Capítulo 21

Lennon Campbell

Sí, yo me aferré a la espada. Pero a qué costo.

El corte mágico se contempló en el momento que alzó el arma para atacar, sin necesidad de hacer contacto con un cuerpo ajeno a ella, ya que se encontraba a unos siete metros de nosotras y los orcos.

Y si el hechizo no llegaba a tocar nada... podríamos haber tenido un final catastrófico.

Me lancé y simplemente decidí actuar por inercia. Agarré con tanta fuerza la punta de la espada que levite por la presión del hechizo, incluso si el ataque no logró llegar a su destino, mi cuerpo lo recibió por completo.

Después de todo, soy una humana.

Mi boca se llenó de sangre como si cada órgano de mi interior hubiese explotado al recibir la magia del Milagro.

Su mirada imperturbable se vio conmocionada al verme. Entonces salí disparada, incluyendo a Zila y nuestros compañeros.

Mi cuerpo quebró cada tronco seco que se interpuso en su camino mientras me desgastaba. Quiero decir, no es broma cuando digo que mi cuerpo está deshaciéndose, porque la mano con la que agarre la espada parece pudrirse.

Me golpeé con tanta potencia la cabeza que mi visión se vio afectada por haber chocado contra una montaña.

—¿El Segundo Milagro? —gruñí aterrada.

Sí, ese monstruo sádico. Un usuario de Gehenna.

Con una mano temblorosa agarre mi brazo malherido e hice presión en él para no chillar. Oprimí los labios por el dolor de la herida y sin querer me invadieron unas inmensas ganas de vomitar.

—¡César! —exclamé en medio de la locura.

—¡Lennon!

Oír los gritos desesperados de mi amiga lograron tranquilizar los latidos frenéticos de mi corazón alterado por el hechizo y traté de empezar a respirar con calma a fin de ignorar el dolor. No podría haber esperado menos de un usuario de Gehenna, los cuales son aterrados porque juegan con la vida de los demás magos.

Atrevidos.

Venenosos.

Indiferentes.

Ellos aluden a la muerte.

Grité por el dolor, por la infección que se produjo en mi brazo. En caso de que la pudrición llegue a mi pecho, ella podría afectar mi corazón, por lo que no sería un bonito final para mi corta existencia.

—¡César! —volví a gritar, siendo incapaz de escuchar mi voz.

—¡Lennon!

—¿G-Gwen? —escupí gracias a la sangre que está ahogándome.

—Oh, Dios. ¡Mira tu brazo!

—Dime algo que no sepa... —susurré viendo su rostro lastimado—. ¿Qué ocurre con ese diablo? ¿Por qué está atacándonos?

Ella se acuclilló a mi lado junto a su acompañante.

—No creo que Tania pueda arreglar esto, ¿adónde está César? —musitó preocupada, tratando de evitar el contacto con la zona afectada—. Al dividirnos cuando los monstruos nos empezaron a perseguir... El Milagro Daren De Luca decidió ponernos aprueba... estamos por debajo de sus expectativas. Él nos está arrastrando a su radio usando hechizos poderosos... en nuestra contra.

¿La Noche Blanca?

Sí, ese es el apodo que le dieron a Daren De Luca, Antiguo Milagro, usuario de Gehenna y un prodigio. También fue entrenado por Fatheree, según escuché, alguien difícil de tratar y malhumorado. 

Que su apariencia no te engañe, es un monstruo vestido de cordero.

—Me sorprende que hayas abandonado a César.

Duncan apareció entre la vegetación muerta del lugar con mi compañero en brazos, quien solloza desesperado gracias a ello se puede oír con claridad el sonido de sus huesos al tronar.

Sonreí.

—¿Zila? —pregunté en un murmullo.

César, al escuchar mi voz, saltó de los brazos de Duncan y corrió hacia mí. Me abrazó desesperado, mostrándose ansioso por mi desaparición.

—Tranquilo —acaricié su cráneo—. ¿Puedes ocuparte? —cuestioné animada.

Le enseñó seguridad y calma a fin de apaciguar sus emociones descontroladas. Sé que es alguien temeroso cuando se encuentra solo y no puede evitar exaltarse como un niño al no ver a su madre cerca.

Honestamente, no hizo falta decir más, César mordió mi brazo envolviendo su cuerpo alrededor de mi extremidad para curarme porque los usuarios de Mors y Gehenna poseen afinidad, algo así como una relación de hermanos.

—No la he visto —respondió con calma, cruzándose de brazos—. Me perdí porque decidieron salir corriendo cuando los monstruos aparecieron y me encontré con él mientras merodeada, el pobre estaba desesperado —explicó. Él se arrodilló a mi lado. —Supuse que te había ocurrido algo y decidí seguir los gritos... ¿Puedes caminar? —preguntó.

—No lo creo —murmuró Gwen, frunciendo el ceño cuando llevó una mano hacia mi cabeza—. Está sangrando mucho —suspiró—. Estoy cansada de asistir a la enfermería, es decir, siento que quieren acabar con nuestra existencia.

Reí.

—Déjame ayudarte.

Él colocó una mano debajo de mis rodillas y la otra con el objetivo de sostener mi espada. Con cuidado, pongo mi brazo cubierto por los huesos de César en mi estómago para no lastimar a mi acompañante mientras realiza su deber.

—Gracias —suspiré, esbozando una sonrisa cuando se puso de pie.

—No está mal —concluyó—. Podría hacerlo seguido.

Gwen chilló por su comentario y mi rostro se descompuso por la vergüenza.

¿Qué acabas de decir?

—¿Eh? —balbuceé, encogiéndome en sus brazos—. ¡Busquemos a Zila! —rugí con calor.

—Ya le has puesto el ojo a nuestra chica, eh. ¡Cuidadito, bárbaro! —bramó Gwen, inflando el pecho al momento de estar enfrente de él—. Te recuerdo que estás aquí para estudiar, Duncan —recalcó molesta, poniendo las manos a cada lado de la cadera.

—Basta —suspiré.

—Bueno —silbó divertido—. En la Alianza no hay una normativa que prohíba relacionarnos con magos de Urbs. Sería una genética devastadora —comentó con malicia.

Ambas quedamos con la boca abierta, de hecho, no esperábamos esas palabras en un momento así.

—Además, los magos no tienen una vida larga a menos que se trate de su emperador... ¿Podríamos...?

—¡Ya no sigas! —exclamé cubriendo su boca con mi mano, haciéndolo callar antes de que yo explote—. No te atrevas a decir una sola palabra o voy a enojarme.

—Suerte con eso —se burló Gwen—. Zila no permitiría que te lleves a Lennon.

—Oye, ¿estás conmigo? ¿Por qué están hablando de algo así en un momento como este? —protesté.

Mi amiga me ignoró por completo, limitándose a ver de reojo al guerrero de otro imperio.

 —Tenemos que encontrar a los demás —murmuró él, empezando a caminar—. Vámonos. 

—Qué otra opción tenemos. Listillo... —se burló Gwen, haciéndome reír. 

Ella blanqueó su mirada, viéndome con cierta complicidad. 

—Lengua de víbora —farfulló entre dientes.


Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top