Capítulo 12

Amber Foster

Las gotas de sudor se deslizan por la frente.

—¡Llamen a los médicos!

Al principio el enfrentamiento entre híbridos y licántropos fue caótico. Empero no tuve la oportunidad de presenciar el suceso, más pude oír los sonidos que estos emitían.

El lobo que me protegía, agazapado sobre mí, liberaba sonidos profundos como si se tratasen de advertencias hacia el enemigo y gruñía con fuerza cuando el peligro se acercaba. Y a pesar de las circunstancias en ningún momento dejó de protegerme.

—¡Alfa! Los herejes huyeron.

Luego cuando la situación se calmó reconocí a Blake. Él era el lobo que estaba sobre mí. Aunque no tuve la dicha de verlo transformarse en humano.

Con el tiempo se hizo a un lado, no sin antes erguirse y empezar a olfatearme, al igual que lamer la sangre de mi rostro. Supongo que para buscar heridas.

A cambio, gemí. Lo hice gracias al dolor, aunque las cosquillas lograron hacerme reír. Pero rápidamente me quejé por el esfuerzo.

—Estoy bien. Yo... ¿Demon?

Espabile con rapidez.

El recuerdo de habernos separado me consterna, por esa misma razón me puse de pie sin importar el dolor.

«La sangre.»

"Te dará problemas, pero lo curará."

Oír a Eiden me motivó. Por lo que, empecé a gatear en dirección al vampiro inconsciente para acercar la muñeca a su boca.

No obstante, la inmensa bestia oscura se interpuso entre nosotros.

—¡Necesita ayuda!

"¡Él fue negligente! No te atrevas a ayudarlo cuando ni siquiera fue capaz de protegerte."

Escuchar una voz nueva en mi mente me dejó petrificada, pero más lo hizo la razón de sus palabras.

—¡Él es tu hermano!

Estaba claro que Blake no tenía intención de dejarme pasar, pero yo tampoco iba a dar el brazo a torcer.

Me llevo las manos a la cabeza.

"El pulgoso solo seguía su naturaleza. No deberías culparlo o culparte. Se trata de culturas... razas diferentes."

Eiden me consuela mientras mi madre me revisa.

—Por fortuna no tienes heridas visibles. —Ella se muestra aliviada. —Aunque me gustaría someterte a más estudios. Los brujos tienden a jugar sucio. Ambos se vieron expuestos a un veneno que pudo haberlos matado.

—¡Estoy bien! Yo... —Tengo que morderme la lengua.

No puedo decir que Eiden fue causante de mi dolor y quien nos liberó de aquel hechizo.

—Está bien, mamá.

Desvío la mirada.

—Mi amor —suspira. Ella acuna mis mejillas. —¿Qué ocurre?

Oprimo los labios.

—¡Le di de beber de mi sangre! —confieso—. Creí que... ¡Él se enfureció!

—Sh... Sh... —Ella besa mi coronilla—. No podían predecir que Ethan estuviera ahí. Oh —suspira con dolor—. Mi amor no llores.

—¡Oí como murmuraban! —Con la mirada cristalizada veo a Adela rabiosa—. Demon tendrá problemas, incluso si se está hablando de mi voluntad. ¡Los licántropos son primitivos y territoriales!

Respiro con dificultad.

«Yo no tengo que estar aquí. Este no es mi hogar.»

—¡Señorita Foster!

—¡Amber!

Desde un principio tuve que huir para no formar parte de esta tragedia. Aunque me habría convertido en una basura. Y entiendo que darle de beber de mi sangre, quizá, lo convierta en alguien dependiente de mí. Lo escuché de camino al castillo. Honestamente, desconocía tal información, pero acaso debía quedarme en el suelo sin hacer nada mientras lo dejaban a su suerte solo por no permanecer a lo que ellos llaman su manada.

"Piensas demasiado."

«¿Cómo no hacerlo?»

La puerta delante de mí es inmensa y me acobarda la idea de enfrentar un problema que genere por ser alguien ignorante.

«Tengo que marcharme.»

Bajo la cabeza.

"¿Adónde irías? No hay un lugar seguro, Amber."

—Amber.

Lo agarro del abrazo.

—¿Qué pasó ahí adentro? —murmuro, por lo bajo—. Lo lamento. Te metí en problemas.

Él me apretuja.

—Te lo agradezco.

Me encojo gracias a la angustia.

—Has sido temeraria —declara. Él se separa con cuidado. —Pero mi deber es seguir las órdenes de Blake. Los acuerdos deben respetarse.

—¿Qué quieres decir?

—Tengo que marcharme —confiesa—. No es seguro para tu vida, porque podría alimentarme de ti y hacerlo tendría consecuencias.

"Qué agradable noticia."

La mirada se humedece.

—Somos amigos... —jadeo—. Y eres su hermano. Tiene que haber otra salida.

Él presiona el agarre en los hombros y me agita con cuidado.

—Esa es mi naturaleza. —Demon se muestra compasivo por mi reacción. —Cuídate, Amber. Y no vuelvas a meterte en problemas.

Demon me aprieta la mejilla siendo cariñoso. Luego desaparece ante mí dejando cenizas en su lugar.

«¿Por qué?»

Los párpados caen y las lágrimas humedecen la mirada.

—¿Era necesario? —pregunto.

Cierro la puerta cuando me encuentro a solas con él.

—¿Por qué?

—Sí —hace una pausa—, cruzó la línea.

—Fue mi culpa.

Replico, aunque no lo hago en voz alta.

Abro la boca con la necesidad de decir algo más, pero cierro los labios con amargura.

—¿Cuáles son los límites?

Él deja de escribir y levanta la cabeza para verme.

—Cuando se trata de ti no los hay —suspira—, mantenerte a salvo es...

—¡Mentiras! —grito—. ¿A salvo de qué? ¡Ethan se acercó a nosotros como si estuviera en su propio hogar! —reprocho—. ¿Acaso esta es la fortaleza de este maldito castillo?

—No maldigas, Amber.

—Bien —refunfuño—. ¡Corrijo! ¿Acaso esta es la fortaleza de este jodido castillo de mierda?

Mi respuesta lo deja atónito.

—¡Cuál es el punto! ¡Cuál es el punto, carajo! Encerrar a las personas aquí... ¿Para qué? Solo está retrasando las cosas. ¡Ethan mencionó una guerra!

—No hay nada de qué hablar. —Él mantiene la calma al ponerse de pie y dirigirse hacia mí. —Deberías retirarte e ir a tu recámara a descansar. Has tenido una mañana agitada.

"Sabe manejar la situación."

Eiden se divierte.

«Tú cierra la maldita boca.»

El licántropo de ojos verdes dirige la mano a mi hombro, pero no permito que me toque.

—¡Déjame, perro pulgoso! —escupo. Y tomo distancia. —No voy a seguir tolerando esto, si no pretendes estar a mi lado. ¿Entonces qué quieres de mí? Termina con esto. ¡Échame!

La postura del licántropo se vuelve hostil. Seguidamente, ambos nos encontramos cerca, demasiado cerca.

Mi espalda está apoyada en la puerta mientras una de sus manos envuelve la cintura atrayendo la pelvis a la suya. A cambio, la otra yace sobre mis labios para que no pueda emitir palabras.

"Diablos. Empezó mi novela favorita."

—Demon dijo que sólo tú puedes hacerlo, por favor.

Gimo.

Es difícil llegar a comprender las acciones de Blake. Él dice poco, pero hace mucho a través de lo que los licántropos conocen como feromonas.

El aroma que desprende logra empaparme.

Ahora sé cómo funcionan gracias a mi madre y a los que me rodean. Ellas tienen la facultad de cambiar el comportamiento de los demás, incluso de excitar hasta los dientes al compañero de quien las produce.

—Recházame —sugerí entre jadeos—. ¡Recházame, Blake!

—No voy a hacerlo, Amber. —Su tono es ronco—. Llámame egoísta. —Los suspiros acarician la piel. —Lo siento.

Nuestras miradas se unen.

—¿Por qué? De qué sirve vivir así.

Cierro los ojos. Quiero llorar. No puedo manejarlo.

—Acostarme contigo implicaría marcarte —dice con fastidio, pero sus labios rozan mi cuello—. Tampoco hay necesidad de rechazarte —suspira, temblando sobre mí—, hacerlo te mataría.

El corazón se encoge.

«¿Entonces qué quieres de mí?»

Me aferro a su tapado de terciopelo mientras la mirada se cristaliza y las lágrimas se deslizan por las mejillas.

—Entonces mátame.

Levanto la cabeza, pero él apoya el mentón en ella para que no lo mire a los ojos.

«Entra en razón.»

Me separo de él debido a que no puedo esperar la honestidad de alguien que ni siquiera la tiene consigo mismo. Me doy cuenta de que no es mi contienda, porque es la suya con sus pensamientos.

—Esa noche pensé en matarte —murmura, impotente, a lo que me cohíbo—, tuve que hacerlo...

—Pero no lo hiciste —digo y hago una pausa—, y ahora tampoco vas a hacerlo.

La mirada esmeralda se apaga, haciendo que las palabras no sean necesarias.

—El dolor no dejaría nada de ti.

—Lo dices por qué soy una humana o... —Sonrío, melancólica—, por qué eres tú el que no lo aguantaría.

Los ojos se abren y al instante reconozco la brecha en el alma desordenada de Blake. Él teme quedarse solo o se está protegiendo a sí mismo de no experimentar nuevamente el dolor de la pérdida.

—Soy inquebrantable Blake Armstrong —anuncio siendo elocuente—. ¡No tengo miedo a...!

El grito se ahoga en los labios del hombre de mirada esmeralda.

—Te arrepentirás —gruñe sobre mis labios.



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