Capítulo 18
Narrador Omnisciente
La noche es oscura en el Imperio.
—Todo está bien —susurró, apoyando el mentón en la mano al contemplar la luna menguante—. Somos invencibles, César —suspiró recordando lo sucedido en la mañana.
Tengo miedo, Zila. Me atemoriza saber qué nuestros caminos son diferentes.
Hay tantas palabras que pueden describir la expresión de Lennon, pero su mirada vacía prevalece sobre la tristeza y el miedo.
El pánico se apodera del cuerpo de la joven maga de Tempus. La presión la paraliza de pies a cabeza y proyectar más de una posibilidad no le permite respirar. La ansiedad la hace temblar, pero debe mantenerse de pie porque caer no forma parte de sus planes.
—Tengo que ser precavida —murmuró— o van a descubrir mi verdadera identidad.
Los ojos azules de Lennon divisaron en la oscuridad a una anguila calva dirigirse hacia su posición con un mensaje amarrado en su pata. Por lo que se puso de pie con el objetivo de apartarse de la ventana para dejar entrar al ave de inmenso tamaño, mensajera del heredero de Urbs.
—¿A qué se debe tu visita? Hola, Duquesa —musitó con calma, acariciando la cabeza del animal.
Ella chilló.
Luego saltó desde el marco de la ventana al suelo haciendo que sus garras resuenen gracias a las maderas viejas de la casa. Pasó de Lennon con el objetivo de ir hacia la cama de esta y picotear al esqueleto de sueño profundo.
La maga solo contempla la situación en silencio, percatándose de la excelente relación de ambos. Después de todo, César pasó gran parte de su tiempo con Duquesa.
Habitualmente, las personas de confianza del príncipe conocen al animal de tamaño predominante y relucientes plumas.
Se está hablando de una envergadura de 1, 08 cm, porque trata de un ave extraordinaria como la realeza.
A pesar de ello, Lennon se puso de rodillas con el objetivo de desatar el papel de la pata del animal para descubrir el mensaje.
Querida,
La reina requiere de tu presencia.
No se tiene permitido detallar con exactitud lo que está sucediendo dentro del castillo, pero no pienso ignorar el llamado de Lady de Azahar.
En tus manos se encuentra la decisión de asistir.
Cuídate.
—¿Querida? —sonrió—. ¿Qué debe estar pasando para que Date no pueda mencionarlo en una carta? —preguntó por lo bajo viendo el papel con una caligrafía delicada.
Oprimió los labios con fuerza.
—Ella deseaba hablar conmigo —recordó su encuentro mientras quema la carta a fin de mantener el anonimato.
Chasqueó los dedos con el objetivo de llamar la atención del ave que no deja de picotear a su pobre acompañante.
—Sí —respondió.
De nuevo, rastralla los dedos para que el animal comprende el mensaje y solo se limite a chillar una vez cuando esté enfrente del heredero.
—Hoy César no tiene energías. Así que, jugará contigo en otro momento, ¿comprendes? —animó debido a la imagen decaída de Duquesa—. Vuelve con Date.
(...)
Bajó la capucha contemplando a la persona que tiene enfrente con curiosidad. Su rostro desvela las preguntas que desea hacer, pero se limita a estar en silencio en la oscuridad de los pasillos.
Los ojos del príncipe brillan gracias a la poca luz que se cuela por los inmensos ventanales.
—No ha parado de llamarte —confesó en un susurro, ahora, viendo en otra dirección a fin de no encontrarse con la mirada de la chica—. Desea hablar contigo —farfulló.
Había algo en la visión del heredero que le produjo malestar, por lo que tragó con dificultad y se atrevió a preguntar lo que trataba de negar de camino al castillo.
—¿Acaso tengo que preocuparme? —cuestionó.
Y por primera vez Date guardó silencio.
No es real.
Los labios rosados de Lennon se entreabrieron, ya que no sabe qué decir, y comprendió que la mirada brillante del príncipe se está apagando porque la noticia debe ser devastadora.
—Le prometí que vendrías —suspiró, aferrándose al pomo dorado de la puerta blanca con detalles azules—. Ella está despierta.
Por alguna razón, la mirada de la chica se cristalizó a la vista del presente porque qué otra noticia podría ser.
Lennon relamió sus labios antes de ingresar a la habitación, oyendo las palpitaciones de su corazón mientras la puerta es abierta por Date.
—Lady de Azahar —saludó, haciendo una reverencia.
Ella está siendo más formal de lo normal.
—¿Acaso me veo pálida para que te comportes de esa forma?
La pregunta atravesó su alma y se quedó en silencio con el objetivo de desvanecer sus dudas con solo una mirada que le partiría el corazón.
El cuerpo de la reina se encuentra en una posición desfavorable, poco sana, incluso la palidez y las profundas ojeras violetas lo dicen todo.
Sus brazos, los puede contemplar porque están a la vista, ellos adoptaron una apariencia huesuda y su voz se escucha forzada y suplicante.
—¿Qué sucedió? —exclamó atormentada, apresurándose para estar de pie a un lado de la cama—. ¡Usted se veía sana! No ha pasado mucho tiempo desde que...
La reina elevó una mano a fin de silenciar a la menor.
—He sido envenenada —confesó con tanta simpleza que generó ganas de vomitar.
Los labios de Lennon titubearon y las manos le empezaron a temblar.
—¿Qué está diciendo? —susurró pasmada, respirando con dificultad—. Es difícil llegar a un emperador —chilló molesta, convirtiendo las manos en puños—. ¡Es imposible! —gritó con fuerza, tanta que empezó a sentir las lágrimas descender por sus mejillas.
—Debes mantener la calma, incluso si tu alrededor está ardiendo —contestó con simpleza.
—Estoy cansada de oír que mantenga la calma —gruñó molesta—. ¿Cómo pueden decirlo con tanta facilidad? Me da asco —sollozó siendo sincera.
—¿Piensas que precipitarse nos representaría una solución? —preguntó, tomando por sorpresa a la menor.
Ella se forzó para sonreír mientras mira con atención el rostro expresivo de la adolescente.
—Cuida de Date —susurró— porque ya no podré hacerlo —confesó.
Por un minuto, entre lágrimas devastadoras, Lennon se negó a aceptar la realidad.
—¿Quiénes fueron? —preguntó rabiosa—. ¿Hay una cura? No estás bien, Adhara. ¿Qué supondrá la plebe? ¡No podemos ver a nuestros reyes caer como si fueran unos simples mortales! —rugió, golpeando con fuerza la pared.
Sintiéndose presa de las emociones que se están revolucionando en su interior.
—Pero nosotros somos mortales —carcajeó divertida.
Sin embargo, se ahogó y en consecuencia empezó a escupir sangre.
Levantó la mano con mucho esfuerzo en dirección de la menor, invitándola a tomar la suya.
—Toca mi corazón, Lennon. Él se está apagando —murmuró cerrando los ojos—. Eso quiere decir que soy un mortal como la plebe o tú. No importa quienes fueron, sino lo que queda después de mi muerte.
La adolescente se llevó una mano hacia el rostro, limpiando sus lágrimas con violencia porque se siente impotente.
—N-No puede padecer —gruñó rabiosa, llorando en silencio enfrente de su majestad—. ¡No debe morir! —estalló—. ¿Qué será de Urbs? ¿De nuestro emperador...? —oprimió los labios, quedándose sin aliento—. ¿Qué va a ser de Date...? —sollozó.
Afuera de la habitación, recostado a la puerta de la recámara, él se cruzó de brazos y lloró en silencio.
—Tendrás que cuidarlo por mí, Lennon. Sé que es cobarde pedírtelo, pero puedes cumplir con esta promesa.
La reina abrió los ojos, percibiéndose esperanzada por recibir una respuesta porque lo que no sabía Lennon es que solo le quedaba un último aliento antes de marcharse. La única persona que podía verla liberando un suspiro era la niña que tendía enfrente.
—Protege a mi hijo, por favor —lloró con ella, compartiendo su dolor—. No debes tener miedo, Lennon. Él va a cuidar siempre de ti, incluso cuando no tenga la potestad de actuar...
—¡Date! ¡Date! —gritó con dolor, llamando por primera vez a su maestro por su nombre.
Adhara, Lady de Azahar, había muerto.
¿Por qué tiene que ser así?
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