Capítulo 15

Blake Armstrong

La respiración calmada de Amber hace que cierre los ojos.

«No tienes remedio, Foster.»

Las imágenes explícitas de la mujer postrada en la cama me quitan el aliento. Sonrío, porque no puedo creer lo que la persona enfrente de mí hace cada vez que la pierdo de vista. Definitivamente, es alguien atrevida.

Esbozo una sonrisa. Después cruzo las piernas.

—¿No tienes miedo?

Desvío la atención hacia los gorriones que corretean en el balcón.

—Humanos egoístas.

El perfil de la mujer se encuentra relajado.

—Por qué los humanos intentan salvar el pellejo de otros cuando son incapaces de protegerse a sí mismos —titubeo—. Eres arriesgada.

Darle mérito a Amber sería darle pie a que siga cometiendo esa clase de locuras en el futuro. Debe aprender cuál es su lugar, más cuando una herida de ella es perjudicial para mí.

Observo el bastón a un lado del sofá.

—Te saldrá caro, Foster. Disfrutaré de ti más tarde. Pero primero tendrás que recuperarte.

Me aferro a la empuñadora, en forma de bestia, para ayudarme a ponerme de pie.

Se enfrentó a un licántropo sin asumir el riesgo de lo que podría llegar a suceder. Ella fue valiente y noble, pero no nos corresponde salvar a los demás. No es nuestra obligación luchar batallas de otros.
Tampoco puedo sacarme de la cabeza la presencia oscura merodeando cerca de Amber. Ella me escandaliza porque no es normal. Nuevamente, "eso" sigue perturbandome. Entiendo que no debo preguntar, porque su silencio y confianza no forman parte de esta relación. Hacerlo sería imprudente. Esto me lleva a no entender su existencia.
Sé que es una humana. El aroma de ellos está impregnado en su ser, ahora en mí. No puedo equivocarme. Aun así, las situaciones que suelen involucrarla producen confusión.

Su respiración se agita.

Deslizo la mano por una mejilla lechosa mientras quito algunos mechones de cabello para contemplar su rostro quejoso.

«Este mundo no es para ti.»

Los hematomas en los hombros desnudos son visibles y la angustia genera dolor en el estómago.

—Tengo el deber de cambiar la situación en la que estás. Aun así, la ceremonia de Luna sería hacerte responsable de hechos difíciles de llevar y estarías constantemente en peligro. Allí afuera hay miedo, odio y tristeza, más cuando eres una humana. —Le acaricio la frente. —No sé qué hacer contigo. Pero alejarte sería condenarnos.

El dolor es un sentimiento agonizante. Lo sé más que nadie. Perder la razón. No poder estar de pie. Quedarse solo. No saber qué ocurre. Todos aquí lo saben.

—Los humanos son efímeros.

Deseo aferrarme a un cuerpo débil que puede desintegrarse en cualquier momento.

—Recibiré todo el daño.

Observo mi pierna.

—Sé que no eres igual a ellos, tal vez, sea la razón por la que he decidido apostar por ti.

Presiono la empuñadura para estabilizarme.

—Eres alguien noble —reitero y hago una pausa para recobrar la compostura—. Protege a esta descuidada mujer en mi ausencia, madre.

Recuesto la cabeza en el pecho contrario. El cuerpo reacciona al instante, por lo que es inevitable oír los latidos apresurados.

En otra vida podría enamorarme con mucha facilidad y ser dócil, más de lo que he sido. Pero debo cuidar a mi gente. Hoy decidí perder una pierna por ella, pero más adelante no podré hacer a un lado a la manada.
Mis acciones deben responder a ellos. El deber va primero. Aunque no dejo de pensar en su piel suave, más cuando se molesta, ella suele enrojecer con mucha facilidad. He notado que sus labios gruesos se presionan con fuerza cuando está en desacuerdo y sus cejas curvas se fruncen con violencia. Ella es aún más preciosa cuando lo hace.
No puedo evitar sentirme celoso porqué los demás ya habrán notado lo magnífica que es.

—¿Qué quieres decir? ¿Perderé la pierna?

—Sí, mi amor. —Katherin se vio afligida. —Los nervios fueron los más afectados. Dudo mucho que puedas volver a tener control muscular en la pierna.

Ella se aferró con desesperación a su madre, quien solo se cubrió la boca para evitar sollozar.

¿Hay alguna forma de cambiar las cosas?

La mujer miró con cierta esperanza a la bruja. Aunque la respuesta cayó limpiamente ante nosotros:

—Lo lamento.

—¿Qué quieres decir?

—Conserva la calma.

Toqué el hombro de mi beta para consolarlo.

La sangre aún seguía deslizándose por mi pierna, pero podía soportarlo. La herida que recibió Amber no tiene comparación, al menos en mi caso puedo curarme con mayor facilidad.

—Solo... —Él se niega a aceptarlo. —Haber traído a la bruja fue una pérdida de tiempo.

—Isaac. —advierto.

El silencio es sofocante en la habitación.

—Aún no he marcado a la humana. —Ambos cruzamos mirados cuando tomé la palabra—. ¿Hay alguna forma de recibir unilateralmente el daño de ambos?

Amber se mostró horrorizada por mis palabras.

Me sobresalto cuando escucho un monosílabo provenir de Amber. Levanto la cabeza de las sábanas. Luego toco con cuidado el cuello de la chica, dándome cuenta de que está helada. Por lo que, la pongo sobre mi regazo. De esta manera, hago que entre en calor. También libero feromonas para calmar su sentir agitado.

—Calma. —La abrazo con cuidado como si fuera a romperse en cualquier momento.

(...)

—¿Qué piensa hacer con el licántropo que atacó a su mate? —Mi beta habla consternado.

—Ella será quien lo decida.

Él rostro de Isaac se desfigura por lo dicho.

—No le ponga esa carga, por favor.

Me volteo para verlo a los ojos.

—Ella me lo pidió, Isaac. —digo en voz baja. —Respetaré sus deseos —hago una pausa—; tiene carácter. Fue muy valiente.

—Por supuesto. Ella es una Foster.

Asiento, porque comparto la afirmación.

—Es igual a su madre.

Isaac trata de no sonreír, pero termina por negar y realiza un leve movimiento con la cabeza.

—Más de lo que cree.

El día transcurrió como de costumbre en la mansión. No hay alborto. Inhalo con fuerza el aire fresco, y su aroma a chocolate y menta capta mi interés.

—Ha despertado.

—Qué alivio. Llamaré a Katherin.

—Alfa.

Miro a Isaac.

—¿Piensa que el arrebato de los gamma sea por la reciente aparición de Ethan?

Me muestro divertido.

—Son las crías de dos alfas, Isaac —declaro con obviedad—. El simple hecho de que hagas esa pregunta es ofensivo, serán orgullosos, posesivos y celosos, incluso más que un alfa o un enigma. Aun así siguen teniendo principios y límites que respetar. Solo se trata de coincidencias, las cuales son irrelevantes. Este problema siempre estuvo entre nosotros.

«Ethan está aquí para lastimarnos como lo hizo aquella vez.»

Lo golpes violentos en la puerta nos toman por sorpresa.

—Adelante.

—¡Amber!

—¿Sra. Adela? Calmese. ¿Qué ocurre con mi hija?

—Ella desea marcharse.

Alarmado, observo a Isaac sin decir una palabra.

—¿Qué?

—Iré por Khaterin. Ella podrá convencerla.

—Adelante.

—¿Qué hace ahora?

—Preparándose...

Cierro los ojos. Luego estrujo el entrecejo por sus ocurrencias. ¿Marcharse? ¿No fui lo suficientemente claro sobre el vínculo? No la he marcado, pero ya hemos pasado la raya. Marcharse solo implica una cosa, problemas.

La veo prenderse la camisa con nerviosismo cuando entro a la habitación.

—No puedo seguir aquí. —Se queda sin aliento en una simple oración. —Es peligroso para nosotros.

—No estás siendo racional.

La miro caminar hacia el closet, pero vuelve sobre sus pasos para verme indignada.

—¿Racional? —Ella pierde la voz al gritar. — ¡Ahora no puedes caminar por mi culpa!

—Fue mi decisión.

—¡No tuviste mi consentimiento!

—Se trata de mi cuerpo, Srta. Foster.

Se le ilumina la mirada, por lo que voltea y los hombros le tiemblan ligeramente. Suspiro. Me dirijo a ella. Seguidamente, pongo con mucho cuidado una mano en su espalda baja.

«No seas tan dura contigo.»

—Amber.

La respiración agitada de la mujer que me da la espalda me obliga a tragar con fuerza.

—No tenías que hacerlo. —La voz se quiebra, pero en un suspiro se recupera. —Eres un rey.

Entonces voltea con la mirada cristalizada. El azul que no se puede comparar con el cielo o el mar ahora mismo es una tormenta.

—Mi obligación es proteger a la manada.

Ella hace una mueca.

—No soy parte de ella. Soy débil. Una persona no puede vivir entre ustedes sin que alguien más salga afectado. Demon, él intentó protegerme y terminó exiliado o como quieras llamarlo. Luego tú... —rabiosa, balbucea—. La carga es muy pesada.

Una curva nace en la comisura de mis labios.

—Ven aquí.

La empujo suavemente hacia la cama para poder sentarnos. Aunque ella me ayuda a mí gracias al bastón.

—Es parte de nuestra naturaleza elegir ser heridos.

Ella oprime los labios y mueve la cabeza de un lado a otro, atormentada, por la decisión que tomé.

—No te conozco, pero no mereces elegir ser herido por mí. —Su desesperación me agita el corazón. —Mi decisión fue clara cuando decidí proteger a esa chica, y en ella nadie más que yo saldría herida.

—Y yo elegi proteger a ti. —Subo el mentón de la mujer—. Eres débil, Amber. Tal vez tengas el espíritu más feroz que cualquier otra bestia, pero tu cuerpo no soportaría el rechazo. Solo tienes que armarte de paciencia y asimilar que ya no podemos tomar los mismos riesgos que antes.

—¿Mi vida te pertenece?

Ella pregunta con temor. A cambio, cierro los ojos con pesar y afirmo sin decir una palabra. Por lo que, empieza a sollozar con fuerza. Su llanto desgarra cada parte de mí.
Me aferro al bastón con fuerza mientras ella se cubre el rostro por la desesperación.

—La mía también te pertenece —suspiro por lo bajo.

Me pongo de pie, porque nadie más que yo detesta esta situación. Desde un principio sabía que la situación no iba a ser fácil, por esa razón la eché. ¿Cómo podría atarla aquí? Pero ahora mismo es muy tarde. La conexión es extrañamente fuerte a pesar de no haberla marcado.

—No quiero que me protejan. Yo puedo hacerlo sola —rabiosa, empieza a murmurar—. Mamá y papá, mi familia, Demon y ahora tú. No merezco que cuiden de mí. Solo les he dado problemas.

—Amber.

—¿Qué sentido tiene mi vida? —pregunta entre lamentos—. Solo recházame para poder morirme de una buena vez. ¡Tenerme a tu lado hará que ese hombre...! No quiero seguir viendo más muertes.

Entonces frunzo el entrecejo por sus balbuceos. Y las emociones de Amber empiezan a afectarme.

—Matame.

Me acerco a la cama, pero la falta de costumbre hace que me tropiece y termine de rodillas delante de ella. El bastón pica en el suelo con violencia. A cambio, me aferro a la cama dándome cuenta de que el torbellino emocional de la mujer me está enloqueciendo y acelerando la transformación. Gruño. Las garras nacen rasgando la sábanas.

—No tengas miedo. —Con el corazón acelerado envuelvo su pierna con cuidado para no lastimarla. —Ya no estás sola.

Libero feromonas con el objetivo de calmarla. Necesito apaciguar de alguna manera sus sentimientos antes de que termine por transformarme.

—Deja de pensar en tonterías.

Amber asiente mientras sonríe e intenta limpiarse las lágrimas. Sé que trata de decir algo, pero está ahogado. Aunque agradezco que poco a poco todo vuelva a la normalidad.

—De ahora en adelante procura protegerte a ti misma. —Soy firme y egoísta cuando ordeno su bienestar sobre cualquier cosa. —Confío en tu fortaleza, pero tu audacia me genera desconfianza. No decepciones a tu rey.

El azul que brilla con intensidad se vuelve un abismo. Él es una incógnita, pero no voy a permitir que me intimide.
Si pretendo que las cosas sean diferentes primero tengo que dar el primer paso para que el pasado no vuelva a repetirse.

—Está bien.

(...)

Feliz año nuevo. ✨️
Atte: THE ALPHA OFC

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