Capítulo 6

En contra de mi voluntad, voy a ver las pruebas de selección del equipo de Gryffindor. Los gemelos no paran de insistir hasta que acepto ir, y por lo menos me sirve para dejar de pensar en la carta de mi madre. Total, el Quidditch me gusta por lo que no es una mala opción para distraerme. Había querido entrar como cazadora el curso pasado, pero como se celebró el Torneo de los Tres Magos y el Quidditch fue suspendido... Este año no me había molestado en presentarme, ya tenía bastante con los EXTASIS como para aumentar la dificultad del curso teniendo que compaginar todo con estudiar. 

La selección fue bastante dura, Angelina se tomaba demasiado en serio su papel de capitana y, mientras que elegían al nuevo guardián, los demás estaban entrenando. Trato de dedicar toda mi atención a Ron, que está dando todo para poder entrar en el equipo, así que me acerco a la barandilla para animarle con más fuerza.

— ¡Tú puedes Ron!

— ¡Se supone que has venido a animarnos a nosotros, Abby! — Grita Fred desde algún lugar del campo.

Nos quedamos mirando fijamente el lugar donde están los restos de la profecía y entonces me doy cuenta. Estoy teniendo la misma visión que casi me mata en el campo de Quidditch. Si el tiempo funciona como creo, debe poder evitar esto. Abby, estúpida, no vengáis a...

Despierta, joder, despierta. — Una voz me saca de la visión, haciendo que no sepa a donde no tenemos que ir. — No puedo perderte Abby, por favor, abre los ojos.

Empiezo a moverme y a ser un poco más consciente de mi alrededor. Noto unos brazos sujetándome y luego el aroma. Pólvora y chucherías. Fred me está... ¿abrazando? No termino de entender nada de lo que ha pasado.

— ¿Abby? ¿Estás bien? — Oigo la voz de Hermione de lejos y noto como Fred deja de sujetarme, así que abro los ojos y me siento.

— ¿Te duele algo? ¿Te llevo a la enfermería?

— Fred no la estás dando tiempo para que responda relájate.

— George no me digas que hacer. ¿Abby?

— ¡Pero dejarla hablar!

— ¡Potter cállate!

— Para. Por unos segundos, parad todos de hablar.

Para mi sorpresa se calman y puedo empezar a pensar en lo que he visto. Aunque necesito mi mochila. Empiezo a mirar para todos los lados y es cuando me doy cuenta de que estoy en el suelo, con Fred al lado mientras que tenemos un gran corro de gente a nuestro alrededor. Puedo ver como todas las escobas están tiradas de cualquier manera en el suelo, deben de haber venido corriendo a ver que pasaba.

— ¿Dónde está mi mochila?

— ¡La mochila ahora mismo no importa! — Empiezo a notar como Fred está de los nervios, pero ahora no es momento de empezar a preocuparme por lo que ha pasado, tengo que apuntarlo todo.

— Weasley, no me toques los cojones, ¿dónde está mi mochila?

— Arriba, cuando has caído desde las gradas he bajado corriendo y lo he dejado todo allí.

— ¿Había alguien más? ¿Alguien se ha quedado? — Empiezo a sentir verdadero pánico, si alguien ha encontrado mi mochila y se ha puesto a cotillear tengo un verdadero problema.

— Creo que no, per...

No termino de oír lo que iba a decir Hermione ya que salgo corriendo hacia las gradas. Si alguien encuentra la libreta roja no pasará nada, pero si he sido tan estúpida como creo, debo de tenerla suelta por la mochila. Cuando llego, veo que la mochila está tirada en los asientos, con las cosas esparcidas por todos los lados. Encuentro rápidamente mi libreta roja, que por suerte no ha llamado la atención demasiado, pero la negra no aparece por ningún sitio.

— ¿Qué te pasa, Stone? —La voz de Angelina me saca de la búsqueda de la libreta, y parece enfadada. — Ni si quiera deberías estar aquí, seguro que le piensas contar al equipo de Ravenclaw sobre nuestro nuevo guardián, además de qu ese has distraído a todos mis jugadores.

— Angelina, ahora no, de verdad, hay cosas más importantes. —Dejo de mirarla para seguir buscando la libreta, aunque entonces me doy cuenta de algo mucho más sencillo. Un hechizo convocador.

— ¿Cosas más importantes? ¿Cómo qué?

— Accio cuaderno negro.

El cuaderno viene volando desde la otra punta del campo, donde veo a mis compañeras de cuarto, en las que he confiado esta mañana. Empiezo a pensar en todos los maleficios que podría echarles, en los de de los gemelos que podría usar en su contra, pero entonces respiro hondo y me tranquilizo. No me va a servir de nada hechizarlas si no me explican que demonios pretendían hacer con mi cuaderno. Bajo de las gradas después de recoger mis cosas y sin despedirme de nadie, para encontrármelas en las puertas del estadio, las tres mirando al suelo como si tuvieran cinco años y acabaran de romper toda la vajilla del Gran Comedor.

— Tenemos una explicación para esto. — Olivia es la primera en hablar y las miro esperando a que digan algo más, hasta que un golpe de las otras dos la hace reaccionar. — Sí, vale, estás esperando a la explicación, tiene sentido.

— No, si te parece estoy esperando a que crezcan lombrices.

— Queremos ayudarte.

— ¿Y teníais que robar el cuaderno?

— Te hemos visto quedarte dormida encima de ese cuaderno, mientras que llorabas. —Añade Claire, y yo me sorprendo. — Las cortinas no tapan todo lo que haces, Abby.

— Pensamos que si te ayudábamos a evitar lo que sea que pase ahí y que te hace llorar confiarías en nosotras.

— Pero nos ha salido el tiro por la culata cuando has hecho ese hechizo y todavía no estábamos demasiado lejos ni nos había dado tiempo a hechizar la libreta. —Ahora es Sam la que habla, y me pone los pelos de punta saber que querían hacer.

Sigo con la libreta en las manos, y veo como las tres la miran con deseo de saber que hay ahí. No puedo confiar en ellas. Claro que prefiero que hayan sido ellas quien hayan intentado robar la libreta a que haya sido Fred o George.

— Me parece genial que hayáis intentado ayudar, de verdad, pero estas no son las formas.

— Lo sabemos. —Dicen las tres a la vez, y si no fuera porque conozco sus apellidos, pensaría que son trillizas.

Trato de pensar que puedo hacer con ellas, pero me doy cuenta de que no tengo mucha opción. Podría enfadarme y no volver a hablarlas, pero sería algo estúpido teniendo en cuenta que compartimos habitación y es imposible que me cambien. Suspiro, sabiendo que tampoco me puedo enfadar con ellas por intentar ayudarme, pero si que a lo mejor puedo aprovecharme un poco de su arrepentimiento.

— Haremos cualquier cosa para que nos perdones, de verdad. —Dice Claire, y las demás asienten.

— Nos vemos esta noche en la habitación. Tengo que probar una cosa.

Me voy del campo de Quidditch antes de que todos salgan de los vestuarios y empiecen a preguntar. Tengo que escribir toda la visión antes de que se me olvide y ya me han entretenido bastante. No sabía que podría comunicarme conmigo misma. Si Fred no me hubiera despertado, sabría donde no tengo que ir. Doy un grito en mitad del pasillo de la frustración y algunos alumnos que pasaban por allí me miran fijamente.

— Abby, espera. — Oigo que me llaman, y cuando me giro veo a los gemelos justo detrás de mí.

— Ahora no tengo tiempo, de verdad.

— Nos da igual que no tengas tiempo ahora, lo que ha pasado en el campo de Quidditch creo que es lo suficientemente importante como para que nos expliques que ha pasado. — Dice Fred.

— Queremos saber si estás bien, nada más. — Ahora es George el que habla, mostrando más sensatez que su hermano. — ¿Qué es lo que has visto?

— Estoy bien, ¿puedo irme ya? —Ignoro deliberadamente la pregunta de George y empiezo a moverme de manera nerviosa. Si no apunto todo rápido se me va a olvidar.

— No evites la pregunta.

— ¡Está bien! — Frustrada miro a mi alrededor y veo que estamos en uno de los pasillos con más aulas vacías, así que arrastro a ambos a una de ellas y saco mi cuaderno rojo para poder apuntar todo. — Primero os esperáis, luego os lo explico.

Ambos asienten y yo empiezo a escribir a toda velocidad. Sé que luego me va a costar entender esto, pero tengo demasiada prisa. Oigo como los gemelos empiezan a susurrar cosas, pero no me detengo a escucharlos. Consigo transcribir todo lo que he visto y entonces levanto la vista del cuaderno para ver que ambos se han puesto detrás de mi y están leyendo todo.

— Menuda letra tienes, esto no hay quien lo entienda. —Dice George, y Fred le da un codazo.

— Pues los deberes bien que los entiendes. — Le respondo, pero les dejo leer. Será mucho más fácil que explicarlo.

— ¿Estás diciendo que te estabas hablando a ti misma?

— Sí, yo también estoy sorprendida. — Por un momento pienso en hablar con Dumbledore para contarle esto, pero luego me doy cuenta de que no va a servir de nada. Pero hay alguien que se supone que sabe cosas. —Tengo que hablar con Snape.

— ¿Estás loca?

— Creo que la caída le ha afectado.

— Mi madre me ha hablado de algo que tiene Snape y es suyo. Tengo que encontrarlo y hacer que me lo de antes.

— Tenemos que llevarte a la enfermería. —Fred y George hablan a la vez y yo suspiro, odio cuando hacen eso, así que empiezo a recoger mis cosas.

— ¡No! Sabía que no se puede hablar con vosotros.

— Habla por Fred, yo si te entiendo.

— ¡Pero si tú también has dicho que me teníais que llevar a la enfermería!

— Sí, bueno, pero yo creo que es por la caída.

— ¿Y por qué te piensas que lo digo yo?

— ¿Por la caída?

— ¡Vale ya! Esto es una conversación demasiado estúpida, tengo cosas que hacer como para estar perdiendo el tiempo aquí.

No tardo nada en ir a abrir la puerta y, para mi sorpresa, la señora Norris está al otro lado de la puerta, olisqueando. De repente maúlla y los gemelos lo oyen, así que lo siguiente que sé es que me están llevando en volandas por Hogwarts demasiado deprisa y de una manera muy inestable.

— Nos encantaría llevarte a la torre de Ravenclaw, pero es momento de que nos separemos para que no nos encuentren.

— Te apreciamos, pero pasar contigo un castigo es demasiado horrible.

— ¡Oye!

— ¡Te queremos!

Los gemelos se van rápidamente y yo hago lo mismo, tampoco quiero estar castigada obviamente. Además, tengo que hablar con mis compañeras de habitación. Lo que quiero hacer es bastante sencillo, y si es verdad lo que dice la carta debería ser capaz. Aun así, tengo que conseguir lo que tiene Snape, si es tan importante como para tenerlo en determinada fecha, quizá puede ayudarme a evitar todo lo que va a pasar.

Nada más entrar en la habitación, veo que las tres están sentadas en el suelo, rodeando mi cama como si fuera un altar. Llevo conviviendo con ellas muchos años y pensaba que no iban a sorprenderme más, pero me equivocaba.

— ¿Se puede saber que hacéis?

— Esperarte. —Claire es la única que se gira para hablar, mientras que las otras dos parece que están meditando.

— Pues menudas formas. Me voy a duchar, ahora hablamos.

— Te has duchado esta mañana, deja de esconderte en el baño y dinos que quieres hacer con nosotras. —Sam entiende que intentaba hacer y maldigo en mi interior por ser demasiado obvia.

— Si planeas usar algo de los gemelos Weasley en nuestra contra dínoslo para que podamos avisar a Madame Pomfrey de que estaremos una temporada allí. — Ahora es Olivia la que habla y no puedo evitar sonreír.

— Sus productos no son tan terribles.

— Lo dices porque uno de ellos es tu novio.

— No es mi novio.

— Pero te gusta. Creo que es Fred. Ojalá fuera George, te hará menos daño.

— No lo sabes tú bien. — Murmuro de manera inconsciente, pero me oyen porque enseguida se levantan para interrogarme.

— ¿Acabas de decir lo que creo que acabas de decir? —Sam es la primera en hablar, y de reojo veo como Olivia empieza a seguirla el rollo.

— Creo que acaba de decir lo que crees que acaba de decir.

— ¡Vas a salir con Fred Weasley! —grita Claire, y yo me tapo la cara de la vergüenza que me están haciendo pasar, y eso que no hay nadie más en la habitación.

— No es que vayamos a salir, es más complejo.

— ¿Tiene que ver con la libreta negra?

— Sí, Claire.

— ¿Qué hay en esa libreta negra, Abby?

— No lo puedo contar, Olivia.

— ¿Tan importante es para que no puedas decir nada?

— ¿Acaso tú no tienes secretos, Sam?

— Con ellas no.

— Bien, pues yo si tengo, muchos. ¿Me vais a dejar hacer lo que quería?

Las tres asienten y yo sonrío de oreja a oreja. Van a ser mis primeros conejillos de Indias, y si todo sale bien podré ver mucho más de lo que veo ahora. Me siento en la cama y les hago una seña para que vengan a mi alrededor.

— No os puedo contar nada de lo que vea. Es vuestro futuro y tengo que saber que va a pasar con vosotras antes de saber si uso algo de los gemelos o mejor olvido que intentabais robar mis cosas.

— ¿Por qué no nos lo puedes contar?

— Olivia, calla y déjala, es su decisión y bastante que no está haciendo nada.

Decido que la primera va a ser Olivia, por haber abierto la boca. Le cojo la mano y entonces trato de concentrarme, pero no hay manera de saber que pasa con ella. La suelto y cojo la de Claire, para ver que pasa lo mismo. La última que queda es la de Sam, pero no tengo muy buenas sensaciones sobre esto. No veo absolutamente nada, lo cual puede tener que ver con que su futuro no está totalmente definido. Me queda una última cosa, y es la que espero que no resulte.

— Poned todas las manos sobre la mía, de manera que me estéis tocando de manera directa.

No quiero que el futuro de tres chicas normales y corrientes esté enlazado de tal manera que, si a una de ellas le pasa algo, a las demás también. Suspiro aliviada al ver que no pasa nada, así que las suelto y me levanto rápidamente.

— Tienes que dejarlas ir, Abby.

— ¡No!

Empiezo a llorar sin poder parar, están muertas por mi culpa. Hermione me abraza fuertemente en el Gran Comedor, que está totalmente destruido.

— Primero Fred y ahora ellas. No he podido hacer nada por ninguno a pesar de haber sabido durante años que iban a morir.

— ¿Lo sabías? ¿Por eso has venido? Abby, en tu estado era peligroso.

— Es dos de mayo de mil novecientos noventa y ocho, Hermione, tenía que buscar a Snape, ya lo sabes.

— Me da exactamente igual la fecha que sea, Abbigail Stone.

— Ahora no es momento de regañarme, Herms. —Vuelvo a mirar los cuerpos de mis amigas, con las que conviví ocho años. No puedo evitar volver a llorar, podría haberlas salvado. Haber salvado a Fred.

— ¿Creéis que deberíamos llamar a Madame Pomfrey? Se ha dado un golpe muy fuerte.

— Hoy ya se ha caído desde las gradas de Quidditch, si no se ha ido entonces estará bien.

— ¡Mirad, se está moviendo!

— No soy un animal de feria, Sam. — Las tres me ayudan a sentarme y me froto la cabeza, ha sido un golpe muy fuerte.

— Sé que nos has dicho que no ibas a decirnos que veías, pero... ¿qué has visto?

Suspiro ante la insistencia de Olivia, pero me levanto del suelo y voy a buscar la libreta negra. Quizá así dejen de preguntar, pero cuando me ven con ella veo como Claire empieza a llorar.

— Habéis mirado dentro, ¿verdad?

— No, no lo hemos hecho. Nada de lo que apuntas ahí es bueno, somos plenamente conscientes de ello. — Dice Olivia, y noto la honestidad en sus palabras.

— ¿De verdad queréis saber vuestro futuro?

— ¿Acaso tenemos uno?

Las palabras de Sam me asombran. Ha dado justo en el clavo, ninguna de ellas tiene mucho futuro, estamos en septiembre de 1995, quedan poco más de dos años y medio para que llegue esa batalla donde se perderán muchas vidas. Pero aún tienen tiempo. Suspiro, no quiero tener que contarles que en poco tiempo estarán muertas, que no habré podido evitarlo.

— Coged la libreta.

Las palabras se escapan de mi boca y antes de arrepentirme, les lanzo la libreta y salgo corriendo al baño. No quiero ver sus reacciones cuando sepan el contenido. Me da terror que juzguen todo lo que sé y que, cuando todo ocurra, vean que no hice nada para evitarlo. No podemos huir de la muerte, hasta mi propia madre me lo dijo justo antes de morir. Pasa poco tiempo desde que las lanzo la libreta hasta que oigo como llaman a la puerta del baño. No quiero salir.

— Abby, por favor, sal. — Oigo la voz de Olivia, que parece que es la que más tranquila está de las tres, pero de fondo están los sollozos de Claire y un intento de ánimo por parte de Sam, que se le nota la voz rota. — No es tu culpa lo que has visto, tampoco va a ser que mueran.

Abro lentamente la puerta y Olivia se cuela dentro del baño. Veo que tiene las marcas de alguna lágrima que ha ido cayendo por la mejilla, así que se la limpio suavemente. Si no me hubiera empeñado en alejar a todo el mundo quizá saldría con ella. O si el año pasado, para el baile, en lugar de haber elegido a Gemma, con la que había tenido un crush de dos años, hubiera ido con ella. Ahora Gemma se había ido a estudiar a Francia y yo seguía en Hogwarts.

— ¿Nos contarás como vamos a morir?

— No se puede escapar de la muerte, ¿estáis seguras de que queréis saberlo?

— Conseguiremos evitarlo, si tú nos avisas.

Veo que tiene esperanza, que de verdad piensa que podrán huir, y me contagio de su optimismo. Quizá si lo cuento pueden ser más cuidadosas y entonces no habrá tantas muertes. O al menos es mi intención. Me da la mano y me lleva a la habitación, donde veo que Claire está leyendo mientras que llora y Sam la abraza.

— Abby esto es demasiado para una sola persona, de verdad. No puedes estar aguantando todo esto tú.

— ¿Estás llorando por lo que tengo que aguantar? — Veo como asiente y Sam suspira mientras que niega. Debe de ser algo muy característico de la chica. —Acabo de ver tu muerte Claire, por lo que menos te deberías preocupar es por mí.

— No es justo que tengas que ver estas cosas, ya es bastante con que tengas que ver el futuro para que encima veas muertes.

— Viene una guerra, Sam, es lo que me ha tocado.

— ¿De verdad ha vuelto Quien-tú-sabes? — Asiento y Olivia medita mis palabras. — Lucharemos contra él y los mortífagos.

— ¡No! No podéis hacerlo.

— Moriremos si lo hacemos, ¿verdad? — Asiento y Claire pasa las páginas hasta que llega a la última, la muerte de Fred. — Es la misma fecha que cuando muere Fred, ¿verdad?

— Dos de mayo de mil novecientos noventa y ocho. — Murmuro, y las tres ahogan un grito al saber la fecha.

— Nos quedan dos años y medio. — Añade Sam, y yo solo asiento. Odio esto, podría haberlo evitado todo el año pasado, Voldemort podría no haber revivido.

— Tenemos dos años y medio para hacer todo lo que queríamos hacer. ¿Entendido? —Olivia se levanta de la cama rápidamente y no duda en sonreír. — Tendremos que adelantar muchas de las cosas que queríamos hacer a lo largo de nuestra vida, pero podremos hacerlo. Este verano viajaremos todo lo que queríamos hacer a lo largo de nuestra vida, somos brujas, aprovechémoslo. ¿Vendrás con nosotras, Abby?

— Tengo trabajo, lo siento.

— ¿Trabajo? ¿Ya? Pero si no te has graduado. — Claire se seca las lágrimas y ahora es ella la que se pone de pie. Me devuelve la libreta y empieza a andar por la habitación. — Espera un momento, ¿cómo era la relación con tu madre?

Sonrío al ver que se ha dado cuenta de que había algo extraño en la historia. Solo dije que era complicado, pero veo como ha conseguido hilar mi trabajo con mi madre, ahorrándome muchas cosas.

— Soy parte de la Orden del Fénix, mi madre lo era de la original, la que luchó contra Voldemort en la primera guerra mágica contra él. — Las tres tiemblan al oír el nombre del mago tenebroso, y no puedo evitar sentir pena. Tienen miedo a un nombre. — Luchó junto a Lily Evans muchas veces, antes de que ella se convirtiera en Lily Potter. Cuando se casó, cambió de compañero a Sirius Black.

— ¡Pero es un asesino! — grita Sam, y yo lo niego. Ha habido muchas mentiras relacionadas con él, y a pesar de que todavía no lo conozco en persona, sé que es totalmente inocente.

— En realidad, no lo es, Peter Pettigrew fue el asesino de los Potter. La casa estaba protegida mediante un Fiddelio y en lugar de nombrar a Black, nombraron a la rata de su amigo. — Decido hacer el juego de palabras relacionada con la condición de animago de Pettigrew, a pesar de saber que no lo van a entender. — Al final resultó que era un traidor y consiguió que Voldemort matara a los padres de Harry.

— Tienes que estar de broma, ¿verdad?

— Ojalá.

— ¿Un hombre inocente ha estado en Azkaban durante años por culpa de otra persona? ¿Pero qué clase de juicios hay en el mundo mágico? —Sam está indignada y lo entiendo, cuando me enteré yo también lo estuve. — Yo quería trabajar en los tribunales mágicos, haciendo justicia, pero ya ni lo intento.

Las tres guardamos silencio, hasta que Olivia empieza a reír. Al final Sam se contagia y Claire tarda un poco más, mientras que yo sigo sin entenderlo. Hasta que me doy cuenta de que está teniendo el suficiente sentido del humor como para jugar con su propia muerte.

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