Capítulo 20

Lennon Campbell

—¿Oíste?

Me giré en el sitio para contemplar el rostro sereno de Zila, quien se apresuró con el objetivo de alcanzarme en medio de la multitud de alumnos.

Enarco una de las cejas al ver que llega a su destino, por lo que empiezo a caminar hacia el salón.

—¿Qué debería haber escuchado?

Ella esquivó a alguien mientras me pisa los talones por los pasillos.

—La emperatriz murió —declaró entristecida.

—¿Qué estás diciendo? —fingí desconcierto, tomándome el atrevimiento de detenerme cuando ya lo sé.

Aunque oprimo los labios con fuerza cuando la necesidad de deshogarme es latente.
Haber llorado aferrándome a las sábanas y el tapado de Date no fue suficiente, me sentía desespera porque no hay retorno. Lo sé.

El tiempo empezó a correr.

Haber visto moribunda a Adhara fue doloroso. Desde luego, no éramos unidas, pero manteníamos cierta comunicación y a lo largo de los años no pude evitar estimar a la mayor.

Yo no solo admiraba a la emperatriz de Urbs, tambien la quería gracias a la figura materna que me abandonó por su deber.

—Lo que escuchas —respondió—. Mi padre me lo dijo, habrá una ceremonia en memoria a la emperatriz antes de la coronación del príncipe.

Mi ceño se frunce.

Ella captó mi confusión.

—Se dice que el emperador no va a pasar la primavera —explicó abrumada—. Todo está pasando tan rápido que da escalofríos.

Bajé la mirada una vez recibí su mensaje agridulce gracias a ver su expresión de confusión.

No te equivocas.

Al parecer la noticia se habrá esparcido entre las familias cercanas a la realeza, lo cual es preocupante porque podría llegar a la plebe, incluso más rápido de lo que esperaba.

Date necesita tiempo para actuar o puede salir muy mal.

—Mhm —liberé un monosílabo, viendo la explanada—. No tiene buena pinta —murmuré para mí misma.

Entonces Zila apareció en el campo de mi visión, imponiéndose ante mis pensamientos con sus ojos claros.
La mirada de mi amiga, curiosamente, brilla como de costumbre y se percibe calida.

El Ojo de Argos es precioso en alguien como ella.

—¿Qué estoy pensando? —pregunté siendo maliciosa, enarcando una ceja y sonriendo de lado—. Opino que estás intentado adivinar.

Ella se llevó un dedo a los labios y se encogió, mostrándose ingenua aunque sabe a lo que me refiero.

—Sigue siendo una incógnita —parloteó.

—Estás obsesionada conmigo —concluí divertida, haciendo a un lado la charla.

Esbozo una sonrisa.

—¡Sí! —gritó, chocando las palma.

Luego se aferró a mi mano y tiró de ella para que la siga por los pasillos.

—Hoy tenemos un encuentro con un Milagro, ¡vamos a ir al exterior! —estalló—. ¡Las expediciones son tu actividad favorita! Vas a pasarla bien.

—Más despacio —recomendé alarmada, tratando de seguirle el ritmo.

Ambas vamos en contra de la multitud de alumnos que circula por los pasillos y galerías de la Academia. Y me preocupa dejar caer a César, quien va sobre mi cabeza, y tropezar no es una opción porque no quiero lastimarme.

En estos momento, carezco de reflejos. No descansé debido al fallecimiento repentino de la emperatriz y me siento un poco cansada por haberme desvelado.

—¡No seas perezosa!

—¡Zila!

—¡Tú también vienes con nosotras!

—¡¿Chicas?!

El grito de asombro de Gwen se escuchó en la galería. A su vez, el polvo dorado de su acompañante se esparció por el camino en nuestro trayecto, ya que Zila nos lleva de la mano y va a toda prisa.

Reí.

En cámara lenta, me encontré con la ceja enarcada de Duncan al vernos, por lo que terminé aferrándome a su mano cuando cruzamos por su lado.

—¡Vamos de expedición!

(...)

—Me di fuerte en la cabeza —confesó Zila, lloriqueando a mi lado.

Me encogí.

—No debiste haber corrido de esa forma, había mucha gente en los pasillos —carraspeé, en consecuencia, me fulminó con la mirada.

—Están locas —murmuró.

Observé de reojo a Duncan.

Él está sentado a mi lado con el brazo apoyado en el pupitre y el mentón en la palma de la mano. Y gracias a ello empujé su extremidad para llamar su atención.

—Al menos es divertido —animé, enseñando a mi amiga—. Zila convierte una situación aburrida en divertida —declaré, riendo.

Cesar chasqueó las extremidades en respuesta a su mueca.

—¡Es verdad! Además, no pienso que tendremos problemas, ya que El Antiguo no nos complicará la existencia —hizo una pausa—. Eso creo... En fin, se dice que es alguien tranquilo a comparación de Bjron —tarareó Gwen, quien está sentada detrás de él.

—Estoy tan contenta —suspiró Zila, volteando a fin de apoyar una mano en mi banco—. Ha pasado un tiempo desde la última vez que nos divertimos —recordó.

—Tienes razón. En ese momento, el viejo nos había dado una clase de gemas y ascensión. Fue gracioso sacarlo de sus casillas —carcajee, recordando la imagen furiosa de Fatheree.

—Alumnos de Segundo Año —llamaron a la puerta—. Se los verá en la Arena, allí se teletransportarán hacia Clamorem Silvae del Imperio de Aeternam.

—¿El grito del bosque? No había sido clausurado —cuestioné curiosa, rascando mi oído.

¿Escuché mal?

—La vamos a tener difícil —afirmó Duncan a mi lado—. Después de todo, no va a ser divertido —confesó viéndome con desdén, incluso siendo burlesco con su mueca.

—Seamos positivos —reí con nerviosismo.

El grito del bosque está maldecido por brujas, ¿acaso piensan matarnos? Peor aún, se dice que está habitado por demonios desterrados del infierno. O sea, seres para nada amigables.

—Que pereza —bufé, golpeando la frente con el pupitre.

—No seas así, ¿qué podría salir mal? —canturreó Zila, palpando mi cabeza para darme ánimos.

(...)

—¡Absolutamente, todo salió mal! —grité molesta, volteando a ver a mi amiga.

Ella saltó sobre el tronco caído de un árbol, viéndose nerviosa mientras escapamos de orcos.

—¡Al menos estás emocionada! —exclamó eufórica, sacándome chispas.

¡Quiero irme a casa!

Nos han abandonado a nuestra suerte y no es divertido, ni siquiera nos dieron instrucciones cuando llegamos al lugar. Simplemente, cerraron el paso entre Tempus y Clamorem Silvae.
A su vez, nuestros acompañantes empezaron a liberar maná debido a la inestabilidad del lugar por las maldiciones. En consecuencia, eso llamó la atenció de los monstruos del bosque.

—¡Voy a matarlos a todos! —gruñí rabiosa—. ¡César! —llamé al dormilón.

Él decidió acudir a mi llamado saltando desde mi cabeza al suelo. Se muestra confiado y contento porque luego de la Arena ha recibido varios halagos.

No lo comprendo, pero voy a confiar en él porque César tiene en mí como maestra.

Luego una nube negra empezó a rodear su cuerpo esquelético gracias a que está absorbiendo la energía de maldita de su alrededor.

Rugió con tanta fuerza que su tamaño aumentó y golpeó la tierra viéndose imponente. Sus puños hacen temblar la tierra, haciéndonos tambalear y a los orcos retroceder.

—¡Eso es César! ¡Willow! —chilló Zila, lanzando al dragón al aire para que escupa una barrera de fuego. Ella nos rodeó. —Resurreción del Fénix... —susurró con deleite, alzando las manos al cielo.

La tierra se abrió ante el llamado de los hijos del fuego, los Reagan, y en consecuencia tuve que saltar en su dirección para no caer al vacío porque el fuego salió con fuerza desde el centro de nuestra amada tierra.

—¿Estuviste practicando? —susurré agitada, sintiendo el sudor caer por mi rostro debido al calor.

—Por supuesto, ¡porque seré un Milagro! —exclamó.

Me siento sofocada, pero ver desde el suelo a Zila me anima porque realmente está logrando lo que desea alcanzar con tanta devoción.

Estoy orgullosa de ti.

Ver el fuego a nuestro alrededor, sus manos ser movidas con delicadeza a la par que el maná fluye por ella me deja intrigada y deseosa por experimentar esas sensaciones.

El fuego y Zila conmiban muy bien.

—Que hermoso —suspiré, viendo el brillo en sus ojos claros y su melena dorada destacar.

—Lennon —llamó.

Sus labios se movieron y de reojo apuntó a alguien.

¿Tú eres el Milagro?

Mis vellos se erizaron y sentí terror cuando contemplé a un hombre enfrente de nosotras.

Una apariencia hermosa; de tez blanca, cabello azabache y una mirada onix que logra reflejar el fuego. Destaca por su figura atemorizante, posee una túnica blanca y arrastra una katana oxidada.

Su rostro es hermoso, pero su mirada se percibe muerta, indiferente a lo que ocurre.

—Oculus Mortis.

Mis pupilas de dilataron.

Su caminata al dirigirse hacia nosotras es tambaleante y cuando se detuvo con el objetivo de levantar su espada me di cuenta que su ataque está dirigido a nosotras.

¿Qué debo hacer? No tengo magia y Zila si corta el flujo de maná puede perjudicarla.

—¿Lennon? ¡Lennon!

Sí, yo me aferré a la espada. Pero a qué costo.

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