y con un aura cálida. La pude sentir.
Puedo asumir que la mujer de edad avanzada era su madre, quizá, es la hipótesis más acertada que tengo por el momento. Pero cuando pienso en la chica me inquieta la idea de que el temor de Blake esté ligado a ella.

«Habría deseado no haberla visto.»

Toco la tierra húmeda. Tampoco tuve el valor de decirle a Blake lo que ocurrió con Ethan. Sin embargo, algo me dice que él ya lo sabe porque cuando nos vimos esa noche él olió mi cuello, pasó la punta de su nariz por mi piel, estremeciéndome como si tratara de borrar algo. No dijo nada. Pero se aferró a mi cabello mientras envolvía mi brazo con su mano.

—Es difícil descifrar a un hombre.

"Estás pensando demasiado. En vez de tontear con él cada vez que se ven deberías ser más directa."

El calor en las mejillas hace que cierre los ojos con fuerza.

—No digas esa clase de cosas.

"No te hagas la inofensiva."

Tengo miedo de que Ethan vuelva aquí. No quiero que mi familia salga lastimada y cuando pienso en sus extrañas palabras me atemoriza la idea de verlo herido. No lo soportaría. Él ya perdió una pierna por mí.

—Foster.

"Llámame cuando se haya ido. Tórtolos."

—¿Amstrong?

Él no responde, pero puedo notar cómo se acuclilla a mi lado.

—Necesito hablar contigo. —Blake roza mi mejilla. —¿Piensas seguir ignorándome?

Pongo toda mi atención en su rostro afligido.

—Me sorprende que te hayas acercado a mí.

Desvío la mirada por la vergüenza que me genera ser directa.

—Dime qué te está aquejando tanto.

Paso la lengua sobre los labios resecos. Luego me acomodo sobre mis piernas y pongo las manos sobre los muslos.

«Tal vez Eiden tenga razón.»

—¿Haz estado con otra mujer?

De repente siento calor. El pulso acelerado. Y las manos sudorosas. Entonces desvío la mirada arrepentida. No tengo por qué hacer esa clase de preguntas cuando no hay nada entre nosotros.
Solo nos reunimos por las noches porque el deseo es más fuerte que nosotros. Pero me siento inquieta al saber que alguien más puede sentir su calor, sus manos y la firmeza con la que soy sostenida.

—No hay tal cosa como otra mujer.

—¡Pero!

Muerdo el labio inferior con fuerza.

—Lo soñé —miento—, vi como reías con ella y Demon.

La mirada de Blake se abre por completo. La sorpresa que me demuestra con sus labios entreabiertos no me permite pensar con claridad.

—No deseo enredarme con un hombre que está con otra mujer. Tengo valores, ¿sabes? Así que por favor no sigas frecuentándome. Es vergonzoso.

—Deja de decir tonterías.

Me agarra de una manera que, en cuestión de segundos, estoy sobre su regazo. Sorprendida. Pongo las manos sobre su pecho y rezo para mantener la distancia de nuestros cuerpos. No obstante, su repentino acercamiento y la liberación de un aroma logra conmoverme con facilidad. Me estremezco con facilidad. Gimo de manera involuntaria.
Entonces me muerdo con cuidado el cuello, sin llegar a lastimarme. Aunque sus colmillos raspan intencionalmente a piel.

—Déjame, por favor.

Pero, honestamente, deseo que continué haciéndolo porque cuando me seduce con sus feromonas siento el cuerpo liviano, porque cada extremidad hormiguea y se siente bien.

—Cuando dejes de decir tonterías voy a soltarte, sino pienso hacerte mía ahora mismo enfrente de todos.

Pongo la mano sobre sus labios para alejarlo.

—¡También hablo muy en serio!

Él arquea una de las cejas.

—Haz lo que se te plazca.

El tono juguetón me obliga a oprimir con fuerza los labios.

—¿Quién es esa mujer?

—Ella no tiene nada que ver conmigo o contigo.

Su postura es rígida, por lo que enarco una de las cejas.

—¿Entonces?

—Es una larga historia, Foster.

Me aferro a los hombros con fuerza y me inclino hacia él para enfrentarlo.

—Deja de evadir mis preguntas, Blake.

Sus ojos verdes brillan con intensidad, haciéndome estremecer en el momento que el cuerpo cosquillea gracias a las caricias de un aroma excepcional.

—Por favor.

—Esta noche —hace una pausa, reteniendo el aliento cuando me mira con detenimiento— sé mía.

—¡No puedo hablar contigo!

—Puedo oler la honestidad de tus palabras, y el enojo que te produce hablar de otra mujer. Pero puedo darte la certeza de que mi cuerpo solo te pertenece a ti. Así que esta noche sé nuevamente mía.

Él toma mi mano con cuidado y deposita un beso en ella.

—Soy hombre de una sola mujer.

«¡Cómo puede seducirme tan fácil!»

—Tengo que marcharme.

Me ayuda a ponerme de pie.

—Aprovecha la salida con Adela. —Él me acomoda el cabello detrás de la oreja—. Tienes que despejar la mente de pensamientos absurdos.

«¿Cómo puedo hacer algo así?»

—¿Es seguro?

—Por supuesto. No volvería a ponerte en riesgo, sabiendo que te dejas llevar rápido por los impulsos. Los humanos son impredecibles.

Arqueo una de las cejas. Entonces volteo para marcharme.

—Quién sabes, tal vez, sea eso lo que haya encantado a una bestia como tú.

(...)

—Mañana iré al Hospital Regional. Pienso hacerle una visita a mamá.

Observo los vestidos en la vidriera. La fascinación por la delicadeza de los diseños me tiene encantada.

—Lo pondré en la agenda.

Miro a Adela.

—¿Hace falta informar tal cosa?

—El señor le guarda alto estima a la señorita. Aunque no lo parezca su bienestar lo inquieta demasiado.

Por más extraño que parezca no pienso que sea mentira tal afirmación, porque no creo que el sentimiento de preocupación sea unilateral. También siento esa "inquietud" cada vez que estamos separados. Supongo que subestimé el vínculo de almas gemelas.

—Tomemos el té —aclaro la garganta—, mientras eliges una mesa iré a los sanitarios.

—Adelante —responde, haciendo garabatos en la libre—. ¡Nos falta poco! —declara, emocionada—. Aquí te espero.

«Necesitaba un respiro, Eiden.»

Suspiro.

"La siento cerca."

Entonces una melodía suave llama mi atención en medio del bullicio. Una sonrisa nace en la comisura de los labios al comprender a Eiden.

—Cielo.

El murmullo es arrastrado por el viento y llevado hacia aquel banquillo en donde ella se encuentra leyendo. Nuestra presencia es anunciada en el momento que ella gira en nuestra dirección.

—¿Cómo ha ido todo?

"Bendiciones a la Luna del Imperio."

Hago una mueca.

"¿Te acaba de llamar emperatriz?"

—No, no, no es necesario tal formalidad. Solo llámame Amber.

"Cielo."

—¿Cómo lo haces? —insisto, emocionada, tomando asiento junto a ella. —¡Es una facultad maravillosa!

Ella sube los hombros avergonzada.

"La Luna me quitó la voz, pero a cambio me dio otro don. La fortaleza de un licántropo reside en la perseverancia de romper aquellas cadenas que alguna vez ataron al Dios Fenrir."

Se lleva una mano hacia su boca para cubrir la sonrisa que nace en ella, luego voltea a hojear las páginas del libro.

—Es hermoso aprender de ustedes.

Ser consciente de seres como los licántropos es fascinante, incluso aprender de ellos lo es aún más. Apasionados. Fuertes. Obstinados. Monógamos. Jamás habría sido consciente de ellos, sino fuera por la llegada de Isaac y Katherin a mi vida.

«¿Habrá más seres mitológicos allí afuera? ¿Existirán los ángeles?»

"Mi presencia debería ser suficiente para ti."

«Qué arrogante eres, Eiden.»

"Supongo que Eiden es parte de ti, ¿no es así? Aunque no tienes olor a licántropo. ¿Qué eres?"

Mis labios entreabiertos lo dicen todo.

—¿También puedes oírlo?

Ella sonríe apenada, pero asiente lentamente con la cabeza.

"Él tiene mucha personalidad."

"Deberíamos llevarla con nosotros y convertirla en nuestra secuaz."

Me quedo boquiabierta de lo dicho por el demonio. No puedo creer que sea capaz de escuchar una barbaridad como esa. Aunque a Cielo no parece importarle porque se ríe.

—Por cierto —bajo la cabeza ante la duda—, ya debes estar al tanto de lo que ocurrió con él. ¿Qué piensas hacer?

Ella oprime los labios y sube los hombros con cierto desdén.

"Seguiré las órdenes de Luna."

—No quería llegar a ese punto, pero me niego a pensar que alguien como tú sea violentada. No quiero llamarte débil, porque ustedes no lo son, pero no voy a hacer la vista gorda a algo que podría acabar en una tragedia. Sé que me he excedido con mi pedido, aunque siento que es la única salida. Lo siento.

Cielo pone una mano en mi rodilla y la palmea con cuidado.

"La empatía hacia los otros es una cualidad de Luna. No sienta vergüenza por su juicio."

—Deja de llamarme de esa forma —suplico, porque sé, con mi poco conocimiento, lo qué "eso" significa.

La carga que no quiere Blake poner sobre mis hombros.

"La unión es propia de Luna. Ella comparte todo aquello con sus cachorros y los ayuda a dar sus primeros pasos, incluso corrige conductas erróneas. Es lo que Luna hizo, ¿no es así? Comprendo su temor. Lo huelo. Pero si no desea ser parte de esto márchese a tiempo, sino quédese y asúmalo de una vez."

—Es más difícil de lo que crees.

"Tal vez solo le está dando muchas vueltas al asunto."

Vuelvo la mirada. Entonces una curva nace en la comisura de mis labios.

—Alguien suele decírmelo a menudo.

Recuerdo las palabras del demonio a mi lado, tal vez, haya perdido la cabeza a lo largo de mi vida y la ansiedad sea el detonante ante situaciones como estas. Pero no puedo imaginarme a un lado de Blake, porque muy en el fondo entiendo que no pertenezco aquí y quedarme por obligación sería aún más doloroso por mi partida. Sé que tarde o temprano tendré que marcharme, y esa simple idea me genera un nudo en el estómago.

«No pertenezco a este lugar, pero realmente hay algo allá afuera para alguien como yo.»

"Si tiene miedo, incluso así debería hacerlo. Aunque entiendo que solo Luna conoce sus limites."

Oprimo los labios con fuerza.

—¿Deseas tomar el té?

"Veo que estás más pensativa de lo normal."

(...)

—Hay algo extraño en el ambiente, ¿tú también lo sientes?

Miro por la terraza las luces encendidas de la ciudad. La noche ha caído y un cielo estrellado llama a la calma, pero en medio del silencio en los rincones del castillo en donde no llega la luz percibo una presencia extraña que me atemoriza. Ella está viéndome. Es aún más espeluznante que Eiden cuando se comporta de manera aterradora.

"Es él, Amber. Viene por ti."

Muerdo el labio inferior con fuerza y al mismo tiempo entierro las uñas en los brazos para evitar sentirme ansiosa, pero el dolor en el estómago y la sensación de cansancio me inquietan.

—Blake.

Llamo esperanzada cuando volteo en el momento que las puertas se cierran, pero la vista se desorienta cuando enfrente de mí no está la persona que pensaba hacerme suya esta noche. Trago con fuerza. Me erizo por completo y retrocedo, chocando con la baranda de la terraza.

—Está claro que he sido muy compasivo. Entiendo el apego, pero la paciencia no es mi fuerte.

Los aullidos llegan rápidamente a mis oídos, dándome a entender que la alarma de peligro ha sido activada.

«Él vendrá.»

—¿Qué quieres?

«Tengo miedo, Eiden.»

—Te dije que tarde o temprano vendrías a mí, tal vez, no fue de la manera en la que tenía previsto. Pero si no puedes contra ellos úneteles.

Me abrazo a mí misma. Miro la caída a la que me expongo si decido lanzarme, pero ni siquiera con ayuda de Eiden sobreviviría a ella. Sin querer, las lágrimas empiezan a deslizarse por las mejillas y el pánico hace que tiemble. De repente una ráfaga de aire agita con violencia el camisón de seda y las cortinas, por lo que volteo en dirección a Ethan.

—¿Qué quieres realmente, Ethan?

—Dañarlos a todos.

"Este maldito sabandija."

Eiden se desprende de mi alma como aquella vez para ayudarme, la sensación de oscuridad me rodea, pero se desvanece en ese mismo instante.

"¡No puedo hacerlo! Nuestra conexión podría romperse, Amber. Estamos bajo un hechizo. No puedo arriesgarme a dejarte sola."

El horror de Eiden me genera pánico.

—¡No soy parte de esto! ¡Déjame en paz!

Me aferro a la baranda y respiro con dificultad. Los gritos, gruñidos y aullidos a nuestro alrededor solo empeoran la situación.

—Te dije que soy alguien muy competente.

Entonces lo miro con rabia mientras el llanto no se detiene.

—Te sirvo con vida, ¿no es así? ¡Entones veamos qué tan competente eres!

"¡No lo hagas!"

—¡Detente!

Por primera vez en años no le tuve miedo a la muerte al lanzarme al vacío. Si este es el final, no voy a dejar que me arrastren tan fácil a él.

«Lo siento.»

@ THE ALPHA OFC

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