Capítulo 23
Había pasado los tres últimos días encerrada en la habitación, desarrollando una obsesión por analizar todas las visiones que podía. Trataba de anotar todos los detalles posibles que leía, comparándolo con cómo estaba la gente en estos momentos, pero no podía sacar nada en claro ya que todo parecía normal cuando lo leía, que era lo lógico. Como lo había sido la falta de la oreja de George.
El trío de oro había estado intentando sacarme de la habitación, pero les había ignorado de forma deliberada hasta que el día menos pensado, Remus Lupin apareció en Grimmauld Place. En el momento en el que oí una nueva voz, no dude en salir de la habitación con la varita en alto hasta llegar al que había sido nuestro profesor de Defensa contra las artes oscuras y apuntarle con ella.
- ¡Es él, Abby, baja la varita! -ordenó Harry, y con un gruñido la bajé.
- Me alegra ver que desconfías de todo aquel que entra en la casa, espero que a Ron y Hermione se le pegue algo de vosotros dos -dice Lupin. -Vamos a sentarnos, tengo que contaros que pasó cuando os fuisteis de La Madriguera. ¿Vinisteis directamente aquí?
- Primero fuimos al mundo muggle -murmuro.
- A Tottenham Court Road, pero los mortífagos nos encontraron en la cafetería muggle donde nos metimos -dice Harry, y la cara de Lupin se vuelve un poema, así que Harry le explica todo.
- Hemos pensado que podía ser el Detector -añade Hermione.
- No puedes llevar el Detector, es ilegal en magos mayores de edad -dice Remus, y Ron no puede evitar sonreír con superioridad mientras que Harry suspira con alivio. -Además, no saben con seguridad donde estáis, solo hay dos mortífagos fuera de la casa, si ya supieran que estáis aquí la casa estaría llena de ellos.
- ¿Qué pasó cuándo nos fuimos? -pregunto.
- Gracias al aviso de Kingsley, la mayoría se pudieron ir -dice Lupin, y cuando voy a preguntar, se adelanta. -Tus amigas están bien, Abby.
- ¿Eran del Ministerio o mortífagos? -pregunta Hermione, sorprendiéndome por la pregunta.
- Ya no importa, a efectos prácticos son la misma cosa. Buscaron por La Madriguera de arriba a abajo, incluso encontraron el ghoul, pero no se acercaron mucho. Trataron de sacar información a todos los que quedamos allí, pero los únicos que sabíamos que habías ido a la boda éramos miembros de la Orden. Arruinaron la boda mientras que te buscaban por distintas casas a lo largo de todo el país, no hubo víctimas si os preocupa eso -Lupin se adelanta a la pregunta de Harry, que vuelve a suspirar aliviado. -Quemaron unas casas y torturaron, pero nada que no se aleje de sus métodos agresivos.
- ¿Pero cómo tiraron los hechizos protectores? -pregunta Hermione, y Lupin no puede evitar reír amargamente.
- Cuentan con toda la potencia del Ministerio y ya no se tienen que contener a la hora de usar los hechizos más potentes, ¿crees que unos pocos encantamientos les frenan?
Decido levantarme de la mesa ya que no están hablando de nada que me interese realmente, que el Ministerio está siendo controlado por Voldemort es algo que era de esperar, así que no entiendo de que se sorprenden. Es mi momento de comer algo antes de que vuelva a encerrarme en la habitación, pero algo me llama la atención y por el tono de Lupin, no me resulta agradable:
- Tonks va a tener un hijo.
- ¡Oh! ¡Qué bien! -exclamó Hermione.
- ¡Sí, qué alegría! -corroboró Ron con entusiasmo.
- Enhorabuena -dijo Harry, pero Lupin compuso una sonrisa forzada que más bien parecía una mueca, y añadió:
- Entonces... ¿aceptáis mi oferta? ¿Iremos los cinco juntos? Estoy seguro de que Dumbledore lo habría aprobado; a fin de cuentas, me nombró vuestro profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Y os advierto que creo que nos enfrentamos a una magia con la que muchos de nosotros jamás nos hemos topado ni llegado a imaginar.
- ¿Estás de coña? -consigo decir cuando he superado la sorpresa inicial. -¿Tienes la maldita oportunidad de quedarte con tu mujer y quieres largarte? ¿Por qué tienes miedo de que tu hijo sea un licántropo? Te estoy leyendo, Lupin, y apestas a...
- Cobardía -me interrupe Harry, y yo solo asiento. -Nunca pensé que eras un cobarde.
- No lo entiendes, Harry, fue un error casarme con Tonks, mi instinto me lo decía y me he arrepentido desde entonces.
- Ya me gustaría poder arrepentirme de casarme, Lupin, o de hacer cualquier cosa que se supone que debo hacer al crecer como tener un trabajo o comprarme una casa -le contesto. -Mi novio va a morir en diez meses, tampoco podré ir a la boda de mis amigas porque también morirán en diez meses. ¡Yo también moriré en diez meses! ¡Y ME TENGO QUE QUEDAR ENCERRADA EN ESTA MIERDA DE CASA ESPERANDO A QUE ALGUIEN ME DIGA QUE ME PUEDO LARGAR DE AQUÍ A DISFRUTAR DE UNA PUTA VEZ!
Ante el estallido que acabo de dar, Harry decide seguir con Lupin, atosigándole hasta que aparentemente le hace recapacitar un poco y consigue que se vaya de la casa. Oigo como Hermione le llama a gritos, y luego como regaña a Harry y también me regaña a mí, pero la ignoro de forma deliberada y sigo con mi desayuno. Hasta que Harry me lo quita de las manos.
- Devuélvemelo, Potter -le digo suavemente, pero él niega.
- Vuelve con Fred -ordena, pero le ignoro y le quito el vaso de leche. -Sálvale, no dejes que muera, ni él ni tus amigas. Id lejos de la guerra, protegeos. Lleva a Ginny también y...
- No -le contesto, y decido que es momento de volver a la habitación y recoger mis cosas.
- ¿No quieres que se salven?
- ¿De verdad crees que no van a pelear? ¿De verdad crees que Fred va a salir corriendo como un cobarde? ¿Qué lo van a hacer George, Ginny, los señores Weasley o cualquiera de ellos? ¿Crees que mis amigas, que se quedaron huérfanas porque los mortífagos mataron a sus familias, van a salir corriendo? -a cada palabra que voy diciendo voy subiendo el tono, al igual que va aumentando mi enfado. -No eres el único héroe de este mundo.
Dejo a Harry en la cocina, y no vuelve a decirme nada ya que hay más cosas que le llaman la atención, como el periódico que Lupin ha traído. Sé que es el momento de tratar de organizar todo para irme de aquí, aunque no sé muy bien donde podría ir. Guardo en la mochila los dos edredones de la habitación, junto con todas las cosas que tenía desperdigadas por la habitación. Me pongo la cazadora de Fred, y con la varita bien guardada, llamo a Honey, que solo tarda unos segundos en aparecer aquí.
- Llévame a La Madriguera, Honey -le susurro a la elfina, que asiente.
- Hace mucho tiempo que no nos veíamos, ama Abby -murmura ella.
- Me echaste de la casa, ¿qué esperabas, que volviera?
- Lo siento ama Abby, Honey solo intentaba protegerla -dice ella, con su voz aguda y los ojos llenos de lágrimas.
- No importa, Honey, ¿nos vamos? -me da su mano, y cuando está a punto de tocarme, oigo en la planta de abajo a Hermione usar un encantamiento de desarme.
Suelto rápidamente la mochila y salgo corriendo escaleras abajo seguida de Honey, que no deja de chillar. Y en la cocina está Mundungus en el suelo tirado, gritando, mientras que Harry le apunta con la varita y hay otro elfo con una sartén que parece que le va a atizar con ella en la cabeza.
- ¿Qué se supone que estáis haciendo? -pregunto nada más entrar, y como he frenado en seco, Honey choca con mi espalda.
- Ama Abby, tenemos que irnos -murmura la elfina, bajo la mirada atenta de Ron.
- ¿A dónde te vas? -pregunta Hermione.
- Ve a buscar la mochila, Honey -le ordeno, y ella desaparece para volver a los pocos segundos con ella. -Quiero que vayas a La Madriguera y que busques a Ginny, la pelirroja que conociste, pregunta si es seguro que vaya, ¿vale?
- A sus órdenes, ama Abby -dice la elfina, y desaparece con un crac.
- De nuevo, ¿qué estáis haciendo? -les pregunto, y los tres parecen volver a recordar que tienen a alguien en el suelo tirado.
- ¿Dónde está el guardapelo que robaste? -le pregunta Harry.
- ¿Tiene algún valor?
- ¡Todavía lo tiene! -le acusa Hermione, pero Ron parece que piensa diferente ya que niega.
- Seguro que se está preguntando cuánto más pudo haber sacado por él.
- Bueno, no hubiera sido muy complicado, lo regalé para evitar una multa -dice el mago, y veo que los tres entran en tensión.
- ¿A quién? -pregunta Harry, y antes de que Mundungus diga algo, ya sé a quién se lo ha dado.
- Era una bruja del ministerio, con cara de sapo y totalmente vestida de rosa.
Harry le da un puñetazo a Mundungus y como baja su varita consigue que sus cejas se incendien. Pero Hermione hace que el fuego se apague justo a tiempo de que llegue Honey.
- La señorita Ginny me ha dicho que no puede ir, ama Abby -dice la elfina, y yo suspiro. -Pero le ha dicho que le diga que se acerque a la tienda, ¿la llevo ya?
- Primero llévate a este hombre de aquí, ¿le dejas en algún lugar lejano? -Honey sonríe y agarra a Mundungus para llevárselo de la casa. -¿Qué pasa con el guardapelo?
- ¿Pensabas irte? -pregunta Ron, pero le ignoro.
- Es un horrocrux -dice Harry, y yo asiento levemente.
- Me quedo hasta que lo consigáis, os seré de ayuda si tenéis que meteros en el Ministerio.
- ¿Has estado en el Ministerio? -pregunta Hermione, pero yo niego.
- Me refería como cebo para los mortífagos, no sé si siguen buscándome, pero teniendo en cuenta lo del año pasado...
- No -interrumpen Harry y Ron a la vez.
- Se supone que has venido con nosotros para estar más segura, no para ser cebo -dice Hermione.
- Fred y George me matarían si te dejara hacer eso -dice Ron.
- Te lo adelanto, no mueres, yo tampoco. Si necesitáis ayuda para escapar del ministerio yo os la doy, fin de la historia. -Les digo, y veo como los tres van a volver a quejarse, pero vuelvo a hablar. - Honey, deja mi mochila aquí mismo y llévame a Sortilegios Weasley, en el número noventa y tres del callejón Diagón, al sótano.
- ¡No puedes irte así como así! -oigo gritar a Ron, pero es demasiado tarde ya que Honey me ha dado la mano y nos ha hecho desaparecer.
Aparecemos entre multitud de objetos de sortilegios y ante la mirada de Olivia, que estaba haciendo inventario, o es lo que parecía al tener en la mano una pluma y un pergamino que deja caer en cuanto me ve.
- Hola -murmuro, y Olivia se lanza hacia mí rápidamente.
- Fue horrible, Abby, menos mal que huiste, nos torturaron por horas por haber estado en la boda -dice ella con lágrimas en los ojos. -Te buscan, no van a parar hasta encontrarte.
- Escaparé, no te preocupes -le digo, abrazándola. -¿Dónde están los demás?
- Arriba, voy a buscarlos, no salgas de aquí -me advierte, y yo asiento. Sé que Honey está detrás de mí, por lo que estoy tranquila, si necesito salir corriendo ella me ayudará.
Siendo amiga de los gemelos Weasley, era muy obvio saber que seguir instrucciones no era lo mío, por lo que en cuanto veo que Olivia ha subido las escaleras, no dudo en seguirla hasta llegar a la tienda, que tiene unos pocos clientes, en general niños que vienen a comprar artículos de broma mientras que sus padres no dejan de mirar a todos lados, asustados. Puedo ver a Olivia hablando con Claire, y luego como ambas se separan para buscar a los demás.
- Disculpa, esta es una zona solo para empleados, no puedes estar aquí -la voz de Fred me sorprende por la espalda, parece mucho más serio y maduro. No dudo en girarme lentamente, hasta que me ve y solo puede abrir los ojos por la sorpresa.
Me acerco a él rápidamente y le abrazo, mientras que él me corresponde igual. No me había dado cuenta de cuanto les echaba de menos a todos. Pronto llegan los demás, y me obligan a bajar al sótano cuando ven pasar por delante del escaparate a unos cuantos mortífagos. Puedo oír desde aquí abajo como los gemelos discuten tranquilamente con ellos, e incluso insisten en que bajen a revisar el sótano para ver que no tienen nada. Al final oigo como se marchan y las que vienen son Olivia, Claire y Sam; que no parecen nada contentas.
- ¿Cómo se te ha ocurrido venir hasta aquí? -me regaña Claire. -¿Sabes lo peligroso que es?
- Puedo hacerme una idea, Olivia me ha dicho que os torturaron -digo, y Sam no duda en darle un golpe suave.
- Se supone que no íbamos a contarle nada -le regaña Sam, y ella solo se encoge de hombros.
- Lo hubiera acabado averiguando.
- ¿Qué os hicieron? -pregunto con miedo, y las tres solo suspiran.
- Estábamos en la boda, te vieron y pensaron que teníamos que conocerte, no dudaron en separarnos de los Weasley para saber donde estabas. Fue una suerte que no se dieron cuenta de que somos tus amigas -dice Claire tranquilamente, pero puedo ver como trata de esconder sus brazos con el uniforme.
- ¿Y a los gemelos? -pregunto, mientras que me acerco lentamente a ella.
- Con ellos estaban más pendientes de Harry, les interrogaron por horas, pero no hubo tortura ninguna -dice Sam, y aprovecho ese momento para subir las mangas de la túnica de Claire.
Si yo había estado mal cuando lo hicieron conmigo no quiero imaginarme cuanto tiempo estuvieron con ella. Y cuantas maldiciones diferentes habían usado en ella. Estoy a punto de hablar cuando las demás también levantan las mangas de sus túnicas y puedo ver que están igual. Claire y Sam tienen una cicatriz que dice traidoras a la sangre, pero la de Olivia dice sangre sucia.
- Estamos bien, no hagas locuras con esto -dice Olivia, pero yo niego.
- Eso no se va a quedar sin pagar -murmuro, y las tres suspiran.
- ¿Has pensado en teñirte? -dice de repente Sam. -De pelirroja, con tinte muggle. Ellos saben que eres morena, si te tiñes incluso las cejas pasarás desapercibida.
- Le preguntaré a Hermione si sabe usar el tinte muggle.
- Si no podemos hacerlo nosotras -dice Olivia, y las tres asienten.
- Vosotras no vais a hacer nada -dicen los gemelos a la vez.
- No podéis prohibirnos nada -murmura Claire.
- Vuelve con Harry, Ron y Hermione, Abby -dice George, pero suena a una orden en lugar de una sugerencia.
- Estoy harta de estar encerrada en esa casa -gruño, pero ninguno me hace caso.
- Les pedimos algo una vez, y no son capaces de hacerlo -se queja Fred, y no puedo evitar darle una colleja. -¡Oye!
- Te aguantas, no tenéis que decirle a nadie que cuide de mí, y mucho menos a tres muchachos de diecisiete años que ya tienen bastante.
- Quizá necesitan tu ayuda, Abby -murmura Sam, con la vista perdida. Espero no verme así cuando tengo una.
- Tengo que irme, ¿me conseguís un tinte? -les pregunto a las chicas, y ellas asienten. -Vamos, Honey, llévame a mi habitación.
- ¡Sí, ama Abby!
- Espera -murmura Fred, agarrándome del brazo.
Pero Honey no se ha dado cuenta de parar y nos lleva a ambos hasta Grimmauld Place, por lo que ahora Fred sabe donde nos escondemos. Lo que hace que esté en peligro. No sé muy bien como reaccionar a que esté ahora aquí, pero él si lo hace y hechiza la habitación para que no se oiga nada desde el exterior, por lo que ni Harry, ni Ron, ni Hermione deberían darse cuenta.
- Deberías borrarme de la memoria donde estamos -dice él, y yo solo asiento. -Necesitaba hablar contigo.
- ¿Quieres romper? -pregunto suavemente, pero la mirada de desconcierto de Fred me hace plantearme que quizá no era eso. - O no, no hace falta, pero si quieres está bien, no tiene importancia, ¿no? Primero somos amigos, ¿no?
- Sí, Abby, somo amigos antes que pareja, pero no era eso de lo que te quería hablar.
- Ah, vale, entonces da igual, no importa, sigue.
- O sea, sí que quería hablarte de eso, pero no ahora. O no todavía o... no sé -murmura Fred, para luego sacudir la cabeza y sentarse en la que era su cama.
- ¿Prefieres que dejemos esta conversación para otro momento? Creo que no va a ningún lado y, no sé, puede que mi parte vidente esté hablándome ahora mismo y me chille que pare esta conversación porque no vamos a ningún lado ya que tú deberías estar en la tienda y no aquí conmigo y yo debería estar abajo con los demás o bien por ahí perdida haciendo algo que no sé muy bien que es.
Fred trata de seguirme, pero al final acaba riendo porque seguramente se ha perdido en mi pequeño monólogo. Yo también lo hubiera hecho, estaba teniendo bastantes problemas para poner en orden mis pensamientos.
- Honey, quiero que lleves a Fred a la tienda, y le dirás a Claire que te llame cuando tenga el tinte, solo puedes obedecerla esa vez, ¿entendido? -le digo a la elfina, y ella asiente enérgicamente. -Bien, llévatelo.
La última parte la susurro, pero ella me oye perfectamente y antes de que Fred pueda hacer nada, ambos desaparecen de la casa, dejándome sola en la habitación. Doy un profundo suspiro y con la varita bien guardada en los pantalones, bajo de nuevo hacia la casa. Debería empezar a dormir en el salón con los demás, pero tampoco es que tenga un saco donde poder hacerlo y empieza a haber bastante frío. Aunque quizá podría utilizar el edredón que había guardado para transformarlo en uno mágico, que sería una idea bastante útil. A veces podía llegarme a preguntar cómo había llegado a la casa de los inteligentes, creativos y curiosos. Lo de la individualidad lo cumplía bastante bien, eso era algo que no se podía negar.
Bajé lentamente y me uní a la locura de plan que estaban preparando, infiltrarnos en el Ministerio gracias a la poción multijugos. Habría que vigilar todos los días el Ministerio en busca de Umbridge, que tenía el maldito guardapelo que parecía ser una parte del alma de Voldemort. Y estaba el pequeño problema de que había poción multijugos para tres personas, no cuatro ya que Hermione en ningún momento había contado con una persona extra. Por suerte, mi plan del teñido dio resultado y con un tinte totalmente pelirrojo sobre mi pelo y mis cejas parecía otra persona.
Durante el mes de agosto aprendí lo básico de maquillaje muggle, con el que cada vez que me lo utilizaba parecía una persona totalmente diferente. Y estaba muy orgullosa de haberlo probado con los mortífagos que estaban en la plaza, vigilando la casa, no me quedaba otra opción para saber si funcionaba o no.
Llegó el primero de septiembre y todos los mortífagos se reunieron en la plaza, supongo que esperaban ver a los tres cogiendo sus baúles y volviendo a Hogwarts, algo que era bastante lógico de entender porqué no lo harían. Harry llegó con la maravillosa noticia de que Snape había sido nombrado director de Hogwarts, y por mi mente pasaron distintas imágenes que no me dejaban entender nada. Snape estaba en su despacho, con Ginny, Neville y Luna sujetando la espada de Gryffindor, parecía molesto, pero no lo molesto que debería estar teniendo en cuenta que tres alumnos estaban robando de su despacho. Lo siguiente fue verle en un bosque, dejando la espada en un lago que luego congeló y lanzó un patronus que no llegué a ver.
- ¿Estás de acuerdo, Abby? -me preguntó Hermione de golpe, y dejé caer la cuchara en el cuenco de sopa que había preparado Kreacher con su cariño habitual.
- ¿En qué?
- Mañana vamos al Ministerio.
- ¿Mañana?
- ¿Pero has estado escuchando?
- Estoy preguntando por algo, Ron, ¿tú que crees? -le contesto bruscamente, y aprovecho para lanzarle un trozo de pan en toda la frente. -¿No creéis que es un poco arriesgado ir mañana!
- Eso pienso yo, pero Harry no hace caso -dice Hermione, y miro al Elegido para ver que cuenta ahora.
- Ya lo he dicho antes, se cree demasiado importante como para ir andando al Ministerio, así que lo único que podemos hacer es entrar.
- Vale -acepto sin preguntar nada más. -Voy como cebo, ¿no?
Los tres ponen los ojos en blanco ante mis palabras, pero yo solo puedo reír. Sé que no me dejarán atrás, lo cual es un peligro bastante grande, pero no saben que si algo pasa he estado practicando para devolver mi aspecto a como era antes del tinte. Los motífagos podrán reconocerme el tiempo suficiente como para que se tengan que dividir para perseguirnos. O al menos ese es el plan.
Harry sale corriendo de la mesa al baño, para a los pocos segundos empezar a gritar como un condenado, lo que hace que sus amigos se vayan corriendo a ver que le pasa y yo aprovecho para volver a repasar todos los planos del Ministerio que tenemos. Sé que no es asunto mío lo que sea que le pase a Harry ahora mismo ya que nunca ha tenido confianza suficiente como para contarme nada, por lo que prefiero no inmiscuirme.
Cuando vuelven, seguimos repasando todo el plan hasta que deciden que es momento de ir a dormir, pero de nuevo no tengo sueño alguno ya que la imagen de Snape dejando la espada de Gryffindor no deja de atormentarme. Al final, después de muchísimas vueltas, caigo en un sueño intranquilo donde los dementores son protagonistas indiscutibles de la pesadilla.
Lo que menos me esperaba era que fueran una premonición del día siguiente. Aunque empezando por el principio, todo había estado saliendo a pedir de boca, pude hacerme pasar con éxito como la ayudante personal en prácticas de Mafalda Hopkirk, en quien se había convertido Hermione. La suerte se puso aún más de nuestro lado cuando en el ascensor nos encontramos a Umbridge, que nos llevó con ella después de medio cuestionar que hacía yo allí. Unas palabras de Hermione sobre la cantidad de papeleo que tenía que hacer parecieron satisfacer a la bruja, porque pronto estábamos con ella en la comisión de registro de hijos de muggles. Yo me encargaba de organizar todos los papeles que pedía Umbridge mientras que Hermione tomaba nota del registro. Todo esto mientras que estábamos rodeadas de dementores que no se acercaban a nosotras gracias al patronus de Umbridge, un gato.
Muchos gritos por parte de todos los nacidos de muggles llegó Harry, asustando a Hermione y adelantando todos los sucesos posibles. Hizo el encantamiento aturdidor y tanto Umbridge como Yaxley cayeron inconscientes. Harry fue a liberar a la señora Cattermole e iniciamos la huida del Ministerio. Conseguí convocar mi patronus, que se unió a la nutria de Hermione y al ciervo de Harry, pero pronto solo quedaron mi grim y el de Harry, ya que Hermione se asustó en cuanto oyó las noticias de Ron sobre que estábamos casi atrapados.
Subimos en el ascensor, con el grupo de hijos de muggles acusados y cuando llegamos al Atrio, pudimos ver como Harry usaba su identidad de hombre del Ministerio para ayudarles a escapar. Hasta que llegó el verdadero señor Cattermole y no nos quedó otra que desaparecernos. Me dio tiempo a ver la puerta del número doce de Grimmauld Place, y rápidamente me solté de Hermione por la sorpresa de que alguien me agarraba del tobillo. Y no pensaba dejar que los descubrieran.
Con la varita en mano me aseguré de cambiar mi aspecto antes de pegarle una fuerte patada en la nariz a Yaxley, que nos había seguido hasta aquí, pero era demasiado tarde como para seguir al Trío de Oro, que ya se habían desaparecido rápidamente. Ahora quedaba yo, sin un lugar claro a donde ir. O al menos es lo que pensaba, Honey apareció de la nada y tomó mi mano para llevarme donde menos me esperaba, mi casa.
- Honey sabía que la ama estaba en peligro, por eso Honey ha ido a buscarla -chilló la elfina en cuanto estuvimos a salvo. -La ama Abby tiene que irse de aquí rápidamente, todavía sigue siendo peligroso, puede dormir aquí pero mañana deberá irse.
- ¿Qué? -consigo decir, y Honey me lleva hasta la cocina, donde me obliga a sentarme y me prepara lo que parece ser una sopa.
- Coma, ama Abby, tiene que reponer fuerzas.
Decido hacer caso a la elfina y me como la sopa mientras que veo como coge todo tipo de alimentos de la despensa y los mete en mi mochila, que por suerte había cogido hoy. Veo que hace aparecer una tienda de campaña y también la guarda allí dentro.
En cuanto ve que he terminado la cena, me tiende un papel en el que puedo reconocer la letra de mi madre, pero ella niega, dándome a entender que no lo lea todavía. Y decido hacer caso ya que parece que todo lo que hace la elfina tiene un motivo claro, es como si formara parte de un plan que no entiendo del todo, pero en el que yo también estoy involucrada.
Me ofrece dormir en la casa hoy, pero niego lentamente y con las cosas preparadas, salgo de allí lista para encontrar mi propio camino.
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Estoy muerta, definitivamente.

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