Capítulo 22
El mes de julio fue uno de los más estresantes de mi vida, no solo porque seguía ayudando a los gemelos con la tienda si no porque había que preparar la boda de Bill y Fleur y la salida de Harry de casa de sus tíos. Me habían prohibido terminantemente ir a buscarle, a pesar de que sabían que podía ser de ayuda, pero como también me querían a mí me quedaría en La Madriguera esperando porque volvieran todos de la excursión. Las chicas habían aprovechado para intentar reclutar más gente a favor de la orden y habían ido a Francia a buscar a muchas de las chicas de Beauxbaton con las que habían hablado en nuestro sexto año. Volverían a tiempo para la boda de Fleur y se quedarían en Inglaterra el tiempo que pudieran. Ya habían perseguido a sus padres y era bastante probable que fueran a por ellas.
Dos semanas antes de la boda y una antes del rescate de Harry, todos nos instalamos en La Madriguera. Habíamos conseguido meter aún más camas para que todos pudiéramos dormir allí, y con todos me refería a los ocho Weasleys, Fleur y sus padres y Hermana, las chicas y yo. En la habitación de Ginny solo entraban tres camas, por lo que ahí dormirían Ginny, Hermione y Fleur. En la antigua habitación de Percy habían conseguido meter una cama de matrimonio para los padres de Fleur y una cama para Gabrielle, su hermana. En la habitación de los gemelos nos las apañamos para poner cuatro camas, dos en el suelo juntas y dos arriba. Fred, George y yo dormiríamos abajo mientras que Olivia, Sam y Claire dormirían arriba. Harry y Ron dormirían en la habitación del último y Bill y Charlie en la que había sido su habitación así que después de todo no estábamos tan mal. Hasta que Remus y Tonks vinieron, anunciando que se acababan de casar. La señora Weasley hizo una mini fiesta que acabó haciendo que ambos se quedaran a dormir allí, causando que Bill y Charlie fueran a dormir junto con Ron.
No paramos de hacer cosas durante toda esa semana, en contra de la voluntad de la señora Weasley fui la encargada de llevar los trasladores a las distintas casas donde trasladaríamos a Harry. Había aceptado a hacer eso solo porque Moody no me dejaba hacer nada más, y al final acabó dejándome solo para que me callara. Las chicas tampoco iban a ir ya que también las habían mandado a buscar a la familia de Fleur a Francia, iban a ser unos pocos y tenían que controlar que todo el mundo estuviera a salvo y que estuvieran todos antes de volver. Porque que vieran como trasladábamos a Harry tratando de que los mortífagos no le matasen no era buena idea.
El día del traslado llegó antes de lo que pensábamos, y todos se fueron de La Madriguera despidiéndose, a pesar de que les había dicho que no lo hicieran. Sabía que la señora Weasley estaba mucho peor que yo en estos instantes, al igual que Ginny porque gran parte de su familia estaba yendo a por Harry y se iban a transformar en él solo para despistar a los mortífagos. Si el reloj de la señora Weasley marcara otra cosa diferente que no fuera en peligro de muerte, me hubiera puesto a mirarlo obsesivamente, pero no servía para nada. Al igual que tampoco era capaz de ver que estaba pasando en estos momentos. Para lo único que podía hacer y estábamos totalmente a oscuras. Llegó el primer traslador, pero vacío, al igual que el segundo, y la señora Weasley empezó a ponerse nerviosa al igual que yo. De repente en el jardín oímos un ruido junto con la luz azul y la señora Weasley junto con Ginny salieron corriendo. Tardé unos segundos en darme cuenta de que debía de haber llegado alguien, por lo que yo también corrí y al ver a Hagrid entendí que el verdadero ya había llegado.
— Nos han tendido una emboscada, sabían que iba a ser hoy —dice Harry, y luego mira a la señora Weasley como pidiéndola perdón. —Solo pudimos huir, no tuvimos tiempo de hacer nada más.
— ¿Tienes algo de brandy, Molly? —pregunta entonces Hagrid, temblando. —Es para propósitos medicinales.
— Sí, claro, ahora vuelvo —murmura la señora Weasley y veo como sale corriendo para coger una botella. Harry se gira hacia Ginny y hacia mí, con una mirada que pide información.
— Ron y Tonks eran los primeros que debían haber llegado, pero han perdido el traslador —dice Ginny señalando la lata. —Luego papá y Fred, pero también lo han perdido. Los siguientes sois vosotros, ahora deberían llegar George y Lupin si consiguen alcanzarlo.
— Aquí tienes, Hagrid —dice la señora Weasley ya de vuelta con la botella en la mano que Hagrid tarda segundos en beber entera.
— ¡Mamá! —chilla Ginny, sobresaltándome, y señala a un punto en el cielo en el que puedo ver como George viene con Lupin.
No puedo evitar chillar al ver como uno de mis mejores amigos está inconsciente y con la cara llena de sangre que Lupin trata de parar. Harry reacciona antes que yo y sale corriendo para ayudar, y en cuanto me doy cuenta yo también voy. Quizá puedo curarlo, salvarlo. Harry tiene a George por los pies mientras que Lupin lo tiene cogido por los brazos, y entre los dos consiguen llevarlo hasta el sofá, donde le dejan y la cabeza de George cae hacia el lado contrario al que sangra, dejando ver que no tiene oreja. Lupin se lleva de golpe a Harry hacia la cocina mientras que una temblorosa señora Weasley trata de curar la herida de George, pero lo único que consigue es hacer que deje de sangrar, por lo que decido intentar curarla yo misma, pese a que llevaba meses sin hacerlo.
Me siento cerca de la cabeza de George y pongo mi mano sobre ella, sin tocarla y trato de concentrarme en hacer que su oreja vuelva. Me imagino a George como antes de irse, con la sonrisa de oreja a oreja y ambas intactas. Noto que algo me roza la palma de la mano, y cuando abro los ojos pensando que la oreja de George ha vuelto veo que es la mano de la señora Weasley, que niega con la cabeza.
— ¿Se recuperará? —oigo preguntar a Harry, que no sabía que había vuelto.
— Las heridas con magia negra no se pueden curar —dice ella, y veo que me mira de reojo recordándome lo que me dijo Dumbledore en su despacho el verano pasado. —No puedo hacerla crecer, pero al menos está vivo...
— ¿Ha llegado alguien más? —pregunta Ginny, y Harry asiente.
— Hermione y Kingsley —dice Harry.
— Menos mal —susurra la pelirroja, y puedo ver como Harry se muere de ganas de abrazarla, y veo que está a punto de hacerlo, pero un gran ruido en la cocina hace que se gire para ver que pasa.
— ¡Primero pienso ver a mi hijo, apártate si sabes lo que te conviene Kingsley! —oigo gritar al señor Weasley, que llega de golpe al salón de la casa seguido de Fred, por lo que puedo respirar tranquila por fin.
— ¡Arthur! —grita la señora Weasley, y entonces veo como rompe a llorar.
El señor Weasley se acerca al sofá en el que está George y se deja caer en el suelo, mientras que Fred se acerca a donde yo estoy y me aparto lentamente para dejarle cerca de su gemelo. Nunca había estado tan callado, y no puedo evitar agarrar su mano para darle todo mi apoyo.
— ¿Georgie? ¿Cómo estás cariño? —la voz suave de la señora Weasley se oyó en el salón, y vi que George se movía lentamente hasta abrir un poco los ojos. No pude evitar soltar un suspiro de alivio y empezar a sonreír al ver que estaba bien. O todo lo bien que podría.
— Como un queso —susurra George, y a mi lado noto como Fred tiembla.
— ¿También le ha llegado la maldición al celebro? —dice, y yo le apretó la mano con más fuerza.
— Como un queso, ¿lo pillas? —dice George abriendo los ojos del todo, y yo no puedo evitar soltar una carcajada. —Los quesos tienen agujeros, y yo también.
— Con todos los chistes de orejas y eliges ese, eres lo peor —dice Fred, pero esta vez con una sonrisa.
— Sigo siendo el gemelo guapo —añade, para luego mirar a la señora Weasley. —Ya vas a poder distinguirnos, mamá, una pena que no se nos haya ocurrido antes.
La señora Weasley empieza a llorar con más fuerza que antes y veo como el señor Weasley se levanta del suelo para ir a abrazarla. Aprovecho para soltar la mano de Fred e ir a ver a Hermione, que si Ron no ha llegado todavía debe estar de los nervios. Salgo al jardín, esperando que esté allí y la veo al lado de Remus y Hagrid, mirando al cielo de forma desesperada. Si mis cálculos no fallaban, faltaban todavía seis personas por llegar.
Pasan los minutos y llegan Harry y Ginny con nosotros, de la mano, pero no llega ninguno de los seis que faltan. Hasta que una luz azul vuelve a iluminar el jardín y aparecen Tonks y Ron, sanos y salvos. Puedo respirar aliviada al ver que ellos también están ahí, por mucho supiera que iban a salir vivos no es lo mismo. Ahora solo faltaban Bill y Fleur junto con Moody y Mundungus, al que me había ofrecido para relevarle ya que no me fiaba de él para nada, pero no había servido. Hermione se lanza a abrazar a Ron mientras que Tonks explica que ha pasado y yo no hago caso a nada de lo que dicen, ahora mismo me preocupa mi amiga francesa que se casa en una semana y que todavía no ha llegado.
Los señores Weasley oyen el alboroto del jardín y salen corriendo a abrazar a Ron, haciendo que seamos aún más esperando a los cuatro que faltan y montando más ruido aún. Otra luz aparece a los pocos minutos, dejándonos ver que Fleur y Bill ya han llegado y están a salvo. Me lanzo a abrazar a la rubia, que se nota que ha estado llorando y trato de limpiarle los restos de las lágrimas, lo que la hace reír un poco. Veo como Molly se acerca a Bill a abrazarle aliviada, pero el abrazo que le da resulta frío.
— Ojoloco ha muerto —dice sin soltar a su madre, y a nuestro alrededor nadie se mueve. —Le vimos caer, nada más salir Mundungus se acojonó y se desapareció. La maldición asesina dio a Moody en toda la cara y cayó, no pudimos hacer nada.
— Lo sabemos —consigue decir Lupin, que está abrazando a Tonks porque no puede parar de llorar. Lo que es normal, era la favorita de Moody.
El silencio llena el jardín de La Madriguera y creo que más de uno empieza a entender en que estamos metidos ahora mismo. Los señores Weasley son los primeros en entrar de vuelta a la casa, y yo les sigo rápidamente, dejando a Fleur con Bill. No me sorprendo al ver a los gemelos carcajeando en el salón, pero cuando ven las caras que traemos todos sus risas paran, y se vuelven muecas cuando oyen que Moody ha muerto. Me siento al lado de George, que ya está sentado y me apoyo en su hombro, sabía que no iba a morir hoy pero igualmente es horrible como estaba.
— Solo he perdido una oreja, el que va a morir es Fred, acércate a él —me dice George al oído y no puedo evitar hacer una mueca ante su frase. No entiendo como se puede tomar tan bien esto. Un vaso de whisky de fuego aparece delante de mi volando, y veo que todos tienen delante el suyo.
— Por Ojoloco —dice Bill, y todos alzamos el vaso para brindar por él.
— Por Ojoloco —decimos todos a la vez, menos Harry que parece que lo dice un poco más tarde. El whiskey de fuego me quema un poco la garganta, pero resulta agradable para entrar un poco en calor a pesar de ser julio.
— Alguien ha tenido que decig algo —suelta Fleur de pronto, y no puedo evitar mirarla con la boca abierta. —Sabían que íbamos a tgasladag a Haggy esta noche, alguien ha tenido que dagle de más a la lengua.
— No —dice de pronto Harry, y todos le miramos fijamente, atento a sus palabras. —Sé que ninguno de los que estáis aquí me hubierais entregado a Voldemort de forma voluntaria. Confío en vosotros con toda seguridad.
— Bien dicho, Harry —dice Fred de repente, y yo asiento, apoyándole.
— Sí, oído, oído —añade George, y puedo ver como Fred quiere reír.
Empiezo a dejar de prestar atención a lo que hablan ya que empiezo a sentir como la adrenalina acaba y el sueño empieza a llegar. No me había dado cuenta de que estaba tan cansada hasta ahora, que se me empiezan a cerrar los ojos lentamente.
— Yo también tengo que irme —oigo decir a Harry a lo lejos.
— ¡No seas tonto, Harry! —grita la señora Weasley y me despierto un poco.
— Estáis todos en peligro mientras que esté yo aquí.
— Bueno, también lo están conmigo aquí y mira, llevo ya aquí una semana —le digo, y luego bostezo lo que hace que tanto Fred como George empiecen a reír.
— Después de todo lo que hemos pasado para traerte hasta aquí, ¿te crees que te vamos a dejar ir? —dice Hagrid desde su rincón.
— Eso, ¿qué hay de mi oreja sangrante? —añade George, y se coloca mejor entre los cojines del sofá.
— Lo sé, pero...
— Ojoloco no hubiera quer- —El señor Weasley interrumpe a Harry, pero la palabra le dura segundos ya que le vuelven a interrumpir.
— ¡Lo sé! —grita Harry a todo pulmón. Murmura algo que no llego a entender y sale del salón, dejándonos a todos allí.
— Menudo genio que tiene —murmuro, y me levanto del sofá para ayudar a la señora Weasley con la cena, porque tal y como está ahora mismo lo único que necesita es distraerse.
Los días siguientes en La Madriguera son un completo caos. La muerte de Moody cae sobre todos, pero la boda está cada vez más cerca por lo que tampoco hay mucho tiempo para pensar. Día tras día ayudo a limpiar, organizar y preparar todo lo que puedo, y en mi mente pienso que, si algún día me llegara a casar, no montaría todo este lío. Avisaría a todos con una semana de antelación para que pudieran encontrar algo que ponerse y listo.
La señora Weasley se dedicaba a intentar alejar a Harry, Ron y Hermione, pero les asignaba tantas tareas que más de una vez repitió las tareas, por lo que no les resultó muy complicado reunirse en la habitación de Ron. Y yo aproveché para escuchar lo que decían, pero no entendía nada a pesar de oírlos claramente. Los horrocrux no se enseñaban en ningún curso de Hogwarts y los tres parecían saber mucho del tema. Un presentimiento me hizo salir corriendo escaleras abajo justo a tiempo para ver como Ron y Harry salían para ir a ver al ghoul, que estaba transformado en Ron. Había sido muy divertido ver como Fred, George y el señor Weasley lo transformaban en algo parecido a Ron.
Cuando volvieron a la habitación, me volví a acercar para ver que decían para oír que Hermione había cogido unos libros sobre Horrocrux del despacho de Dumbledore, y una pequeña carcajada sale de mí. Estar tanto tiempo con Harry y Ron le ha hecho pensarse las reglas más de una vez, robar a un profesor no es algo de lo que salgas precisamente impune. Decidí que era el momento de alejarme de allí antes de que me pillaran espiando, por lo que empecé a bajar las escaleras hasta casi chocarme con la señora Weasley, que subía rápidamente.
La esquivé antes de que me arrollara y vi como iba directa a la habitación de Ron, podía haberla parado perfectamente y haber evitado que los chicos se llevaran un susto, pero teniendo en cuenta el tiempo para la boda era mejor que ayudaran.
Al día siguiente llegaron por fin la familia de Fleur, junto con mis amigas a las que no pude evitar echarme encima de ellas. Se notaba que las tres estaban mucho mejor, siendo casi como eran en Hogwarts, pero con el pequeño detalle de que venían sabiendo que George había perdido una oreja. Después de abrazarme, fueron corriendo a buscar a George para verle la herida, y yo decidí seguirlas para ir a ver a Fred. Solo nos veíamos por la noche, cuando íbamos a dormir ya que trataba de hacer todo lo posible para que la señora Weasley no se agotara. Él sonrió al ver como nuestras amigas se lanzaban encima de su hermano regañándole por estar arrancando zanahorias en lugar de descansando. Me acerqué lentamente hacia Fred y entonces su sonrisa cambió a otra aún más amplia. Parecíamos más amigos que una pareja, pero a mi no me importaba, ante todo era mi mejor amigo. Me cogió de la cintura, como solía hacer cada vez que me iba a besar y me adelanté a él para besarle rápidamente. Con George en la habitación tampoco nos solíamos besar, y ahora mucho menos teniendo en cuenta que teníamos que dejar la puerta abierta por si George tenía problemas con su oreja.
El cumpleaños de Harry llegó antes de lo previsto y la señora Weasley consiguió organizar una pequeña fiesta en la que el número diecisiete rondaba por todas partes. Podías no ser un Weasley más, pero ellos sabían como tratarte en el momento de tu cumpleaños. Charlie llegó a tiempo para la cena, y se puso hablar animadamente con Hagrid sobre los dragones, pero la conversación se cortó cuando el patronus del señor Weasley apareció de repente.
— El Ministro viene conmigo —dijo la comadreja con la voz del señor Weasley.
— Nosotros nos vamos —dice de repente Lupin, y sin que a ninguno nos de tiempo a decir nada se desaparece junto con Tonks, para que a los pocos segundos, aparezca el Ministro de Magia junto con el señor Weasley.
— Lamento la intrusión, felicidades, por cierto —dice el Ministro nada más acercarse a nosotros.
— Gracias —murmura Harry, pero parece que no le oye.
— He venido a hablar contigo, Harry —añade el Ministro. —También con el señor Ronald Weasley, la señorita Hermione Granger y la señorita Abbigail Stone.
— ¿Nosotros? —pregunta Ron, y manifiesta la duda que tengo yo ahora mismo. Ellos todavía tienen sentido, pero ¿yo?
— ¿Hay algún lugar privado?
— El salón —dice la señora Weasley, y decido liderar la marcha hasta allí.
— Primero hablaré con la señorita Stone —dice el Ministro en cuanto entramos a la casa.
— No, lo que le tenga que decir a ella nos lo dice a todos —le contesta Harry, y yo le agradezco que salte en mi defensa, preferiría evitar al Ministro todo lo posible.
— Muy bien, como queráis, he venido por el testamento de Albus Dumbledore —dice el Ministro dándose por vencido y sentándose en el sofá.
— ¿Nos ha dejado algo? —pregunta Ron, tan sorprendido como lo estoy yo ahora mismo.
— Dumbledore murió hace un mes, ¿por qué han tardado tanto? —pregunta Harry, y cuando el Ministro va a responder, Hermione se adelanta.
— Porque lo han estado investigando, ¡no tenían derecho!
— Los devolverá ahora porque han pasado los treinta y un días que permite la ley —murmuro.
— Ronald, ¿usted era muy apegado a Dumbledore? —pregunta el Ministro, sin signos de habernos oído.
— Eh... bueno... se podría decir que Harry era mucho más apegado a él —dice Ron, y noto como Hermione quiere matarle por lo que ha dicho.
— Te tenía cariño, Ron, me lo dijo una vez —le digo, pero sé que ya es tarde para intentar arreglar la metedura de pata.
— Bueno, te dejó su desiluminador, un objeto de gran valor —dice, y se agacha para sacar de la bolsa el pequeño objeto que le tiende a Ron. —¿Por qué lo hizo?
— ¿Para que apagara luces? —dice Ron, y yo no puedo evitar soltar una carcajada.
— A usted, señorita Stone, le ha dejado esta caja —dice el Ministro, y me tiende la misma caja que había visto en el despacho el verano pasado. —¿Por qué le ha dejado una caja que no se puede abrir?
— Es una mesa, Ministro, no tiene más utilidad —le digo, y sé que no se lo traga pero no me importa.
— Señorita Granger, una copia de los cuentos de Beedle el Bardo, ¿alguna vez ha hablado de códigos con Dumbledore?
— Él sabía que me gusta leer, por eso me ha dejado este libro —dice Hermione, y oigo como empieza a llorar. Ron trata de moverse para abrazarla y medio lo consigue. —Si el ministerio no ha encontrado ningún código, ¿cómo lo voy a hacer yo?
— No importa, no importa —dice el Ministro, aunque claramente es algo que sí que importa. —Potter, a ti te ha dejado la snitch que cogiste en el primer partido de quidditch.
"Las snitchs tienen memoria" recuerdo, y mi corazón se acelera al ver que Harry coge la snitch. Pero no se abre ningún compartimento secreto ni nada por el estilo, por lo que vuelvo a respirar tranquila. Si Dumbledore quiso esconder algo ahí dentro, lo hizo bastante bien.
— Queda algo más, Potter —dice Scrimgeur, y mi corazón vuelve a acelerarse. —La espada de Godric Gryffindor. Como entenderás es propiedad de Hogwarts, así que Dumbledore no podía legarla.
— ¡Es de Harry! —chilla Hermione, interrumpiendo al Ministro, que la ignora de forma descarada.
— ¿Para qué te daría la espada?
— Para colgarla en mi pared, sin ninguna duda —el tono sarcástico de Harry hace que el Ministro se levante de golpe.
— ¡Esto no es una broma, Potter!
Lo siguiente pasa demasiado deprisa como pare que me de tiempo a reaccionar, el Ministro saca la varita y Ron también le apunta. Los gritos resuenan por todo el salón hasta que los señores Weasley llegan, haciendo que Scrimgeur se vaya finalmente. Aprovechando que están entretenidos con el trío de oro, cojo el baúl y lo subo corriendo a mi habitación, donde lo dejo dentro de mi bolso. Es una suerte que tenga un encantamiento de expansión indetectable, no sé qué haría sin él.
Cuando bajo, la celebración ha continuado aparentemente sin mayores incidencias y vuelvo a la mesa al lado de Fred y Olivia, que me miran interrogantes, pero yo solo niego. No es momento de dar explicaciones, aunque tampoco se las quiero dar. No puedo dejar de pensar en que el testamento de Dumbledore tiene algo que ver con la búsqueda de los horrocrux, sean lo que sean. Excepto el mío, claro, era la maldita caja que tenía el traidor de Snape. Había podio evitar la muerte de Dumbledore si hubiera querido y fui lo suficientemente estúpida como par confiar en el viejo loco chiflado.
Aparto el plato lentamente de mí, dejando de cenar ya que se me ha quitado el hambre, pero no me levanto de la mesa ya que Harry todavía tiene que soplar las velas de cumpleaños. Y tarda menos de lo que ya pensaba, pronto estamos cantando el cumpleaños feliz a un Harry demasiado contento, lo que me hacía sospechar que le habían dado un poco de whisky de fuego.
Ayudé a recoger todos los platos y vasos que habíamos usado y luego a guardar la gran mesa que habíamos necesitado, aunque más bien lo que hicimos fue apartarla a un lado ya que la íbamos a usar mañana por la mañana. La señora Weasley no dudó en mandarnos a todos a dormir en cuanto terminamos de hacer todo con la excusa de que teníamos que descansar porque la boda era mañana. Sabía que no íbamos a ir a dormir, pero resultaba gracioso ver como lo intentaba.
Las chicas entraron primero a la habitación para poder subir a la litera mientras que nosotros esperamos en el descansillo hasta que estuvieran colocadas ya que tampoco había quedado mucho espacio con el apaño que habíamos hecho. Lo ideal hubiera sido montar unas tiendas de campaña y haber dormido allí, pero ninguno quería dormir fuera de la casa.
En cuanto vimos que Olivia ya había trepado a la litera, entramos los demás y para mi sorpresa, las tres estaban tumbadas en la cama. Pensaba que iban a preguntar porqué me habían llamado, y la verdad es que agradecía que no lo hicieran, no tenía una explicación.
— Bueno... Abby... creo que nos debes unas explicaciones —dijo Fred en cuanto George cerró la puerta, y entonces las tres se sentaron en las camas. Había hablado demasiado pronto.
— Novio traidor —murmuro mientras que me acerco a mi bolso y saco la caja de él. —Me ha dado esto.
— ¿Qué se supone que es? —pregunta Claire.
— Una caja, ¿no lo ves?
— Sí, pero ¿por qué?
— Porque en realidad es mía, es lo que tenía que ir a buscar de Snape en esa fecha —digo, sabiendo que las tres entienden a cuál me refiero. —Supongo que me ha ahorrado tener que ir a ver a ese traidor, no tenía que haber confiado en Dumbledore.
— ¿Qué estás diciendo? —pregunta George una vez se ha terminado de poner el pijama. O más bien se ha puesto unos pantalones porque tanto él como Fred duermen sin camiseta.
— Vio la muerte de Dumbledore —dice Olivia desde la parte de arriba de la litera, y causa que las sonrisas de los gemelos desaparezcan.
— ¿Lo sabías y le dejaste morir? —preguntan a la vez, y yo solo suspiro.
— Me dijo que confiara en Snape, y yo lo hice. Pero el traidor corrió con los mortifagos en cuanto pudo, casi le mato el día que tuve que ir a Hogwarts, pero Dumbledore no me dejó.
— ¡Tenías que haber dicho algo! —dice Fred, como siempre tan impulsivo.
— Oh, cállate, no sabes que es esto —le dice Sam, y sorprendentemente se queda callado. —Ya se siente bastante culpable como para que encima hagáis que se sienta más aún.
— A mi no me mires, yo no he dicho nada —dice George, levantando las manos en modo "soy inocente".
— Lo siento —me susurra Fred al oído, y menos mal que le conozco perfectamente porque si no ya le hubiera mandado a la mierda.
— Vamos a dormir, creo que la boda va a ser demasiado estresante.
Todos asienten conformes con la idea y nos acomodamos cada uno en nuestros lugares. En estos momentos agradezco vivir en la fría Inglaterra, si estuviéramos en algún país más al sur sería imposible que seis personas durmieran en la misma habitación totalmente pegados.
***
— Aquí hay sitio —les digo con una sonrisa a las primas veelas de Fleur, que Fred amablemente quiso escoltar. Pero seamos sinceros, yo tenía muchas más posibilidades que él de ligar con ellas, ya había visto como me hacían ojitos mientras que con Fred solo soltaban pequeñas risas. —Si necesitáis algo no dudéis en decírmelo.
— ¡Merci! —dicen todas a coro con una sonrisa deslumbrante, y sin duda agradezco que las mujeres seamos inmunes a las veelas, si no ahora mismo estaría babeando por todas ellas.
Elegí encargarme de acomodar a todos los invitados ya que estar en la entrada de la carpa revisando las invitaciones me pareció demasiado aburrido, aunque tenía que haberlo elegido ya que tengo que estar yendo de un lado a otro con los tacones y el vestido, que junto con Claire, Sam y Olivia éramos las únicas que habíamos optado por ellos en lugar de las túnicas de bruja. Decido que me importa más la salud de mis pobres pies que estar divina y me guardo los tacones en el bolso, que he transformado por fuera para que haga juego con el vestido de mi madre. La señora Weasley lo había guardado en su armario y me lo había dado esta mañana, perfectamente planchado e incluso arreglado en el bajo que mi madre se había encargado de romper. Ahora el vestido vivía una nueva boda y esta vez sin embarazo alguno.
Una de las últimas personas que acomodo es la tía Muriel, que seguía tan desagradable como me habían contado los gemelos que fue la última vez que la vieron. Le desagradó que fuera descalza, mi peinado -que había decidido aclararme el pelo unos cuantos tonos para parecer otra persona, y casi lo había logrado- y por supuesto se metió con el vestido y el bolso. Decidí ignorarla totalmente y luego volví con los gemelos, que estaban hablando con Harry, Ron y Hermione animadamente. O más bien, debería decir Barry ya que ahora mismo Harry era un pelirrojo más para poder ser un Weasley más. Con mucha gente había colado, pero cuando indiqué el lugar a Luna ella me dijo que le gustaba bastante la túnica que llevaba Harry a pesar de ser tan sobria. No hacía falta ser un genio para entender por qué esta chica estaba en Ravenclaw.
— ¡Viktor! —chilló Hermione cuando vio al jugador de quidditch detrás suya. Aproveché ese momento para acercarme a ellos y saqué los tacones para ponérmelos de una vez.
— ¿Por qué no te esperas a sentarte? Te vas a caer —me dice Fred cuando nota que me apoyo en él, pero yo solo niego.
— Fleur llegará en cualquier momento y no me lo quiero perder por estar poniéndome esto.
— Sigo sin entender por qué no has venido con tus zapatillas.
— ¡Es la boda de tu hermano!
— ¿Y qué?
— Que no puedo venir desarreglada, vamos a ver.
— Puede ser tu cuñado, pero a Bill le conoces desde hace años y sabes perfectamente que no le hubiera importado.
— En todo caso puede llegar a ser mi cuñado, pero ahora mismo no lo es, así que sigo teniendo que estar presentable —Fred levanta una de sus cejas, lo que me hace reír. —En realidad lo hago por tu madre, si me ve en zapatillas le da algo teniendo en cuenta todo lo que ha hecho para que esta boda salga adelante.
— Ya te digo que cuando nos casemos no pienso dejar que monte todo esto, y si tú quieres venir con zapatillas siendo la novia me parecerá la mejor idea del mundo —dice Fred con una gran sonrisa, y puedo ver como George hace como que vomita por detrás, por lo que empiezo a reír.
— Eres todo un romántico, Freddie —le dice George pasando un brazo por su hombro. —Por cierto, seré el padrino de vuestra boda, ¿verdad?
— Menuda pregunta, es obvio que sí —le dice Fred, y no puedo evitar arquear una ceja mientras que me cruzo de brazos. —¿No quieres que George sea nuestro padrino?
— Lo que no quiero es que planees una boda que no va a ocurrir —murmuro, y sé que no me ha oído por la cara de desconcierto. Pienso en repetirlo, pero veo que Bill se está acercando a la carpa por lo que no debe quedar mucho para que aparezca Fleur. —Viene Bill, vamos, a vuestros sitios.
Trato de irme a sentar al lado de Hagrid, donde pensaba estar para no llamar mucho la atención, pero Fred tira de mí y me lleva hasta la primera fila, con Harry, Ron y Hermione detrás, que si está un poco más roja va a acabar explotando. Lleva una túnica preciosa que hubiera sido mi primera elección en caso de no haber tenido el vestido, aunque quizá hubiera cogido otro color que favoreciera más a mi tono de piel. Trato de centrarme en lo importante ahora mismo, los señores Weasley que vienen por el pasillo seguidos de Bill y Charlie. Fred aprovecha para lanzar un gran silbido y las primas veelas de Fleur no pueden evitar volver a emitir sus risitas, lo que hace que me quede un poco embobada con ellas. Siempre he tenido preferencia por las chicas, es algo que no puedo negar ni ocultar.
— Oooooh —oigo decir a Hermione a mis espaldas, así que me giro para mirar que pasa.
La túnica blanca y sencilla que llevaba Fleur hacía que su belleza se viera resaltada de forma exponencial. Su padre iba a su lado, sonriendo de oreja a oreja y detrás estaban Ginny y Gabrielle, con unas túnicas doradas que les sentaba como un guante. Fleur llegó a ponerse al lado de Bill, al que gracias a Merlín la única secuela que le había quedado del ataque de Greyback era el gusto por la carne cruda.
Oigo como la tía Muriel murmura algo de la tiara que lleva Fleur y luego veo como Ginny guiña un ojo para luego girarse, y a mis espaldas sé que Harry está totalmente embobado con ella. Noto como unas pequeñas lágrimas de emoción caen lentamente por mis mejillas, pero cuando trato de limpiarlas Fred es más rápido y lo hace el mismo para luego pasarme el brazo por encima del hombro. Puedo oír como la señora Weasley y la señora Delacour no dejan de llorar sonoramente y cuando finalmente el mago los declara unidos en matrimonio y la lluvia de estrellas plateadas cae sobre ellos, ambas lloran aún más fuertemente. A mi lado, Fred y George se levantan a aplaudir de forma ruidosa y yo me uno a ellos a los pocos segundos, feliz por mis dos amigos y su nueva vida.
— Si hacen el favor de levantarse —dice el mago que ha unido a Fleur y Bill en matrimonio, y cuando ve que todos estamos de pie, todas las sillas desaparecen con un movimiento de varita.
— Vamos a coger una mesa lejos de Tía Muriel —me dice Fred, que avanza junto con George y Lee al que no había visto hasta ahora a la mesa donde ya están nuestras amigas. — ¡Qué majas, nos habéis guardado un sitio!
— En realidad, era para Abby y las primas de Fleur, pero parece que ellas ya han encontrado hueco —dice Sam, con una sonrisa de oreja a oreja.
— Espero que Krum no las acapare —dice George, y Sam solo puede asentir, al igual que Claire.
— Anda, si Ron ha sacado a bailar a Hermione —dice Olivia de repente, todos nos giramos para ver lo que acaba de decir, que parece que es verdad. Sigo sin saber si están juntos o que, pero es un gran paso. Y Hermione parece estar muy contenta.
— ¿Quieres bailar, hermosa dama? — susurra Fred en mi oído, mientras que me tiende una mano.
— La verdad es que estaba muy bien observando a las primas de Fleur, pero ya que han quitado las sillas... — Cojo la mano de Fred y empezamos a bailar junto con los novios y el resto de los invitados. Sé que ahora mismo estoy viendo lo mismo que vi en Grimmauld Place, pero con detalles diferentes como que Ron y Hermione bailan juntos en lugar de estar ella con Krum.
— Disfruta por una vez del momento, Abby, y deja de observar a los demás. No todos los días La madriguera tiene un evento de tal magnitud —me dice Fred, y no puedo evitar reír.
— ¿Disfrutar en una boda en la que tenemos que estar protegiendo a Harry? Somos parte de la Orden, Fred, no podemos salir corriendo a liarnos.
— Si no fuera por eso, ten claro que tú y yo ya nos hubiéramos ido de aquí.
— ¡Es la boda de tu hermano!
— Como que le importaría mucho que me fuera a seguir disfrutando de la fiesta con mi novia. —Como le gusta hacer, no duda en agarrarme de la cintura y besarme suavemente. Tengo que reconocer que a mí también me gustaría irme, pero estamos en guerra y no es posible. Seguimos bailando lentamente el vals, mientras que la falda de mi vestido realiza los mismos movimientos que le había visto hacer cuando lo llevaba mi madre.
No puedo dejar de maravillarme con cada canción que bailamos, sin duda alguna está siendo una de las mejores noches de mi vida. Puedo ver como Claire y Sam han decidido intentar bailar con las primas de Fleur, Jordan baila con Ginny y George ha desaparecido con la prima veela que falta. Sin duda alguna está siendo una buena noche para todos nosotros, o al menos eso parece hasta que el patronus de un lince aparece de la nada, y habla con la voz profunda de Kingsley:
— El ministerio ha caído, van hacia allí.
El caos en la carpa es inmediato, todo el mundo empieza a correr de un lado a otro y siento que empiezo a perderme en toda esa multitud. Pero de pronto siento que una mano me agarra y tira de mí, haciendo que tenga que salir corriendo detrás de ese pelirrojo, que resulta ser Ron.
— ¡Hermione! —grita él, y tira de mí un poco más fuerte con lo que consigo reaccionar por fin y seguirle. —¡Hermione!
— Ron, tengo que ir con las chicas, suéltame —consigo decir por fin, pero él solo niega. Y por fin vemos a Hermione, que veo como le coge la mano a Ron y empiezo a sentir la sensación de ahogo de las desapariciones. —¡No, suéltame!
Pero Ron no me hace caso y a pesar de que trato de resistirme, me agarra con más fuerza hasta que terminamos de desaparecernos en mitad de una calle muggle.
— ¿Dónde estamos?
— Tottenham Court Road —dice Hermione sin aliento, mientras que me empuja para que camine. —Vamos, no podemos detenernos, además, tenéis que cambiaros.
— Sabía que tenía que haberme traído la capa de invisibilidad —gruñe Harry, y Hermione solo puede reír a pesar de la situación.
— Tengo que volver, yo no debo estar con vosotros —digo, pero Hermione niega y sigue empujándome hasta que llegamos a un sitio donde los chicos se pueden cambiar.
— No tenemos ropa, Hermione —dice Ron, y ella abre su pequeño bolso para sacar dos pares de pantalones vaqueros y dos sudaderas, además de la famosa capa de invisibilidad. —¿Cómo has hecho eso?
— Encantamiento de expansión indetectable, creo que lo he hecho bien pero no estoy segura —murmura ella, y yo pongo los ojos en blanco, está claro que lo ha hecho perfectamente. —Fred me ha dado algo de tu ropa, pero no tengo mucha, lo siento Abby.
— ¿Qué? —consigo decir por la sorpresa. Cojo la ropa que me da Hermione y me cambio rápidamente a los vaqueros, la sudadera y mis converse para luego guardar en el bolso el vestido. —¿Podéis explicarme qué hago aquí?
— Fred me dijo que si venían hoy te llevásemos con nosotros un tiempo —dice Ron, y veo como Harry solo hace una mueca, claramente sin estar conforme con la situación. Empezamos a andar por el Londres muggle, con Harry escondido debajo de la capa de invisibilidad.
— ¡Guapas, venid con nosotros, os podemos llenar mucho más que ese pelirrojo! —gritan unos hombres en la lejanía, y Hermione tiene que controlar a Ron para que se calme.
— Pero yo no debería estar aquí —murmuro. —De verdad, tengo que volver, os pongo en peligro.
— Vamos con Harry Potter, ¿crees que eso importa? —dice Hermione, que para de golpe haciendo que casi tropiece con ella. —Entrad aquí, vamos.
— ¿Dónde vamos a ir? —pregunta Ron, y Hermione suspira.
— No podemos ir al Caldero Chorreante, ahora mismo somos fugitivos y...
— Pero estamos cerca, podríamos ir a ver cómo está la situación.
— Ron, Voldemort ha tomado el control del Ministerio, no hay más —dice Harry.
— Vale, vale, solo era una idea.
— ¿Nos traes tres capuchinos? —le dice Hermione a la chica que se acerca para tomarnos nota de la bebida. Y cuando vuelve no quiero probar lo que sea eso, pero tiene peor pinta que una poción multijugos. Justo en ese momento, dos personas más entran al local, por lo que Hermione baja la voz aún más. —Tenemos que encontrar algún sitio seguro donde podamos escondernos y luego avisar a la Orden.
— ¿Sabéis hacer eso del patronus que habla? —pregunta Ron, y veo que Hermione titubea, pero asiente.
— Creo que sí, he estado practicando. De todos modos, Abby seguro que sabe hacerlo —dice Hermione y lo único que se me ocurre es tratar de beberme el café.
— Qué asco, esto no hay quien se lo beba —murmuro y lo aparto de mí, lo que a la camarera no le hace mucha gracia. —Me encantaría llevaros a mi casa, pero me he dejado la llave en La Madriguera en lugar de llevarla en el bolso.
— Mierda —maldice Hermione, y sé que a ella también le ha pasado. —No me puedo creer que se me olvidase.
— ¿Tienes dinero muggle para pagar, Hermione? No me gusta nada este sitio —dice Ron, y Hermione mete la mano en su bolso de cuentas.
Siento una patada en la pierna y lo único que se me ocurre es agacharme para ver qué demonios me ha dado, aunque lo peor es sentir de repente el peso de Hermione y Ron en mi espalda, por lo que me tiro debajo de la mesa.
— ¡Desmaius! —oigo gritar a Harry, por lo que no dudo en sacar la varita y asomarme desde el suelo para tratar de dar a alguno de los mortífagos. Pero resulta que Harry ha dado a la camarera con otro hechizo y ahora está inconsciente al lado de los mortifagos.
— Mobilicorpus —conjuro, y consigo mover a la camarera hasta un lugar que parece seguro mientras que oigo los distintos hechizos que están lanzando Harry y Hermione. No oigo a Ron por ninguna parte, por lo que me dedico a buscarle hasta que le veo atado con unas cuerdas negras y no puedo evitar reír al ver la situación.
— ¡Petrificus totalus! —grita Hermione, y los hechizos por fin dejan de volar por todos lados. Veo que se acerca a Ron antes que yo y le apunta con la varita, temblando. — Di-ffindo —Ron grita cuando Hermione le corta en la rodilla por accidente. —¡Lo siento! Me está temblando mucho la mano. Diffindo.
— Toma, Harry —le digo cogiendo su varita y tendiéndosela. —¿Cómo nos han encontrado?
— Son Dolohov y Rowle, creo —dice Ron. —Los he visto carteles de búsqueda cuando ocurrió la fuga masiva de Azkaban.
— ¡Qué más da como se llamen! —chilla Hermione histérica. —Lo importante es qué vamos a hacer ahora y averiguar como nos han encontrado, como ya ha dicho Abby.
— Abby, cierra la puerta con pestillo —ordena Harry, que parece que de repente está totalmente despejado.
— ¿Vamos a matarlos? —dice Ron, y Hermione se aleja rápidamente mientras que Harry niega. —Ellos nos hubieran matado sin duda alguna.
— Vamos a borrarles la memoria —dice Harry. —¿Puedes hacerlo, Hermione?
— Me sé la teoría, pero nunca he hecho un encantamiento desmemorizante.
— Que pena que Lockhart no nos enseñara eso, es lo único útil que sabía hacer —digo, y luego me acerco a Hermione. —Si no sabes, lo hago yo.
— ¿Quiero saber por qué sabes hacer ese encantamiento?
— Solo lo utilice para cubrir a los gemelos con Montague, no pensaba dejar que les pillasen. Y si yo lo hice a tu edad y salió bien, estoy segura de que podrás hacerlo —animo a Hermione, y ella parece que le vale porque se muestra un poco más segura.
— ¡Fantástico! —dice Harry. —Ocúpate de los dos, Ron, Abby, ayudadme a limpiar esto un poco.
— ¿Limpiar? —dice Ron extrañado, por lo que veo que no se está dando cuenta del desastre que es ahora mismo la cafetería.
— Parece que ha explotado una bomba, ¿no crees que si cuando despierte se lo encuentra así investigarán? —le dice Harry, y Ron empieza a decir algo entre dientes, pero se pone a recoger.
— Estos son mis vaqueros viejos, Hermione, ya entiendo por qué me cuesta tanto sacar la varita —se queja Ron, y tengo que hacer unas cuantas respiraciones profundas para no hechizarle ahora mismo y me centro en recoger.
Cuando terminamos, sentamos a los dos mortífagos en una de las mesas como si estuvieran tomando un café.
— ¿Cómo nos habrán encontrado? —dice Hermione. —¿Puede ser que lleves el Detector puesto, Harry?
— Imposible —digo.
— A los magos adultos no se les puede poner, es ilegal —añade Ron.
— Bueno, si no puedo hacer magia y mientras que estáis conmigo vosotros tampoco quizá lo mejor sea separarnos —dice Harry.
— Tienes razón, Harry, vosotros tres os quedáis juntos y yo vuelvo a La Madriguera —digo, pero Hermione niega.
— No seáis idiotas, solo necesitamos un sitio donde escondernos —dice Ron.
— Grimmauld Place.
— No seas tonto, Harry, Snape puede ir allí en cualquier momento —le dice Hermione.
— ¡Qué venga! Quiero encontrármelo —dice Harry.
— Yo también quiero, tengo una deuda pendiente con él —gruño, no pienso dejar que se quede así la situación.
— Es el único sitio seguro que tenemos desde que no podemos usar la casa de Abby, así que venga.
Ron y Hermione suspiran y asienten, por lo que nos colocamos todos listos para irnos. Anulamos los hechizos que tienen los dos mortífagos y la camarera, quitamos el pestillo y nos desaparecemos para llegar a Gimmauld Place. Harry va primero, con la varita en mano y mirando a todos lados, golpea la puerta y podemos oír un ruido de cadenas quitándose para que luego la puerta se abra.
Entramos en la casa y Harry cierra la puerta detrás de nosotros. Ninguno se atreve a avanzar más allá del rellano, temiendo por los hechizos que Moody había puesto. O los que se supone que estaban. Harry se cansa de esperar, y avanza, haciendo que todos retrocedamos al oír la voz de Moody. La maldición de la lengua atada nos ataca y siento que quiero vomitar, pero consigo controlar las arcadas al igual que Ron. Harry vuelve a dar un paso, y una figura gris aparece al fondo del pasillo, haciendo que Hermione grite y nos unamos a ella la señora Black desde su cuadro y yo.
— ¡Nosotros no le matamos! —grita Harry a la figura de Moody, y justo cuando Harry pronuncia la última palabra desaparece en una nube de polvo que me hace estornudar varias veces seguidas.
— Tranquila, Hermione, no era él —le dice Ron en un patético intento de tranquilizarla.
— ¡Sangre sucia, inmundicia, manchas de deshonra mancillando la casa de mis padres...! —grita la señora Black desde su cuadro.
— CALLESE —le contesta Harry apuntando con la varita a donde está y callado al maldito cuadro.
— Antes de que hagamos nada, tengo que asegurarme —murmura Hermione y saca su varita. —Homenum revelio.
— Bueno, es normal que no funcione —le dice Ron tratando de ser amable y no puedo evitar soltar una carcajada.
— Ha hecho lo que tiene que hacer, Ron, ¿los únicos hechizos que aprendes son los que te enseñan en clase? —le contesto, y veo como se empieza a poner algo rojo de la vergüenza.
— Subamos al piso de arriba, estar aquí me da escalofríos —dice Hermione, y todos la hacemos caso. Encendió las lámparas de gas a su paso, y luego fue al sofá, donde empezó a frotar los brazos con fuerza, supongo que como intento para entrar en calor. Aprovecho para acercarme a la chimenea y tratar de encender un fuego, mientras que Ron se asoma a la ventana para ver si alguien nos ha seguido.
— Nadie fuera, no debe de ser la magia de Harry, si no nos hubieran seguido y ya sé que no pueden entrar a la casa —dice Ron, y justo en ese momento Harry da un grito de dolor. —¿Qué te pasa? ¿Lo has visto en mi casa?
— No, solo le he sentido enfadado, está sintiendo mucha rabia ahora mismo. No sabría decirte con exactitud qué está pasando por su mente...
— ¿Qué? —dice Hermione, bastante asustada. —¿La cicatriz otra vez, Harry? ¡Pensaba que se había cortado la conexión!
— Y lo hizo. Durante un tiempo —añade Harry. —Creo que solo se abre cuando él pierde el control.
— ¡Pues tienes que aprender a cerrar la mente! —chilla Hermione, y creo que en cualquier momento se va a morir de un infarto. O bien me mata a mí. —Dumbledore te hizo aprender Oclumancia por algo, Harry, ¡no puedes dejar que Voldemort se vuelva a meter en tu mente para que la llene con imágenes falsas!
— Recuerdo las imágenes falsas, gracias —masculla Harry.
— ¿Podéis explicarme qué es eso de la conexión? —digo, pero ninguno me hace caso. Harry se gira a mirar el árbol genealógico de los Black, Ron sigue mirando por la ventana y Hermione sigue intentando entrar en calor. Así que suspiro y voy a buscar mi bolso para transformarlo en una cómoda mochila, pero en cuanto me giro Hermione vuelve a gritar y veo como un patronus entra por la ventana.
— Familia a salvo, no contestéis, nos vigilan —dice la comadreja con la voz del señor Weasley, y Ron no puede evitar soltar un gemido de alivio para luego derrumbarse en el sofá.
— Tranquilo, Ron, ¡están bien! —susurra Hermione, y él la corresponde con un abrazo, aliviado.
— Oye Harry, yo...
— No te preocupes —Harry interrumpe a Ron, cortando el intento de disculpas que iba a pronunciar. —Es normal que estés así, que quieras saber que pasa, son tu familia, yo también estaría así. También estoy así.
— ¿Podemos dormir todos aquí? No quiero estar sola después de lo que ha pasado —murmura Hermione, y Ron tarda un segundo en decirle sí.
— Voy al baño —dice Harry, y poco le falta para salir corriendo.
— Abby, siento no haber traído ningún saco extra, esta mañana ha sido todo tan precipitado que... —trata de disculpase Hermione.
— Tengo el mío propio, no te preocupes —le sonrío amablemente a pesar de que es una mentira como una casa, pero parece que ella se lo traga.
Saca los tres sacos de dormir de su pequeño bolso y luego un cepillo de dientes, para irse de la habitación llevándolo en la mano. Supongo que ser hija de dentistas le ha influenciado bastante, pero hasta el punto de llevar los cepillos de dientes estando en guerra me parece exagerado.
Cuando Hermione vuelve, lo hace con Harry y sigue estando igual de nerviosa que antes, pero al menos ya no grita tanto y parece que se relaja. Aprovecho para ir a la cocina a ver si hay algo de comida por allí, y me encuentro que en la despensa hay bastante comida enlatada, por lo que no dudo en coger cuatro latas y llevarlas al salón, por si acaso quieren cenar algo. Pero cuando llego, todos están dentro de los sacos, con los ojos cerrados por lo que dejo las latas en el suelo cerca de sus cabezas y me vuelvo a la cocina. Yo sí que tengo hambre y pienso cenar algo antes de irme a dormir o lo que sea que vaya a intentar hoy. Aunque tengo demasiada energía como para poder pegar ojo.
Termino la lata de mejillones y la tiro en la pequeña papelera que hay allí después de haberla enjuagado para que la cocina no apeste. Y cuando estoy a punto de irme de allí, el patronus de una hiena aparece en la cocina.
— Escóndete y no hagas ninguna locura, las chicas también están bien. Te quiero —la voz de Fred llena la cocina, y agradezco que los demás estén totalmente dormidos.
No puedo evitar echarme a llorar de alivio al saber que todos están bien, y pronto el llanto de alivio se convierte en uno de desesperación y temo despertarlos a pesar de que estoy bastante lejos de ellos. Así que salgo corriendo escaleras arriba hacia la habitación que era de los gemelos cuando dormían aquí. La habitación está totalmente desordenada, pero ahora mismo no puedo pensar en nada que no sea esconderme ahí dentro. Despierto a la mañana siguiente, con el ruido de la puerta abriéndose de golpe y que casi causa que me de un infarto.
— ¡CASI ME MATAS GILIPOLLAS! —grito al ver a Ron en la puerta, con la varita en mano.
— ¡Hermione, ya he encontrado a Abby! —grita él, sin hacerme caso.
— ¡Ya le he encontrado, Ron! —grita Hermione desde alguna parte de la casa.
— ¡Dile que es imbécil!
— Te oye perfectamente, no necesitas usar a Hermione de lechuza.
— ¿Estás bien?
— ¿Pensáis contarme algo? Porque esto parece un secuestro.
— Eh... —Ron titubea, y yo decido que es momento de salir de la cama para desayunar algo.
— ¡Ron, corre, ven aquí! —oigo decir a Hermione, y el pobre Ron sale disparado escaleras arriba.
Cojo la varita de la mesilla y yo también me dispongo a subir escaleras arriba, para encontrarme a los tres en la habitación de la decoración verde, donde había hecho estallar la ventana en las Navidades de hace dos años.
— ¿Qué se supone que buscáis aquí? —pregunto, pero los tres están demasiado concentrados en buscar.
— Había un guardapelo —murmura Hermione.
— ¿Qué? —dicen Harry y Ron a la vez.
— ¿Pensáis explicarme algo?
— Kreacher robó muchas cosas, en la cocina tiene su alijo, ¡vamos! —dijo Harry, y salió disparado de la habitación, seguido de Ron y Hermione.
Pasé olímpicamente de seguirlos y decidí volver al salón para coger mi mochila y subirla a la habitación donde iba a dormir hasta que tuviera que irme de aquí. El estómago me rugió, por lo que no dudé en bajar hasta la cocina para encontrarme al sucio Kreacher desapareciendo.
— No te podemos contar nada —dice Harry nada más verme.
— ¿Qué coño es un horrocrux, Potter? —digo bruscamente. —Os escuché, sois lo peor disimulando y agradecer que fui yo y no la señora Weasley.
— Deberíamos contárselo, puede ayudarnos —dice Hermione, pero Ron niega.
— Le prometí a Fred y George que la protegeríamos —dice, y yo pongo los ojos en blanco.
— ¿De verdad crees que alguien que mata con solo pensarlo necesita protección? —le suelto, y veo como los tres se quedan pálidos. —Me atacaron en La Madriguera el año pasado, antes del incendio, maté al hombre por error.
— Oh Abby —murmura Hermione, y trata de venir a abrazarme, pero la aparto.
— Contadme las cosas, os valgo más sabiendo que a ciegas —ordeno, pero los tres siguen callados. —No sé si os habéis dado cuenta, pero veo el futuro, pasado y presente, ahora mismo podría averiguar por mí misma que coño es un horrocrux y qué vais a hacer, os estoy dando una oportunidad.
— Es lo que tenemos que destruir para matar a Voldemort —murmura Hermione, y puedo ver como Ron le lanza una mirada asesina.
— Hermione, para —advierte Harry, pero ella solo niega y se lleva a los dos un momento fuera de la cocina.
— Es más poderosa que los tres juntos, tiene que estar de nuestro lado —oigo murmurar a Hermione, que si se supone que no debía de escuchar eso lo oigo perfectamente. — Quizá ella puede ver donde están los demás Horrocrux.
— Está bien —gruñe Harry, y los tres vuelven a entrar a la cocina mientras que yo finjo que estaba buscando algo para desayunar. —Un horrocrux es un pedazo de alma, y tenemos que destruirlos. ¿Podrías localizarlos?
— No funciono así, Potter —murmuro.
Cojo mi vaso de leche que por suerte había en la nevera y que me he encargado de que estuviera bien y me vuelvo a la habitación. Ahora mismo no quiero hablar con ninguno de ellos y necesito pensar en todo lo que he visto a lo largo de mi vida.
Me siento en la cama y dejo el vaso en la mesilla para evitar dormir en una cama mojada. Murmuro un accio libretas y aprovecho para sacar la cazadora de Fred. Ocupaba mucho espacio, pero era una de las pocas cosas que podía llevar conmigo y que me recordasen a él, a Hogwarts e incluso a mis amigas por la historia que tengo con la chaqueta. Me la pongo a pesar de que en la habitación no hace frío y empiezo a leer sobre todas las visiones que he tenido.
A pesar de haberlo hecho miles de veces, siempre se te pasa algún detalle pequeño que solo ves cuando las cosas han pasado. Como, por ejemplo, que George no iba a tener oreja en la batalla de Hogwarts. No me había dado cuenta ninguna de las veces que sobre la muerte de Fred. Y ahora qué había pasado era demasiado tarde como para hacer nada. Había descrito perfectamente la apariencia de George, incluido que le faltaba una oreja. No puedo evitar gritar de la frustración que me produce haberlo sabido desde hace años y no haber podido hacer nada. No dudo en lanzar la maldita libreta contra la pared, y cojo la varita lista para quemarla, pero en cuanto la apunto sé que no puedo hacerlo.
— ¿Abby? —oigo que dice Hermione detrás de la puerta. —¿Estás bien? Hemos oído el grito y luego el golpe y...
— Sí —digo, nada segura de lo que estoy diciendo. Necesito salir de este encierro involuntario.
— Vale, si quieres comer o necesitas algo avísanos, ¿vale?
Decido que no voy a contestar, así que oigo a Hermione suspirar al otro lado de la puerta y luego los pasos que se alejan. Hechizo la puerta para que no puedan entrar, y me levanto para coger la libreta, que se ha abierto en el momento de la muerte de mis amigas. Trato de leer todo, pero lo único que llama mi atención es una frase de Hermione. En tu estado. ¿Qué estado se supone que voy a estar dentro de un año?
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Puesto 38 en OC. PUESTO TREINTA Y OCHO. MIL GRACIAS DE VERDAD

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